José Rivero

“Educación Popular” es un concepto que en español significa algo más que el inglés “popular education” o el francés “education populaire”. En él resuena de alguna manera lo emancipatorio, el elemento liberador, la autodeterminación de las masas populares oprimidas y explotadas, el proceso de conocimiento gracias al cual las personas que siempre se han visto marginadas de los bienes de la sociedad, de la educación y de los procesos de decisión, se sienten impulsadas a pensar colectivamente su realidad, toman conciencia de que ésta no va a se mejorada desde arriba, sino que tiene que ser transformada por ellas mismas, y se organizan para el cambio social. En ninguna otra parte fuera de América Latina se ha desarrollado una educación de adultos tan decididamente comprometida con los intereses de los estratos más pobres de la población; la educación popular caracteriza el movimiento de ONGs que se ha desarrollado allí como en ningún otro lugar; y sobre todo el nombre de Paulo Freire, con el que se sienten identificados la mayor parte de los “educadores populares”, sigue resplandeciendo hasta el día de hoy.

Cuando han pasado más de 20 años de lo que fue el momento culminante del movimiento de Educación Popular, la Asociación Latinoamericana de Educación de Adultos ha dedicado dos números de su revista especializada (“La Piragua” 20 y 21) a una mirada retrospectiva de la Educación Popular, de las cosas que ha logrado pero también de las que no ha logrado, y de aquellos componentes de su enfoque metodológico que se mantienen vigentes en nuestra situación actual. Hemos seleccionado algunos artículos que en nuestra opinión pueden resultar relevantes para el debate mundial sobre educación de adultos. Cuatro de los autores son “veteranos” de la educación popular, ampliamente conocidos y respetados. Un quinto artículo la examina desde una óptica decididamente europea, desde la distancia, pero también con particular esperanza y expectativa.

José Rivero ha representado durante largos años los intereses de la educación de adultos en la oficina de la UNESCO para América Latina y el Caribe (la OREALC). Él es una de las per-sonas que ayudó a superar la contradicción entre estado y sociedad civil.
Carlos Núñez ha dirigido durante mucho tiempo la ONG mexicana Instituto Mexicano para el Desarrollo Comunitario (IMDEC), ha sido presidente de la Asociación Latinoamericana de Educación de Adultos, de la que ahora es presidente honorario, a la vez que enseña la materia “Educación Popular” en la Universidad Pedagógica Nacional de Guadalajara.
Raúl Léis, escritor y comunicador, es desde hace poco Secretario General de la Asociación Latinoamericana de Educación de Adultos, después de haber dirigido durante decenios la ONG panameña Centro de Estudios y Acción Social Panameño (CEASPA).
Nydia González defiende en Cuba un país en que el estado garantiza la educación formal para todos la necesidad de la Educación Popular para la participación de varones y mujeres en los proyectos de aprendizaje que tienen lugar en sus respectivas comunidades, proyectos que al mismo tiempo incluyen también elementos de acción.
Liam Kane, de la Universidad de Glasgow, es un pedagogo y científico escocés que, como muchos otros pedagogos socialmente comprometidos de Europa, se identifica en gran medida con la Educación Popular precisamente porque echa de menos un movimiento comparable en Europa.

Aportes centrales del movimiento de la educación popular

1. ¿Cuáles son los principales aportes de la educación popular en todos estos años?

La preocupación por la relación educación-pobreza y el aliento de una metodología participativa correspondiente a una nueva concepción educativa, en la que la opinión y el empoderamiento de los sin voz tiene particular relevancia, así como el impacto de múltiples experiencias exitosas con una enriquecida instrumentación técnico-pedagógica, constituyen, a juicio de muchos —opinión que comparto— los aportes centrales del movimiento de la educación popular.

Referirse a la educación popular latinoamericana es asociarla a experiencias significativas de investigación participativa, a procesos de capacitación de agentes sociales de base, de evaluación participativa, de uso de medios de comunicación masiva y de tipo no convencional y a marcados esfuerzos educativos por contrarrestar los modelos culturales hegemónicos.

