Olivia Tiwaah Frimpong Kwapong

El empoderamiento de la mujer ha sido un tema de interés durante décadas. Durante el proceso de mejoramiento del destino de las mujeres se han aplicado diversos enfoques en las políticas. Aun cuando una encuesta entre las mujeres de las comunidades Mo de Ghana reveló un alto nivel de participación en la toma de decisiones tanto en el hogar como en la comunidad, y cierto grado de independencia económica, aún queda mucho por hacer en lo que se refiere a aumentar sus aptitudes para acceder a la educación superior, generar ingresos y participar en la toma de decisiones. Este trabajo demuestra de qué manera se podría aprovechar la alfabetización funcional para facilitar el empoderamiento de las mujeres en una comunidad en desarrollo. Olivia Tiwaah Frimpong Kwapong acaba de completar sus estudios como alumna especial (para obtener el grado de PhD) en la Graduate School of Arts and Sciences (GSAS) de la Universidad de Harvard, y además es candidata al grado de doctora en la Universidad de Ghana. Ella es profesora auxiliar en el Instituto de Educación de Adultos de la Universidad de Ghana, Legon.

El empleo de la educación de adultos para empoderar a las mujeres de zonas rurales

Los intentos por empoderar a las mujeres se han extendido por espacio de décadas. Los gobiernos y otros organismos han realizado considerables esfuerzos, y además, al establecerse los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) se ha dado un paso de especial trascendencia con miras a satisfacer las necesidades de las mujeres y terminar con su exclusión de los beneficios del desarrollo. En el tercer objetivo de los ODM, relativo a la promoción de la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer, se señala que la influencia de las mujeres en el bienestar de su familia y de la sociedad es enorme, mientras que su potencial no se realiza debido a normas sociales, incentivos e instituciones legales de carácter discriminatorio. (WBG ddp-ext.worldbank.org/ext/MDG/home Date Accessed09/09/ 05)

Durante el proceso tendiente a promover y conseguir el empoderamiento de la mujer se han aplicado diversos enfoques en las políticas. Se ha señalado que aun cuando las estrategias de Mujeres en el Desarrollo (MED), Mujeres y Desarrollo (MYD)/Género y Desarrollo (GYD), que moldearon las intervenciones políticas e inspiraron las reflexiones académicas en las décadas de 1960 y 1970, estaban limitadas por el hecho de que se mantenían dentro de los parámetros establecidos del modelo de desarrollo encabezado por el Estado y los discursos de sus intelectuales orgánicos, estos enfoques lograron algunos avances en la tarea de intentar resolver algunas de las contradicciones del proceso de desarrollo basadas en el género. (CODESRIA, 2005).

A lo largo de los años la educación de adultos ha sido usada como una herramienta para mejorar el destino de la gente y orientarlo hacia la creación de capacidades. Sobre la base de los resultados de una encuesta realizada entre mujeres de las comunidades Mo de Ghana, en este trabajo se evalúa la manera en que la educación de adultos podría promover el empoderamiento de las mujeres, en especial de aquellas que viven en comunidades rurales. En la primera parte del trabajo se analiza el concepto de empoderamiento de la mujer. A continuación se incluye un informe de la encuesta. En la sección final se describe la manera en que se podría aprovechar la educación de adultos para facilitar el empoderamiento de las mujeres de zonas rurales.

El concepto de empoderamiento de la mujer

Las investigaciones del sector privado, las publicaciones de los donantes, los documentos de política y diversas otras obras de referencia han compartido puntos de vista sobre el empoderamiento de la mujer. M. Karl (1995) observa que mucho antes de que se popularizara la palabra las mujeres ya estaban hablando de tomar las riendas de su vida y participar en decisiones que les conciernen tanto en el hogar como en la comunidad, en políticas de desarrollo gubernamentales e internacionales, y añade que la palabra empoderamiento capta este sentido de adquirir control y de participar en la toma de decisiones. Esta expresión ha sido incorporada en el vocabulario de las agencias de desarrollo y de otras organizaciones internacionales.

