Nicaragua

Nicaragua – «Lo que aprendemos mejora nuestra vida»

Desde que tengo uso de memoria, nuestra localidad de La Pita y todo el distrito de Tipitapa han sido pobres. Carecemos de electricidad a pesar de vivir a una hora de distancia de la capital, Managua. Nuestras familias trabajan en la agricultura, el comercio de artículos menores y la artesanía. Muchos esposos trabajan lejos de su hogar, algunos incluso en Costa Rica, dejando atrás esposas e hijos, que se quedan viviendo solos. La mayoría de los habitantes de esta localidad nacieron aquí, y nuestros hijos y nietos también vivirán en este lugar. Heredamos un terreno de los padres de mi marido. Crío cerdos para la venta, y preparo tamales que también vendo. Hago todo lo posible por aumentar nuestros ingresos y así permitir que nuestros 5 hijos, 2 hombres y 3 mujeres, vayan a la escuela. Pero a veces el dinero no es suficiente. En ocasiones el alimento tampoco alcanza para toda la familia. En la agricultura se depende del clima, el cual durante los últimos años ha estado demasiado seco. En todo el país también se están sufriendo los efectos de la guerra civil entre sandinistas y contras, y de los desastres naturales como el espantoso huracán Mitch.

El lugar de la mujer está en el hogar… ¡y en la sala de clases!

La mayoría de los esposos no desea que las mujeres nos organicemos. A lo sumo se nos permite participar en las actividades de la Iglesia. Hace dos años, representantes del Instituto Nacional de Investigación y Educación Popular (INIEP) vinieron a visitarnos. En primer lugar realizaron una encuesta sobre nuestras condiciones de vida. Luego nos invitaron a tomar parte en un curso de capacitación. A pesar de las dificultades hogareñas, las amas de casa nos reunimos varias veces para analizar la oferta y finalmente 30 mujeres de mi aldea y de localidades vecinas la aceptaron.

Las reuniones se celebran siempre los sábados. Tenemos que caminar 5 kilómetros para llegar al centro de enseñanza, pero vale la pena. Ya hemos aprendido muchas cosas: cómo organizarnos, cómo evaluar riesgos, cómo llevar cuentas de nuestros ingresos y gastos, y cómo invertir nuestro dinero de manera rentable, incluida la alternativa de los proyectos conjuntos. Hemos descubierto muchas cosas nuevas acerca de técnicas agrícolas, salud y planificación familiar. El INIEP nos ha ayudado a desarrollar nuestros proyectos, por ejemplo uno de taller de costura y otro de crianza de cerdos y pollos. Incluso hemos puesto en marcha una pequeña panadería. Todo lo que hemos aprendido ha permitido mejorar sustancialmente la calidad de nuestra vida y también la de nuestra familia. El proyecto también ha modificado mi posición en la familia. Incluso mis hijos, que ayudan a cuidar a los cerdos, ya no me ven como «nada más que una ama de casa». Me respetan como una mujer que tiene su propio proyecto y gana dinero. Nuestros maridos tampoco ponen ya dificultades y nos aceptan a nosotras y a nuestro trabajo. Las mujeres hemos estado trabajando juntas por casi un año, y ahora tengo la confianza para expresarme abiertamente frente a otras personas. Puedo hablar de mis sentimientos y de mi vida. Considero que ese es mi progreso personal más grande.