Pierre Thizier Seya

100 años de relaciones germano-etíopes, 30 años de cooperación en el campo de la educación de adultos, 10 años de cooperación con el IIZ/DVV: una ocasión para celebrar. Con este fin, el IIZ/DVV, el GoetheInstitut Gebrekristos Desta Center y la universidad de Addis Abeba realizaron entre el 10 y el 13 de octubre de 2005 un simposio sobre Educación de Adultos y Desarrollo. Participaron representantes del Ministerio de Educación, docentes de la Universidad de Addis Abeba y otros establecimientos de educación superior así como miembros de la UNESCO y del Banco de Desarrollo de África. A continuación publicamos una contribución de Pierre Thizier Seya, representante del Banco de Desarrollo de África con sede en Addis Abeba. El punto central de su ponencia fue la vinculación de la educación de adultos, el desarrollo y la globalización. Resaltó la función multidimensional de la educación de adultos como poderoso instrumento del desarrollo social, de la democracia y del desarrollo en general.

La educación de adultos y el desarrollo de África en el contexto de la globalización

Se me ha pedido un análisis de las relaciones que existen en África entre la educación de adultos y el desarrollo, en el contexto de la globalización. Es un tema importante para examinar si queremos entender por qué vías y en qué medida se ha solicitado, promovido y gestionado recursos humanos en el proceso de transformación de las sociedades africanas. El ejercicio puede ayudar también a comprender las condiciones en las que se puede seguir desarrollando el capital humano de África, actualmente alfabetizado en aproximadamente un 50 %, de manera que se pueda preparar a varones y mujeres africanos maduros y capaces de enfrentar los desafíos de un sistema mundial cada vez más desigual, y de contribuir al surgimiento de lo que ahora se está denominando una «globalización ilustrada». Es esta visión idealista la que está en el centro de la revitalización de la educación de adultos, a la que se está volviendo a situar como un instrumento para el desarrollo sostenido y de amplia base social en todas las regiones pobres del mundo, de manera particular en África.

Por tanto este simposio es una importante ocasión para que todos los actores del desarrollo se comprometan a hacer avanzar la causa de la educación de adultos en la agenda del desarrollo. Como representante de la más importante institución financiera africana para el desarrollo, yo no podía menos que aceptar la invitación a participar activamente en este simposio, y presentar esta ponencia. Quisiera por tanto agradecer sinceramente a los organizadores del evento, y en particular a mi buen amigo el Dr. Bernd Sandhaas (Director de la Oficina Regional del IIZ/DVV en África Oriental) por haber asociado amable mente al Banco Africano de Desarrollo (African Development Bank ­ AfDB) con esta reunión histórica. El documento empieza con la definición del marco conceptual en que tiene lugar esta discusión. Continúa con el análisis de los principales desafíos que enfrenta África respecto de su desarrollo, antes de examinar el papel que juega en el mismo la educación de adultos. A continuación el docu mento recoge las lecciones aprendidas de las experiencias prácticas de las políticas de educación de adultos en África, seguidas de la contribución realizada por el Banco Africano de Desarrollo a la promoción del subsector en los países miembros de la región, y termina con un par de propuestas para la priorización de la educación de adultos en los procesos de desarrollo con el fin de lograr el desarrollo socioeconómi co tanto en los escenarios nacionales como en el sistema global.

Marco conceptual

Es necesaria desde el comienzo una definición del marco conceptual de esta ponencia a fin de plantear el contexto teórico adecuado para nuestra discusión e identificar con nitidez los asuntos fundamentales que se tiene que examinar. Co mo aparece ya en el título de mi ponencia, los conceptos clave a definir y convenir, antes de seguir avanzando, son: educación de adultos, desarrollo y globalización.

Educación de adultos

Por lo general la educación de adultos hace referencia a cualquier forma de de aprendizaje emprendido por varones y mujeres maduros y que están fuera del sistema escolar formal, o que es objeto de oferta para ellos/as. Entre los grupos meta principales están definidos los jóvenes (muchachas y muchachos de más de 15 años, aunque en algunos casos más jóvenes) como también mujeres y varones generalmente pobres o socialmente desfavorecidos. Si bien la alfabetización sigue siendo su centro, la educación de adultos incluye también el «cálculo», las destrezas para resolver problemas vitales, y otros conocimientos. Con frecuencia la noción de educación de adultos se utiliza invariablemente junto con otras nociones como alfabetización, educación básica de adultos, aprendizaje de por vida, educación permanente, educación no-formal de adultos, etc. Para los fines de esta ponencia, se entiende la educación de adultos como un proceso de transmisión de conocimientos generales, técnicos o profesionales, como también de destrezas, valores y actitudes, proceso que tiene lugar fuera del sistema educativo formal con el fin de compensar las deficiencias de la educación temprana que sufren las personas maduras, o de equiparlas con los conocimientos y elementos culturales que requieren para su autorealización y para su activa participación en la vida social, económica y política de sus respectivas sociedades.

