Erhard Schlutz

Universidades populares e internacionalismo

Ignoro si el participante común y corriente de una universidad popular relaciona, en forma espontánea, la idea del «internacionalismo» con la universidad popular a la que suele asistir. Quizás, indagando uno más a fondo, conteste lo siguiente: «Ah, usted se refiere a los idiomas extranjeros, sí, uno puede aprenderlos en la universidad popular…»; ahora bien, el término «internacionalismo» fue el tema de uno de los grupos de trabajo del Congreso, dedicado al análisis de la enseñanza de los idiomas extranjeros en las universidades populares. Por otra parte, las palabras «inter», «entre», «conjuntamente», fueron también palabras clave para otros grupos de trabajo, dedicados al análisis del tema Europa, responsabilidad global y aprendizaje intercultural.

Algunos grupos expresaron su preecupación por la reducida oferta en cuanto a cursos de idiomas, especialmente porque las universidades populares son consideradas como establecimientos especializados en este campo. Generalmente se escucharon traducciones en voz baja al inglés para los huéspedes extranjeros, aunque posteriormente no hubo traducción de las contribuciones de estos últimos al alemán. Por otra parte, los «wessis» (habitantes de la Alemania Occidental) se limitaron a lucir caras «abiertas al mundo» ... mientras que los participantes de Alemania Oriental y europeos orientales no fueron tomados en cuenta en lo más mínimo. Creo que en este contexto, las universidades populares mucho tienen que aprender todavía en lo que a idiomas extranjeros como herramientas se refiere.

Creo que el grupo de trabajo «Europa – cooperación con las universidades populares y con otras instituciones similares» fue el que actuó en forma más decidida (aunque debo admitir que, naturalmente, no asistí a todos los eventos). En este grupo de trabajo se presentaron organizaciones de educación de adultos procedentes de Austria, Suiza, Escandinavia, Inglaterra, Holanda, de los países del Sur de Europa y de los países bálticos, de la Unión Soviética, Ucrania, Bulgaria, Hungría y Polonia. Sin embargo, faltó una comparación estructurada o estandarizada de las situaciones en esos países. El enérgico llamado a la cooperación más intensa entre instituciones y asociaciones comparables de Europa no pasó inadvertido, lo mismo que la solicitud dirigida a la oficina europea de replantear sus estructuras. En un documento temático se discutieron diversas demandas dirigidas a Europa en general. Entre ellas el problema: «¿Cómo incluir los desarrollos europeos no simultáneos en un catálogo de peticiones conjunto de las instituciones de educación de adultos y de los grupos de interés de esta rama?». Concretamente, se trataba del siguiente problema: «Comprenden otros países la preocupación de las universidades ­populares alemanas, subvencionadas institucionalmente, de que la Comunidad Europea pueda llegar a la subvención total de proyectos y, por ende, al fin de la subvención de las instituciones?». Uno de los colegas de Austria concluyó: «Al respecto necesitamos aún muchos conocimientos interculturales».

Por otra parte, esta forma de aprendizaje acaba de ser analizada por otros grupos de trabajo. El grupo número IV, «Internacionalismo», como ya lo dijimos antes, no parecía tener muchos problemas con el término «internacionalismo», aunque luego trabajó intensamente sobre este tema. El ponente principal comenzó animando a las universidades populares: «Los certificados de conclusión de los cursos de idioma fueron realmente impactantes, también en lo que al término internacionalismo se refiere. De hecho, las universidades populares han silenciado sus méritos.» Por otra parte, las universidades populares deben seguir metas y directrices adicionales nuevas y, entre ellas, se destaca como la más importante el «actuar con una dimensión internacional». En torno a este término surgió luego un ambiente de reflexión: «¿Qué se pretende decir con ello?». Ser multilingüe en el área profesional, dar clases sobre un país determinado a los nativos, realizar incluso viajes de estudio – pero con qué educadores y profesores se puede hacer todo eso? Aquí en Kassel, un profesor de idiomas gana DM 26,40 bruto por hora, y después de deducir todas las cargas sociales, le quedan tan sólo DM 17,00!