Al definir el término empoderamiento, Karl (1995:14) explica lo que para ella significa el poder:

  • estar en una posición de control, o adquirir un mayor grado de control
  • tener una opinión y ser escuchada
  • ser capaz de definir y de crear desde una perspectiva femenina
  • ser capaz de influir en las opciones y decisiones sociales que conciernen a toda la sociedad; y
  • ser reconocida y respetada como ciudadana y ser humano en igualdad de condiciones y con algo que aportar

El empoderamiento femenino podría, describirse brevemente como el proceso de mejorar el capital humano de la mujer para que así participe efectivamente en todos los aspectos del desarrollo de una nación. Ello permitirá que las mujeres se transformen en forjadoras del desarrollo y de la historia y dejen de ser sus meras receptoras o destinatarias. Las mujeres no tienen que ser sólo destinatarias o beneficiarias del desarrollo, ya que el proceso de desarrollo de una nación requiere asimismo la participación igualitaria de aquellas. Si tenemos en cuenta que las mujeres constituyen más del 50% de la población mundial, el desarrollo de las capacidades femeninas resulta fundamental para un desarrollo holístico. También se podría sostener que el empoderamiento femenino supone fomentar las capacidades de las mujeres e instarlas a sacar el máximo provecho de su vida para que así ejerzan el poder y progresen socioeconómicamente. Es obvio que el acceso de la mujer a la alfabetización o a la educación, a los recursos de información o conocimiento, a los recursos naturales o materiales, a las capacidades productivas y al capital propicia su empoderamiento.

También podría observarse que como la tradición se resiste a desaparecer, la cultura, los hábitos, las opiniones y percepciones establecidas, son todos factores que se conjugan para definir una condición de marginalidad para las mujeres en la sociedad. En consecuencia, será preciso realizar esfuerzos tendientes a transformar la sociedad patriarcal por medio de la concientización y la sensibilización. En este proceso habrá que poner en entredicho las tradiciones, las estructuras, las instituciones y las ideologías que han contribuido a la discriminación y la subordinación de la mujer. Entre algunas de dichas tradiciones y estructuras pueden mencionarse la familia ampliada, el sistema de castas, la etnicidad, la religión, los medios de difusión, la ley, las políticas, los enfoques de desarrollo desde arriba hacia abajo que se contraponen a los enfoques participativos o desde abajo hacia arriba.

Al proponer un marco para el empoderamiento femenino, Karl (1995) menciona 5 niveles que incluyen el bienestar, el acceso, la concientización, la participación y el control. Estos niveles reflejan además los diversos enfoques que han sido aplicados para promover el empoderamiento de la mujer a lo largo de los años.

El primer nivel, el bienestar, se ocupa de las necesidades básicas de las mujeres. Este enfoque no reconoce ni intenta resolver las causas estructurales implícitas que hacen necesaria la asistencia social. En la época actual las mujeres son meras beneficiarias pasivas de las prestaciones sociales. Resulta evidente que un enfoque de este tipo promueve una relación de dependencia frente al prestador de servicios.

El segundo nivel, el acceso, supone el acceso igualitario a recursos tales como educación, oportunidades, tierra y créditos, condición fundamental para que las mujeres realicen progresos significativos. El camino hacia el empoderamiento se inicia cuando las mujeres reconocen que su falta de acceso a los recursos constituye una barrera que dificulta su crecimiento y su bienestar general, y adoptan medidas para afrontar este problema.

La concientización es un aspecto esencial dentro del marco del empoderamiento. Para que las mujeres den los pasos adecuados a fin de terminar con las brechas y desigualdades entre los géneros es menester admitir que sus problemas derivan de una discriminación inherente de tipo estructural e institucional. También es necesario que reconozcan que ellas mismas a menudo contribuyen a potenciar el sistema que restringe su crecimiento.

La participación es la etapa en que las mujeres están tomando decisiones junto con los hombres a fin de garantizar la equidad y la imparcialidad. Con todo, para llegar a esta fase se precisa la movilización. Al organizarse y al trabajar colectivamente, las mujeres estarán en condiciones de aumentar su representación, lo cual conducirá a una mayor dosis de empoderamiento y, en último término, a un mayor grado de control. En este nivel se refuerza el enfoque integrador que propone que las inquietudes de hombres y mujeres sean reconocidas e incorporadas en la totalidad de los planes, políticas, programas, metas, objetivos, actividades, e indicadores de seguimiento y evaluación. Lo anterior supone la necesidad de evaluar en todas las áreas y en todos los niveles posibles implicaciones de cada intervención para hombres y mujeres. También se infiere que aun cuando puedan requerirse programas especiales para salvar las brechas existentes, ello debería ocurrir durante un período determinado dentro del ciclo de vida del proyecto para así evitar crear otro desequilibrio.

Dentro de este marco, el control se presenta como el máximo nivel de igualdad y empoderamiento. En esta etapa las mujeres son capaces de tomar decisiones relativas a su vida y a la de sus hijos, y de cumplir un papel activo en la sociedad y en el proceso de desarrollo. Por añadidura, las aportaciones de las mujeres son plenamente reconocidas y recompensadas como tales.