Desarrollo

El concepto de desarrollo es complejo, ya que tiene diversas connotaciones. Sin embargo, Allen ha identificado tres principales acepciones del uso generalizado del término desarrollo, a saber: (i) como una visión, descripción o definición de la forma de ser de una sociedad deseada; (ii) como un proceso histórico del cambio social que lleva a las sociedades a transformarse durante largos períodos; y (iii) como el conjunto de esfuerzos deliberados que apuntan al perfeccionamiento, de parte de diferentes agencias, entre las que se cuentan los gobiernos y todo tipo de organizaciones y movimientos sociales. Para el propósito de esta ponencia, el concepto de desarrollo se referirá a un proceso de cambio económico, social, político y cultural, que es gestionado en una sociedad dada por los esfuerzos de todos los actores involucrados, tanto internos como externos, incluyendo las comunidades locales, el gobierno, el sector privado, las organizaciones de la sociedad civil, las ONG, y los socios técnicos y financieros del desarrollo, todo ello con la mirada puesta en el mejoramiento sostenible de las condiciones de vida de la población. Está implícita en esta definición la hipótesis de que el desarrollo requiere, entre otras cosas, la formación de capital humano y capital social, que son algunos de los principales factores de producción que se requiere para un crecimiento económico de base amplia y que proporcione los fundamentos para una reducción sostenible de la pobreza.

Globalización

Globalización es un concepto escurridizo y multidimensional ampliamente utilizado para encapsular diferentes tendencias que están configurando a lo largo y ancho del mundo la vida económica, social, cultural y política contemporánea. Voy a adoptar aquí la definición de globalización que nos da McGrew, que tiene la ventaja de abarcar el fenómeno en todas sus dimensiones. Para McGrew

«la globalización se refiere a un creciente sentido de interconexión entre todas las partes del mundo, con los sentimientos concomitantes de impotencia e inseguridad de cara a la difusión y la escala del cambio global. Viene dada por la combinación de fuerzas económicas (la tendencia expansiva del capitalismo), los cambios tecnológicos (la revolución informática), las transformaciones políticas (el paso de la intervención estatal a la liberalización económica) y el crecimiento de una conciencia global entre las élites nacionales y los movimientos sociales.» (McGrew, 2000, p. 363)

El impacto ambivalente que tiene la globalización sobre el desarrollo explica los puntos de vista contrapuestos que ha generado entre sus partidarios y sus opositores. Lo que no se puede negar, sin embargo, es que la globalización se impone como una variable determinante en la comprensión y resolución de los problemas del desarrollo, a causa tanto de las nuevas oportunidades como de los amedrentadores desafíos que crea la combinación de dinámicas locales, nacionales y locales. A esto se debe la advertencia de Bekeman en el sentido de que

«mucho más fructífera que la polarización del debate a favor o en contra de la globalización, es la necesidad de llegar a dominar sus múltiples aspectos y consecuencias, y de formular vías novedosas que permitan orientar la globalización a una cultura de paz y de desarrollo socialmente inclusivo, y a una comunidad sostenible de pueblos y culturas a lo largo y ancho del mundo». (Bekemans, 2002, p. 153)

 

Los principales desafíos del desarrollo en África

Pese al considerable progreso que ha experimentado África a lo largo de la última década, el continente continúa enfrentando grandes desafíos respecto de su desarrollo, incluyendo una alta incidencia de pobreza, de analfabetismo, de malas condiciones de salud, de conflictos en algunas regiones, y el avance inexorable del VIH-SIDA, en una época en que algunas regiones del mundo en vías de desarrollo se están beneficiando en gran medida de las oportunidades económicas que resultan de la globalización. La situación es tan seria que hoy es generalmente reconocido el hecho de que nuestro continente, más que ninguna otra región del mundo, enfrenta el peligro de una regresión y de quedar irreversiblemente rezagado como consecuencia de los rápidos cambios que se están produciendo por las fuerzas de la globalización. Hay algunos hechos que pueden ilustrar de manera convincente esta afirmación. El Banco Africano de Desarrollo ha calculado que

«de los 793 millones de personas que pueblan el continente africano, entre el 40 y el 45 por ciento viven en niveles de pobreza, con cerca de un 30 por ciento clasificados como extremadamente pobres, es decir que viven con menos de 1 dólar por día». (O. Kabbaj, 2003, pp. 3-4)

Todavía más aterrador es el hecho de que

«entre las regiones en vías de desarrollo, África tiene la mayor proporción de personas que viven en pobreza absoluta, y que esta proporción se ha mantenido virtualmente sin cambios durante una década». (Idem)

El Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD para el año 2005 confirmaba la evaluación del Banco acerca de la pobreza en África al revelar que «en 1990 el norteamericano promedio era 38 veces más rico que el tanzanio promedio. Hoy día el norteamericano promedio es 61 veces más rico». La situación se vuelve todavía más inaceptable si se tiene en cuenta que mientras un africano subsahariano vive con 1 dólar por día, en Europa o Japón una vaca recibe 2 o cerca de 4 dólares diarios respectivamente. Pero en África la pobreza no se expresa solamente en términos económicos. Tiene también una dimensión social.