Por otra parte e independientemente de estas realidades poco halagadoras, se postuló con toda legitimación que la misión social de la universidad popular es procurar que las personas dialoguen y conversen, de modo que el principio «actuar en una dimensión internacional» debe realizarse también concretamente.

Otros grupos de trabajo afrontaron incluso mayores dificultades, quizás por los siguientes motivos:

El grupo de trabajo «Responsabilidad global – educación de adultos y un mundo único» trató, principalmente, el problema de cómo convertir el tercer, cuarto y quinto mundo, o sea, el mundo único, en contenido de la educación de adultos alemana impartida por las universidades populares. Además, animados por algunos participantes extranjeros, se trataron los problemas Norte-Sur, aunque siempre volvió a surgir la pregunta: «¿Cómo se puede realizar este propósito en la práctica, en qué forma debemos abordar con nuestros participantes estos problemas?»

Horst Siebert hizo algunas propuestas concretas, lo mismo que la Oficina Especializada (Fachstelle) de la DVV y los participantes: propuestas modestas sobre el acceso al tema educación cultural basado en los conceptos de la Oficina Especializada de la Asociación Alemana para Educación de Adultos, DVV; propuestas para el trabajo con grupos de destinatarios (por ejemplo, en relación tanto con los problemas comunes de las mujeres de los diferentes países como con las diferencias entre ellas); propuestas sobre la vinculación del pequeño mundo propio con el resto del mundo; propuestas para promover el turismo «suave», con una amplia preparación y discusiones posteriores en la universidad popular, es decir, distinto al que suelen ofrecer las agencias de viaje.

Por otra parte, hay que tomar muy en serio la advertencia de Siebert en cuanto a atribuir a los potenciales participantes la culpa moral, pues cree que esta actitud puede llevar, tarde o temprano, a lo contrario de lo deseado: en lugar de ilustración y participación, a una situación de evasión y represión de los participantes. Siebert expuso que incluso los intelectuales, como, por ejemplo, los profesores, colaboradores pedagógicos y directores de universidades populares, dominan muy bien estos mecanismos de represión, que también se manifiestan en forma de actos de sustitución, como donaciones y demostraciones en favor del Tercer Mundo, o de actitudes extremas, como, por ejemplo, cuando se inculpa, única y exclusivamente, al capitalismo o a otra persona o circunstancia cualquiera de la situación del Tercer Mundo. En realidad, no quiso decir que tales afirmaciones no sean en cierta medida acertadas, pero sí advierte del peligro de pasar por alto, con la ayuda de tales afirmaciones, los problemas concretos.

Estas advertencias las formuló también el Sr. Hilmar Hoffmann en la ponencia presentada al comienzo de las actividades del grupo de trabajo «Aprendizaje intercultural», con el título: «Sobre la realidad de un noble fin». A lo largo de la discusión posterior se habló más de lo noble que de la realidad. Hilmar Hoffmann, refiriéndose a las actuales agresiones contra los extranjeros, resaltó el rechazo y la racionalización del problema por parte de las personas que suelen distanciarse de la ola de xenofobia. Los cambios en Europa Central —producto de la inmigración y de los movimientos migratorios mundiales— no sólo afectan emocional sino también económicamente a los habitantes. Mientras que algunas personas reaccionan frente a esta situación con abierta enemistad y franco desamparo, los intelectuales se refugian en el cinismo o la aventura. Vincularon el radicalismo de extrema derecha a pequeños grupos determinados. En estos pequeños grupos, como lo demostró Hoffmann a través de algunos estudios, no se puede lograr un cambio de opinión, empleando medios pedagógicos o juicios morales; más bien, se les debe dar la oportunidad de desarrollar su propia identidad, que en la universidad popular sólo puede ser a través de la asistencia a los cursos. De modo que las posibilidades de las universidades populares, opina el Dr. Hilmar Hoffmann, y también las del turismo (que suele mandar a las personas de regreso a casa sin que hayan aprendido nada del mundo que acaban de visitar), deben ser analizadas de manera modesta y realista. Yo, personalmente, creo que es más importante crear un ambiente cultural o anti-cultural, en la educación de adultos, en lugar de abordar con cierto oportunismo los temas de moda, incluso aquellos que comienzan con el prefijo «inter».

