María Lourdes Almazan Khan

Crisis económicas, enfrentamientos bélicos a lo largo y ancho del mundo, falta de apoyo financiero para la educación de adultos: a pesar de condiciones a menudo muy difíciles, la asociación entre la ASPBAE y el IIZ/DVV se ha mantenido, se ha seguido desarrollando y descansa sobre una base sólida. María Lourdes Almazan-Khan, Secretaria General de la ASPBAE, presenta propuestas para poder aprovechar todavía mejor esa coo peración en las nuevas tareas que se tiene por delante.

Reflexiones acerca de la cooperación internacional entre la ASPBAE y el IIZ/DVV

La ASPBAE que yo conozco, y con la que tengo más familiaridad, es la misma ASPBAE que conocen la mayor parte de quienes se encuentran en este paraninfo. Es la ASPBAE de nuestra experiencia más contemporánea; la ASPBAE construida a partir de la audacia, la creatividad, el trabajo duro, el sentido de la aventura y el absoluto coraje de varios incondicionales de la ASPBAE y la DVV que nos precedieron, como Chris Duke y Wijetunga, Heribert Hinzen y Rajesh Tandon, cuya presencia nos honra hoy día en esta ocasión.

Es una ASPBAE con más de 200 organizaciones miembros en 30 países del Pacífico asiático. Una ASPBAE que se ha mantenido en pie gracias a los valores y principios que definieron la creación y fundación de la ASPBAE. Una ASPBAE que de esta manera ha sostenido el compromiso de promover el derecho que tienen TODOS/AS de aprender a lo largo de la vida, con una pasión inalterable por la promoción y la protección del derecho al aprendizaje, especialmente para las personas más marginales de la región.

Supongo que todos/as estarán de acuerdo en que el mayor testimonio del éxito de la asociación de la ASPBAE y la DVV es el hecho de que, en primer lugar, ambas hemos persistido, y que, en segundo lugar, nuestra asociación se ha mantenido a través de profundos cambios y dificultades que se han presentado a nivel global, dentro de nuestra región y en Europa, y también en nuestras respectivas organizaciones.

El período (la década de los noventa) en que la ASPBAE decidió expandir en número, en prioridades temáticas, en programas a niveles nacional, subregional y regional, fue el período de la más profunda y consistente declinación de la ayuda oficial para el desarrollo, con efectos dramáticos para el IIZ/DVV y para la ASPBAE.

A lo largo de este mismo período la crisis actual golpeó las economías más desarrolladas de Asia desafiando, como nunca había ocurrido antes, el paradigma del crecimiento económico desenfrenado, y poniendo a la vista la vulnerabilidad de millones de personas ante las decisiones, puntos de vista, caprichos y designios de unos pocos que mandan despóticamente desde las salas de juntas de Nueva York o desde las discusiones que tienen lugar en Davos. La recesión económica que se dio en Japón, Corea y Singapur hizo imposible, y por cierto inoportuno, el plantear una batalla en favor de un incremento de la ayuda para el desarrollo de parte de sus respectivos gobiernos, ni menos la de exigir que sus corporaciones devuelvan a la ‹educación› lo que sin duda han obtenido de ella. Si bien esto no detuvo la marcha de la ASPBAE, tampoco fue un informe demasiado bien recibido.

A la vez que la crisis económica se iba profundizando, se daba una escalada de conflictos en la región y en otras partes del mundo; en la medida en que se hacía más estridente la retórica del odio y de la guerra, y en la medida en que la globalización descargaba sus fatales efectos sobre los más pobres y más marginados, adquiría más relieve que nunca la necesidad de la provisión de educación de adultos, como un medio para que los grupos más desfavorecidos pudieran arreglárselas y sobrevivir. Irónicamente fue precisamente en este período que dicho sector sufrió más reducciones en las prioridades y apoyos públicos.

Frente a esta realidad es sin duda una proeza que nosotros y nuestra asociación hayamos sobrevivido, e incluso florecido. He escuchado las reflexiones de Chris y de Wije sobre las condiciones de posibilidad que fortificaron esta asociación. Las confirmo como ciertas, precisamente en la actual experiencia, y no en el sentido de una autofelicitación (aunque ciertamente también hay motivos para ello). Encuentro útil ponerlas de relieve para que así nos acordemos de que no podemos asumirlas como algo que se da de por sí en ningún tipo de asociación. El ‹delicado equilibrio› que probablemente hemos logrado establecer hoy día es algo que ha sido negociado, puesto a prueba y deliberadamente trabajado.

¿Qué elementos han hecho que la asociación persista?

