Usa Doungsaa

El SIDA, el hambre, la miseria, el analfabetismo, el deterioro ambiental, la guerra, la opresión de la mujer: ¿qué hemos logrado en estas áreas nosotros, los educadores de adultos? ¿Nos hemos esforzado lo suficiente? ¿Qué más deberíamos haber hecho? Estas preguntas las formula Usa Duongsaa, presidenta de la Oficina de Educación de Adultos del Asia y el Pacífico Sur (Asian-South Pacific Bureau of Adult Education).

Preguntas a los educadores de adultos

Desde hace 20 años vivimos con el SIDA.
En atención a que 22 millones de personas han muerto a causa de enfermedades relacionadas con el SIDA,
que 36 millones viven con el SIDA,
que 15.000 personas contraen el virus día tras día y
que cientos de millones de personas no saben que corren el peligro de contraerlo y
cientos de miles de

educadores de adultos y personas comprometidas
con el desarrollo siguen sin tomar conciencia de que
esta pandemia socava los progresos logrados gracias
a los esfuerzos realizados durante décadas en numerosos países:

¿Qué nos dice esta realidad?
¿Qué hemos aprendido en todo este tiempo?
¿Qué hemos aprendido nosotros, los educadores de adultos,

sobre educación de adultos,
sobre nuestro trabajo, nuestros logros y fracasos?

Después de haber trabajado durante muchos años,
de haber leído muchos libros,
de haber escrito muchos documentos y artículos,
de haber dictado muchas conferencias y realizado presentaciones,
de haber participado en muchos encuentros, talleres y congresos,
de haber redactado muchas declaraciones:
¿qué hemos logrado?
¿qué hemos logrado cambiar realmente?

También en este año son millones las personas que no tienen acceso a la educación.
También en este año son millones las personas que no reciben capacitación.
También en este año son millones las personas que no poseen una vivienda adecuada.
También en este año son millones las personas que no cuentan con suficiente comida y agua potable.
También en este año son millones las personas que no reciben asistencia y tratamiento médico o información sobre prevención.
También en este año son millones las personas que no tienen tierras para cultivar.
También en este año son millones las personas que no tienen trabajo y no reciben una remuneración digna.
También en este año son millones las personas que no conocen la paz y la seguridad.
También en este año son millones las personas que no saben lo que son los derechos humanos, el respeto y la autorrealización.

¿Cómo pudimos permitir que todo esto sucediera?
¿Qué hemos hecho para evitarlo?
¿Qué hemos dejado de hacer para detener este desarrollo?
¿Qué más podríamos haber hecho?

También en este año millones de personas viven en la pobreza.
También en este año cientos de miles de niños son víctimas de abusos y de aventuras bélicas, de explotación laboral y sexual.
También en este año millones de mujeres son objeto de atropellos, injusticias y discriminación.
También en este año millones de trabajadores realizan trabajos peligrosos para la salud sin recibir una compensación adecuada.
También en este año son muchas las voces de la población autóctona que son desatendidas y miles las lenguas vernáculas que desaparecen.
También en este año se producen millares de toneladas de drogas y sucumben millones de personas a la drogadicción.
También en este año son muchas las familias que se verán desintegradas y comunidades que serán debilitadas.
También en este año son millones las personas desplazadas ya sea por conflictos bélicos, por razones de desarrollo o por la necesidad de ganarse la vida.
También en este año millones de personas son estigmatizadas y discriminadas por su etnia, su género o su credo, por sus opiniones políticas, preferencias sexuales o estado de salud.
También en este año son inmensas las sumas de dinero que se gastan en armamento en vez de ser destinadas a medicamentos, a la capacitación de personas necesitadas, al mejoramiento de las condiciones de vida de los pobres.
También en este año desaparecen muchos bosques y se contaminan las tierras, el aire y las aguas.

¿Cómo pudimos permitir que todo esto sucediese?
¿Qué hemos hecho para evitarlo?
¿Qué hemos dejado de hacer para detener este desarrollo?
¿Qué más podríamos haber hecho?

