Dip Kapoor / Kumar Prasant

Este artículo describe una iniciativa de educación popular llevada a cabo por los adivasis kondh (habitantes originarios) y por una ONG adivasi contraparte en el estado de Orissa, India, con el fin de mejorar las perspectivas de los kondhs en lo que se refiere a producción de alimentos y seguridad agraria para la subsistencia. Dip Kapoor es profesor asociado adjunto para Estudios de Políticas Educativas en la universidad de Alberta, Edmonton, Canadá, y presidente de HELP, una ONG canadiense de voluntarios para el desarrollo, mientras el Sr. Kumar Prasant es presidente de VICALP, una ONG adivasi local en Berhampur, Orissa, India.

Educación popular y mejores perspectivas materiales y culturales para los adivasis kondh en la India

Introducción

Los adivasis kondh son una de las 427 «tribus» de la India constitucionalmente reconocidas y que constituyen aproximadamente el 8 % (88 millones) de la población india. Al contar con un millón y cuarto de personas (el grupo tribal más grande de los restantes por lo menos 62 grupos que habitan en el estado de la costa este de Orissa), los kondh están ubicados en la región montañosa y en los valles de los gaths orientales, esparcidos a través de siete distritos y concentrados principalmente en el distrito Phulpani. Relativamente nuevos como agricultores sedentarios, los kondhs son primordialmente cazadores-recolectores que, según informes histórico/antropológicos incompletos, desde el año 4000 a.C. han sido empujados cada vez más adentro en las regiones boscosas, mediante sucesivas olas de marginación y explotación, a manos de diferentes «invasores», entre los que se cuentan los drávidas, los arios, los británicos, los oriyas y los agentes administrativos del estado indio independiente.

En 1994 un pequeño grupo de diez personas adivasi registraron una organización local no gubernamental (ONG) de carácter voluntario y dedicada al desarrollo que llevaba el nombre de VICALP (que en oriya significa «alternativa»). Con cierto nivel de escolaridad, y en algunos casos ostentando títulos universitarios, todas estas personas habían trabajado en ONG grandes (internacionales y nacionales) y habían sentido la necesidad de desarrollar una «alternativa» a los enfoques existentes para enfrentar la pobreza y marginación de los adivasis en su región. Habiendo establecido relaciones de contraparte a lo largo de los años con varias comunidades de kondh adivasi, en gran medida por medio de la educación crítica de adultos, construcción de organización, y actividades encaminadas a movilizar recursos del estado, VICALP estaba en condiciones de establecer una asociación más tangible con 30 comunidades en 1997, con la ayuda de algún apoyo externo y de las contribuciones realizadas por los propios miembros de las comunidades asociadas.

Educación popular y diálogo crítico sobre el desarrollo destructivo

La educación popular de adultos es la piedra angular del enfoque adoptado para el cambio social, que es como VICALP enfrenta simultáneamente las barreras psico-sociales y los problemas materiales que tienen que ver con la marginación de los adivasis. VICALP ha decidido «involucrarse tangiblemente» sólo con aquellas comunidades que hayan aceptado gradualmente la necesidad de desprenderse del «enfoque caritativo» del desarrollo y el cambio social (en referencia a las comunidades que se mantienen en «permanente actitud de alivio de emergencia», esperando que agencias de ayuda les proporcionen ayuda material hasta que se acaben los recursos, momento en el cual la comunidad dependiente espera el siguiente «barco carguero»), optando en lugar de ello por un activismo organizado y críticamente informado, preocupado por el control de los recursos, por la justicia socio-cultural y la autonomía para los adivasis. La esperanza de VICALP es construir un movimiento social no violento de «resistencia constructiva» adivasi frente al «desarrollo destructivo» de tipo estatal-corporativo que ha puesto en duda su capacidad (de los adivasis) de coexistir como culturas indígenas. La esperanza es incrementar, en el presente y a largo plazo, las perspectivas materiales y culturales de los adivasis kondh (y de otros grupos sociales que podrían sumarse a la lucha), todo ello dentro del contexto político de la Unión India y utilizando el activismo popular democrático para activar las políticas existentes y las garantías constitucionales (o si es necesario para agitar reformas político/legales), de manera que sean pertinentes para las tribus, entendiendo esto en términos de la racionalidad y de la existencia adivasi.

