Harbans S. Bhola

Para entender la pobreza de las naciones se debe realizar un análisis político-económico desde la perspectiva de la teoría de sistemas, de manera que se pueda cubrir sistemas y estructuras desde el nivel global hasta el local. Los educadores/as de adultos deben convertirse en activistas comprometidos con la ayuda a los pobres, y construir un sistema general de defensa y oferta de una educación de adultos de gran alcance y que esté a la medida de los desafíos que presenta el actual sistema mundial. Si bien una adecuada educación de adultos debería ser un componente necesario de los esfuerzos por la reducción de la pobreza, de ninguna manera constituye ella sola el estímulo suficiente o la estrategia para la transformación de las condiciones de pobreza existentes. La reducción de la pobreza necesita tanto de la educación de adultos como de los cambios correspondientes en los sistemas políticos y económicos y en las estructuras de desigualdad en que los pobres se encuentran atrapados. Harbans S. Bhola, a quien nuestros lectores ya conocen como autor de numerosos artículos de la presente revista, fue, hasta su jubilación, profesor emérito de pedagogía de la Universidad Indiana de Bloomington, EE.UU.

Educación de adultos y reducción de la pobreza: un análisis político-económico desde la perspectiva de la teoría de sistemas

Los educadores/as de adultos como activistas

Los pobres y los que no tienen poder son capaces de sentir y expresar su descontento, pero no siempre están en condiciones de organizarse a sí mismos y de exigir justicia social. Para ello necesitan la ayuda de maestros/as y activistas desinteresados/as. En el actual contexto y en las actuales condiciones que viven los países en desarrollo y los países desarrollados, los educadores/as de adultos parecen ser la mayor esperanza para los pobres del mundo. Desafortunadamente, si bien los educadores/as de adultos han comprendido las privaciones e indignidades que padecen las personas que viven en condiciones de pobreza, hasta ahora se han contentado con ofrecerles diálogo y discusión sobre educación para el desarrollo. Pero esto ciertamente no es suficiente. Los educadores/as de adultos tienen que redefinirse a sí mismos/as como activistas al servicio de los pobres. Deben comprometerse a combinar la pedagogía con la política.

Los enfoques de la teoría de sistemas

Para que las intervenciones sociales sean efectivas tienen que estar basadas en una teoría relevante y robusta. En esta era de la globalización, en la que todas las naciones parecen estar integradas en un sistema mundial único, los educadores/as de adultos tienen que trabajar con los enfoques de la teoría de sistemas para que así estén en condiciones de incluir en sus preocupaciones todas las dimensiones de una sola vez, todos los sistemas, subsistemas y estructuras relevantes, vinculados unos con otros vertical y horizontalmente. Repito, para poner a trabajar a la educación de adultos en la reducción de la pobreza, y para apuntar en último término al desarrollo sostenible, tenemos que pensar las condiciones de pobreza como «un sistema construido» de disposiciones políticas, económicas y sociales que le imponen a la población determinados esquemas de inclusión y exclusión respecto de oportunidades y ventajas. Tenemos que pensar también el alivio de la pobreza, como condición para el desarrollo sostenible, como un problema de «diseño de sistemas operativos», acomodando para ello contextos y condiciones, configuraciones de agentes y agencias, y también recursos que permitan cubrir las demandas materiales y las motivaciones tanto intelectuales como institucionales. Y por supuesto ha bremos de diseñar, implantar y llevar a efecto «un sistema de educación de adultos» que sea exhaustivo y que guarde proporción con las necesidades que plantea el sistema de erradicación de la pobreza; y que se encuentre totalmente acoplado con ese sistema de erradicación de la pobreza. Finalmente se tiene que conjugar lo científico-social con lo espiritual, para desarrollar así estrategias de motivación y movilización de las personas ricas, que probablemente no están dispuestas a ceder una sola porción de sus riquezas ni los privilegios que van adjuntos a la riqueza.