Pero en lugar de analizar las posibilidades más modestas y realistas, la discusión se fue desviando (ignoro qué dinámica intervino en esta situación), hasta abordar problemas aparentemente más importantes y de mayor profundidad. Por ejemplo: «El aprendizaje intercultural, ¿significa aceptar plenamente al otro? Por otra parte, ¿no es también justificable luchar contra un comportamiento percibido como inhumano?». Como ejemplo se citó la marginación de la mujer en determinadas culturas. Tales reflexiones comenzaron a cobrar especial interés cuando los participantes comenzaron a reflexionar sobre sí mismos; por ejemplo, uno de ellos tuvo que constatar con aturdimiento que cada vez que observaba esta forma de comportamiento en hombres extranjeros frente a sus mujeres, sentía una «cólera humana», lo que luego lo llevó a preguntarse si ello se debía a la búsqueda de un justificante para un racismo secreto que él mismo abrigaba en su corazón. La discusión del grupo de trabajo llegó a su fin con el siguiente planteamiento: «¿Qué tiene que ver con nosotros la interculturalidad? ¿No tenemos que comenzar primero con nosotros mismos y experimentar inseguridad?».

Por muy importante que sean un planteamiento y un punto de vista de esta índole, creo que como conclusión de una conversación entre expertos resulta poco elaborada e insatisfactoria. Quizás debamos preguntarnos si en nuestro medio tenemos suficientes foros de discusión para llegar a un consenso preliminar sobre preguntas como ésta. Por otra parte, no se llegó a precisar el aporte de la educación intercultural que las universidades populares estarían en condición de realizar. En este contexto resulta de interés la observación de una de las participantes en relación con su propio comportamiento: reflexionó sobre sus propios prejuicios emocionales al tomar conciencia de sus conocimientos sobre culturas extranjeras. Advirtió así, enérgicamente, el peligro de subestimar los conocimientos sobre otras culturas y sociedades y, por ende, la divulgación que de estos hacen las universidades populares.

Para finalizar, me permito resumir mis impresiones y preguntas de la siguente manera:

  1. En la actualidad, Europa está sumida en un procuso de creciente unificación, también en cuanto a la educación de adultos. Sin embargo, debemos adquirir mayores conocimientos sobre la educación de adultos en otros países.
  2. El estudio de idiomas extranjeros y la entrega de los certificados correspondientes constituyen todavía un elemento importante del internacionalismo de las universidades populares, si bien es necesario reflexionar sobre el propósito formal de esta capacitación, preguntádose: «¿En qué forma puede fomentarse la comprensión y no sólo la práctica rutinaria y formal?».
  3. En mi opinión, el problema más difícil en este contexto se refiere al desarrollo de la comprensión por parte de nuestros participantes frente a los problemas de los países del Tercer Mundo o, en general, del Mundo Único. Esta última cuestión me motivó a tomar nuevamente conciencia de la importancia de las actividades de nuestra Oficina para la Cooperación Internacional, tanto en el ámbito internacional como en el nacional, en lo que a la divulgación de los problemas se refiere.
  4. Las palabras altisonantes («gobal», «un Mundo Único» y, especialmente, aquellas que comienzan con el prefijo «inter») deben analizarse de acuerdo con la realidad, a la luz de las tareas y posibilidades de las universidades populares. La educación y el estudio organizado (aunque generalmente reconocido y aceptado, hay que volver a repertirlo) no son capaces de resolver todos los problemas mundiales. Los grandes lemas y las consignas encierran el peligro de rechazar los problemas básicos, de desplazarlos y racionalizarlos, en lugar de analizarlos modestamente, por ejemplo, mediante las preguntas que nos venimos planteando desde siempre: «¿Cuál podría ser el aporte concreto de las univesidades populares a la integración de los inmigrantes; en qué forma podría contribuir a fin de que se reconozcan los certificados de conclusión de estudios de estos últimos: en qué forma podría introducir exámenes de reemplazo de los mismos? ¿En qué forma puede la universidad popular, de acuerdo con la sugerencia del señor Hilmar Hoffmann, crear un ambiente cultural de mutua comprensión?».
  5. Sin embargo, creo que el aspecto básico de todos los problemas —mundiales y nacionales— relacionados con el fomento de la comprensión, es el siguiente: «¿Cuál es el interés que puede y debe tener la mayoría de la población o el grupo dominante en conocer y comprender a los demás, e incluso aprender de ellos, ya sea que se trate de extranjeros, de los habitantes de la otrora RDA, de la tercera edad (aprendizaje o estudio intergeneracional), de la subcultura joven o de los habitantes del Tercer Mundo?». Mientras no se aclare esta cuestión con la ayuda de enfoques prácticos, sólo llegaremos a producir un idealismo fugaz («ojalá todos los seres humanos lleguen a comprenderse»), el cual, si bien es útil para las discusiones en congresos, no conduce a nada.