Inspirada por el educador brasileño Paulo Freire, la educación popular tal como la entiende y la aplica VICALP ha significado una educación que moviliza a los kondhs para reconducir activamente un proceso histórico de marginalidad por medio del desarrollo de una conciencia crítica respecto de las restricciones sociales estructurales que contribuyen a su marginación. Y lo que es más importante, la educación popular estimula a los kondhs a que sean conscientes de su rol como agentes y sujetos que pueden resistir, reformar y/o moldear esas restricciones para dirigir sus propios intereses y su supervivencia material y cultural como adivasis. VICALP y los kondhs se comprometen en un diálogo democrático sobre temas que emergen de su experiencia de explotación, con la mirada puesta en dejar al descubierto la contribución social-estructural, enfocando problemas de pobreza, de marginalidad cultural, de discriminación de género y de castas, considerando al mismo tiempo la idea de que, si bien tales estructuras son impuestas por quienes están en el poder, se las puede desafiar por medio de la resistencia y del activismo consciente dirigidos a la reversión del poder y de la dominación. La organización y la acción estratégica para enfrentar esta posibilidad son parte integral del proceso de democratización estimulado por este tipo de intervenciones populares.

El diálogo crítico entre VICALP y los kondhs ha puesto por demás en evidencia que los problemas de los kondhs están predominantemente ligados a cuestiones relacionadas con la inseguridad agro/forestal. Como habitantes de los bosques, los kondhs confían su subsistencia y supervivencia cultural como pueblo (su aranya sanscriti o cultura forestal) a los bosques y a la tierra (a lo largo del último siglo se convirtieron por necesidad en agricultores, un cambio que todavía se asume con cierto grado de «culpa» ya que el cultivo es visto como una violación de la tierra, la divinidad madre). Consecuentemente el diálogo crítico entre los educadores populares de VICALP y las comunidades kondh se centra a menudo en el desarrollo nacional y en asuntos referidos a la tierra y los bosques.

Mientras los kondhs confiesan su historia de desplazamientos a través de narraciones recitadas por sus ancianos, interrumpidas con detalles de recientes desplazamientos y expulsiones contadas por adultos que habían tenido que tratar de manera regular con el cuadro deprimente de la burocracia estatal, los educadores populares de VICALP intentan trazar lazos explicativos para estos acontecimientos refiriéndose al colonialismo y al nacionalismo/desarrollismo posteriores a la independencia, así como a las implicaciones que tuvieron estos cambios en la marginación de los kondhs de los bosques y la tierra.

Los educadores populares explican que la Ley Forestal Británica de 1865, que luego pasó a ser la Ley Forestal India de 1874 (y que desde entonces en lo esencial ha permanecido intacta) establece claramente la propiedad estatal de los bosques, otorgándole además al estado la potestad de definir qué es lo que constituye un «bosque» (Sección 2 [3]). Además un complejo proceso de clasificación de las tierras ha llevado a la destribalización de la tierra y a la destrucción de los bosques, por cuanto se sacó a los bosques de la economía de subsistencia honrada para la provisión de los adivasis, y se los insertó en la economía política de beneficio y acumulación ilimitada para el desarrollo conducido por el capitalismo de estado. Mediante el establecimiento de reservas forestales (reservas para la defensa nacional, para las comunicaciones, para la industria y con propósitos de «importancia pública»), de reversión de bosques, de tierras forrajeras, etc., el estado fue controlando el uso del espacio de una manera que ignoraba el derecho tradicional de los adivasis a las tierras comunales, reduciéndolos al estatus de ocupantes o invasores, u otorgándoles mezquinas concesiones, tal como se pretende hacer con la clasificación de bosques, cada vez más escasos, para las aldeas. Las tribus no tienen derechos legales en las «reservas forestales» que están siendo explotadas con fines de lucro por la Orissa Forest Corporation y por industrias privadas a las que se está otorgando contratos de explotación y baratas concesiones de arrendamiento monopólico para los productos forestales no maderables (non-timber forest products NTFP) bajo la política estatal de NTFP.

Los educadores populares ponen de relieve que estas estructuras político-económico-legales han sido justificadas por un sentimiento de superioridad cultural y por la concepción etnocéntrica de que los adivasis necesitaban de la civilización y de influencias civilizadoras o, peor todavía, que no tenían importancia y que en caso de necesidad se podía prescindir de ellos en aras del desarrollo nacional y del «interés público». Se utiliza ejemplos para ilustrar las luchas de los adivasis contra semejante trato, como la lucha de los adivasis de Bhilala contra el desplazamiento de que son víctimas por el Proyecto Narmada River Valley que requiere el desplazamiento de 1,4 millones de personas, o las diferentes luchas contra operaciones mineras, el 97% de las cuales están ubicadas en regiones de la India predominantemente adivasis.

