Editorial

Con el correr del tiempo, los desafíos que afronta la educación de adultos y las tareas que ha de asumir no se han reducido en cuanto a su número y en cuanto a su grado de complejidad. Cuando se trata de superar problemas políticos, sociales y culturales, siempre se vuelven a escuchar los llamados de ayuda. Ello ocurre tanto en lo que se refiere a la mitigación de la pobreza, objetivo al cual es preciso dar absoluta prioridad y que no se puede alcanzar sólo por medio del progreso económico —suponiendo que pueda haber progreso económico sin educación y capacitación—, como en lo que respecta al diálogo intercultural, cuyo requisito es el conocimiento de la contraparte y de lo ajeno — y aquí cabe preguntarse quién entrega estos conocimientos. Pero lo mismo sucede en el campo educacional propiamente tal, lo que ha quedado demostrado recientemente cuando a raíz de la entrega de los resultados del PISA (el Programa de Evaluación Internacional del Rendimiento Escolar – Programme for International Student Assessment, y no la conocida torre de la ciudad del mismo nombre) se comenzó a considerar seriamente la posibilidad de compensar, también por medio de la educación de adultos, las deficiencias detectadas entre los alumnos escolares (además de mejorar la educación escolar, naturalmente). Pero cuando la propia educación de adultos clama por ayuda debido a que las condiciones generales se deterioran progresivamente, los subsidios estatales tienden a decrecer, los grados de profesionalismo e institucionalidad disminuyen y las disposiciones legislativas y garantías financieras sólo en contados casos son satisfactorias, entonces resulta bastante difícil encontrar oídos, apoyo o tan siquiera compañeros solidarios.

Las grandes conferencias internacionales son con frecuencia ocasiones en las cuales a intervalos regulares de aproximadamente cinco a seis años se evalúan los logros del pasado. Así sucedió en Copenhague (Cumbre Social), Beijing (Cumbre de la Mujer), Río de Janeiro (Cumbre Ambiental), etc. Para nosotros los que trabajamos en el ámbito de la alfabetización y la educación de adultos, estos hitos han sido la CONFINTEA (la conferencia mundial sobre educación de adultos que se celebra cada doce años, por última vez en Hamburgo en 1997), así como el Fotor Mundial sobre la Educación, celebrado en Dakar en 2000, que con el lema «Educación para Todos» estableció nuevos objetivos. Fieles a este ritmo, de momento, es decir al cabo de seis y tres años respectivamente, nos aprestamos a hacer, durante la Conferencia General de la UNESCO, que se celebrará durante el último trimestre de 2003, un balance de los progresos realizados con referencia a la Declaración de
Hamburgo y el Plan de Acción para el Futuro. Nos permitimos traer a la memoria las exigencias medulares formuladas en Hamburgo y los compromisos que asumimos, tales como el compromiso de fomentar «una cultura de aprendizaje con el movimiento “una hora por día para aprender” y la creación de la Semana de la Educación de Adultos con el auspicio de las Naciones Unidas». Este último objetivo ha sido logrado en gran medida, habida cuenta de que durante el año en curso se han realizado festivales del aprendizaje de uno u otro tipo en casi 50 países.

Dentro del Marco de Acción de Dakar se enumeran seis objetivos principales, de los cuales el tercero y el cuarto rezan: «velar por que las necesidades de aprendizaje de todos los jóvenes y adultos se satisfagan mediante un acceso equitativo a un aprendizaje adecuado y a programas de preparación para la vida activa» y «aumentar de aquí al año 2015 el número de adultos alfabetizados en un 50%, en particular tratándose de mujeres, y facilitar a todos los adultos un acceso equitativo a la educación básica y la educación permanente». Nos complace ver que entretanto existe un considerable número de iniciativas, planes de acción e incluso un grupo de países llamados fast-track-countries (países bien encarrilados con inversión y crecimiento) que se pueden considerar promisorios debido a que a la voluntad política y a la disponibilidad de recursos se suma una eficaz ayuda internacional. Pero resulta sumamente alarmante ver el gran número de países que escatiman esfuerzos por contribuir al indudablemente ambicioso objetivo de reducir a la mitad la población mundial analfabeta, que actualmente se estima en 900 millones. También causa desaliento constatar cómo la visión global y el espíritu de Dakar se ven restringidos cada vez más a la escolarización de niños y niñas, cuya importancia es preciso reconocer en vista de que no se presta la debida atención a la población adulta.

La mayoría de los artículos que publicamos en el presente número versan sobre la situación y las condiciones reales de la educación de adultos en sus distintas modalidades, a saber educación básica, alfabetización, educación ambiental, capacitación profesional, orientación cultural, educación en materia de salud, etc. Entregan, por así decirlo, informaciones sobre los talleres que por medio de la educación de adultos intentan mejorar las condiciones de vida de la población – cuenten o no con el respaldo y las recomendaciones de los foros internacionales. En forma indirecta todos los artículos también contienen una solicitud de mayor apoyo, a fin de que los ejemplos de buenas prácticas puedan aplicarse en mayor escala: la gotera cava la piedra.

Heribert Hinzen