Alastair Crombie

¿Qué hace un educador de adultos en la industria de cereales? Alastair Crombie, anteriormente director ejecutivo del área de educación de adultos de Australia y ahora consultor de programas para la Grains Research and Development Corporation (GRDC, Corporación para la Investigación y el Desarrollo de Cereales) asesora a dicha corporación en sus inversiones en capacitación y entrega de conocimientos en la industria de cereales. Su actividad constituye un claro ejemplo de que las exigencias como el «aprendizaje de por vida» y el «aprendizaje mediante la práctica» se han convirtido en un componente imprescindible en todas las áreas de la vida. Él mismo describe su función como la de un «intermediario del aprendizaje» que, guiado por las necesidades cotidianas de los granjeros en este caso, crea una red de oferta y demanda que les ayuda a obtener logros bien concretos. Alastair Crombie, ex director ejecutivo de Aprendizaje de Adultos de Australia, es ahora consultor programático de la Corporación para la /nvestigación y el Desarrollo de los Cereales (Grains Research and Development Corporation – GRDC). Él asesora a dicha corporación en lo que se refiere a la inversión en la construcción de capacidades y conocimientos relacionados con la industria de los cereales.

Un educador de adultos en la industria de cereales

Apenas seis meses después de haberse establecido la colonia británica en Australia, el gobernador Philip escribió: «… ahora está comprobado que sólo una pequeña parte del trigo inglés logró desarrollarse y que una cantidad considerable de la cebada, como muchas otras semillas, se pudrió en el terreno... De la misma manera, toda la cebada y el trigo que se puso para incrementar el ‹abastecimiento› en el Cabo fueron destruidos por el gorgojo». En la primera parcela de Farm Cove sólo se produjo una mísera cosecha de más o menos un bushel11.

En este momento el Departamento Australiano de Recursos Agrícolas y Económicos (ABARE – Australian Bureau of Agricultural and Resource Economics) acaba de poner a la venta su cosecha de verano estimada en 34,4 millones de toneladas de cereales. La industria australiana de los cereales supone un valor de $ 6 billones anuales en exportaciones y equivale al 25 % del valor de la producción agrícola. Alrededor de 34.000 agricultores obtienen una parte significativa de sus ingresos de la producción de cereales.

Mientras los productores de cereales todavía tengan que pelear contra los suelos pobres, los ataques de los insectos y las adversidades del clima, factores que hacen difícil la vida de los colonos, ¡evidentemente siempre habrá algo que aprender!

En la calidad de recién llegado a la industria de los cereales, uno se siente sacudido por el hecho de que los agricultores, que en las condiciones más duras han logrado un crecimiento anual de su productividad de alrededor del 3 % durante las pasadas dos décadas, carecen seriamente de «nivel educativo». No tienen calificaciones formales, y en general son hostiles o indiferentes respecto de las instituciones y las prácticas de la educación y capacitación formal. Los agricultores se adaptan a una enorme complejidad e incertidumbre para ganarse la vida. Al igual que otras personas dedicadas a la pequeña empresa, constantemente se ven obligados a aprender a partir de lo que hacen. Sus «proyectos de aprendizaje» son altamente pragmáticos, y lo más probable es que se interesen por adquirir nuevos conocimientos y habilidades a partir de colegas cercanos y de confianza, o de quienes actúan en escenarios semejantes de la «vida real», todo ello en tiempos y lugares que se adapten al ritmo diario de la finca y a las diferentes estaciones del trabajo agrícola.

«Cómo aprenden los agricultores» es algo que desde mi punto de vista no necesita mayor investigación. Lo que merece un análisis más detallado es por qué los proveedores de educación y capacitación siguen encontrando tan arduo el adquirir un enfoque genuinamente «centrado en el estudiante», en particular en el caso de los agricultores y otras personas dedicadas a la pequeña empresa. Lo que ciertamente hay, es una impresionante colección de proveedores comerciales, representantes empresariales, consultores agrícolas, proveedores de información electrónica y así sucesivamente. En ninguna parte escasea la oferta. Sin embargo, una de las quejas más frecuentes entre los agricultores es la dificultad que tienen de hacer una elección racional cuando se ven confrontados con esa desconcertante serie de opciones.

