Maria Lourdes Almazan-Khan

El sexto encuentro del Grupo de Trabajo Educación para Todos (EPT), convocado por la UNESCO y celebrado en París entre el 19 y el 21 de julio de 2005, se esforzó por mejorar la iniciativa de vía rápida y por dar una mayor prioridad a la alfabetización de adultos dentro del contexto de la Educación para Todos. El grupo coincidió en la necesidad de reformar la iniciativa de vía rápida y de destinar mayores recursos a la alfabetización de adultos. María Almazan-Khan, secretaria general de la Oficina de Asia-Pacífico Sur para la Educación de Adultos, portavoz del grupo de trabajo «Mejorando la movilización de recursos y la eficacia de la ayuda en favor de la EPT» (Scaling up Resource Mobilisation and Aid Effectiveness for EFA) señaló la necesidad de actuar ahora y de transformar la iniciativa de vía rápida, una medida modesta de donantes, en un pacto entre el Sur y el Norte. A continuación publicamos sus comentarios. Las páginas de Internet www.unesco.org y www.campaignforeducation.org le entregarán al lector interesado mayor información.

Acuerdo global para lograr la EPT: Recomendaciones de la Campaña Global de Educación

El año 2005 ha sido proclamado como el año de la oportunidad, es decir como un tiempo para la reafirmación del acuerdo entre naciones ricas y pobres para erradicar conjuntamente la pobreza en nuestra vida mediante la acción concreta. Podemos atrevernos a imaginar que en este año, gracias al consenso que estamos en condiciones de hacer efectivo y de poner en marcha, las vidas de cientos de millones de varones, mujeres, niñas y niños podrán verse libres de esa tortura y desolación que es la extrema pobreza.

La reciente cumbre del G8 ha dado motivos para la esperanza, aunque también es cierto que muchos grupos de la sociedad civil se han sentido defraudados. Los compromisos de condonar la deuda e incrementar la ayuda tienden sin duda a salvar vidas, pero como lo ha lamentado la Llamada Global para la Lucha Contra la Pobreza (Global Call to Action Against Poverty ­ GCAP), esas vidas son relativamente pocas. Los desacuerdos provienen, en gran medida, no sólo del hecho de que se requiere MÁS y AHORA, sino también de que ese MÁS está dentro de lo que es posible. Al mismo tiempo que varios grupos de la sociedad civil se han sentido alentados por las referencias a la educación básica que hay en los acuerdos del G8, como un área clave para beneficiarse de la ayuda adicional, la Campaña Global de Educación ha desafiado a los países ricos a no esperar al 2010 para incorporar a la escuela a más de 100 millones de niños que están fuera de ella, la mayor parte de los cuales son niñas.

Esto resulta particularmente relevante en momentos en que se acerca la Cumbre del Milenio, a celebrarse en septiembre, en medio de nuestro fracaso colectivo en el logro de la primera de las llamadas Metas de Desarrollo del Milenio (MDM) y de la Educación Para Todos, que es la equidad de género en las escuelas para el año 2005. Si bien representaba un desafío vigoroso, no era inviable alcanzar esta Meta del Milenio. De manera abrumadoramente predominante, las niñas que no están en la escuela es a causa de la pobreza. Cuanto más cara resulta la educación, tanto menos probable es que las familias inviertan en la educación de las niñas. Los «costos de oportunidad» constituyen también un impedimento para los hogares pobres: enviar a las niñas a la escuela puede significar menos alimentos en la mesa al final de cada día.1

Sin embargo muchos de los países más pobres, como Bangla Desh y Uganda, han hecho en un corto período de tiempo notables progresos en lo que se refiere al acceso de las niñas a la educación, una prueba de lo que se puede hacer cuando hay voluntad política y los recursos necesarios para ello. Estos países no se contentaron con una cadena de proyectos y programas piloto en pequeña escala, sino que se embarcaron en la reforma y la expansión masiva del sistema escolar público, al mismo tiempo que invertían también en medidas de ayuda a las niñas pobres y a otros grupos excluidos para que tuvieran acceso a la educación. Uganda abolió las matrículas y pensiones, y decretó la educación primaria obligatoria y gratuita; Bangla Desh destinó incentivos especiales para ayudar a compensar a las familias pobres por el trabajo de las niñas. Medidas de este tipo, incluyendo las que garantizan una educación de calidad como un tamaño razonable de las aulas, las horas adecuadas de instrucción, el suministro adecuado de materiales de aprendizaje con sensibilidad de género y, tal vez lo más importante, maestros mejor capacitados y mejor pagados --y también más mujeres maestras--, harán posible que las niñas sigan asistiendo a la escuela y estén en condiciones de lograr metas más altas en el aprendizaje.2

Sin embargo los actuales cálculos internacionales de la ayuda externa adicional que se necesita para alcanzar el 2015 las metas de la EPT3 no tienen en cuenta estos tipos de costos y garantías para la equidad de género en las escuelas primarias y secundarias, mucho menos para la igualdad de género el 2015. Dichos cálculos tampoco tienen en cuenta los costos que supone alcanzar las demás metas de la Educación Para Todos, como ser la educación de adultos, la formación de destrezas vitales para una enorme población adolescente que está fuera de la escuela, o la provisión de atención y educación a la primera infancia.