Análisis político-económico

La teoría de sistemas puede subsumir no sólo todos los sistemas y todas las estructuras, sino que puede también compaginar la discusión de las dinámicas de todos los procesos: el ecológico, el cultural, el político, el social, el económico, el educativo, el tecnológico. Con una lógica mental basada en los sistemas, los educadores/as de adultos estarán en condiciones de realizar un análisis político económico, es decir un análisis de las relaciones de poder y de los patrones de inclusión y exclusión que oprimen a los pobres y privilegian a los poderosos dentro de los límites de determinados sistemas y estructuras. Deberían ser capaces de ver cómo determinadas distribuciones de poder están vinculadas a determinadas distribuciones de estatus y de bienes económicos, culturales y educativos en la sociedad. Aquí conviene dejar establecido que los educadores/as de adultos no tienen que realizar ellos mismos, y empezando de cero, todas las tareas que se encuentran en el limitado marco de sistemas y estructuras, ni todos los análisis político-económicos. Hay al respecto una inmensa cantidad de trabajo que ya ha sido hecho por los cientistas sociales, y que ya está disponible, y que por cierto es cada vez más fácilmente accesible a través del Internet.

Pero aquí hay que hacer una advertencia. Con demasiada frecuencia el acceso a análisis político-económicos, en los niveles nacional, regional e internacional, simplemente está pensado para su lectura y revisión, y para quien quiera aprender de ellos. Sin embargo los educadores de adultos deberán aprender a traducir lo que aprenden, y sus percepciones de cómo hacer análisis político-económicos, a los niveles más bajos de los sistemas sociales, es decir a los distritos y comunidades. No se deberá planificar esos análisis político-económicos para satisfacer los criterios de la investigación científica, sino que se los deberá ver con una orientación práctica, como «apreciaciones socio-económicas participativas».

El papel que les corresponde a los ricos y poderosos en la reducción de la pobreza que padecen las personas pobres y carentes de poder

No se puede asumir la dialéctica entre educación de adultos y reducción de la pobreza para luego cubrirla con moralidad y caridad. En nuestras naciones, las minorías privilegiadas que aspiran a adquirir los estándares de vida de que ahora disfruta Occidente no tienen ninguna prisa por mejorar las condiciones de vida de las mayorías pobres que viven al borde de la inanición. En las relaciones entre naciones desarrolladas y naciones en desarrollo, no se percibe ningún sentimiento de urgencia, de parte de las naciones ricas, por renunciar a sus principescos estilos de vida y extravagantes niveles de consumo. Son generosos en la retórica, pero en la realidad el flujo de la ayuda de las naciones ricas a las pobres es totalmente mezquino. La globalización, con su mantra de libre mercado, ha hecho aparecer cada vez más riquezas para los ricos dejando a los pobres cada vez más pobres. Los niveles de deuda externa, que tienen que pagar las naciones en desarrollo a las naciones desarrolladas y a los bancos de desarrollo, se han vuelto insostenibles. Y se está com probando que los esquemas de ayuda a los países pobres altamente endeudados, mediante un alivio de la deuda, son un fraude.

Rayos de esperanza y anillos de oscuridad

Hubo rayos de esperanza en la Declaración de Naciones Unidas para el Milenio, de diciembre del 2000, que proclamó: «No escatimaremos esfuerzo para liberar a nuestros prójimos, hombres, mujeres y niños, de las condiciones abyectas y deshu manizantes de extrema pobreza a las que actualmente están sujetos/as más de mil millones de ellos/ as». Juntamente con el gran objetivo de disminuir a la mitad, para el 2015, la proporción de personas que viven en pobreza, la comunidad de naciones ha prometido también alcanzar la meta de la educación primaria para todos, que es una meta relacionada con el desarrollo; ha prometido promover la equidad de género y el fortalecimiento de las mujeres, reducir la mortalidad infantil y mejorar la salud materna; ha prometido combatir el VIH-SIDA, la malaria y otras enfermedades, garantizar la sostenibilidad ambiental y desarrollar una asociación global para el desarrollo. Aquí se debe dejar establecido que la Declaración del Milenio habla de mil millones de personas que viven en «abyectas y deshumanizantes condiciones de pobreza», pero se olvida de otros mil millones que son tan intensamente pobres como ellas e igualmente están privadas de toda esperanza.

En todo caso el rayo de esperanza ofrecido por la Declaración del Milenio está rodeado por un anillo de oscuridad y desesperación. Una evaluación sistemática de los progresos alcanzados en el logro de los Objetivos del Milenio, presentada en el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, en enero del 2004, concluía que «la comunidad internacional apenas está invirtiendo una tercera parte del esfuerzo necesario para alcanzar las metas internacionalmente convenidas», las que para empezar no eran ni elevadas ni generosas. Ni las organizaciones internacionales, ni los gobiernos nacionales, ni la sociedad civil, ni el sector privado han cumplido sus promesas para estar a la altura de las circunstancias y responder a las expectativas.