Para superar este problema yo propongo con insistencia el desarrollo del papel de los «agentes de aprendizaje». Un buen agente ayuda a crear, y de esa manera mantiene una posición fuerte en dos redes: la de la oferta y la de la demanda. La Red de Capacitación para la Industria Cerealera, con base en Horsam, Victoria, tiene algunas de estas características para los productores de granos de la región. Creo que resulta satisfactorio, y rentable, el dejarse conquistar por miembros que colaboran en los equipos de gestión agrícola y que hacen posible una elección acertada para las propias necesidades de desarrollo. En mi experiencia los buenos educadores de adultos tienen un sólido instinto de agentes, y pueden hacer de ello un valioso servicio.

La producción y la productividad de la industria de los granos se ha incrementado dramáticamente a lo largo de los dos últimos siglos, en la mayor parte de los casos como resultado de innovaciones en la agricultura: nuevas variedades de cultivo, mejor maquinaria agrícola, prácticas de cultivo perfeccionadas, fertilizantes químicos y control de plagas. Pero si bien siempre va a haber más cosas que aprender en lo que respecta al cuidado de las plantas, el incremento de las cosechas y los métodos de recolección, hay señales de que las principales fuerzas motrices del futuro perfeccionamiento de la productividad vendrán de la otra punta de la cadena de valores, los consumidores, y de aquèllos que procesan los granos para convertirlos en alimentos y bebidas para ellos.

Las propiedades y cualidades de los granos que son objeto de demanda para panes, fideos, pastas, maltas, aceites y muchas otras clases de comidas, son objeto de una notable diferenciación y de una especificación cada vez más cuidadosa, y ello por parte de procesadores que tienen una creciente capacidad de obtener sus suministros de cualquier otra parte del mundo. Han desaparecido las barreras de comercio, transporte e información. En el nuevo escenario, los productores necesitan crear y consolidar relaciones especiales con sus clientes particulares, y tienen que trabajar duro para asegurar todos aquellos elementos que entretanto forman parte del mejoramiento de esta especial relación.

Los holandeses son líderes mundiales en esta disciplina emergente de la «gestión de la cadena de suministros». El gobierno holandés ha estado invirtiendo cada año alrededor de $ 5 millones en la Netherlands Agri Chain Competence Foundation (Fundación Holandesa para las Competencias de la Cadena Agrícola), una fundación que cuenta con el apoyo de la industria y de la comunidad de investigadores. Un equipo de australianos acaba de pasar una semana con ellos. Nuestra historia agrícola, la de la mayor parte de los productos de exportación y de los monopolios de mercado, es completamente diferente a la de Holanda, y se puede decir que somos principiantes en los negocios de la cadena global de suministros. El «pensar en una cadena de suministros» requiere una transformación de perspectivas para muchos de los agroindustriales australianos, antes de que se pueda poner en marcha el duro trabajo cotidiano de construir cadenas de suministros globalmente competitivas. Esto representa un desafío de magnitud para el aprendizaje a escala industrial.

La experiencia que he recogido hasta ahora en la industria de los cereales ha ratificado una importante observación general acerca del aprendizaje y la educación. Los constantes cambios multidimensionales han hecho del aprendizaje una actividad clave para la sobrevivencia, lo mismo para las personas que para las comunidades, organizaciones e industrias. El aprendizaje —concebido como la vía para que las personas resuelvan sus problemas y cierren la brecha existente entre el lugar donde se encuentran y el lugar donde quieren estar— está presente en todas partes. Las instituciones educativas han tardado en entender este cambio sociocultural, y en responder al mismo, como si tuvieran una «incapacidad adquirida» cuando se trata de catalizar aprendizajes y de ayudar a las personas a que aprendan por sí mismas. Por lo general se encuentran todavía demasiado metidas en sí mismas, demasiado atadas a normas, y demasiado autosuficientes respecto de lo que puede clasificarse como conocimientos œtiles. Sea cual fuere el valor de este juicio, es indiscutible que un montón de nuevos actores se está incorporando a las actividades de aprendizaje, incluso en la industria de los cereales.

Notas

1 Bushel, medida de áridos británica equivalente a aproximadamente 36 litros.