Desarrollo y puesta en marcha de una estrategia para mejorar la seguridad alimentaria y agraria

Apremiado por una apreciación crítica de los obstáculos socio-estructurales que impiden el cambio social, como los que se acaba de mencionar, el diálogo crítico incluye también una discusión estratégica para mejorar las perspectivas de alimentación y de seguridad agro/forestal para la comunidad kondh. Los conocimientos informativos y estratégicos de los educadores populares de VICALP son parte integrante de este intercambio, ya que con frecuencia la población no tiene conciencia de las garantías constitucionales, las leyes y las políticas que tienen relación con los intereses de los adivasis, por no mencionar su completa ignorancia de las estructuras administrativas y los asuntos administrativos cuando tratan con las diferentes instancias de gobierno. Tales conocimientos informan el proceso de construcción de una respuesta a la dominación que padecen los adivasis.

Dado el sistema vigente de clasificación de tierras y bosques, a la mayor parte de los kondhs se los ha definido y forzado esencialmente en la categoría de invasores y ocupantes ilegales de las tierras y bosques públicos. Con frecuencia no tienen títulos de propiedad ni siquiera del área de tierra donde tienen su vivienda y por consiguiente viven en permanente temor de ser expulsados a la fuerza de su «ilegal domicilio temporal». Aun cuando legalmente est permitido el uso de ciertas categorías de tierra para la subsistencia, los inspectores de la renta y los tehsildars se han aprovechado de la ignorancia de los kondhs en estos temas y, o los han expulsado a la fuerza, o les han permitido que se queden en la tierra a cambio de coimas. La respuesta tradicional de los kondhs ha sido la evasiva, el pago de coimas, la desocupación y la nueva invasión de otras áreas, la súplica de indulgencia, etc. La respuesta colectiva y organizada prácticamente no ha existido.

Mediante el proceso de educación popular los kondhs están informados acerca de las diferentes categorías de tierras y de las oportunidades que pueden tener los kondhs de poseer tierras para vivienda, para actividades forestales y para agricultura. Ahora ellos saben por ejemplo que la ocupación de reservas forestales, reversiones forestales (empresas estatales) o «tierra pathit» (tierras baldías) probablemente se va a encontrar con una respuesta severa, con pocas posibilidades de un recurso legal de su parte. Por otra parte la ocupación de tierras «avada yogya anawadi» (o tierras estatales disponibles) proporciona a la comunidad algunas opciones para el control y aprovechamiento a largo plazo de bosques/tierras. Con estos datos en mente, las comunidades kondh contraparte han decidido ocupar únicamente tierras avada yogya anawadi (antes la ocupación de las mismas se hacía a la buena de Dios y de manera individualizada) a través del desarrollo de huertos frutales comunitarios y huertas estacionales de verduras (segunda estación de cultivo) en terrenos con pendiente (justo debajo de la cumbre de las colinas). También se ha desarrollado huertas vegetales familiares (sólo en la estación kharif, la estación principal para el cultivo) y cultivos de frutas y granos en tierras de secano (en las pendientes más suaves de las colinas) de las áreas de tierra anawadi.

Además de no tener la información y el conocimiento necesarios en los campos legal, administrativo y estratégico que se requiere para empezar a considerar otros medios de asegurar cierto control sobre la tierra y los problemas de la subsistencia, los kondhs no contaban con los insumos necesarios para iniciar actividades de cultivo. Sin un cultivo activo de la tierra no es posible encarar la subsistencia ni el control futuro de la tierra (se está dando la ocupación junto con la activación de procedimientos legales para asumir reivindicaciones relacionadas con el cultivo de la tierra). Con el apoyo de algunas ayudas externas y con recursos colectivos recogidos de las comunidades participantes y de VICALP, las comunidades reunieron suficiente capital para comprar semillas, plantines y granos para empezar el proceso.