Como subraya en su informe la Fuerza de Tarea del Milenio para Género y Educación, mientras las Metas de Desarrollo del Milenio que han suscrito los gobernantes del mundo se centran en la educación primaria, hay cada vez más evidencias de que el avance sostenido hacia una educación primaria universal requiere de acciones que apunten a mejorar el estatus de niñas y mujeres. «Las madres constituyen el principal problema», dicen, ya que los estudios realizados ponen de manifiesto un patrón inconfundible de la educación de las madres, que viene a ser un factor fuertemente determinante para la matrícula y el éxito escolar de los niños, y de manera especial de las hijas.

Para aprovechar el interés internacional generado durante los últimos dos meses en torno a la educación básica como una prioridad que requiere ayuda adicional, se tiene que realizar lo más pronto posible un cálculo más actualiza do de los costos que supondrá alcanzar el 2015 las metas de la EPT, prestando para ello especial atención a las hasta ahora ausentes metas de género.

El momento actual, con el interés político despertado por el informe Sachs, la Comisión para África y los recientes compromisos del G8, indican una tendencia positiva de los donantes individuales, que a lo largo de los últimos meses parecen dispuestos a hacer coincidir más de cerca sus programas de ayuda con la erradicación de la pobreza. Lo que indudablemente es un buen presagio para la EPT.

Pero tal como hace tiempo lo hemos percibido, los meros esfuerzos individuales no son suficientes para llevar a cabo la multitud de cambios que se requiere para que la ayuda tenga un impacto real en las metas educativas internacionales. De esta manera, para cosechar ganancias netas a favor de la educación tenemos que contar con una iniciativa global genuina --que incluya a gobiernos, donantes y sociedad civil-capaz de movilizar y coordinar los montos que se requiere para alcanzar las metas educativas de manera racional, oportuna y coordinada, de modo que se tenga el mayor impacto posible, en el mundo entero, entre los niños que están fuera de la escuela y los adultos analfabetos. De no ser así, se desvanecerá rápidamente el momento de la educación universal y gratuita, y durante la cumbre de Naciones Unidas sobre las Metas de Desarrollo del Milenio los líderes internacionales volcarán su atención a sectores que puedan presentar una visión y una estrategia más ambiciosas y convincentes y con perspectivas de éxito.4

Si se quiere lograr un impacto real, se tiene que enviar señales claras a los actuales líderes del mundo en el sentido de que existen la capacidad y la voluntad política de incrementar proporcionalmente la financiación global de la educación básica, que es lo que intenta la Iniciativa de Vía Rápida ­ IVR (Fast Track Initiative ­ FTI). Para demostrar esto la Campaña Global por la Educación ha ofrecido varias recomendaciones concretas.5 Vale la pena reiterarlas y subrayarlas:

