Nydia González

Perspectivas de la educación popular de cara a la VI Asamblea General del CEAAL 

1. Aportes de la EP en sus primeros cuarenta años

Considero que han sido muchos los aportes brindados por la educación popular a la teoría pedagógica, y mucho más en la práctica educativa y política de nuestros pueblos en estas cuatro décadas caracterizadas por el desequilibrio, la conformación de un mundo unipolar, la pérdida de certezas, la agudización de los conflictos bélicos, de crisis económicas y sociales, que no sólo ponen en peligro la integridad e identidad de las naciones, sino la existencia misma de la especie humana.

Por ejemplo, apreciamos la influencia de la educación popular en muchas de las victorias políticas de los pueblos del continente. Nadie duda de que la fuerza del Movimiento de los Sin Tierra y el triunfo electoral de Lula tienen como referente importante las ideas de Paulo Freire. En la conciencia que anima al pueblo brasileño, en la fuerza organizada, en la capacidad de convertir la protesta en la propuesta, en fin, en la muy compleja urdimbre de las causas, está el resultado de procesos formativos de la educación popular.

Hoy, en la actual batalla venezolana por empoderar al pueblo, por defender su soberanía y convertir sueños en realidades, están jugando un importante papel las ideas de Freire, expresadas en los múltiples programas que canalizan los cambios sociales y se privilegia la real participación del pueblo venezolano.

También, en las posiciones que defiende el pueblo argentino, o en las marchas de los pueblos indígenas, o en cada expresión de rebelión que nace en nuestro continente, puede encontrarse en sus raíces sentimientos nacidos en el diálogo reflexivo, en la práctica grupal, en el análisis crítico, en la sistematización de experiencias o en una u otra práctica de educación popular.

Muchas han sido las acciones que se han venido desarrollando a lo largo de estos cuarenta años por el imperialismo norteamericano con el propósito de agudizar el sometimiento y la explotación de nuestros pueblos de América, pero ante cada una de ellas se organizan las fuerzas que llevan una respuesta de soberanía, identidad y defensa a los intereses nacionales.

Es más, ya se expresa por el movimiento revolucionario latinoamericano —que cobra fuerza aceleradamente— la necesidad de preparar a los sujetos de cambio y hacerlo a través de una metodología de educación popular.

Nosotros, educadores cubanos que conocimos la educación popular después de haber alcanzado el poder político, percibimos los aportes en función del desarrollo autogestionario que se está produciendo en nuestras comunidades, en la eficiencia de los procesos educativos para la formación de líderes populares, en el desarrollo cada vez mayor de una conciencia ciudadana de equidad y de respeto al derecho del otro, en el avance en la concepción de la diversidad como riqueza para la unidad.

La participación ciudadana, que como proceso de movilización y de apoyo a las decisiones revolucionarias, ha caracterizado estas cuatro décadas de transformaciones sociales en nuestro país, hoy adquiere nuevos retos al aspirar a una participación colectiva, consensuada, de nuestras comunidades en la toma de decisión cotidiana, en la autogestión ciudadana, que se promueven por las estructuras del poder popular.

De tal forma, se ha tomado en Cuba conciencia de la necesidad de la utilización de la metodología de la educación popular para el trabajo comunitario y para la capacitación de los líderes populares de los gobiernos barriales, que en la ley que norma las funciones de los Consejos Populares, aparece un capítulo sobre participación popular que resume la esencia del principio participativo y, coherentemente con ello, en las orientaciones que emanan de los gobiernos provinciales, se establece la necesidad de la formación de los dirigentes de los gobiernos locales en una metodología participativa coherente con los principios de la educación popular. Es más, se asume literatura, programas y dirección de procesos educativos por los centros miembros del CEAAL que en el país desarrollan la educación popular.

Aprecio, como aporte pedagógico más importante, la lógica del método que coherentemente con el enfoque dialéctico, plantea la práctica como punto de partida para la construcción de un saber que se proyecta con perspectivas transformadoras.

Sé que la idea está ampliamente recogida en el discurso, pero es difícil apreciarla en la práctica educativa. Este aspecto interno del método, ligado a una forma dialogada y amena, hace que aparezca como absolutamente novedoso un proceso tan antiguo como el hombre mismo.