A diferencia del pasado, los kondhs pagan tasas de ocupación por las tierras destinadas a huertos comunales (100-200 rupias la carga), las que son valoradas por los inspectores de la renta (cuando los inspectores les piden coimas ¡ellos les recuerdan que en lugar de eso les cobren las tasas!). Una negativa permanente a abandonar esta tierra desemboca en un proceso legal que se instruye contra la respectiva comunidad en una corte tributaria cuasi judicial, donde los juicios están a cargo de un delegado de la comisión de impuestos, como también por los dictados de los «principios directivos de las políticas públicas». Según estas directivas, a las personas que no tienen tierra y que cultivan con fines de subsistencia la tierra avada yogya anawadi se les permite que lo hagan siempre que la tierra no sea utilizada por el estado con fines productivos. Mientras esto les confiere a las comunidades un «derecho legal al uso de la tierra», de validez temporal, el paso siguiente consiste en presentar una solicitud para que esa tierra sea reclasificada como «bosque/tierra de uso comunitario». Esto permitiría entonces el uso/control comunitario de largo plazo sobre esa tierra (o coloca a los miembros de la comunidad en condiciones de negociar futuras reclamaciones de parte del estado), a la vez que las directivas estipulan también que ese tipo de tierra no puede ser vendido por la comunidad con fines comerciales. Periódicamente (y especialmente antes de las elecciones) el gobierno tiene la atribución de reclasificar la tierra según una «base de zonas en disputa». En consecuencia las comunidades se ven estimuladas a seguir pagando tasas nominales por la ocupación y continúan «manteniendo su caso/disputa» en las cortes tributarias con el fin de aprovechar semejante «generosidad política» cuando se presente la oportunidad.

Alternativamente, el cultivo continuo de parcelas de tierra por parte de la comunidad y/o de familias individuales por un período de doce años puede tener eventualmente como resultado un título automático, de acuerdo con las leyes vigentes de adquisición de tierras. Las ocupaciones por parte de familias individuales se deciden por esta vía. En el caso de títulos de propiedad del área de tierra ocupada para vivienda, se espera simplemente que la gente siga un proceso de solicitud sirviéndose de lápiz y papel y que luego persevere a lo largo del proceso burocrático de «espera/masaje» hasta que los títulos estén otorgados. VICALP no sólo ha informado a estas comunidades acerca del proceso, sino que también ha reducido el tiempo de espera para las familias ayudándoles a conseguir formularios, a llenarlos, a presentarlos y presionar a continuamente en la maquinaria administrativa para hacer el seguimiento de las solicitudes. Normalmente éstas constituyen tareas desalentadoras para los adivasis que son analfabetos en tales materias, y las comunidades van creciendo gradualmente en confianza y capacidad en este aspecto.

Los educadores populares de VICALP las educan también acerca de los canales burocráticos que se tiene que enfrentar. Centros de discusión en torno al uso de tácticas de presión que podrían incluir campañas de correo, demostraciones, gheraos (cercos) de oficinas o residencias oficiales clave, marchas, sentadas masivas, desobediencia civil y otros actos no violentos de protesta y resistencia a las prácticas irresponsables y/o dominantes por parte de la burocracia estatal, son formas de respuesta a cada situación o problema. Para que ese tipo de acciones sean eficientes se requiere una actitud crítica de parte de la población, y ese apoyo es el que se está construyendo desde que VICALP arrancó hace cuatro años con una acción organizada tangible con cerca de 30 aldeas y 3.500 personas, siendo hoy cerca de 70 aldeas y 10.000 personas las que pertenecen a una circunscripción organizada en un espacio geogr fico contiguo dentro del mismo bloque administrativo. Agrupadas en 6 regiones, organizaciones en el nivel de aldea, organizaciones en el nivel regional y asambleas multiregionales, escuchan la llamada de aldeas que requieren la fuerza del número para aplicar la presión civil en orden a proteger o desarrollar sus intereses colectivos.

Mejoramiento de la seguridad material y cultural para los kondhs (1997-2001)

Las comunidades kondh que constituyen la contraparte están expresando gradualmente un acrecentado sentimiento de seguridad acerca de sus perspectivas de subsistencia y de autonomía cultural, ya que 480 familias (de 1.471 familias que conforman la contraparte comunal) han obtenido títulos de propiedad para los terrenos donde tienen sus viviendas, mientras otros se encuentran igualmente en proceso de registrar sus reivindicaciones. Además todas estas familias han empezado el cultivo de granos y frutas en terrenos de secano de la tierra anawadi y en un área total cultivable de unos 1.500 acres, o sea un acre por familia. A través de los huertos frutales comunitarios han sido ocupados otros 500 acres más de tierra anawadi y se han inscrito otros tantos casos de reivindicación en cada una de las aldeas donde hay cortes tributarias (y se ha creado una zona en disputa). Desde el momento en que se ha establecido metas de tierra por comunidad para la autosuficiencia, hay en la región más que suficiente tierra anawadi disponible, lo que viene a constituir una estrategia viable de largo plazo para aquellas y para otras aldeas que en el futuro quieran sumarse a la asociación.