El informe de la Comisión para África nos recuerda que, si bien el crecimiento y la globalización han acarreado un estándar de vida más alto para mil millones de varones y mujeres, en África hay millones de niños y niñas que pasan hambre, que tienen el cuerpo atrofiado y deformado por la malnutrición, que están innecesariamente enfermos/as, que no saben leer ni escribir. Fuera de eso es en África donde viven el 62 por ciento de los/as jóvenes del mundo entre 15 y 24 años de edad que tienen SIDA, con cerca de 25 millones de personas que hasta ahora han muerto por dicho mal. En el África Subsahariana cerca del 61 por ciento de la población está alfabetizada, contra un promedio de 76 por ciento en el conjunto de los países en vías de desarrollo. También se ha informado que con las tendencias actuales el África Subsahariana no logrará las Metas de Des arrollo del Milenio hasta el año 2015, lo que significa un retraso de cien años. La meta de lograr la educación primaria universal el 2015 se postergará por lo menos una década más, dejando para el 2015 a 47 millones de niños y niñas fuera de la escuela, 9 millones de ellos en el África subsahariana. Este cuadro tenebroso de la situación socio-económica de África ha llevado a H.E. Benjamín Mkapa, Presidente de la República de Tanzania, a la siguiente conclusión:

«África es no sólo el mayor perdedor en un mundo globalizado, sino que está también en una posición estructural e institucional tal, que seguirá siendo el mayor perdedor a menos que los líderes africanos y sus ciudadanos/as piensen de nuevo las realidades de nuestro mundo y sobre cómo salir de la injusticia sistemática y de la suciedad que caracteriza nuestro relacionamiento con el mundo exterior». (Mkapa, 2005, p.4)

Dada la posición desventajosa que padece África en el mundo globalizado de hoy, el Presidente Mkapa urge a los africanos/as, y a sus socios en el campo del desarrollo, a que se sientan suficientemente inquietos como para diseñar nuevas iniciativas, y a que trabajen por un futuro mejor para África y sus futuras generaciones.

Sin importar cuál es la nueva estrategia a ser adoptada, lo que parece gozar de consenso es la necesidad, para la mayor parte de los países africanos, de duplicar los actuales índices de crecimiento económico y de hacer mayores inversiones para mejorar los servicios sociales, si es que quieren acercarse al cumplimiento de las metas de desarrollo del milenio. Para lograrlo, tendrán que poner en práctica políticas macro-económicas prudentes y profundizar las reformas gubernamentales que apuntan a hacer que los gobiernos, en todos los niveles, sean más transparentes y responsables ante la población. Necesitarán también asignar recursos adicionales a los sectores sociales y perfeccionar la eficiencia de su administración. Un crecimiento económico logrado de esta manera deberá ocurrir a favor de los pobres, deberá dar como resultado un alivio de la pobreza, deberá contribuir a un mejoramiento en la distribución de los ingresos y deberá ser ambientalmente sostenible. En la era de la globalización y de sus cambios, el éxito de los esfuerzos por el desarrollo de los países africanos sólo podrá garantizarse mediante esfuerzos de cooperación e integración regional.

Otro gran ingrediente de una estrategia efectiva para el desarrollo económico y el progreso social de África es la paz y estabilidad. Si bien muchos conflictos de larga data han llegado a su fin, y son prometedoras las perspectivas de finalización de otros, muchos de los países afectados no han conseguido lanzar programas efectivos de reconstrucción y rehabilitación. Otros todavía siguen enfrentando la inestabilidad política y la guerra civil, lo que repercute en la contracción de sus economías. La comunidad internacional necesita claramente redoblar sus esfuerzos para encontrar soluciones pacíficas para países en conflicto y para proporcionar la tan necesitada ayuda a los países que ya han salido del conflicto.

Grafico 3.1

Al margen de lo sólidas que sean sus políticas de desarrollo y de lo cuantiosos que sean sus esfuerzos, los países africanos no serán capaces de lograr un progreso sostenible a menos que tengan éxito en la lucha contra la pandemia del VIH-SIDA. Los altos índices de prevalencia de la pandemia siguen reduciendo la capacidad de algunos de los miembros más productivos de la sociedad, afectando así tanto el empleo como el crecimiento. En muchos países se han revertido algunos de los beneficios sociales y económicos duramente conquistados en las décadas pasadas. Muchos países, con el apoyo de la comunidad internacional, han dedicado considerables recursos a combatir el flagelo de la enfermedad. Pero necesitan asignarle mayor prioridad al combate de la pandemia mediante el diseño y la ejecución de programas apropiados de corto y largo plazo. El informe de la oficina de Naciones Unidas sobre el SIDA que lleva por título «El SIDA en África: Tres Escenarios para el 2005» muestra con claridad el papel de la educación de adultos en un  combate efectivo de la pandemia mediante la difusión de nuevos conocimientos ­y nuevas formas de aplicar los conocimientos existentes­ acerca del virus, echando mano de la ancestral tradición africana de la narración de cuentos. Dicha oficina argumenta de manera convincente que la educación no-formal de adultos, consistente en la narración de cuentos, constituye una vía poderosa de influencia en las creencias particularmente seculares, tradicionales, o basadas en el sistema religioso, acerca de cómo se ha difundido el VIH y de cómo se lo puede prevenir.

Y finalmente, pero con no menor importancia, las perspectivas de largo plazo de África dependen del apoyo adecuado, cuantitativa y cualitativamente, que preste la comunidad internacional. Este apoyo es absolutamente indispensable para garantizar el desarrollo económico y social continuado que se requiere para la reducción de la pobreza y para el logro de las Metas de Desarrollo del Milenio. Más específicamente, la comunidad de donantes debería apoyar el desarrollo de África por medio de

  • una creciente ayuda para el desarrollo para responder a los requerimientos de los países de bajos ingresos
  • la armonización de sus políticas y procedimientos
  • la reducción de la deuda externa de los países pobres, hasta llegar a niveles sostenibles, y
  • el mejoramiento de las condiciones de acceso de las exportaciones de África a sus mercados

En resumen, África se enfrenta al desafío de conseguir un desarrollo económico rápido y sostenible, dentro de los correspondientes marcos nacional y regional, que implique el logro de las metas de desarrollo del milenio, la erradicación de la pobreza, la lucha contra el VIH-SIDA, la prevención y resolución de conflictos, y la paulatina integración en la corriente central de la economía mundial con el fin de beneficiarse de las oportunidades que ofrece la globalización. Éstos son desafíos amedrentadores. Para enfrentarlos se requiere esfuerzos significativos de parte de los países africanos y de sus socios para el desarrollo. Algunas de las medidas a tomar son la consolidación de la democracia, la promoción de una buena gobernabilidad, la formulación y aplicación de políticas económicas y sociales efectivas, y la movilización de recursos tanto locales como externos.