La educación popular se ha definido como proyecto político-pedagógico de transformación para recrear bases de sociabilidad en el seno de nuestras sociedades latinoamericanas.

Importa hacer referencia a sus principales aportes, vía ejes o núcleos esenciales, en su relativamente largo accionar:

  • La inspiración y el legado de Paulo Freire han contribuido a privilegiar en ella una opción ética para el ejercicio y la transformación política.

  • La intencionalidad de esa transformación política es una intervención asociada fundamentalmente a opciones pedagógicas; los saberes y los conocimientos son considerados esenciales para transformar la realidad individual, comunitaria y social. Su principal especificidad radica en la dimensión educativa de su accionar; con ella se procura alentar la construcción de nuevos saberes a partir de nuevas formas de interpretar la realidad con el fin de actuar en ella y transformarla.

  • La opción por los pobres está asociada a la mayor dignidad y ciudadanía de éstos y al poder que gradualmente deben ejercer. Muchas experiencias de educación popular en sus albores, fueron asociadas a objetivos eminentemente políticos y a estrategias de liberación nacional. La educación popular buscó fortalecer el poder de las propias capas populares para decidir sus formas de organización y el sentido de sus demandas y luchas procurando concretar nuevas reglas de vida social.

  • En ella lo individual está asociado a la construcción de lo colectivo como organización y a la toma de conciencia y ejercicio de derechos y deberes.

  • Asocia la recreación de bases de sociabilidad en una sociedad dada con el compromiso por mejorar la calidad de vida de sus participantes. La bandera del fortalecimiento de la sociedad civil es izada, particularmente a partir de la década de los noventa.

2. ¿Qué es lo que sigue vigente de los planteamientos centrales de la educación popular y qué es lo que se ha replanteado (o lo que debe ser replanteado)?

Al iniciarse la década anterior, Alain Touraine planteaba dos preguntas centrales sobre la región latinoamericana: ¿Será capaz América Latina de desarrollarse ella misma? ¿Es capaz América Latina de innovaciones tecnológicas, de inversiones productivas, de un ensanchamiento de un mercado interno y de exportaciones competitivas?

La educación popular, creación latinoamericana, está en el centro de esas preguntas y su accionar está, en alguna medida, condicionado por lo que ellas suponían como demandas a la región.

Hay nuevas situaciones y concepciones que han influido para que se registre en la educación popular una permanente apertura a las exigencias de la realidad, aún a riesgo de asumir sentidos distintos a los originarios. Así, hoy es difícil encontrar en textos de educación popular la inicial opción de algunos de sus promotores de ubicar a la escuela sólo como entidad representativa de intereses dominantes, o, en otros planos, la identificación de educación popular fundamentalmente con «los intereses de clase que buscan su propia hegemonía ideológica y política» .

Considero que, en materia de concepciones, la educación popular debiera dar especial lugar a pensamientos renovadores como el de Amartya Sen, Premio Nobel de Economía 1998. Su énfasis en señalar como fin del desarrollo el potenciar las capacidades humanas y en considerar el aumento de los ingresos del país sólo como un medio, demandando que la mejora de la calidad de vida de las actuales generaciones no debiera sacrificar las oportunidades para las generaciones futuras, constituyen —en las actuales circunstancias mundiales— imprescindibles referencias. Importa ser parte de un movimiento planetario que ha optado por un desarrollo humano que permita ampliar el horizonte del desarrollo nacional, más allá del crecimiento del Producto Interno Bruto o de los avances en la macroeconomía, y demande un debate sobre los fines últimos de este proceso, en el que se privilegie la distribución equitativa, además del interés por lograr un crecimiento económico sin separar economía y sociedad, producción y solidaridad social.

En materia de opciones prioritarias, creo en la necesidad de detenerse en la importancia de dar a la escuela pública el carácter de principal medio popular para el acceso a la educación y de enfrentar los efectos perversos de políticas públicas y condicionamientos internacionales en la condición de vida de las mayorías.