Las mujeres que participan en programas de alfabetización no sólo poseden mejores conocimientos en materia de salud y planificación familiar, sino que además tienen más posibilidades de adoptar medidas de salud preventiva.
Fuente: Informe de Seguimiento de la Educación para Todos en el Mundo­ La alfabetización, un factor vital. Resumen, p. 18

Este marco demuestra cómo desde comienzos de la década de 1970 los procesos de empoderamiento femenino han transitado desde los beneficios sociales hacia las mujeres en el desarrollo, el género y el desarrollo, hasta llegar a la integración y el empoderamiento. En un estudio sobre Mapeo del Género (2000) también se subraya que los cambios fundamentales en la manera en que los gobiernos y agencias abordan las inquietudes de las mujeres han evolucionado de Mujeres en el Desarrollo (MED) a Género y Desarrollo (GYD); y de la focalización a la integración. Resulta obvio que la mayoría de estos enfoques tienen elementos coincidentes, cualquiera haya sido el curso del progreso. En todas estas etapas del ascenso habrá inevitablemente impedimentos y factores inhibidores que influyan en la estrategia o el enfoque resultantes. Pese a las limitaciones y a las complejidades podríamos afirmar que se ha avanzado un buen trecho en el camino hacia el empoderamiento de la mujer.

El estudio de Karl (1995) identifica las medidas que suelen aplicar las agencias de desarrollo, entre las que se incluyen el empoderamiento para mejorar la situación económica de la mujer mediante el empleo, la generación de ingresos y el acceso a créditos; y el empoderamiento a través de programas de desarrollo rural integrado en los cuales el afianzamiento de la situación económica de la mujer es sólo un componente junto con la educación, la alfabetización, la atención de las necesidades esenciales y la prestación de servicios básicos, al igual que el control de la fecundidad. En épocas recientes la atención se ha concentrado en la prestación integrada de una atención de salud de calidad, la inclusión en el manejo sostenible de recursos naturales, la plena participación en el ejercicio del poder, especialmente a nivel de las bases, etc.

La encuesta

Se llevó a cabo una encuesta para determinar el nivel de empoderamiento entre las mujeres de las comunidades Mo en la región de Brong-Ahafo en Ghana. Los objetivos del estudio eran evaluar la manera en que los biodatos de las encuestadas afectan su nivel de empoderamiento; observar el nivel de empoderamiento alcanzados por las mujeres en el área de la educación; identificar las habilidades que las mujeres habían desarrollado para estar en condiciones de realizar sus propias actividades económicas; determinar el nivel de participación de las mujeres en la toma de decisiones en el hogar; y medir en qué grado intervienen las mujeres en la toma de decisiones a nivel comunitario.

La encuesta fue aplicada a un universo de 200 mujeres de las comunidades Mo en la región de Brong-Ahafo, Ghana. La distribución fue la siguiente: 66 de Weila, 61 de New Longoro, 39 de Bamboi y 34 de Ayorya.

La situación de la mujer en las comunidades Mo es complicada y problemática. Las mujeres se encuentran en una posición más desventajosa que la de los hombres. Las comunidades Mo tienen características propias de una sociedad rural, y están afectadas por intensas presiones demográficas, un rendimiento agrícola descendente, la degradación de las tierras y la deforestación, al igual que por problemas que ya son tradicionales como la pobreza y las desigualdades entre los géneros. Las mujeres realizan la mayor parte de la labor agrícola; son excelentes comerciantes y administran varios negocios, por lo que muchos otros proyectos han utilizado grupos de mujeres para realizar actividades a nivel de aldeas (Ghana-Canada In-Concert, 2001).

Para obtener información de las entrevistadas se empleó un instrumento de sondeo compuesto de 5 secciones y 34 ítemes, que incluyó preguntas cerradas y abiertas. La primera sección estaba dedicada a las características personales de las entrevistadas. Constaba de 5 ítemes en los que se pedía a las encuestadas señalar su edad, nivel de educación formal, filiación religiosa, estado civil y ocupación principal. La segunda sección, que constaba de 7 ítemes, se destinó a conseguir información sobre su nivel de empoderamiento educacional. Entre los principales temas planteados pueden mencionarse la influencia de la educación en su vida socioeconómica, su deseo de seguir cursos de perfeccionamiento, y sus iniciativas para mejorar la educación femenina. La tercera sección estaba compuesta de 12 ítemes y su objetivo era determinar el nivel de empoderamiento económico de las mujeres. Esta sección contenía la mayor cantidad de preguntas, las cuales se basaron en el acceso de las mujeres a las tierras de labranza, sus actividades rentables y cómo influía el esposo en ellas, y sus medios de ahorrar dinero. El propósito de la cuarta sección, que comprendía 5 ítemes, fue determinar el nivel de participación femenina en la toma de decisiones en el hogar.