Empeñarse en que las cosas se hagan bien: una agenda para la educación de adultos y su segunda socialización

Vale la pena repetir que la Reducción de la Pobreza no es una cuestión meramente educacional; pero a pesar de todo es la educación la que debe servir como el instrumento número uno para el redireccionamiento ideológico y para el cambio estruc tural, tanto político como económico, en todos los niveles, desde el global hasta el local. Porque ese cambio implica la educación de las clases gobernantes y sus burocracias, y por supuesto la de los dirigentes de la sociedad civil en todos los niveles. Es un serio desafío para los educadores/as de adultos en todo el mundo.

Desde luego los educadores/as de adultos no pueden limitarse a conversar con otros educadores de adultos, sino que tienen que desarrollar la colaboración con todos los/as que se dedican a tareas de consejería y orientación, de educación y extensión, de enculturación y socialización de adultos. Para los educadores/as de adultos es de particular importancia el aprender a trabajar con líderes y predicadores religiosos. El fundamentalismo ha adquirido proporciones alarmantes en las comunidades de todas las religiones del mundo. Los acontecimientos de estos últimos años nos muestran las calamitosas consecuencias de dejar los asuntos espirituales en manos de gente ineducada y de mente estrecha que se autoproclaman varones de Dios y aseguran que han sido escogidos por el Altísimo y que predican la única religión verdadera, condicionando y lavando el cerebro de hombres y mujeres jóvenes e impresionables para que mueran por «la Causa». Como educadores/as de adultos necesitamos enseñar el carácter igualmente sagrado de todas las religiones del mundo, de la gloria del Todopoderoso (desconocido e inconocible), ya sea que los diferentes pueblos lo llamen Ishwar, Buda, Jehová, Dios, Alá, Waheguru, Mungu o de muchas otras maneras, dependiendo de factores accidentales como el nacimiento en una determinada familia o en específicas comunidades étnicas o lingüísticas.

El sistema de educación de adultos

Para movilizar, socializar y educar a todos los actores involucrados en proyectos de reducción de la pobreza, los educadores/as de adultos tienen que crear un sistema de educación de adultos y de capacitación que se relacione con la totalidad del sistema político y económico existente en el mundo y que responda a la necesidad de educación de por vida que tienen políticos, dirigentes cívicos, burócratas, dirigentes comunales, cabezas de familia e individuos, ¡y los propios educadores/as de adultos! En los niveles superiores del sistema su trabajo será defender la necesidad de cambios estructurales e impulsar la expansión de programas adecuados de reducción de la pobreza y de educación de adultos. En los niveles inferiores de regiones subnacionales, distritos, comunidades y familias, y tam bién entre los individuos, los educadores/as de adultos tienen que comprometerse directamente ellos mismos en los roles y tareas de una efectiva movilización, socialización e instrucción de estudiantes adultos individuales y de grupos de adultos.

A continuación daremos una idea acerca de qué es lo que se tiene que hacer en general, y de qué es lo que deberían hacer los educadores/as de adultos en los diferentes niveles del sistema.

En el nivel global/internacional: La agenda de la educación de adultos para la reducción de la pobreza Los educadores/as de adultos tienen que reinventarse a sí mismos/as como activistas al servicio de los pobres y de los excluidos en cualquier lugar del mundo. Tienen que realizar tareas de cabildeo a favor de la paz e insistir en que los «dividendos de la paz» no sean asignados a la reducción de impuestos para los millonarios y billonarios, y las clases altas en general, que fácilmente pueden darse el lujo de pagar la parte que les corresponde para la construcción de la nación, sino que en lugar de eso se los gaste en reducción de la pobreza, en detener el VIH-SIDA y otras enfermedades, y en la educación de adultos (y de niños).

Los educadores de adultos deberían abogar ante el sistema de Naciones Unidas para que asuma y ejerza una forma de gobierno global más efectiva, y se comprometa de manera más agresiva con las tareas de construcción nacional a lo largo y ancho del mundo.

En efecto, el sistema de Naciones Unidas debería convertirse en el mecanismo para la transferencia de riqueza, de los países superricos del Norte a los países y comunidades abyectamente pobres del Sur. Las naciones ricas del mundo deben cumplir su promesa de contribuir con el 1 por ciento del PIB para engrosar la ayuda al mundo en desarrollo, y en los hechos deberían seguir elevando ese porcentaje. Los beneficios de la «Tasa Tobin» (una propuesta de tasa sobre las transferencias internacionales de capital, con la intención de detener los niveles actuales de especulación y los intentos de distorsionar las condiciones del mercado en las naciones más pobres y débiles) también deberían retornar a los pobres a través de las instituciones de Naciones Unidas.