Educación de adultos y desarrollo

El papel que juega la educación de adultos en el desarrollo es multidimensional. En efecto, como uno de los elementos constitutivos del desarrollo humano, y no sólo como un derecho básico, la educación, que incluye la educación de adultos, es el cimiento para el progreso en áreas como capital humano, salud, nutrición, y el desarrollo de la democracia y la institucionalidad. En consecuencia se puede entender el papel de la educación de adultos en el desarrollo a través de las complejas relaciones existentes entre todas sus posibles formas y los factores determinantes del desarrollo africano en sus dimensiones económica, política, social y cultural. El rol económico de la educación de adultos en el desarrollo resulta evidente en su contribución a la formación de capital humano. Actualmente está claramente establecido que, de la mano de la atención sanitaria, el saneamiento básico y la nutrición, que mejoran el estándar de vida de la población y la productividad al reducir las tasas de morbilidad y mortalidad y al incrementar las expectativas de vida, la educación básica de adultos, al equipar a sus destinatarios/as con las destrezas esenciales de la alfabetización y el cálculo, equivale a altas tasas de inversión puesto que eleva la productividad laboral. Una población educada proporciona también un clima más atractivo para las inversiones. Así es como las inversiones en el desarrollo de capital humano, por medio de la educación de adultos, son cruciales para el

A la alfabetización sólo se le asigna por término medio un 1 % de los presupuestos nacionales de educación. Es necesario aumentar ese porcentaje para alcanzar el objetivo fijado en Dakar con respecto a la alfabetización.
Fuente: Informe de Seguimiento de la Educación para Todos en el Mundo­ La alfabetización, un factor vital. Resumen, p. 44

desarrollo de una fuerza de trabajo y de una tecnología de gestión que esté en condiciones de competir dentro de la economía global de hoy. La educación formal por sí sola no es suficiente para el cumplimiento de este papel, ya que precisamente aquellos sectores poblacionales que han recibido educación y capacitación formal podrían necesitar actualizarse y adquirir nuevas destrezas a través de la educación de adultos, principalmente porque la actual sociedad del conocimiento tiende a que los conocimientos y destrezas previamente adquiridos se vuelvan inadecuados y obsoletos. La educación de adultos resulta también un instrumento adecuado para familiarizar a la población activa de África con las tecnologías de la información y comunicación (TIC), una herramienta decisiva para la paulatina integración de las economías africanas a la economía global. No es posible exagerar la importancia de esto en momentos en que el mundo está cambiando rápidamente hacia estructuras económicas basadas en el conocimiento y hacia sociedades de la información compuestas por redes de individuos, empresas y países que están vinculados electrónicamente y mantienen relaciones interdependientes e interactivas.

La educación de adultos juega también un papel importante en el desarrollo social. Hoy todo el mundo admite que el crecimiento no va a reducir la pobreza a menos que la gente pobre esté en condiciones de participar activamente en él. Esa participación puede hacerse efectiva, en gran medida, mediante la educación de adultos. En efecto, la población africana necesitará algún tipo de educación y capacitación formal y no-formal para estar en condiciones de aprovechar la atención básica de salud, lo que incluye los servicios de salud sexual y reproductiva y el desarrollo de nuevas medicinas, de modo que pueda ser capaz de liberarse de enfermedades que devastan a la población pobre, como la tuberculosis, la malaria, el VIH-SIDA y otros parásitos. También será necesaria la educación de adultos para que los africanos pobres realmente sequen provecho de los programas encaminados a la protección de niños y niñas huérfanos y vulnerables, a la reducción drástica del número de gente que no tiene acceso al agua potable y al saneamiento básico en el marco de la Africa Water Vision y del Water Action Plan del G8. Una educación de adultos destinada a mujeres es otro instrumento poderoso que puede contribuir al desarrollo socio-económico. Como hacía notar el Informe de la Comisión para África,

«los desafíos de África no serán encarados de manera efectiva a menos que se aborde en todos los terrenos la exclusión que padecen las mujeres. Se tiene que incluir a las mujeres y se tiene que liberar el gran poder de sus destrezas para el desarrollo».

Esto es así, como argumenta el Informe, porque

«las mujeres constituyen la columna vertebral de la economía rural africana, son las responsables del 70 por ciento de la producción alimentaria, de la mayor parte de las ventas de la producción familiar y de la mitad de la cría de animales, sin contar la preparación de los alimentos, la recolección de leña, el acarreo de agua y el cuidado de los enfermos y ancianos».

Sin embargo todo el mundo reconoce que en África las mujeres están en gran manera excluidas de la oferta educativa, especialmente si se trata de la educación de adultos.

