Helmuth Dolff

Las universidades populares y sus vinculaciones internacionales

La Asociación Alemana para la Educación de Adultos eligió como tema para el IV Congreso Alemana de Universidades Populares la «Educación mundial de adultos – educación y formación en nuevas dimensiones». Luego de 20 años de desarrollo interno, con este tema la Asociación quiso documentar que sus múltiples vinculaciones reflejan su compromiso con la educación de adultos en todo el mundo. Si las palabras del físico y filósofo von Weizsäcker «Ya no existe una política exterior nacional, sólo una política interior mundial» están cobrando creciente validez en todos los ámbitos de vida, sin duda son también válidas —en una medida distinta— para nosotros, que nos desempeñamos en el campo de la educación de adultos. Los problemas con los que nos enfrentamos hoy se asemejan cada vez más, ya sea que nos dediquemos a la educación de adultos en un país industrializado altamente desarrollado o en un país en vías de desarrollo, en las sociedades occidentales democráticas o en las sociedades socialistas del Este. Es probable que los objetivos y las metas sean distintas, pero los factores que determinan la metodología y la didáctica son cada vez más parecidos.

En casi ningún otra área de nuestro sistema educacional se observa un aumento tan marcado en lo que a vinculación internacional se refiere como precisamente en el campo de la educación de adultos. El reconocimiento de su importancia y el interés en ella aumentan con rapidez en todo el mundo, no sólo en las regiones altamente industrializadas de Europa y América del Norte, sino también —y muy especialmente— en los países en vías de desarrollo. En este campo no existen formas fijas de aceptación generalizada como, por ejemplo, en e?l sector escolar o universitario. La educación de adultos debe orientarse mucho más por las respectivas condiciones sociológicas, económicas y sociales, y hallar y definir su forma de trabajo de acuerdo con dichas condiciones. Es aquí precisamente donde a las universidades populares alemanas les cabe una tarea muy particular en el contexto internacional. Luego de la Segunda Guerra Mundial, las principales dos formas de universidades populares de aquel entonces, a saber, las universidades populares vespertinas y los internados, desarrollaron nuevos métodos, medios didácticos auxiliares y modelos de organización que actualmente gozan de un gran reconocimiento en los países europeos y americanos amigos, y que son el motivo del creciente número de solicitudes de asistencia por parte de países en vías de desarrollo.

Las universidades populares siempre han considerado que los compromisos que ello implica son parte de su labor educacional general y, por ende, de su responsabilidad política en el más amplio sentido. En su informe «Sobre la situación y la tarea de la educación alemana de adultos», la comisión alemana formuló con gran precisión sus razonamientos: 

«Esta realidad (la política) no se limita, en ningún caso, a la República Federal o a Alemania o a Europa. Las tensiones de la política mundial adquieren su peligrosidad precisamente porque la humanidad se amalgamó, hace tiempo ya, formando una unidad. Estamos todos a bordo de la misma embarcación. En el campo indivisible de interdependencias en que existimos, todos los hechos, los desarrollos y las fuerzas esenciales del mundo repercuten en nuestra propia existencia. Por consiguiente, ya no existe una educación política seria que pueda ignorar los problemas que representan, por ejemplo, el? colonialismo, las naciones emergentes de Asia y África, nuestra solidaridad con los países en vías de desarrollo, los cambios espirituales y religiosos de las antiguas culturas afectadas por la civilización tecnológica».

La educación de adultos, que en general trata con personas mayores de edad y con un criterio formado, tiene excelentes posibilidades de actuar en este contexto. Aun así, constatamos una y otra vez que seguimos estando muy mal preparados para abordar estas tareas. Sobre todo a nivel de las universidades populares aún se nota y se ­deplora que durante los años del nacionalsocialismo no se permitía el intercambio internacional de experiencias y se interrumpieron los contactos internacionales, para cuya reanudación, restablecimiento e intensificación nos faltan hoy capacidades. A ello se suma el hecho de que el alemán dejó de ser un idioma mundial y de que, a menudo, nuestros aportes deben ser en un idioma extranjero, principalmente en inglés o francés. En este aspecto, las universidades populares dependían y dependen casi exclusivamente de su propia iniciativa. Las universidades populares no reciben ni siquiera en una pequeña parte el fomento que en otras áreas del sistema educacional, ya sean universidades o colegios, escuelas técnicas o el sector que trabaja con la juventud, pasaron a ser algo obvio. Ello también puede deberse a que, hasta ahora, el intercambio internacional de las universidades populares —cada vez mayor y más intensivo en los últimos años— se ha desarrollado más bien en silencio y que, en ocasiones, gozó de mayor consideración y reconocimiento en el extranjero que en la República Federal. El hecho de que hoy contemos con la presencia de colegas de la educación popular de adultos provenientes de 20 países —que han venido para conversar con nosotros sobre ?nuestras preocupaciones y problemas comunes— lo interpretamos como una señal de una relación amistosa en pro de la causa común.