¿Podríamos haber hecho mayores esfuerzos en favor de la expansión de la Educación para Todos?
¿Podríamos haber hecho mayores esfuerzos en favor de una mejor situación de la mujer, del fomento de la igualdad de los géneros y del aumento de la sensibilidad en este aspecto?
¿Podríamos haber hecho mayores esfuerzos en favor de una educación adecuada de los trabajadores, inmigrantes y emigrantes, refugiados, discapacitados y nativos?
¿Podríamos haber hecho mayores esfuerzos en favor de la educación profesional de las generaciones productivas?
¿Podríamos haber hecho mayores esfuerzos en favor de la prevención del SIDA por medio de la educación?
¿Podríamos haber hecho mayores esfuerzos en favor de una educación sanitaria para todos?
¿Podríamos haber hecho mayores esfuerzos en favor de la educación en materia de drogas y una capacitación de los sectores vulnerables?
¿Podríamos haber hecho mayores esfuerzos en favor de una mejor educación ecológica de la población urbana y rural?
¿Podríamos haber hecho mayores esfuerzos en favor de la educación para la paz en todas las sociedades?
¿Podríamos haber hecho mayores esfuerzos en favor de la educación cívica en todas las comunidades, sociedades y naciones?

¿Habríamos, quizás, sólo agudizado las disparidades si hubiésemos hecho mayores esfuerzos?
¿Qué podríamos haber hecho?
¿Podríamos haber hecho alguna otra cosa?
¿Podríamos haber trabajado en forma más estrecha y concertada en los niveles local, regional, nacional y global?
¿Podríamos haber utilizado en forma más eficaz la tecnología de la comunicación y de la información como medio para promover el aprendizaje y la solidaridad?
¿Podríamos haber presionado más a los «mandamases» del mundo de la política, de la administración y de las finanzas para lograr políticas y entornos idóneos?
¿Podríamos haber trabajado más estrechamente con la población vulnerable y marginada, haberle prestado atención, haberla apoyado, haberla vinculado con otros, haberla capacitado para que aprendiesen los unos de los otros, haberle posibilitado elaborar su propia agenda?

¿Habríamos, quizás, sólo agudizado las disparidades si hubiésemos hecho todo eso?

¿Qué podemos hacer ahora?
¿Podemos aprender humildemente de las experiencias y vivencias de todas aquellas personas que viven con el SIDA y que -como el fénix que resucita de sus cenizas- han superado su dolor, su miedo, su vergüenza, su estigma, su desesperación y el aislamiento de su singularidad
para abrazar a otros, unirse en grupos y organizarse en redes y asociaciones,
para demandar igualdad de tratamientos, cuidados y apoyos,
para reivindicar su derecho a recibir un trato digno y respetuoso,
para reclamar su lugar en la sociedad,
para reafirmar su valía y su contribución a la sociedad como educadores y catalizadores del cambio?
Sus logros relativos y su lucha ininterrumpida nos hacen tomar conciencia
de cuánto han progresado ellos gracias a sus propios esfuerzos,
de cuánto queda por hacer aún,
de cuánto apoyo técnico se precisa aún
y de cuán poco hemos hecho hasta la fecha nosotros, los educadores de adultos, en favor de su causa.

En el presente año, en el que celebramos un año más de la educación y del aprendizaje de adultos,
debemos mirar a nuestro alrededor, a nuestras comunidades, sociedades y al mundo y preguntarnos en forma seria, sincera...

¿Hemos tenido éxito como educadores de adultos?
¿De qué logros y contribuciones podemos estar orgullosos?
¿Hemos hecho lo suficiente?
¿Hemos logrado cambios reales?
¿Podemos hacer más AHORA?
¿Qué podemos hacer?

Trabajemos con más ahínco.
Salvemos los obstáculos, abandonemos la torre de marfil de la educación de adultos.
Tendamos los puentes que nos lleven al mundo de afuera, a las comunidades.
Informémonos sobre las necesidades y los problemas de las personas,
dejémonos guiar por sus preguntas, su sabiduría y sus capacidades potenciales.
Reconsideremos nuestras finalidades y prioridades.
Reflexionemos sobre nuestras estrategias.
Renovemos nuestro compromiso.
Reformemos nuestras redes y asociaciones
a fin de reconstruir, todos juntos, el mundo.

Hagamos todo esto
antes de que sea demasiado tarde,
antes de que incluso se hagan superfluas las preguntas:
¿qué hemos dejado de hacer?
¿qué más podríamos haber hecho?

¿Qué habría sido si hubiésemos hecho más?