En el nivel internacional los educadores/as de adultos tienen que trabajar de manera especial para persuadir a la UNESCO de que reasuma su rol histórico en la promoción de la educación de adultos en todas partes del mundo. En el momento de su fundación, en 1946, la UNESCO se proclamó acertadamente a sí misma como una organización mundial de educación de adultos.

Medio siglo más tarde la pasión parece haberse enfriado, ya que en realidad el liderazgo en educación de adultos ha pasado a otras instancias, relativamente ricas en recursos pero poco comprometidas con la educación de adultos. Las organizaciones no gubernamentales (ONG) requieren también atención de los educadores/as de adultos en el nivel internacional. Los educadores/as de adultos deben establecer y articular su presencia en el nivel global sirviéndose de instituciones como el Consejo Internacional de Educación de Adultos (CIEA). El CIEA tiene una larga y distinguida historia, y debe volver a asumir su papel con una intensidad incluso mayor a la que ha tenido anteriormente.

La mayor tarea profesional que encaran los educadores/as de adultos es la promoción misma de la educación de adultos. Los educadores/ as de adultos tienen que enfatizar y reiterar el papel que juega la educación de adultos en relación con la educación formal, haciendo ver que la educación básica formal para niños no contribuirá por sí misma al desarrollo socio-económico.

La educación formal prepara a los niños y niñas para que sean ciudadanos/as y trabajadores/as en el futuro. La educación de adultos prepara a las personas adultas para que participen ahora en la vida y el trabajo, y en la política y la práctica. Evaluaciones recientes hechas en Uganda y otros lugares han mostrado que las personas adultas que en su juventud asistieron a la escuela ahora están regresando a las clases de educación de adultos para refrescar sus habilidades de lectura, escritura y cálculo, y para acceder a conocimientos relaciona dos con el desarrollo, conocimientos que nunca habían recibido en la escuela y que tampoco pueden recibir en ninguna otra parte.

En el nivel nacional: La agenda de la educación de adultos para la reducción de la pobreza 

En el nivel nacional los educadores/as de adultos tienen que seguir jugando su rol histórico de personas progresistas, ostentando con orgullo la etiqueta del liberalismo. Su área de interés debería ser tanto la urbana como la rural; y deberían insistir en que la riqueza producida por la modernización de la economía urbana ha de ponerse al servicio de la economía rural, que tiene también que modernizarse, utilizando para ello la tecnología adecuada.

Los educadores/as de adultos deben colaborar en la discusión y definición del desarrollo en el contexto de su propio país. Ni la democracia ni los derechos humanos ni la equidad son negociables. Puede ser que la reducción de la pobreza demande reforma agraria, transferencia de activos de unas clases sociales a otras, y el reconocimiento de la obligación que tiene el Estado de proporcionar educación básica y salud básica a los pueblos de todas las naciones. ¡El Estado de bienestar no debería reducirse a un eslogan demagógico!

La agenda institucional de la educación de adultos en el nivel nacional, así como la agenda operativa, deben ser parecidas a las del nivel internacional. En primerísimo lugar los educadores/as de adultos han de asumir un importante rol de defensa de la educación de adultos. Al hacerlo, los educadores/as de adultos les estarán recordando a los estadistas y actores políticos de sus países que la democratización y modernización que en casi todos los documentos constitucionales del mundo se les promete a los pueblos, no son posibles sin educación. El conocimiento tradicional, con todas sus virtudes, nunca nos dará por sí mismo, en este momento de la historia de la civilización humana, una sociedad basada en el conocimiento. Necesitaremos una educación «modernizante», tanto en la escuela para los niños y niñas como en escenarios extraescolares para personas adultas, para que estén en condiciones de participar en los procesos políticos, económicos y culturales de las sociedades.

Para darle la suficiente visibilidad a la educación de adultos puede ser necesario crear ministerios propios de educación de adultos en los países en desarrollo. Puede ser necesaria una Comisión Nacional de Educación de Adultos No-Formal para reunir a todas las instituciones gubernamentales que proveen «educación de adultos» en habilidades de lectura y escritura, en ciudadanía, salud, agricultura y cría de animales, y para comunicar cualquier otro tipo de conocimientos que se requiera para ganarse la vida y para participar en las instituciones locales.