A través de la iniciativa de cultivos hortícolas la gente ha cultivado y consumido (vendiendo además los excedentes) alrededor de 600.000 kg de verduras a lo largo de 4 años, incluyendo calabacines, frijoles, brinjal, lechugas, tomates etc. De manera similar se ha plantado en el mismo período de tiempo 350.000 árboles frutales (con una tasa de supervivencia del 65 %) en los huertos frutales comunitarios, y la gente está consumiendo y/o vendiendo papayas, plátanos, piñas, mangos, etc. El cultivo de granos (arroz, ragi, mijo) ha conformado la base para el establecimiento de una reserva alimentaria de emergencia en forma de bancos de granos (con sucesivos balances de fin de año que superaban los 50.000 kg) que han salvado a las comunidades en ocasiones como la del super-ciclón de octubre del 2000. La red de prestamistas usureros existente en el área ha recibido un duro golpe con esta iniciativa y con los sistemas de ahorro y crédito popular (varones y mujeres tienen por separado sus propios SHG en cada aldea) que han sido constituidos con la ayuda de parte de los ingresos de la venta de las verduras y frutas excedentarias, sumados a lo de los sistemas agropecuarios. Después de cinco años de apoyo tangible por parte de VICALP, actualmente son unas 25 las comunidades que están en condiciones de comprar sus propias semillas, plantines y granos para mantener y/o expandir sus actividades agrícolas en las tierras que vienen ocupando. Los bancos de granos, los sistemas comunitarios de ahorro y crédito, las reservas de semillas y las guarderías infantiles est n haciendo que las actividades agrícolas sean sostenibles y están colocando todo el proceso bajo del control de la comunidad. En la medida en que aldeas como éstas se hacen «autosuficientes», otras aldeas quieren incorporarse a la asociación.

Además se est completando finalmente el apoyo gubernamental dentro de diferentes planes de desarrollo tribal y rural (¡en contraste con los documentos guardados en los archivos del gobierno y que resultaban ficticios!), gracias a que la presión organizada ha logrado un complemento por valor de 7.672.501 rupias o 192.000 dólares (a lo largo de cuatro años) para proyectos de infraestructura como la construcción de caminos secundarios, estanques, pozos, sedes comunales y puentes. Los kondhs al mismo tiempo «se divierten» y perciben el cambio de actitudes respecto de ellos, ejemplificado en las respuestas a sus demandas/requerimientos para la acción, sin contar la disminución de los hostigamientos de que sistemáticamente solían ser objeto por parte de agentes oficiales antes de su activismo.

Conclusiones finales

Al mismo tiempo que nosotros sentimos que es mucho lo que se ha logrado en un lapso de tiempo relativamente corto, esa magnífica resistencia constructiva adivasi corre el peligro de encubrir algunas de las numerosas dificultades que encuentran los adivasis en sus intentos de resistencia, como es el poder del freno impuesto a su resistencia por las circunstancias de la dominación. Sería bueno tomar nota de que este artículo se ha centrado en los logros y que no hemos considerado las respuestas del estado y de otros intereses creados que se han sentido «desafiados» por una política de afirmación abiertamente democr tica de parte de grupos de los que se esperaba que permanecieran sumisos y dóciles. La siguiente observación, formulada por un eminente docente y analista político de la situación socio-política de la India, lamentablemente resulta también cierta para el contexto en que viven los kondh: «Mediante la manipulación de divisiones sociales, la afirmación de una hegemonía elitaria a través del proceso de desarrollo y los crecientes poderes coercitivos que la legislación le confiere al estado, se ha producido una creciente brutalización del estado en sus relaciones con la sociedad civil» (Khotari 1987, 17). Dicho esto, nosotros sentimos que los kondhs (con la ayuda de asociaciones en pequeña escala con «forasteros») han ganado en comprensión y conocimiento del sistema y est n mejor equipados política, estratégica y tácticamente para tratar con los aspectos prácticos del cambio social en la medida en que éstos tienen que ver con la consecución de algunos de sus intereses materiales y culturales.

Referencia

Kothari, R. «Human Rights, A Movement in search of a Theory» (Derechos Humanos, un movimiento en busca de teoría). Lokayan Bulletin, 1987, 5 (4-5), 17-28).