  • Nuestra firme convicción de que las redes nacionales e internacionales son importantes y constituyen un valor añadido. Ante la creciente presión por la cuantificación y calificación de valores en metas mensurables y en impactos inmediatamente discernibles, era mucho más fácil irse volcando cada vez más a asociaciones o proyectos dentro del país, a expensas del trabajo regional. Después de todo los impactos de la ‹defensa proactiva›, o de la ‹capacitación regional›, o de ‹intercambios entre países› sólo llegan a ser evidentes a lo largo del tiempo, e incluso entonces son difíciles de medir.
    Frente a esta presión el IIZ/DVV ha persistido en su apoyo al trabajo regional y a las asociaciones regionales de educación de adultos, de manera especial en el Pacífico asiático y en América Latina. La ASPBAE y la CEAAL siguen siendo actualmente unas de las más activas redes de ONGs dedicadas a la educación, capaces de presentar en diferentes procesos y plataformas políticas lo que pueden ser las perspectivas desde el Sur, y todo ello de manera fundamentada, competente y creíble.

 

  • La naturaleza del apoyo que presta el IIZ/DVV —compromiso de medio término con recursos esenciales— constituye un indicador, no sólo de su fe en la importancia que tiene para la promoción de la educación de adultos el trabajo regional que cruza fronteras nacionales, sino también de una profunda comprensión de la manera como necesitan organizarse y operar esas organizaciones e interacciones para seguir siendo eficientes y relevantes. Ha sido su propia fundación la que ha permitido a la ASPBAE expandir su trabajo a nuevas áreas y buscar nuevos enfoques para asegurar su relevancia y su sostenibilidad a largo plazo.

 

  • Hemos construido una asociación basada en la confianza y en el respeto mutuo, una asociación que reconoce la autonomía y la posición independiente de cada organización sin perjudicar nuestra mutua confiabilidad.

 

  • El reconocimiento de un rol y tal vez de un destino compartidos, en un sector frágil y vulnerable, debe responder a una mayor presión por trabajar bien y juntos. En un período en que hay escasos indicios que sugieran un mejoramiento cualitativo, se tiene que aprovechar la asociación entre la ASPBAE y el IIIZ/DVV para que juegue un rol más crítico, e internacionalmente más visible y proactivo, en la promoción del aprendizaje como un derecho universal.

Deberíamos conversar más unos/as con otros/as sobre cómo podríamos combatir la permanente marginalidad de la educación de adultos en la mayoría de los contextos. Deberíamos trabajar más estrechamente en la elaboración de estrategias para llamar por su nombre y hacer avergonzar a los gobiernos y a la comunidad de donantes cuando incumplen sus compromisos con la erradicación del analfabetismo entre varones y mujeres, o que no responden a las necesidades de aprendizaje de las mujeres y los adultos jóvenes, o que no previenen la diseminación del HIV-SIDA, o la diseminación de las políticas de odio que siguen matando y mutilando más y más.

Necesitamos echar mano de toda nuestra fortaleza para defender la importancia de la educación de adultos y el lugar que ocupa en cuanto derecho. Tenemos que ser más eficaces a la hora de explicar que el carácter comunitario y no-formal de la educación no puede ser un pretexto para ofrecer una educación de mala calidad, o una vía para eludir el pago de salarios justos a los maestros/as, o una excusa para una enseñanza de mala calidad. Necesitamos argumentar de manera más exitosa en favor de entornos creativos y literarios dentro de los hogares y las comunidades, puesto que pueden ser la mejor garantía para una participación sostenida de los niños y niñas en las escuelas y para un fortalecimiento de sus competencias de aprendizaje.

Necesitamos mantener un intercambio recíproco más estratégico de opiniones y de tareas sobre esos temas.

Deberíamos dirigirnos conjuntamente a otras instancias: las otras ONGs y demás grupos de la sociedad civil que apoyan en serio el trabajo educativo, ya sea en nuestra región o allí donde los problemas del acceso y la calidad de la educación siguen siendo de primordial importancia; aquellas personas cuyas opiniones y puntos de vista sobre políticas educativas dominan el discurso internacional. Deberíamos comprometernos más sistemáticamente con grupos que hacen campañas educativas, con asociaciones o sindicatos de maestros/as, con asociaciones de estudiantes y aprendices, con grupos de trabajo infantil y redes de mujeres, con todos aquellos/as que siguen apostando a asegurar el derecho de todos/as al aprendizaje. Tendríamos que hablar conjuntamente con ellos/as a la hora de defender ante gobiernos, donantes y organismos multilaterales un marco de políticas que respete y reconozca que el aprendizaje es un derecho.

Obviamente esto requiere una mayor capacidad —tanto humana como financiera— al interior de nuestras respectivas organizaciones. Nuestra asociación constituye una base sólida a la hora de apalancar recursos que nos permitan hacer más de lo que hemos estado haciendo, que no era poco, y hacer cosas nuevas que puedan contribuir estratégicamente a expandir posibilidades para millones de personas alrededor del mundo, es decir la oportunidad de un mayor nivel de participación, de contribución, de mejoramiento propio, de transformación.

En los próximos dos días estaremos gastando un poco de tiempo en explorar estas posibilidades para nuestra futura colaboración. 

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