Los temas propuestos fueron la capacidad de las mujeres para intercambiar ideas con el esposo, el tipo de decisiones que podían adoptar y su capacidad para decidir independientemente cuándo ceder sus bienes a sus herederos. El objetivo principal de la última sección del instrumento de sondeo, que constó de 5 ítemes en total, fue determinar el nivel de participación femenina en la toma de decisiones a nivel comunitario. Las principales preguntas formuladas se referían a la afiliación de las entrevistadas a alguna organización femenina, a los beneficios que ello les reportaba, a su capacidad y oportunidad para dar a conocer sus puntos de vista en reuniones públicas, y al grado en que sus opiniones eran consideradas. En todo el instrumento de sondeo se incluyeron 31 preguntas cerradas y tres ítemes abiertos. Mientras las preguntas cerradas arrojaron como resultado respuestas estandarizadas, los ítemes abiertos les ofrecieron a las mujeres la oportunidad para expresar su pensamiento usando sus propias palabras. Se recopilaron datos en terreno con el apoyo de asistentes de investigación que eran maestros capacitados de esa región y hablaban el idioma local. Las mujeres fueron entrevistadas en sus dialectos vernáculos (Twi y Deg) para así aumentar la exactitud de los resultados.

Para no incomodar a las mujeres, la entrevista se efectuó en sus respectivos hogares. Las más de las veces esta modalidad traía aparejado el inconveniente de algunas interrupciones por parte de un miembro del hogar o un cliente de las comerciantes. Sin embargo, al finalizar la jornada el investigador había conseguido la información necesaria. Las mujeres tenían también la oportunidad de compartir sus experiencias. Las entrevistas se extendieron por un período de 4 semanas (28 días).

Resumen de los resultados

Características personales

El 94% de los sujetos del estudio se encontraban dentro del rango de edad activa entre 21 y 60 años. Su etapa de desarrollo correspondía a la de adultos independientes, por lo que constituían la fuerza laboral de la comunidad. En general las entrevistadas contaban con un bajo nivel de educación formal, ya que un 33,9% de las mujeres eran analfabetas y un 44,8% poseía una escolaridad que no superaba el nivel básico (primer y segundo ciclos de enseñanza primaria, y primer ciclo de enseñanza secundaria). Casi todas las encuestadas tenían una filiación religiosa: la mayoría eran cristianas, seguidas por las musulmanas y las que profesaban religiones tradicionales. No menos de un 77% de las mujeres estaban casadas y sólo un 13,7% estaban solteras. Como un 71% de las mujeres eran agricultoras y un 68,3% señaló que el comercio era su actividad rentable no asociada a labores del campo, la agricultura y el comercio resultaron ser las principales ocupaciones en la zona. El aspecto más alentador de la situación ocupacional de las mujeres era que el desempleo no constituía un problema generalizado entre ellas. Casi todas señalaron estar dedicadas a algún tipo de actividad rentable en la agricultura o en el comercio minorista.

Empoderamiento económico

En el estudio se observó que las mujeres poseían un bajo nivel de educación formal. Alrededor de un 32,8% de ellas no contaba con educación formal, un 44,89% poseía una escolaridad no superior al nivel básico, y un 1,16% había asistido a un instituto de capacitación. Paralelamente, el deseo del 97% de las mujeres de participar en programas de capacitación para perfeccionarse y ascender en su carrera daba a entender que estaban decididas a superarse. Al mismo tiempo, no menos del 94% de ellas manifestó su entusiasmo ante la idea de promover la educación femenina.

Empoderamiento económico

Los resultados revelaron que cerca del 99% de las mujeres se dedicaba a actividades rentables; el 97% declaró ser capaz de manejar sus propias actividades rentables; el 83% contaba con autorización del esposo para decidir como usar su propio dinero; el 88% de ellas tenía acceso a la tierra para fines agrícolas; el 83% contaba con autorización del marido para cultivar la tierra con fines comerciales; el 63% era capaz de controlar o administrar sus propios ingresos; y el 94% de ellas estaban firmemente decididas a tomar parte en cualquier programa de capacitación para perfeccionarse y avanzar en su carrera. Sobre la base de los resultados cabría destacar que las mujeres gozaban de un alto nivel de independencia económica. Se observó, asimismo, que el 64% de las mujeres dependía de su marido al no contar con una fuente estable de ingresos. Lo anterior supone la necesidad de que la mujer fortalezca su posición y reciba ayuda para así disminuir su grado de dependencia y antes bien aumente su nivel de independencia.