Por demás, la visión de complejidad que imprime el enfoque multidimensional y la coherencia exigida por la metodología a todos los restantes elementos del sistema educativo, dan a la educación popular un fundamento teórico irrebatible cuyas raíces se encuentran en el pensamiento pedagógico de los más preclaros maestros de América.

2. ¿Qué es lo que sigue vigente de los planteamientos centrales de la educación popular y qué es lo que se ha replanteado o lo que debe ser replanteado?

Considero que la EP es una teoría en construcción que, por ende, la propia práctica y los cambios del contexto le van imprimiendo nuevos condicionamientos, aportes que la enriquecen como proceso vivo; pero la esencia de opresión, discriminación, explotación y exclusión de las grandes masas —que motivó su surgimiento, su fundamentación y su razón de ser en la segunda mitad del pasado siglo— en los cambios producidos en estos cuarenta años más que paliarse o eliminarse se ha recrudecido, por tanto su necesidad, su enfoque, la dirección de sus acciones, sus objetivos y principios siento que están plenamente vigentes.

Ante un pensamiento individualista que tiende a desintegrar a las naciones, y con ello la pérdida de la riqueza cultural de nuestros pueblos y su soberanía, los principios de solidaridad, de igualdad, de respeto al otro y de identidad nacional constituyen valores que desde la educación popular se promueven a partir de una coherencia entre el pensar y el accionar ciudadano que constituye una necesidad y vigencia como nunca antes percibida.

Aspiro, con optimismo revolucionario, que llegue el momento en que se requiera reformular la educación popular porque se haya logrado el sueño de un mundo mejor, pero hasta hoy, sólo veo como necesidad enriquecerla con las reflexiones críticas que la propia práctica social vaya arrojando y las adecuaciones que exijan las particularidades de cada territorio.

No es posible pensar en la EP como teoría para aplicar, sino como concepción que permite la permanente recreación de procesos, todos diferentes porque diferentes son las prácticas que le sirven de base. Pero esa propia idea es de Freire y, además, es uno de sus planteamientos centrales, por lo que cualquier replanteamiento está dentro de lo previsto. Pero me parece que aún es corto el tiempo para encontrar generalidades que pudieran modificar los planteamientos medulares de la concepción.

3. ¿Cuáles serían los principales aspectos que deben ser trabajados para fortalecer un movimiento de educación popular en América Latina que contribuya a la transformación social?

Me parece importante que prioricemos los esfuerzos del CEAAL en la atención a los movimientos que a nivel continental buscan la creación de los nuevos paradigmas, en la organización y capacitación de aquellos líderes de base que puedan ir conformando la fuerza de educadores que promuevan el pensamiento de cambio y la construcción de sujetos.

Debemos invertir en la educación de las masas que protagonizan y protagonizarán los cambios, porque lo que resulta evidente es que el neoliberalismo en América Latina con los programas que impulsa, más que dar solución agudiza la situación y esto desembocará inevitablemente en una explosión continental.

A mi modo de ver, hay que trabajar para garantizar que «el cambio no deje de salir de adentro», que existan los líderes y las fuerzas que requieren los movimientos populares, que no se pierdan los asaltos al cielo que nos sorprenden en nuestro continente, por lo que la solidaridad ha de retomar nuevas fuerzas en el CEAAL.

Nuestro esfuerzo en el quinquenio que se nos avecina debe potenciar la dimensión política de la educación popular, que de hecho ha constituido siempre su esencia. Es decir, debemos trabajar en la educación para el cambio político, de ahí que como aspectos a desarrollar sería imprescindible:

  • Promover la constante investigación del contexto latinoamericano, a fin de mantener actualizado el análisis de coyuntura de las diferentes regiones de nuestro continente.
  • Impulsar procesos de capacitación de educadores populares que puedan multiplicar en la base la formación de líderes y sujetos revolucionarios.
  • Elaborar y diseminar de literatura que apoye los procesos formativos.
  • Apoyar la organización y accionar de los nuevos sujetos en función de la elaboración de los paradigmas que sustentan su práctica.
  • Sistematizar los procesos de educación transformadora que arrojen aprendizajes para el accionar revolucionario y enriquezcan la teoría pedagógica de la educación popular.