Se debe prestar la misma atención a la creación y al cuidado de una sociedad civil. Los educadores/as de adultos tienen que estar presentes en las capitales de sus naciones. Cada país debería tener una asociación de educación de adultos activa, profundamente enraizada en las comunidades mediante una red de organizaciones comunitarias de base (OCB) distribuidas por toda la nación.

Las universidades deben servir como caldo de cultivo para el surgimiento de educadores/as de adultos. Tienen que capacitar a generaciones de educadores/as de adultos para que formen a facilitadores que a su vez puedan guiar clases de adultos y supervisar el trabajo de educación de adultos. Deben capacitar a funcionarios que puedan diseñar programas de educación de adultos y producir los materiales que se necesita para toda una impresionante serie de programas de educación de adultos. Finalmente tienen que capacitar profesionales de la evaluación y la investigación, que puedan llenar todas las necesidades de que tiene en el país la educación de adultos en términos de investigación para el desarrollo.

 

En el nivel provincial/estatal: La agenda para la reducción de la pobreza 

Salvo el caso de los pequeños micro-Estados isleños, la mayor parte de los países están organizados en provincias (o Estados, o distritos) que se definen sobre la base de realidades históricas, geográficas o étnicas. Los programas provinciales de educación de adultos han de estar contextualizados, por supuesto sin que por eso rompan la continuidad con las agendas nacional e internacional. Es importante notar, sin embargo, que en estos niveles tenemos que indigenizarnos en lo que se refiere a los planes de desarrollo para la reducción de la pobreza: tenemos que utilizar conceptos alternativos de desarrollo, nuevas definiciones de pobreza y de pobreza relativa, y asumir una ética de la frugalidad que nos permita trabajar en medio de la escasez existente en los países pobres.

En el nivel provincial las ONG deberían trabajar para estimular el desarrollo de las instituciones locales de educación de adultos. También deberían emprender directamente el trabajo que no se puede hacer en los niveles locales: tareas de defensa ante el gobierno para la expansión de programas de educación de adultos encaminados a la reducción de la pobreza; capacitación de trabajadores/facilitadores de campo; producción de materiales de capacitación para facilitadores y materiales instructivos para estudiantes; y finalmente ayudar al diseño de mecanismos de seguimiento y evaluación en los niveles de centros, comunidades y distritos.

En el nivel distrital: La agenda para la reducción de la pobreza 

Normalmente un distrito tiene el tamaño adecuado para el establecimiento de redes y de modelos de participación en zonas y comunidades para la práctica real de la democracia en la vida de la gente; y para realizar análisis de oportunidades económicas a nivel distrital con el fin de mejorar las condiciones económicas de la población. Los resultados de ese análisis de oportunidades económicas pueden después compartirse tanto con los proveedores de servicios para el desarrollo como con amas de casa, agricultores y trabajadores en general. Las destrezas que requieren los individuos y grupos adultos para poder aprovechar las nuevas oportunidades económicas pueden ser objeto de enseñanza y pueden ir acompañadores de pequeños planes de crédito.

Es también en este nivel que se tendrá que establecer el núcleo de un sistema de seguimiento y evaluación de la educación de adultos para la reducción de la pobreza.

En el nivel comunitario: La agenda para la reducción de la pobreza

Con la modernización, la integración de las economías, la existencia de trabajo fuera de la comunidad y la disponibilidad de transporte público —realidades todas que se han vuelto comunes en nuestras vidas— ha cambiado el concepto mismo de comunidad. Los educadores/as de adultos, para ser útiles en el nivel comunitario, tienen que empezar por hacer un análisis socio-económico de la comunidad, prestando la debida atención a las fronteras difusas que caracterizan a las actuales comunidades. El análisis de la comunidad deberá mostrar las causas y estructuras de la pobreza que hay en la comunidad. Las comunidades pueden ser pobres por la distancia a que se encuentran desde la carretera principal o la estación ferroviaria. Dentro de la comunidad puede haber estructuras que mantienen a la gente en la pobreza por razones de casta y credo, o porque les niegan el derecho a la tierra y al trabajo.

Un liderazgo comunitario inteligente puede crear trabajo comunal para mejorar las condiciones de las comunidades. También se puede planificar diferentes programas prometedores para la reducción de la pobreza, tales como centros de atención a niños/as, proyectos de nutrición y escolarización para los huérfanos de VIH-SIDA, seminarios de salud reproductiva, creación de un hospicio para enfermos terminales, etc.

