Editorial

Nos agrade leerlo o no, y nos percatemos de ello o no, la cantidad de pobres sigue aumentando. Pueden citarse dos cifras que demuestran la magnitud del problema: 1200 millones de personas viven con un ingreso inferior a 1 dólar por día; y la mitad de la población mundial vive en condiciones de pobreza (con menos de 2 dólares diarios). Por consiguiente, todos los ODM (objetivos de desarrollo para el milenio) tienen que ver con la reducción de la pobreza. Sin embargo, sabemos y, por tanto, desde una perspectiva realista, tememos que si no se duplican o triplican en cantidad y calidad todas las iniciativas de desarrollo, y no se modifican radicalmente todos los procesos y resultados que entorpecen el desarrollo, es probable que no se logre reducir la pobreza.

La mayoría de los ODM están relacionados con la educación de adultos: cómo fomentar la igualdad entre los géneros; o promover la autonomía de las mujeres; o reducir la mortalidad infantil; o mejorar la salud materna; o combatir el VIH, la malaria u otras enfermedades; o garantizar la sostenibilidad del medio ambiente. ¿Cómo se podrían alcanzar estos objetivos si no se cuenta con más y mejor información y educación a lo largo de toda la vida? En el Foro Mundial sobre Educación para Todos (EPT), celebrado en Dakar el año 2000, se analizó detenidamente lo ocurrido durante la última década y elaboró un Marco de Acción hasta el año 2015. Cuatro de los seis compromisos de Dakar están vinculados a la educación de adultos, como mejorar la calidad, aumentar en 50% los niveles de alfabetización de adultos, garantizar el acceso equitativo a programas de habilidades pA?l?C?ara la vida, y capacitar a madres y padres para que sus hijos reciban mejores cuidados durante la primera infancia.

Damos por supuesto que existen correlaciones positivas entre la inversión y la participación en la educación y el desarrollo; entre la alfabetización y las aptitudes de subsistencia; entre el desarrollo de aptitudes y la productividad; entre la educación de adultos y la reducción de la pobreza. Con todo, resulta difícil demostrar lo anterior en cuanto a relaciones de causa y efecto. Es así como tendemos a creer y a confiar en cierto tipo de admisibilidad. Por lo menos podemos estar justificadamente convencidos de que al carecerse de alfabetización y educación se entorpecen todos los esfuerzos en favor del desarrollo. Por eso continuamos luchando contra la pobreza al impartir aptitudes para la generación de ingresos en el sector informal; promoviendo las instituciones participativas y democráticas y los derechos humanos; y fortaleciendo la sociedad civil al trabajar con grupos de autoayuda preocupados de problemas sociales, económicos y ecológicos.

A lo largo de las tres últimas décadas una importante cantidad de proyectos, estudios y conferencias han estado analizando la pobreza y la educación en el desarrollo, lo cual ha arrojado muchos resultados interesantes y significativos. A comienzos del nuevo siglo, varios socios comprometidos e interesados en el ámbito de la capacitación, la investigación y la financiación de la educación de adultos estimaron que ya era hora de reunirse para intercambiar nuevas conclusiones durante una conferencia en gran escala organizada posteriormente por la Universidad de Botswana, la cual también actuó como anfitriona. El Sector A?l?C?de Desarrollo Humano para la Región de África del Banco Mundial y el Instituto de Cooperación Internacional de la Asociación Alemana para Educación de Adultos (IIZ/DVV) fueron copatrocinadores de la reunión en sociedad con el Instituto de la UNESCO para la Educación y el Consejo Internacional de Educación de Adultos. Mientras la Universidad de Botswana convocaba a la presentación de ponencias sobre los temas de interés para ser expuestas y debatidas durante el encuentro, y el Banco Mundial se preparaba para reexaminar sus numerosos estudios recientes sobre la alfabetización y la educación de adultos, el IIZ/DVV encomendó estudios que analizaran los proyectos que actualmente lleva a cabo junto con sus socios en África, Asia y Latinoamérica. Durante este proceso, se generó un enorme cúmulo de información, que está disponible en www.aept.co.bw

Asimismo, diversas publicaciones, incluida esta, ayudarán a difundir importantes conclusiones. Este número especial de nuestra revista sólo corresponde a una selección. La conferencia propiamente tal constituyó un suceso sumamente estimulante, y su discurso inaugural estuvo a cargo del Honorable Baledzi Gaolathe, Ministro de Hacienda del Gobierno de Botswana; por cierto que los participantes se sintieron honrados de que el funcionario gubernamental más importante en el ámbito de las finanzas disertara ante los educadores de adultos sobre la reducción de la pobreza. La Secretaria de Estado Parlamentaria del Ministerio Federal Alemán de Cooperación y Desarrollo Económico (Bundesministerium für wirtschaftliche Zusammenarbeit und Entwicklung – BMZ), Dra. Uschi Eid, representante del Gobierno Alemán en el plan de acción del G8 para África, desgraciadamente no pA?l?C?udo asistir. Tanto el discurso inaugural como el discurso de bienvenida han sido impresos en este ejemplar, seguidos del Informe General, y del Discurso de Presentación, pronunciado por el dr. John Oxenham, quien preguntó “¿qué hemos aprendido?” En la selección de los artículos se procuró dar a conocer una combinación de estudios y ponencias que representaran una diversidad de enfoques provenientes de distintas regiones. Incluimos además como reimpresión un artículo sobre personas discapacitadas en el contexto de la reducción de la pobreza. ¡Desafortunadamente, en esta recopilación no se pudo documentar los intensos debates que tuvieron lugar en los numerosos talleres, paneles de debate y contactos informales durante los días de conferencia!

Quisiera agradecer a algunas personalidades, en especial a la profesora Julia Preece y sus colegas de la Universidad por su notable profesionalismo y paciencia; a John Lauglo y Maman Sidikou, del Banco Mundial, por una dedicada y precisa labor de cooperación, al administrar las cofinanzas desde el Fideicomiso Noruego; al profesor Chris Duke, destacado investigador sobre el tema, por oficiar de relator general; y a Hans Pollinger, del IIZ/DVV, quien fue nuestro coordinador en la preparación y organización de la contribución financiera del BMZ. Sin su colaboración esta conferencia no se habría podido desarrollar de la manera en que podemos concluir del informe y los documentos.

Prof.(H) Dr. Heribert Hinzen