Los hallazgos de una reciente investigación que se hizo por encargo de la Unión Africana corroboran esta afirmación de la siguiente manera: (i) menos mujeres (que varones) están matriculadas en clases de alfabetización, y una pequeña proporción de ellas acaban por lograr una alfabetización funcional; (ii) una pequeña proporción de la población africana femenina (las mujeres constituyen dos tercios de la población analfabeta de África) ha sido alfabetizada; y (iii) entre la juventud que está fuera de la escuela es menor el número de mujeres dedicadas a la adquisición de destrezas vitales (Comisión de la Unión Africana: Educación de calidad para el desarrollo sostenible de África ­ Quality Education For Africa's Sustainable Development, Abril 2005, pp. 7-8). Al sacar consecuencias de semejante estado de cosas, la Comisión de la Unión Africana en su «Marco estratégico para el plazo del 2015 ­ Strategic Framework For Deadline 2015) establece que

«como consecuencia de que a las mujeres y a las jóvenes se les ha negado sistemáticamente la oportunidad de adquirir conocimientos y destrezas, ellas se encuentran severamente subrepresentadas en los estratos dirigentes de la vida social, política y económica de una gran mayoría de los países de África. Esta situación tiene también impactos negativos en las futuras generaciones de africanos/as, ya que, como es bien sabido, las mujeres bien informadas, educadas, técnicamente capacitadas y socio-económico y políticamente fortalecidas, están llamadas a ejercer fuerte influencia en la educación y sobrevivencia de la juventud».

(Comisión de la Unión Africana, Abril 2005, p. 16)

Como parte de su contribución a un proceso de desarrollo social inclusivo, la educación de adultos garantiza que nadie quede excluido de las fuentes de ayuda para el desarrollo que ponen a disposición los gobiernos, la sociedad civil y la comunidad internacional.

El papel de la educación de adultos en el desarrollo no se limita sólo a las esferas económica y social. Tiene también una dimensión política. Hay un nexo fuerte entre el aprendizaje de personas adultas y la democracia. Esto es así porque, como se reconoció en la Quinta Conferencia Internacional de la UNESCO sobre Educación de Adultos, celebrada en Hamburgo en 1997, «una democracia sustantiva y una cultura de paz no surgen de por sí; se las tiene que construir» (UNESCO, 1997). Para conseguir una verdadera democracia se necesita que la educación de adultos forme ciudadanos/as en lo que es cultura democrática, como también que los/as informe acerca de sus derechos y responsabilidades, puesto que la democracia requiere también que la población participe activamente en los niveles local, nacional y global. Hoy es cosa admitida que el no reconocimiento de la necesidad de incorporar a la sociedad civil, en especial a las organizaciones de base, dándoles voz en la toma de decisiones, y otorgándoles los medios para su participación efectiva en la sociedad, es una de las principales causas del fracaso del desarrollo en muchos países africanos. El abuso de los derechos humanos y la injusticia social, que conducen a la exclusión de importantes segmentos de la sociedad, han constituido también notables obstáculos para el progreso económico y social en el continente, y han preparado el camino para conflictos violentos. Dada la importancia demográfica y socio-económica de las mujeres en la sociedad, no se puede lograr una democracia sustantiva sin practicar la democracia de género, un tema realmente transversal. En los hechos, sin embargo, no ha mejorado la situación de las mujeres en África. En algunos casos incluso ha empeorado en comparación con lo que solía ocurrir hace unas pocas décadas.

Se puede demostrar que la educación de adultos es un poderoso instrumento a la hora de promover un desarrollo inclusivo mediante la democracia, asegurando así la paz y la estabilidad, y eso porque, como se ha comprobado en una serie de estudios, la prevención (mediante la educación de adultos) es mucho más efectiva que la intervención. La prevención de desórdenes políticos y conflictos sociales puede darse a través de diferentes estrategias de educación de adultos. Durante la Quinta Conferencia Internacional de la UNESCO sobre Educación de Adultos, celebrada en Hamburgo en 1997, se propuso una serie de políticas de educación de adultos encaminadas a promover la democracia y la paz. Dichas políticas pretenden alcanzar sus objetivos mediante distintas estrategias que promueven una sociedad civil activa, refuerzan la democracia de género y ayudan a resolver conflictos entre diferentes países y grupos. En la medida en que el mundo entero está experimentando los efectos de una globalización multifacética, con diferentes grados de impacto en pueblos, culturas, sociedades y personas, el papel que juega la educación de adultos en la democracia y la paz no puede ser analizado exclusivamente dentro de las fronteras nacionales. Tiene que ser objeto de examen también en el nivel global. La hipótesis que nos puede guiar en este ejercicio es la que nos proporcionan las conclusiones de los seminarios celebrados en Copenhague sobre el progreso social, que tuvieron lugar entre 1996 y 1999, la cual

«apuntaba a una nueva forma de democracia global, con una economía al servicio de necesidades y aspiraciones equitativas, con una cultura política solidaria, con fuerzas sociales que persiguen el interés general, y con instituciones responsables de la protección del bien común». (Bekemans, marzo 2002, p. 158)

Se llegó al acuerdo de que

«la paz y la cooperación sólo prevalecerán sobre los conflictos y guerras gracias valores compartidos de gran envergadura y profundidad. En este mundo globalizado, todavía fragmentado y conflictivo, sólo fuertes valores morales compartidos (como dignidad humana, solidaridad, tolerancia, etc.) pueden suministrar una base sólida para la gestión global. Se profesa que sólo se conseguirá un avance en valores compartidos a través de un diálogo paciente y riguroso que requiere investigación y debates abiertos y que debe incorporar a un número máximo de actores». (op. cit.)