Dentro de la familia: La agenda para la reducción de la pobreza

Las familias, además de constituir espacios de enculturación y socialización, son también importantes unidades económicas. El género es un factor importante en la economía política de la familia. La mayoría de las familias del mundo tienen a la cabeza un varón, y se considera que es el varón el que gana el sustento, sin considerar la participación de la mujer en el cultivo y la conservación de los alimentos. En la familia se considera que las mujeres son «pobres» porque en muchas culturas no se les permite heredar la propiedad. Pero padecen otras muchas desventajas. Comen solamente después de que han comido los varones, y por tanto les corresponden porciones menores de comida, e incluso hay alimentos que les están totalmente vedadas. Por regla general se les niega el acceso tanto a la educación como a la salud, afectando seriamente, en consecuencia, sus oportunidades y posibilidades vitales.

Con el coro mundial de voces que hay en nuestro tiempo a favor del desarrollo de las mujeres, los educadores/as de adultos tienen la oportunidad de trabajar por la reducción de la pobreza de las mujeres que actualmente viven en doble riesgo. Ahora se empieza a decir que el desarrollo nacional pasa ciertamente por el desarrollo de las mujeres; y que la reducción de la pobreza de las mujeres es la reducción de la pobreza de la familia. Hay varias cosas importantes que se puede hacer para la reducción de la pobreza en el seno de la familia. Las mujeres, por ejemplo, deberían ser receptoras de insumos educativos y materiales para el espaciamiento familiar, para la ayuda a los niños/as que asisten a la escuela, para la conservación de la salud familiar, y para el cultivo de verduras y la conservación de alimentos. También se debería ayudar a las mujeres en la comercialización de productos y objetos de artesanía que ellas pueden querer producir para vender.

Los/as líderes comunitarios deberían trabajar esforzadamente para crear una opinión comunitaria adversa al consumo excesivo de bebidas y de drogas por parte de los varones; contraria a los enormes gastos en dotes, bodas y funerales; y a la costumbre de contraer deudas y prestarse dinero de prestamistas depredadores. En las familias pobres las viudas se vuelven muertos vivientes, y los minusválidos pueden sufrir un terrible abandono. Se debe prestar especial atención a estos casos. Para tener éxito en lo que se ha propuesto anteriormente, tanto varones como mujeres necesitan sensibilizarse y organizarse. Para ello parece que una estrategia inicial importante sería la organización de «grupos familiares focales».

Prácticas individuales para la reducción de la pobreza

El primer desafío de los educadores/as de adultos en el nivel individual es lo que Paulo Freire llamaba concientización —despertar de la conciencia—, es decir ayudar a mujeres y varones adultos que pueden estar resignados/as a su condición de pobres a que tomen conciencia y entiendan la economía política de su propia pobreza. Sólo comprendiendo esas estructuras pueden los pobres evitar su propia explotación a manos de funcionarios, predicadores, tenderos, prestamistas e intermediarios.

Relacionada con las ideas anteriores está la necesidad de informar a estas personas acerca de los servicios para el desarrollo que pueden prestar en el área determinados funcionarios gubernamentales y ONG, pero a los que no están teniendo acceso los individuos de las áreas rurales y urbanas. Problemas que con demasiada frecuencia no se ha enfrentado, por considerar que su tratamiento es demasiado sensible, deben ser audazmente abordados. Se debe discutir las pequeñas normas familiares, e igualmente se debe conversar tranquilamente sobre dónde y cuándo buscar ayuda para la contracepción. Se tiene que discutir sobre el VIH-SIDA y otras enfermedades venéreas, poniendo de relieve las consecuencias que tiene el sexo inseguro para el individuo y también para las esposas e hijos.

Lo más importante es que los educadores/as de adultos deben trabajar con todas las personas relevantes de la comunidad (y de los límites más extensos del distrito) para crear trabajo remunerado y otros medios de ganarse la vida. Se tiene que explorar todas las oportunidades de autoempleo que haya en la comunidad. Los educadores/as de adultos deben recordar que si la gente no tiene empleo acabará inventando ocupaciones corruptas como pueden ser el robo, el tráfico de drogas, la prostitución, etc. En demasiados casos la pobreza es inducida o acentuada por los malos hábitos, o por excesos en el beber o en el fumar. Estos problemas tienen que ser abiertamente discutidos, y si es posible se tiene que imponer disciplinas sociales.

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