En América Latina, la escuela pública y masiva es una institución relativamente reciente y no hemos tomado conciencia plena de la modificación en los patrones diversos de la relación con los conocimientos y el saber involucrados en ese proceso. Suele compararse las actuales estadísticas de acceso a la enseñanza fundamental con los mismos índices de los años sesenta y setenta, reconociéndose avances, en algunos casos extraordinarios, en las oportunidades educativas abiertas a los más pobres. Este acceso generalizado a la educación básica ha sido signo de mayor democratización social y, a la vez, preludio de los problemas que toda masificación supone. La desigualdad en los resultados de aprendizaje es síntoma característico de sociedades duales, si no fragmentadas, como la mayoría de América Latina.

Durante los años noventa, al mismo tiempo que aumentaron los índices de escolarización de los sectores populares, empeoraron en mayor proporción las condiciones de vida de gran parte de la población. Se volvieron más intensas la pobreza y exclusión de las grandes mayorías, particularmente de los niños y las niñas. De los actuales 220 millones de pobres, más de la mitad (117 millones) son niños o adolescentes y, lo que es peor, más de la mitad de esos niños, niñas y adolescentes están hoy por debajo de la línea de pobreza. Esta tendencia hacia una mayor exclusión y pobreza pone bajo sospecha en nuestros países la supuesta directa relación que pueda establecerse entre el acceso a la escuela, la justicia social y la democracia.

La educación popular puede y debe convertirse en movimiento atento a las demandas de esa situación con posibilidad de alentar algunas respuestas político-pedagógicas.

Entre los desafíos que demandan replanteamientos en su acción está la difícil relación con el Estado, puesta a prueba constantemente en la mayoría de los países, que debe ser motivo de preocupación, análisis y, cuando el caso lo requiera y posibilite, de convergencia en la acción. A pesar de las precarias condiciones y de los condicionantes de los sistemas de educación, no es menos cierto que éstos difieren de un país a otro en muchos aspectos. El análisis de los datos y situaciones nacionales debiera sugerir hipótesis de lo que puede funcionar, o al menos ser considerado, a la hora de intentar expandir las oportunidades educacionales. En la relación con el Estado, no siempre —salvo excelentes oportunidades que hay que reforzar— los mejores cuadros y las mejores posibilidades de renovación educativa están en la denominada educación con jóvenes y adultos. Entre otros, podrían ser motivo de acciones convergentes entre la educación popular y la acción estatal:

a) La renovación del concepto de alfabetización, incorporando en las estrategias nacionales, además de la preocupación por la alfabetización de personas jóvenes y adultas, el insustituible aprendizaje de la comunicación integral en los niños de los primeros grados, así como la decodificación cibernética.

b) La relativamente reciente incorporación, como preocupación de los ministerios o secretarías de educación, de programas transversales como los referidos a medio ambiente o a prácticas de consumo.

c) La formación de docentes con metodologías participativas y el reforzamiento de su condición de tutores.

d) Prácticas de veeduría ciudadana sobre el cumplimiento de compromisos internacionales de los Estados en materia educacional...

Asimismo, debe merecer especial consideración la precaria relación de los pobres con la escuela; acceden a ella y pronto la abandonan o son signados por un grave proceso de repetición y fracaso. Lo que se democratizó en los noventa fue una escuela de los pobres, pero bajo la presión de menor financiamiento educativo, de peores condiciones de infraestructura, de docentes mal preparados y con escasa motivación salarial, amén de los mecanismos de corrupción clientelista en organismos intermedios. Se han profundizado las tendencias a la segmentación y diferenciación a pesar de los significativos esfuerzos financieros y de intentos de modernización o reforma en los sistemas educativos. Esa misma situación demanda a la vez preguntarse: ¿Cómo hacer posible y viable la igualdad de oportunidades educacionales en sociedades muy desiguales? ¿Qué intervenciones educacionales debieran alentarse como más propicias para hacerlo posible? ¿Cómo intervenir para hacer más igualitarios los sistemas educativos, incidiendo para contrarrestar la inercia que los conduce a reproducir desigualdades iniciales? En las respuestas adecuadas que se logren dar a estas y otras preguntas similares, residirá, en buena medida, la pertinencia de la educación popular.

3. ¿Cuáles serían los principales aspectos que deben ser trabajados para fortalecer un movimiento de educación popular en América Latina que contribuya a la transformación social?