Toma de decisiones en el hogar

Se descubrió que no menos del 79% de las mujeres estudiadas era capaz de intercambiar ideas con su esposo; el 7,5% declaró ser capaz de manifestar su puntos de vista sobre la planificación familiar; el 75% estuvo en condiciones de dar ejemplos sobre el tipo de decisiones que podía tomar en el hogar; alrededor del 94% de ellas participaba en la planificación del presupuesto familiar; el 90% podía decidir independientemente ceder sus bienes a sus herederos; el 83% contaba con la autorización del esposo para decidir cómo usar su dinero; y el 97% de las mujeres que eran capaces de intercambiar ideas con el esposo lograba que sus opiniones fueran consideradas. Una vez más, estos resultados demuestran que las mujeres tenían un alto grado de participación en la toma de decisiones en el hogar. Se observaron, pese a todo, algunas mujeres más desfavorecidas que requerirían aumentar sus capacidades para mejorar su situación.

Participación en la toma de decisiones a nivel comunitario

Del estudio se desprende que al 71,6% de las mujeres se les permitía dar a conocer públicamente sus opiniones; el 71,6% de ellas fueron invitadas por los habitante más ancianos a participar cuando se debatían temas de interés comunitario; el 74,3% de las que tenían la oportunidad de expresar sus opiniones declaró que éstas habían sido aceptadas; y un 66,1% de las mujeres estaba afiliada a una asociación femenina, de las cuales un 65% estuvo en condiciones de mencionar los beneficios que ello les reportaba. Sobre la base de los resultados se podía observar que a las mujeres les correspondía un alto grado de participación en la toma de decisiones a nivel comunitario. Aun así, es preciso introducir algunas mejoras a fin de fortalecer la posición de aquellas mujeres que tenían la oportunidad de participar en la toma de decisiones, y de las pocas cuya participación era al parecer nula.

Si tenemos en cuenta que el empoderamiento es un concepto amplio, podría haber un factor limitativo en el hecho de que el estudio se refiriera únicamente a aspectos del empoderamiento relacionados con la educación, la economía y la toma de decisiones. Así y todo, los resultados les plantean a los educadores de adultos y a otros agentes de cambio el desafío de emprender e intensificar actividades de creación de capacidades y desarrollo humano a fin de aumentar el nivel de empoderamiento femenino.

El lugar de la alfabetización de adultos

Se puede deducir de los resultados del estudio que, aun cuando las mujeres habían alcanzado, por lo general, un nivel de empoderamiento medianamente alto, todavía existen otras posibilidades de progresar en áreas como la educación, la economía y la toma de decisiones tanto en el hogar como en la comunidad.

Para aumentar el nivel de empoderamiento de las mujeres es necesario pulir sus aptitudes. En la tarea de alcanzar ese objetivo la educación de adultos se transforma en una herramienta fundamental, ya que la educación ha sido considerada el principal agente de empoderamiento. Pomary (1992:21) señala que:

«por mucho que nos alejemos de ella, el agente de empoderamiento por excelencia es la educación: la educación es el único pasaporte a la liberación, al empoderamiento político y financiero. La educación contribuye al desarrollo sostenible. Provoca un cambio positivo en nuestro estilo de vida. Tiene la ventaja de que aumenta las utilidades, mejora la salud y eleva la productividad».

Lo anterior transforma a la educación en un factor esencial en el proceso de empoderamiento femenino.

La educación de adultos ha sido descrita brevemente en la Biblioteca de Consulta Encarta (2005) como: Cualquier tipo de programa de instrucción y aprendizaje en que participan adultos.

Más adelante se explica en dicha Biblioteca que, a diferencia de otros tipos de educación, la educación de adultos se define en función del universo de alumnos y no del contenido o la complejidad de un programa de aprendizaje. La educación de adultos podría referirse, por tanto, a cualquier actividad pedagógica organizada para los adultos, independientemente de la manera en que se imparta la enseñanza, de su contenido o de su nivel. Incluye programas educacionales formales y no formales, como los programas universitarios con créditos académicos, la alfabetización, el desarrollo comunitario, la capacitación en el empleo, y la educación profesional permanente. Los programas varían en cuanto a su organización desde el aprendizaje informal e incidental hasta cursos formales con créditos académicos en la educación superior. Entre las instituciones que ofrecen enseñanza para adultos se incluyen colleges, bibliotecas, museos, instituciones de servicio social, agencias gubernamentales, empresas, organizaciones no gubernamentales, iglesias, etc.