  1. Los donantes tienen que comprometer recursos para la Iniciativa de Vía Rápida, haciendo posible que ésta comprende a todos los países que la necesitan.
    Incluso si los gobiernos mantienen el pacto hasta el final e invierten sustancialmente en educación --que es lo que deberían hacer--, seguirá siendo necesaria la ayuda externa, de manera especial por parte de aquellos países que están fuera de la carrera. Actualmente la Iniciativa de Vía Rápida sólo comprende 10 de los 58 países que han sido sugeridos por la UNESCO como los de más alto riesgo si no alcanzan las metas de la EPT. Por lo menos 51 países --que representan el 75 % de los niños del mundo que no asisten a la escuela-pueden responder a los requerimientos de la Iniciativa de Vía Rápida en lo referente a rendimiento educativo en los próximos meses. Sin embargo los recursos no están disponibles. Para diciembre de 2004 los 12 países afiliados (en ese momento) a la IVR enfrentaron un déficit de la ayuda comprometida, que llegó a unos 760 mil millones de dólares (o sea cerca de la mitad de la ayuda prometida para 3 años), y esto después de que los gobiernos nacionales dedicaran grandes esfuerzos a la elaboración de planes y presupuestos, y decidieron un INCREMENTO del 75 % de los requerimientos presupuestarios totales para sus planes.
  2. En muchos lugares se percibe a la IVR como una iniciativa
    «impulsada por los donantes»
    .
    Se requiere algunos cambios fundamentales en sus estructuras y procesos de toma de decisiones para que un espectro mucho más amplio de actores involucrados tengan una participación real en sus buenos resultados y reflejen de verdad una asociación global.
    Tanto los gobiernos de los países en vías de desarrollo como sus respectivas sociedades civiles tienen que estar formalmente representadas en las estructuras directivas de la Iniciativa de Vía Rápida. El hecho de que no tengan poder ni influencia en la actual estructura no sólo ha socavado su identificación con la IVR en el nivel local sino que también ha debilitado el proceso de evaluación y reformas en cada país.
    La Iniciativa de Vía Rápida debería establecer un comité o junta directiva que incluya a representantes con plenos poderes de los gobiernos de países en vías de desarrollo, así como a la sociedad civil en su conjunto.
  3. La tendencia de cambio hacia un enfoque más centrado en cada país es muy bienvenida.
    Las Líneas Maestras de Evaluación del desempeño de cada país, emitidas por la IVR, son relativamente «claras», y prestan atención a los principales requerimientos funcionales para un sistema efectivo de educación pública masiva. Sin embargo se debería perfeccionar los cálculos financieros y las cotas de evaluación si se quiere asegurar un énfasis más sólido en la construcción de un exitoso sistema de educación pública gratuita, universal y obligatoria, y además de buena calidad. Esto incluirá el cálculo presupuestario de las implicaciones que tiene la abolición de matrículas y pensiones para todos los usuarios, así como de las medidas de mejoramiento del sistema (programas alimentarios, subsidios para familias pobres, becas escolares), con el fin de asegurar un acceso más amplio a la educación y una mejor calidad de la misma, especialmente para las niñas pobres. Otras dimensiones de la educación básica, que incluyen la atención a la primera infancia, la alfabetización de adultos y la formación de destrezas vitales, especialmente para mujeres y muchachas adolescentes, requieren atención en el proceso de cálculo de costos y de evaluación. Trabajando más estrechamente con los gobiernos asociados, los donantes de la IVR deberían desarrollar estrategias de financiación y líneas maestras de tipo político que garanticen atención a toda la agenda de la EPT, que está basada en las actuales necesidades de cada país.
  4. En el espíritu de asociación y responsabilidad compartida, también se tiene que desarrollar indicadores para el seguimiento de los donantes dentro de la IVR, y se tiene que igualar esos indicadores con las mismas cotas de desempeño que también se aplican para medir el desempeño de los gobiernos.
    La «Carta Informativa Escolar» de la Campaña Global de Educación 2005, sobre la contribución de 22 países ricos, observaba que sólo 6 de esos países6 priorizaban a países de bajos ingresos; y que sólo 7 países7 concentraban su apoyo en países donde la asistencia de las niñas a la escuela primaria es inferior al 75 %. Por lo demás, el Informe situacional de la IVR 2004 subraya que el año 2002 más del 70 % de la ayuda educativa se dirigía a la «cooperación técnica». Desde luego no hay de por sí nada de malo en los viajes de estudio, los diálogos e investigaciones sobre políticas, los talleres de formación de capacidades, etc., pero ciertamente NO a expensas de los temas clave que son esenciales para una educación primaria de calidad, como ser las contribuciones para eliminar las matrículas escolares, la capacitación y el pago adecuado del personal docente, los subsidios y las becas para niñas pobres, o las inversiones en la creación de entornos limpios y favorables para los niños.
    Se tiene que fijar metas para reducir la proporción de ayuda educativa que se dirige a países de ingresos medios, a la educación postsecundaria y a la cooperación técnica; y para incrementar la proporción de financiación de programas y de apoyo presupuestario. También se le tendría que controlar a la entrega oportuna de la ayuda comprometida.


Estas observaciones no son nuevas. De hecho no hay realmente muchas cosas que yo haya dicho en los últimos diez minutos que no hayan sido ya documentadas o planteadas o puestas por escrito con anterioridad. Con su experiencia colectiva, su sabiduría y sus conocimientos académicos, la comunidad internacional ha mostrado ya cuáles son los pasos prácticos y las soluciones para cumplir finalmente la promesa de Educación Para Todos. El tema ahora es llevar a cabo esos pasos y soluciones, y ofrecerles a más de 100 millones de niños y niñas, y a mil millones de adultos analfabetos/as una oportunidad para derrotar a la pobreza y para que la Educación Para Todos sea una realidad en nuestras vidas.

Notas

1 «Girls Can't Wait» (Las niñas no pueden esperar), Documento informativo de la Campaña Global de Educación para la evaluación y valoración de Beijing+10, Marzo 2005, ver p. 101 en esto edición.

2 Ibidem.

3 P. ej. los 5.600 millones de dólares/año de GMR para todos los países de bajos ingresos y los 3.700 millones de dólares/año de Bruns para países de bajos ingresos (y los 5 a 7 mil millones de dólares para todos los países en vías de desarrollo).

4 Pequeños cambios: Un informe de avances alternativos en la Iniciativa de Vía Rápida, Campaña Global de Educación, Abril 2005.

5 Ibidem.

6 Daban más del 80 % de su ayuda educativa a países de bajos ingresos: Dinamarca, Irlanda, Noruega, Suecia, Reino Unido, Portugal.

7 Daban más del 50 % de su ayuda a países donde la asistencia de las niñas a la escuela primaria es inferior al 75 %: Dinamarca, Irlanda, Suecia, Finlandia, Italia, Suiza, Australia.