Permítanme referirme brevemente a ciertos aspectos de esta labor y profundizar en otros, para proporcionarles un cuadro de las vinculaciones internacionales actuales entre las universidades populares y entidades animadas por el mismo espíritu.

En primer término, me referiré a nuestra colaboración en las organizaciones internacionales que se ocupan de la educación de adultos, como la UNESCO, el Consejo Europeo, la OIT o la FAO —para mencionar a las principales— de las que la República Federal es miembro. En todas ellas figuramos entre los principales financistas; sin embargo, hay que haber participado una vez en una asamblea de este tipo para saber cuan fácilmente somos desplazados por Estados pequeños con un poder financiero mínimo, pero con un compromiso máximo con el tema. La República Federal paga, pero no está realmente ­comprometida con el trabajo propiamente tal. A menudo sucede que como personas somos participantes y colaboradores bienvenidos y apreciados, pero que —como país— participamos muy poco en los múltiples esfuerzos de estas organizaciones. Todo lo que queda pendiente, lo que se paraliza o se pierde en cuanto a contenidos en el transcurso de las discusiones y negociaciones entre la Federación y los estados federados, sería digno de una disertación aparte. Aun así, las universidades populares estuvieron presentes cuando en 1949, en una conferencia internacional celebrada en Helsingor/Dinamarca, la UNESCO intentó definir su relación con este tema nuevo y de desarrollo vertiginoso llamado «educación de adultos». En aquella oportunidad sólo se debatió sobre un catálogo bastante restringido de temas pedagógicos-metodológicos a?nte un círculo de participantes que, en su mayoría, eran europeos; en cambio, en la II Conferencia Mundial sobre Educación de Adultos celebrada en el año 1960 en Montreal/Canadá, los jóvenes Estados de Asia, África y Latinoamérica acudieron con ímpetu para hablar de sus problemas más apremiantes, para aprender, exigir y solicitar. En aquella oportunidad pudieron percibir que los esfuerzos de los países altamente desarrollados por desarrollar sus propios sistemas de educación de adultos siempre incluyen también la disposición a ayudar y a colaborar, y que en una sociedad industrializada la educación de adultos también es una cuestión vital. Montreal fue y sigue siendo tal vez el ejemplo más claro de una solidaridad —a contar de entonces en permanente aumento— entre aquellos que se dedican a la educación popular de adultos en todo el mundo, incluso de una camaradería a nivel mundial entre las personas animadas por el mismo espíritu, cuya compenetración con el tema se constata a diario, también y en particular por nosotros como universidades populares.

La colaboración en las asociaciones no estatales —que a pesar de estar en una situación financiera bastante menos favorable pueden aprovechar mejor la oportunidad de trabajar en el tema— se desarrolló sin las dificultades descritas para el sector estatal. Algunas de ellas son las oficinas para la educación de adultos de Europa y de Asia/Pacífico Sur, la Confederación Mundial de Organizaciones de Profesionales de la Enseñanza (World Confederation of Organizations of the Teaching Profession) y el Congreso Internacional de la Educación de Adultos Universitaria (International Congress for University Adult Education). Las universidades populares desempeñan en todas estas organizaciones una función importante gracias a su aporte técnico.

En los últimos años se han realizado en la República Federal diversos seminarios técnicos europeos. Anfitriones de estos seminarios, que versaron sobre «planificación territorial y educación de adultos», «educación de adultos en zonas rurales», «educación de adultos en internados» (éstos también con colegas de los EE.UU. y Canadá), «educación de adultos en las fuerzas armadas», «educación de adultos, trabajo social y organización de actividades recreativas», sólo para mencionar los más importantes, fuimos nosotros. Los conocimientos adquiridos y las sugerencias surgidas a raíz de estos seminarios no sólo fueron estímulos importantes para nuestra propia labor, sino que también contribuyeron en gran medida a influir en los debates internacionales sobre estos temas.

Si bien el problema de la no incorporación del sector de la educación de adultos en los convenios culturales estatales no calza directamente en este contexto, no debe dejar de mencionarse. Se trata de un problema global que probablemente sólo se entiende a partir del rechazo o inseguridad por parte de los llamados diplomáticos «de carrera» frente al llamado «tercer escenario de la política exterior». La ampliación de esta área implica casi todo lo que trasciende las bellas artes, las universidades y acaso también el llamado intercambio de jóvenes y trabajadores.