Algunos acontecimientos y enfoques históricos de nivel internacional

A modo de breve antecedente sobre el desarrollo de la educación de adultos se explica en la Biblioteca Encarta (2005) que en su primera etapa las actividades de educación formal de adultos se concentraron en necesidades individuales, como la lectura y la escritura. Muchos de los programas iniciales fueron emprendidos por iglesias con el fin de enseñar a la gente a leer la Biblia. Cuando se cumplió el objetivo original, los programas fueron generalmente adaptados para satisfacer necesidades educacionales más generales de la población. Durante el siglo 18 se pusieron en marcha en diversos países bibliotecas, series de conferencias, y sociedades de debate. A medida que una mayor cantidad de personas experimentaban los beneficios de la educación, comenzaron a participar progresivamente en actividades sociales, políticas y ocupacionales. En el siglo 19 la educación de adultos se estaba desarrollando como movimiento formal y organizado en el mundo Occidental y en el mundo en desarrollo.

El deseo de una persona de participar en un programa educacional suele ser el resultado de una cambiante situación personal, social o vocacional. Esta orientación individual ha traído consigo la creación de un campo dinámico en permanente cambio, sensible a las diversas necesidades de la sociedad. Tras reconocerse que es preciso actualizar la información y las aptitudes, el deseo de adquirir conocimientos e información también está aumentando entre las mujeres. Los ámbitos técnicos, que experimentan veloces cambios, también requieren una constante actualización de la información para que los trabajadores mantengan su eficiencia y productividad. Como se explica en la Biblioteca Encarta, otro importante avance es el uso creciente tanto de la radio como de la televisión por red y por cable para la educación de adultos; los medios de difusión se están empleando en todo el mundo para entregar información pública, para enseñar a leer y escribir, para impartir seminarios especializados y cursos breves, al igual que para ofrecer programas conducentes a un título universitario. Estos medios electrónicos ofrecen la posibilidad de hacer llegar información a personas que se encuentran confinadas en su casa o a poblaciones geográficamente aisladas, como las comunidades rurales.

En Ghana, como consecuencia de las limitadas oportunidades educacionales en el sistema escolar formal, ya en la década de 1830 surgieron las asociaciones voluntarias de educación de adultos. Dichas entidades se dedicaron a analizar y a implementar programas de alfabetización para que la gente se mantuviera a tono con los tiempos y mejorara sus estándares educacionales. Algunas personas pretendían incluso seguir cursos de perfeccionamiento para poder lograr ascensos y aumentos de sueldo. Mediante este proceso la educación de adultos en Ghana ha progresado hasta alcanzar el nivel universitario, impartiendo enseñanza formal y no formal a nivel popular (Amedzro, 2004). La División de Educación No Formal (NonFormal Education Division ­ NFED) es el organismo gubernamental empleado para impartir alfabetización funcional básica de adultos. El programa Nacional de Alfabetización Funcional, que fue puesto en marcha en 1991, ha emprendido varias actividades destinadas a acelerar la reducción del analfabetismo en el país y así propiciar el desarrollo rural y nacional. Un informe de la NFED sobre la celebración del Día Internacional de la Alfabetización (2005) precisa que el Programa Nacional de Alfabetización Funcional ofrece clases de lectura, escritura y cálculo, además de proporcionar un ambiente de capacitación creando cursos sobre proyectos rentables a fin de que los alumnos adquieran aptitudes para generar ingresos. Los líderes de estos proyectos son capacitados en áreas como iniciativa empresarial, administración, teneduría de libros, métodos para conseguir fondos, y técnicas de comercialización.

En cambio, los beneficiarios son capacitados en procesamiento de la mandioca, tejido del kente (una fina tela local), batik y teñido por amarra, apicultura, horneado, etc. Existe también un programa de alfabetización en inglés cuyo objetivo es expandir el campo de aprendizaje de los alumnos para que así desarrollen sus aptitudes de comunicación en público. Entre los éxitos alcanzados durante el período de funcionamiento de la NFED pueden mencionarse un promedio anual de 200.000 estudiantes admitidos, un reclutamiento total de 2.505.709 alumnos y un total de 1.669.210 graduados del programa. Entre sus logros en materia de desarrollo comunitario se incluyen el suministro de agua potable y la construcción de guarderías infantiles, salas de clases y puestos de venta en el mercado. Asimismo, algunos alumnos han avanzado en el sistema de educación formal hasta acceder a la educación superior. Otros han asumido también funciones de responsabilidad en las comunidades al ejercer labores de parteras empíricas, líderes religiosos, miembros de asambleas de distrito y presidentes de comités unitarios (NFED, 2005).