Está claro para los países africanos que, si quieren enfrentar estos nuevos desafíos que implica la solidaridad dentro de la globalización, necesitarán poblaciones informadas y alfabetizadas, capaces de articular sus puntos de vista y de defender sus intereses.

De lo antedicho es evidente que la educación de adultos es un vector indispensable para el progreso social, económico y político en cualquier sociedad y de manera particular en África, la parte menos desarrollada del mundo. El potencial de desarrollo que entraña la educación de adultos ha sido bien resumido por la UNESCO en las siguientes palabras:

«A pesar de los desafíos y las restricciones, la educación básica (de adultos) fortalece a los individuos en la medida en que abre vías de comunicación que de otra manera podrían quedar cerradas, expande las opciones personales y el control sobre el propio entorno, y es necesaria para la adquisición de otras muchas destrezas. Les proporciona a las personas acceso a la información, a través de medios tanto impresos como electrónicos, las equipa para que puedan arreglarse mejor con el trabajo y las responsabilidades familiares, y cambia la imagen que tienen de sí mismas. Refuerza su confianza y seguridad a la hora de participar en asuntos de la comunidad y de influir en temas políticos. La educación básica es la clave con la cual los individuos pueden abrir toda la gama de sus talentos y tomar conciencia de su potencial creatividad. A la población menos favorecida le da los instrumentos que necesita para trasladarse de la exclusión a la plena participación en su sociedad. La educación básica fortalece también a naciones enteras en la medida en que ciudadanos y trabajadores educados aquieren las habilidades necesarias para obligar a las instituciones democráticas a funcionar de manera efectiva, a responder a las demandas de un medio ambiente limpio y a cumplir con sus obligaciones».

(UNESCO, 1997: 17)

 

Lecciones aprendidas de la experiencia práctica de las políticas de educación de adultos en África

Después de establecer las relaciones positivas que hay entre educación de adultos y desarrollo, como lo han demostrado diversos estudios, es importante examinar la medida en que esta forma de educación ha sido actualmente solicitada para alentar el progreso social, económico y político en países africanos. Para ser más específicos, a continuación se hace el intento de evaluar la contribución de la educación de adultos en la promoción del crecimiento económico, en la reducción de la pobreza, en la consolidación de la democracia y en el aprovechamiento de las oportunidades que ofrece la globalización en África, tal como se hace evidente en las estrategias de desarrollo nacional y en los programas de ayuda para el desarrollo de las agencias de cooperación internacional.

Un análisis histórico de la educación de adultos en los países en vías de desarrollo en general, y en África en particular, revela que esta modalidad de aprendizaje ha experimentado altos y bajos en las políticas y estrategias de desarrollo. La educación de adultos ha sido un subsector altamente dinámico en la era posterior a las independencias, cuando se encontraba casi exclusivamente reducida a la alfabetización. Los gobiernos y las agencias de cooperación echaron mano de esta forma de educación para aumentar las destrezas de lectura, escritura y cálculo entre la vasta mayoría de las masas africanas. Dicha importancia se mantuvo hasta la década de los setenta, cuando la educación de adultos empezó a ser más popular, se la asociaba con todo lo que son innovaciones, y se veía que tenía grandes elementos para el desarrollo. La educación de adultos obtuvo durante este período su carta de ciudadanía gracias a los trabajos de Paulo Freire en América Latina (con su famoso libro «La Pedagogía del Oprimido») y de otros pedagogos y pensadores en otras partes del mundo. Al promover esencialmente la toma de conciencia o «concientización», la liberación, la recuperación de la identidad, la voz de los pobres, el pensamiento crítico etc., «la educación básica de adultos», tal como lo hizo notar María Torres,

«ayudó a difundir una serie de principios pedagógicos que todavía se considera válidos no sólo para la educación básica de adultos sino también para la educación en su conjunto: respeto a las personas que aprenden, diálogo, enfoques participativos, aprendizaje activo, cooperación y solidaridad en la relación entre maestro/a y estudiante». (Torres, 2003, 60, p. 63)

La popularidad de la educación de adultos en África comenzó a desgastarse a principios de la década de los ochenta, en concomitancia con el aumento de la educación formal básica. La educación de niños y niñas, en especial de los/as pobres, era percibida por los gobiernos nacionales como más importante que la educación de sus padres y madres. En consecuencia se produjo una dura competencia, en términos de recursos financieros, entre la educación de adultos y la educación primaria. María Torres explica la erosión del interés por la educación de adultos a partir de la erosión generalizada de los estados-nación y del rol de los gobiernos-estado, del propio paradigma del desarrollo y, ya en el campo de la educación, de la educación masiva y de la escolarización pública y gratuita. El subsiguiente estancamiento de la educación de adultos, y en muchos casos incluso su regresión, hoy sigue en curso a pesar del tímido proceso de revitalización que empezó con la Conferencia de Jomtien en 1990. Si bien se suele asociar la Conferencia de Jomtien, y diez años más tarde la Conferencia de Dakar, con la revitalización de la educación básica de adultos, es interesante observar que de los seis objetivos de Jomtien sólo tres estaban directamente relacionados con personas adultas en el marco de programas de alfabetización. En la misma línea, sólo dos de los seis objetivos de Dakar hacen referencia específica a personas adultas. Las iniciativas de desarrollo que de manera más reciente han sido asumidas a nivel global tampoco han aportado la ayuda que se esperaba para algún tipo de educación de adultos. Los universalmente aclamados Objetivos de Desarrollo del Milenio, por ejemplo, prestan muy poca atención a este subsector. Sirva de ilustración el dato de que, de sus 8 objetivos, sólo 2 guardan relación directa con la educación de adultos; es la educación formal en general, y de manera especial la educación primaria, la que mayormente ocupa el centro de atención.