Inmediatamente después de la guerra se inició el intercambio de experiencias y nació el deseo de aprender mutuamente con nuestros países vecinos de Europa y con América. De hecho, muchas de nuestras universidades populares deben su existencia —en un inicio— a las disposiciones correspondientes de las fuerzas de ocupación, y, posteriormente, al activo respaldo de colegas y amigos en Francia, Gran Bretaña, América, Sueci?a y Suiza. Permítanme agradecer, en nombre de todos nosotros, a Joseph Rovan de Francia y a Sven Söderquist de Suecia – quienes están hoy aquí presentes. Ellos forman parte del círculo internacional de amigos de los primeros tiempos, sin el cual no podríamos hablar hoy de una colaboración basada en la confianza y la amistad. En aquel entonces asimilamos ansiosos todo lo que la educación de adultos en el extranjero, gracias a una tradición ininterrumpida, nos llevaba en ventaja en cuanto a experiencia; no obstante, al mismo tiempo debíamos crear algo nuevo, algo adecuado a nuestra realidad alemana. Así llegamos a soluciones que hoy nos permiten retribuir, a veces, algo de lo que recibimos en aquel entonces.

Nosotros como DVV debíamos y debemos partir del reconocimiento de que la realización de proyectos de intercambio de gran magnitud numérica no estaba ni está a nuestro alcance y no podía ni puede ser parte de nuestras tareas. Nuestra labor en el extranjero se concentra más bien en

  • la asesoría de universidades populares en sus proyectos;
  • la preparación y la realización de temporadas de estudio de expertos alemanes en el extranjero, para brindarles la oportunidad de conocer los últimos avances;
  • el contacto con organizaciones amigas de educación popular en el extranjero y con las secciones culturales de embajadas,
  • la preparación de programas y la asistencia de grupos de expertos extranjeros en Alemania;
  • la organización y realización de conferencias y jornadas internacionales y, en el último tiempo cada vez más, la colaboración para la implementación de la educación de adultos en los paíse?s en vías de desarrollo. Luego me referiré más detalladamente a este último aspecto.

En la misma medida en que aumenta la diversidad de los programas de las universidades populares, aumenta también la complejidad de sus vinculaciones con el extranjero. Mencionarlas a todas trascendería el marco de la presente disertación. Permítanme mencionar tan sólo que existen relaciones bilaterales permanentes, algunas de ellas sustentadas en acuerdos de largo plazo con instituciones para la educación de adultos de aproximadamente 50 países del mundo. Aun así, debemos reconocer que todavía nos encontramos en una etapa ­inicial, que hay una gran falta de apoyo del sector público, y que a nosotros mismos nos falta ver en ello —como algo natural— un elemento positivo de retroalimentación para nuestra labor en nuestro país. Así como exigimos que los colaboradores que contratamos hayan realizado una capacitación adicional de varios años en el área de la educación de adultos —en cierta forma una pasantía posterior a los estudios— deberíamos ver la experiencia en el extranjero del novato en la profesión como algo positivo y convertir las actividades en el extranjero o las temporadas de estudio en el extranjero de los profesionales del sector de la educación de adultos en un elemento regular de su historial profesional. Necesitamos este aire de fuera para no convertirnos en provincianos en el contexto mundial. Ante ello tampoco nos protege la conciencia nacionalista de ser una gran provincia.

Ahora bien, permítanme referirme a nuestro compromiso en el campo que, en general, se denomina ayuda para la educación en países en vías de desarrollo. Sin embargo, esta denominación ya implica un error. Aunque nosotros seamos los donantes en términos materiales, el hecho de trabajar en este ?campo nos aporta tantos nuevos y beneficiosos conocimientos y experiencias, que esta relación debería denominarse más bien colaboración para el desarrollo de la educación de adultos.