Según Encarta, aparte de Ghana la educación de adultos ha tenido importancia desde hace mucho tiempo en Europa, donde los programas formales se iniciaron en el siglo 18, y en otras partes del mundo. Por ejemplo, a mediados el siglo 19 el movimiento danés de universidades populares evitó la pérdida del lenguaje y de la cultura nacionales que la influencia alemana amenazaba absorber. Se dice que en Gran Bretaña la preocupación por la educación de los pobres y de miembros de la clase trabajadora se tradujo en un incremento de los programas de educación de adultos, como la escuela vespertina y el Instituto de Mecánica, que ampliaron las oportunidades educacionales para toda la gente. Tras la Revolución Rusa el Gobierno soviético prácticamente eliminó el analfabetismo al crear una diversidad de instituciones y cursos de extensión para adultos. En otras partes del mundo los movimientos de educación de adultos se originaron en una época más reciente. En 1960 Egipto estableció un sistema de «escuelas para el pueblo» destinado a educar a la población adulta. Tras un período de muchos años durante el cual la principal preocupación educacional fue crear sistemas de escuelas públicas, en la década de 1970 países de África, Asia, y Latinoamérica comenzaron a aumentar las oportunidades de educación de adultos. En muchos países se están aplicando innovadores programas que incluyen a los medios de difusión. Por ejemplo, Tanzania ha utilizado la radio y técnicas de educación de masas para organizar programas nacionales de educación en las áreas de salud, nutrición y ciudadanía.

Una población alfabetizada es una necesidad para toda nación que desee aprovechar las ventajas de los avances tecnológicos modernos. Las investigaciones han demostrado que existe una relación directa entre la alfabetización femenina y una mejoría en los niveles de salud y de cuidado infantil en la familia. Desde hace muchos años la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) ha propugnado la idea de que la educación debe ser considerada un proceso continuo. La UNESCO ha fomentado programas de alfabetización, extensión agrícola e instrucción comunitaria. A la luz de esta situación la educación de adultos se transforma en un factor esencial que favorece el empoderamiento de las mujeres.

La educación de adultos para el empoderamiento de la mujer

El estudio permitió advertir que el 32,8% de las mujeres no contaba con ninguna educación formal, el 44,8% completó su educación formal en el nivel básico (primer y segundo ciclos de enseñanza primaria, y primer ciclo de enseñanza secundaria). Sólo el 1,6% había completado sus estudios en un instituto de capacitación y el 17,5% poseía un grado de escolaridad que no superaba la educación secundaria. Como consecuencia de su bajo nivel educacional las mujeres se dedicaban a administrar pequeñas empresas en el sector informal, como agricultura, comercio minorista, elaboración de bebidas típicas, extracción de manteca de karité, etc., a fin de obtener ingresos para subsistir. Sólo un 3,3% de las mujeres trabajaba en la administración pública. En vista de la inestabilidad y baja rentabilidad de sus oficios, el 56,3% de las mujeres carecía de una fuente de ingresos permanente. El bajo nivel de educación de las mujeres había reducido también en cierta medida las posibilidades de que expresaran sus opiniones en público y de que estas fueran consideradas.

De lo anterior se deduce que las mujeres necesitan cursos de perfeccionamiento para poder dedicarse a actividades más rentables, programas de alfabetización funcional para mejorar sus aptitudes de lectura y escritura, programas de carácter general para la creación de conciencia, y acceso a la información pública a fin de aumentar su nivel de instrucción. Gracias a este tipo de actividades asociadas a la creación de capacidades y al desarrollo humano, junto con algunos incentivos para aumentar la productividad, se podrían mejorar las aptitudes de las mujeres. Entre las actividades específicas de educación de adultos que permitirían que las distintas áreas de estudio faciliten el proceso de empoderamiento femenino podrían incluirse las siguientes:

Educación. Teniendo en cuenta que un 32,8% de las mujeres estudiadas carecía de toda educación formal, resulta fundamental promover la educación femenina. Se podría aconsejar, incentivar, y prestar la necesaria asesoría a las jóvenes de la comunidad para que logren avanzar en su educación formal hasta alcanzar un nivel superior, de tal manera que lleguen a estar en condiciones para dedicarse a actividades productivas en un ambiente más competitivo. De igual manera, los programas de alfabetización funcional para mujeres adultas contribuirán a mejorar sus aptitudes de lectura y escritura, lo que indudablemente aumentará su grado de acceso a la información pública y educacional. El uso de tecnologías de información como la radio, Internet, y dispositivos portátiles miniaturizados, ayudará a contactarse con personas que viven en áreas remotas. Estudios recientes han demostrado que las mujeres están dispuestas a pagar por esos servicios (Kwapong O.T.F., 2005).