Permítanme, finalmente, referirme a dos problemas relacionados con nuestra autopercepción y, por lo tanto, agregar un comentario propio:

Las universidades populares realizan un valioso aporte para que las personas, en Alemania con ocasión de sus viajes al exterior, conozcan las culturas extranjeras y se beneficien de ellas. Sin embargo, ello puede desarrollor en nosotros, como europeos, la idea de que el mundo entero es un botín cultural, apto de ser aprovechado a su antojo por el narciso moderno, lo cual daría también lugar al desarrollo de una fantasía de grandeza, de omnipotencia y omnipresencia. ¿Hasta qué punto contribuyen las universidades populares al desarrollo de así una actitud mental?

En este contexto debemos igualmente mencionar la tendencia posmoderna de menospreciar los tesoros y valores históricos propios. Al respecto, permítanme citar un extracto de la discusión. Como ejemplo de reivindicaciones occidentales reprochables, en uno de los grupos de trabajo se citaron, prácticamente sin que surgiera objeción, los derechos humanos, ya que la declaración de los mismos, como es ­sabido, de nada ha servido a muchos grupos de personas, salvo para fortalecer la posición dominante de ciertos sectores masculinos de la población occidental. Si los derechos humanos se han utilizado y siguen utilizándose, ideológicamente, en contra de otras personas, ¿no debe uno entonces preguntarse también si la justicia como idea ha fracasado por el simple motivo de que es violada, día tras día?

En este contexto cabe recordar al autor Willi Strlewicz, quien durante la emigración escribió su libro sobre la Declaración de los Derechos Humanos, y quien más adelante advirtió ante el afán de la educación de adultos de buscar, día tras día, nuevas legitimaciones para sus actividades. Recordó, asímismo, que éstas últimas ya estaban incluidas en la Declaración de los Derechos Humanos del siglo XVII, siendo, además, las únicas realmente necesarias. Los derechos humanos también podrían entenderse como una corte de apelaciones en beneficio de los más débiles.

Allí mismo se incluye la reivindicación de la educación para todos, del desarrollo de todas las fuerzas y de la educación general de todos los seres humanos. Si condenamos el universalismo por ser eurocéntrico, preguntó, para finalizar: «¿No condenamos entonces también, junto con los derechos humanos, la voluntad y la fuerza para ofrecer resistencia? ¿El mundo, entonces, no tiene otra alternativa que someterse al dictado del dinero, de la cultura ­como industria y de la destrucción ambiental global, es decir, de las fuerzas que de hecho dominan nuestro mundo actual?».