La realidad regional, afectada por la mundialización unipolar, la vigencia de la democracia como opción colectiva, las exigencias pedagógicas del nuevo cuadro social de creciente exclusión, la necesidad de fortalecer la infancia como opción de futuro y el cumplimiento colectivo de los compromisos internacionales, me animan a seleccionar los siguientes aspectos:

  • Se trabaja ahora con poblaciones en mayor situación de precariedad y con la convicción de que no habrá democratización posible en el marco de las actuales políticas de ajuste, donde se privilegia el pago de la inmanejable deuda externa. La educación popular debe seguir siendo parte del movimiento social que enfrenta esas políticas y trata de construir escuelas y sociedades más justas, donde el ejercicio de los derechos vaya bastante más allá de promesas electorales o de datos estadísticos engañosos.

  • Los evidentes signos de corrupción en muchos países de la región y la decadencia de la clase política ponen en riesgo y reducen la opción por democracias como ejercicio de gobierno. Ello demanda redoblar esfuerzos para que en los propósitos de la educación popular esté el refuerzo de mecanismos de vigilancia ciudadana sobre el ejercicio del poder político, y alentar programas y metodologías que amplíen el ejercicio de prácticas democráticas en la vida de las organizaciones de base y fortalezcan la condición ciudadana en nuestros países. El legado de Freire sigue demandando coherencia, dando prioridad a la participación colectiva en la transformación ética del ejercicio político.

  • La educación popular debe acrecentar sus propósitos de una acción educativa más calificada para trabajar al servicio de los más excluidos. No bastarán buenas intenciones si los productos en la mejor organización y en el buen aprendizaje no están a la altura del tiempo que invierten y de las necesidades más urgentes de sus participantes. Las políticas institucionales y sus programas deben tener efectivo impacto en el acceso a la educación y el aprendizaje y en la disminución de la desigualdad. Lo anterior, sigue demandando que la investigación empírica y las evaluaciones sólidas de las políticas institucionales y de procesos y resultados pedagógicos, reciban mayor atención al examinarse tareas pendientes y opciones alternativas para mejorar, cada vez más, las prácticas y los servicios educativos.

  • La primera infancia y el desarrollo en los tres primeros años de vida son reconocidos como un período esencial para la vida humana, de riesgos y peligros, pero también de inmensas posibilidades. La educación popular debiera ser parte activa de una acción nacional y regional, que asuma como desafío mayor invertir en las oportunidades que necesita la infancia para maximizar sus potencialidades y transformar las situaciones que generan discriminación, postergación y maltrato. No será viable la superación de la pobreza ni el logro de una sociedad de bienestar más justa, si la atención de la primera infancia no constituye la piedra angular de un proyecto educativo nacional. De allí la importancia de que en la educación popular se potencie la capacidad de intervención de los padres, particularmente de las madres, para disminuir las tasas de mortalidad infantil y para la reducción, ampliamente observada, del sesgo de supervivencia por motivos de sexo. La sobrevivencia infantil y el bienestar y desarrollo plenos del niño, tanto en lo que se refiere a sus emociones como a su intelecto, tendrán mayor garantía con madres educadas y motivadas.

  • La educación con personas jóvenes y adultas, sobre todo a partir de los efectos de la Conferencia Internacional de Hamburgo y su seguimiento en la región, sigue siendo campo medular de su accionar. Las iniciativas del CEAAL y de la UNESCO —con apoyo del CREFAL y del INEA mexicanos— posibilitaron una propuesta coherente que sigue demandando ser retomada y actualizada de acuerdo a realidades nacionales, por gobiernos e instituciones de la sociedad civil.

Finalmente, el CEAAL debe mantener y, en lo posible, afianzar su liderazgo como uno de los entes representativos de la sociedad civil latinoamericana en el seguimiento de los acuerdos y compromisos del Foro Mundial sobre Educación (Dakar, Senegal, 2000). La elaboración y el desarrollo de planes nacionales de Educación para Todos con la activa participación de la sociedad civil organizada, sigue siendo tarea pendiente en la mayoría de países de la región.