Toma de decisiones a nivel comunitario. Si reconocemos la influencia masculina en la sociedad y en las mujeres, se podría inculcar en los líderes de opinión, que en su mayoría son hombres, la voluntad de incentivar o de motivar a más mujeres para que den a conocer públicamente su pensamiento y puedan así contribuir también al desarrollo de su comunidad. En la medida de lo posible, fuera de su papel de reina madre, a la mujer se le podrían asignar funciones clave entre los miembros más ancianos de las instituciones tradicionales de toma de decisiones, sean políticas o de otra naturaleza. En este caso será útil dotar a las mujeres de aptitudes de liderazgo para que participen eficazmente en todos los niveles de toma de decisiones y ejercicio del poder en sus diversas comunidades.

Diversas organizaciones religiosas podrían asimismo instar a las mujeres a participar más activamente en las asociaciones religiosas y en otros grupos de interés que emprenden actividades educacionales que facilitan el proceso de empoderamiento femenino.

Toma de decisiones en el hogar. Resultará beneficioso fomentar, en la medida de lo posible, la comunicación en la pareja. Será necesario aconsejar y orientar a los esposos para que respeten las opiniones de su pareja, por muy fuera de lugar o provocativas que puedan parecer, de manera que las mujeres sean capaces de adquirir mayor confianza y de expresar lo que piensan. También será positivo que los hombres o esposos consulten a menudo el parecer de su esposa o de sus colegas mujeres respecto de asuntos familiares, en lugar de tomar decisiones en nombre de ellas. El hecho de otorgar a las mujeres un amplio margen de operación les ayuda a adquirir un alto grado de independencia y confianza. Un clima de cordialidad entre los miembros de la familia y de la comunidad será el factor que más contribuirá a mejorar el espíritu de cooperación de unos y otros.

Empoderamiento económico: En el proceso tendiente a promover o lograr el empoderamiento económico femenino será fundamental que los agentes de cambio y de desarrollo organicen para las mujeres programas de capacitación en agricultura y en otros tipos de pequeñas empresas, y así ellas podrán adquirir más aptitudes que les permitan avanzar en su carrera.

Las autoridades tradicionales podrían también esforzarse por eliminar las ancestrales restricciones que impiden el acceso igualitario de la mujer a la tierra para fines agrícolas.

Será preciso poner a disposición de las mujeres incentivos tales como facilidades crediticias, tecnología moderna para aumentar la productividad, servicios de extensión y otros tipos de asistencia, para que de ese modo puedan mejorar su producción y adquirir suficiente capital, además de contar con una fuente de ingresos estable. Asimismo, será menester incentivar y educar a las mujeres para que utilicen otras operaciones bancarias fuera del «susu» (un sistema en que los ahorros se confían a individuos no autorizados) y puedan beneficiarse de incentivos como préstamos bancarios. Si al público femenino le incomodan las formalidades de los bancos, será necesario que estos se pongan al nivel de las mujeres.

Conclusión

La educación de adultos procura mejorar la situación de la gente aumentando sus aptitudes, sus conocimientos y su sensibilidad. La encuesta aplicada a las mujeres de las comunidades Mo de Ghana ayudó a evaluar su nivel educacional, económico y de toma de decisiones. Si bien el estudio reveló un alto grado de participación femenina en la toma de decisiones en el hogar y en la comunidad, al igual que un alto nivel de independencia económica, cerca de un 32,8% de las mujeres no contaba con ningún tipo de educación formal, un 44,8% había completado su educación formal en el nivel básico (primero y segundo ciclos de enseñanza primaria, primer ciclo de enseñanza secundaria), sólo el 1,6% había concluido sus estudios en un instituto de capacitación, y un 17,5% poseía un nivel de escolaridad no superior a la enseñanza secundaria. Como consecuencia de su bajo nivel de instrucción las mujeres se dedicaban a actividades empresariales en pequeña escala como agricultura, comercio minorista, elaboración de bebidas, extracción de manteca de karité, etc. a fin de obtener ingresos para subsistir. Sólo un 3,3% de las mujeres trabajaba en el sector formal. Debido a su predominio en el sector informal y la inestabilidad de sus ocupaciones, el 56,3% de las mujeres carecía de una fuente de ingresos regular. La educación de adultos se transforma, por tanto, en una herramienta esencial en la tarea de aumentar las capacidades de las mujeres y lograr que estén en condiciones de organizarse y perfeccionar sus aptitudes para generar ingresos, adquieran mayor autonomía, hagan valer su derecho soberano a decidir o a escoger, y sean capaces de controlar recursos que les ayuden a combatir y eliminar su subordinación.

Referencias

Advocates for Gender Equity (AGE) 2000) Report on Mapping, Exercise on Gender Activities in Ghana, Accra.

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