Luego de buscar durante años la modalidad y forma correctas de ayuda al desarrollo, en la República Federal todavía nos encontramos al inicio de un proceso universal cuyas dimensiones y cuyo futuro aún son bastante imponderables. Ello es válido para el área técnico-económica y sobre todo (permítanme volver a emplear la expresión) para el área de la ayuda a la educación. Aun así está indisolublemente ­vinculado a todo desarrollo social o económico; de hecho, casi podría decirse que es una de sus condiciones sine qua non. Los logros sólo pueden medirse efectivamente luego de algunas décadas y, con nuestro acelerado ritmo actual, casi no son visibles a nuestros ojos. Por ello, con demasiada frecuencia se sucumbía a la tentación de desatender esta área dando prioridad a proyectos llamativos, fáciles de demostrar y de evaluar en el tiempo. Si ello constituye un reproche en vista de la complejidad del problema global, éste recae tanto en los países donantes como en los países receptores. Sin embargo, con el creciente desengaño de todos los participantes parece estar aumentando lentamente la comprensión de que la interdependencia de las diversas áreas de desarrollo exige planificaciones globales y de que las cuestiones educativas deben ocupar un lugar destacado en ellas. Con ello abordo directamente el problema particular de las instituciones para la educación y formación de la República Federal, las que deben asumir las categorías de «planificación» y «educación» que no se practican en nuestro país. En cierta medida, debemos desarrollar nuestras herramientas junto con solucionar el problema. Especialmente en las universidade?s populares, que en nuestro país tampoco han hallado aún su forma definitiva, se requiere una constante reorientación, la búsqueda sistemática de nuevas formas de trabajo y fórmulas metodológicas y didácticas que también sean aplicables al momento de enfrentar las condiciones de los países en vías de desarrollo.

Creo que incluso antes de que surgiera la expresión «país en vías de desarrollo», todos los programas de las universidades populares abordaban extensamente los problemas de los jóvenes pueblos y de las naciones emergentes de Asia, África y Latinoamérica. Desde muy temprano estos problemas fueron incluidos en el debate de nuestras universidades populares, independientemente de su naturaleza económica, política, cultural o racial. Entretanto, este campo temático se ha convertido en un elemento fijo de los programas. En su realización participan cada vez más representantes de los mismos países en vías de desarrollo. Cursos, seminarios, jornadas, disertaciones, debates y ­clubes internacionales son sólo algunas de las muchas oportunidades para hablar sobre este tema universal en nuestro propio país. Aun así, ello no basta para introducir —sobre una base objetiva— el conocimiento acerca de estos asuntos en amplios sectores de nuestra ­población de modo que —más allá de las impresiones equivocadas, más allá de toda propaganda y de los prejuicios que siempre vuelven a manifestarse— estos asuntos se entiendan y se perciban como lo que son: problemas que nos afectan tan directamente como cosas que suceden en nuestro propio país. El mundo actual es indivisible, y lo que se hace o se deja de hacer aquí repercute en la existencia de cada uno de nosotros.

En julio de 1965, el Consejo Científico del Ministerio Federal de Cooperación Económica publicó un «I?nforme sobre la ayuda a la educación» que, a pesar de su importancia, no se comentó ni se tomó mayormente en cuenta. Según sus autores, este informe «intenta, por primera vez, elaborar —sobre la base de todas las experiencias adquiridas hasta la fecha— un concepto general de las posibles medidas de ayuda en el área del fomento de la formación, educación y capacitación en países en vías de desarrollo». Debido a que su publicación coincidió con una época de elecciones, lamentablemente no recibió la atención que merecía, tanto por el tema como por su trascendencia. Pero todos los participantes deberían procurar que este documento, significativo también en su detalle, no sólo sirva para ser citado en discursos, sino también como directriz para el trabajo diario. A nosotros como universidades populares nos corresponde orientarnos, en nuestro propio compromiso, por las reflexiones resumidas en dicho informe. Para el área de la educación de adultos, estas reflexiones son la confirmación de lo hecho hasta la fecha y —a su vez— un estímulo para seguir trabajando en forma continua y sistemática.

Para finalizar, permítanme hacer la siguiente observación: el breve informe que pude presentarles en esta oportunidad refleja sólo algunos de los desarrollos más significativos, pero no toda la gama de ­nuestras vinculaciones internacionales. Los contactos cada vez más estrechos con nuestros colegas escandinavos, con nuestros amigos británicos y americanos; el intercambio cada vez más intensivo con las instituciones para la educación de adultos de Europa del Este; la amplia y abierta colaboración con nuestras organizaciones francesas asociadas: esto y mucho más debería haberse mencionado con mayor detalle. ­Algunos aspectos se han tornado tan obvios que nosotros ya ni siquiera los consideramos como trab?ajo en el extranjero. Hay algo que sí podemos asegurar: no hay motivo para la autocomplacencia. Aún nos falta mucho para que

  • la cooperación internacional en el área de la educación de adultos sea vista —tanto por el sector público como por la mayoría de nuestros colaboradores— no sólo como un asunto de interés ocasional, sino como algo esencial, de importancia vital,
  • dispongamos de formas y métodos de organización como aquellos que constituyen algo corriente en en área de educación escolar o superior.

Esta IV Jornada de Universidades Populares debería ser un paso más en ese sentido.