El mismo sesgo se observa en las recomendaciones que hace el Informe de la Comisión de África para asegurar que las oportunidades educativas estén disponibles para todos/as. En efecto, de las cinco propuestas que hace la Comisión con el fin de no dejar a nadie afuera, ninguna hace referencia a temas de adultos. La llamada que dirige la Comisión a la comunidad internacional, para que suministre entre 7 y 8 mil millones de dólares adicionales por año con el fin de lograr la educación para todos en África, se refiere exclusivamente a la educación formal. La Unión Africana es una de las raras organizaciones que han propuesto una estrategia educativa amplia y bien equilibrada, que presta la debida atención al tema de la educación de adultos. El Marco Estratégico para el Plazo del 2015, de la Unión Africana, le encarga a la organización panafricana que tome las medidas necesarias para conseguir un

«compromiso pleno de los gobiernos africanos para la ejecución de los convenios educativos que han sido objeto de acuerdos internacionales: Educación para todos, educación secundaria, educación técnica y profesional, educación permanente y de adultos; la Década de la Alfabetización, de Naciones Unidas; la Década de la Educación para un Desarrollo Sostenible, todo ello en el contexto universal de los Objetivos del Milenio para el Desarrollo, de Naciones Unidas». (Comisión de la Unión Africana, Abril 2005, p. 5)

El hecho de que la escolarización formal constituya una prioridad incuestionable dentro del sector educativo no justifica que se deje fuera la educación de adultos. Es peligroso hacer que los niños y niñas compitan en el proceso educativo con sus padres y madres, ya que puede crear una ruptura entre dos instancias que son mutuamente dependientes. El desempeño escolar de un niño está determinado en gran medida por el nivel educativo de sus padres. Por consiguiente, intentar alcanzar las metas de la educación primaria a expensas de la educación de adultos es algo que apunta al fracaso de su propio propósito. Además es contradictorio declarar la guerra contra la pobreza, que afecta más a los adultos (población mayor de 15 años) que a los niños y niñas, y concentrar desproporcionadamente todos los esfuerzos en el destino educativo de estos últimos. El desafío de la educación en las regiones empobrecidas del mundo, como África, no consiste en establecer metas prioritarias entre jóvenes y adultos, sino en reconciliar los intereses de ambas categorías en un proceso de educación integrado que asegure el desarrollo humano para el logro de las Metas de Desarrollo del Milenio y el fin de la pobreza. En la misma línea sugiere Jeffrey Sachs que

«con un poco de planificación se podría ayudar a las aldeas de todo el mundo a que se comprometan con la educación permanente de adultos en torno a temas apremiantes, asuntos de vida o muerte, como pueden ser por ejemplo el de cómo se contrae y se difunde el SIDA, cómo se puede controlar la malaria, la importancia de la higiene en la preparación de alimentos, el uso de fertilizantes, etcétera. Este tipo de conocimientos relevantes, si se los presenta de la manera adecuada, podrían informar a las sociedades rurales en escala masiva». (2005, p. 258)

Si bien el resurgimiento de la educación de adultos en los programas de desarrollo de los países africanos a lo largo de los últimos quince años es todavía débil, a pesar de todo es un fenómeno que no se puede menospreciar, ya que se lo considera como un instrumento para el mejoramiento de la situación socio-económica y política que enfrenta el continente. María Torres confirma este punto de vista cuando explica que

«en el caso de los países en vías de desarrollo, el escenario de la revitalización de la educación básica de adultos viene dado por la continua expansión de la pobreza, en lugar de su reducción, y también del desempleo, la marginalidad, la delincuencia, la migración, la desesperación social y la revuelta social». (2002, p. 76)

Mientras la pobreza siga siendo un rasgo distintivo de África, la educación de adultos se impondrá como un ingrediente imprescindible del proceso de desarrollo. Es por eso que la gran mayoría de los países africanos han elaborado políticas de educación de adultos que forman parte de las estrategias nacionales de desarrollo, aún cuando los programas de alfabetización y de educación no-formal rara vez reciben más del 5 % de los respectivos presupuestos nacionales de educación. Etiopía constituye un caso interesante en el que se reconoce el potencial de la educación de adultos. Así el Programa de Desarrollo Sostenible y Reducción de la Pobreza (Sustainable Development and Poverty Reduction Program ­ SDPRP) le asigna a la educación de adultos una responsabilidad importante, en principio, en el proceso de crecimiento económico y de reducción de la pobreza. Esto está previsto a través de un programa funcional de educación de adultos, para personas jóvenes y adultas mayores de 15 años, que apunta a incrementar la participación de la comunidad en el desarrollo. Otra acción consiste en ofrecer capacitación técnica a jóvenes y adultos en los centros comunitarios de capacitación técnica (Community Skills Training Centres). Experiencias pasadas muestras, sin embargo, que la puesta en práctica de las políticas referidas se lleva adelante con escaso entusiasmo y compromiso. Es posible que el bajo rendimiento de la educación pública de adultos en el país sea consecuencia de la falta de ayuda adecuada de parte de la comunidad de donantes. Como dato ilustrativo, los programas de educación de adultos representan solamente el 3,68 por ciento del presupuesto total comprometido para ayuda externa a favor del sector educativo en Etiopía para el período 2004/05-2009/10.

El Banco Africano de Desarrollo y la educación de adultos

El Banco Africano de Desarrollo reconoce también a la educación de adultos como una herramienta importante para el desarrollo económico y la reducción de la pobreza, de manera específica en lo que tiene que ver con promoción de salud, agricultura y desarrollo rural, gestión del agua, género, y lucha contra el VIH-SIDA. Como quedó establecido en las Políticas del Sector Educativo de 2002, una de las áreas prioritarias del apoyo del Banco a la educación es la educación básica de calidad, quedando claro que se va más allá de la educación primaria formal y del primer ciclo de educación secundaria, para incorporar también procesos de aprendizaje en contextos no-formales, como es el caso de la alfabetización y de otros programas para jóvenes y adultos.

Aunque el Banco Africano de Desarrollo viene incluyendo desde 1985 a la educación de adultos en su estrategia educativa, sus acciones en el terreno, en relación con este subsector, han sido bastante limitadas. Hasta 1990 se priorizó la educación de nivel secundario, lo que incluía la educación general y profesional, así como la capacitación técnica y de maestros/as. Esto representó el 48,8 % del valor total de todos los proyectos educativos entre 1985 y 1990. Entre 1991 y 1998, sin embargo, el 52,8 % del apoyo total a educación fue para la educación básica, con un 39,7 % para el primer nivel y un 13,1 % para la educación no-formal. Este cambio producido a lo largo de los años a favor de la educación básica está en la línea de las recomendaciones del Documento del Banco, de 1986, sobre Políticas para el Sector Educativo (Education Sector Policy Paper) y de la Conferencia de Jomtien, en 1990, sobre Educación Básica para Todos. Desde entonces el Banco apoya de manera progresiva a los programas de educación de adultos en muchos países, especialmente en el marco de la Iniciativa Rápida de Educación Para Todos (Education For All ­ Fast Track Initiative ­ EFA-FTI). Buenos ejemplos de tales programas se pueden encontrar en países como Gambia, Mauritania, Marruecos, Egipto, Malawi, Djibuti, Nigeria, Sierra Leona, Tanzania, Angola, Burkina Faso, Camerún, Chad, República Democrática del Congo, Malí y Níger. Por lo general estas intervenciones han incluido la alfabetización funcional, la capacitación técnica, el desarrollo de liderazgo y de capacidades de emprendimiento, y actividades de generación de ingresos tanto para varones como para mujeres. El Banco ha apoyado también actividades de educación de adultos en otros sectores, como ser la agricultura y el desarrollo rural, a través de trabajos de extensión. A pesar de todo, la parte que le toca a la educación de adultos, por ejemplo en el monto total acumulado de alrededor de 3.300 millones de dólares asignados al sector educativo para el año 2004, sigue siendo débil, si bien es difícil hacer cálculos precisos, dado que hasta ahora las actividades de educación de adultos han sido financiadas como meros componentes de diferentes proyectos y no como proyectos autónomos.

Una de las principales lecciones aprendidas por el Banco a partir de sus ex periencias de apoyo a la educación de adultos en África, es que las inversiones en esta área fueron demasiado dispersas y diluidas, a lo largo de muchas operaciones, en lugar de concentrarse en unos pocos temas cruciales. Esta falta de visión selectiva, en momentos en que los recursos disponibles no eran sustanciales, no ha ayudado a asegurar el tipo de eficiencia sobre el terreno que es necesaria para enfrentar de manera decisiva los requerimientos de desarrollo de capital humano en gran escala. Otro punto en que se quedó corta la experiencia pasada del Banco, en el campo de la educación de adultos, reside en el hecho de que sus intervenciones en este subsector fueron emprendidas de manera ad hoc, dependiendo de los requerimientos de los países miembros de la región. No existió un enfoque coherente, definido dentro de un marco estratégico. En consecuencia no siempre fue fácil encarar los problemas cercanos de manera sistemática. Finalmente, pero no porque sea menos importante, el Banco tuvo que enfrentar problemas internos de capacidad institucional. La educación de adultos se ha vuelto una disciplina científica sui generis dentro del sector educativo, con sus temas, métodos y enfoques específicos (andragogía), diferentes de la escolarización formal de niños y niñas mediante métodos pedagógicos. El Banco no tomó las medidas necesarias para reclutar a las personas expertas que se requiere a la hora de procesar y gestionar intervenciones en el área de educación de adultos.

Se tiene que buscar soluciones a los anteriores escollos si es que el Banco Africano de Desarrollo quiere lograr un impacto positivo en el desarrollo mediante inversiones en educación de adultos en los países miembros. Es esto lo que ha movido a la gerencia del Banco a formular una estrategia de apoyo específica en el área de la educación de adultos. La idea es priorizar la educación de adultos en la visión del Banco y en su plan estratégico para la reducción de la pobreza en África. La estrategia del Banco para la educación de adultos, que todavía está en borrador y en proceso de ser aprobada por su Junta Directiva, pretende adoptar una perspectiva holista, por cuanto el apoyo a la educación de adultos no sólo ha de apuntar a programas de alfabetización, sino que ha de abarcar una amplia gama de oportunidades entre las que están la educación no-formal, las campañas de alfabetización, las actividades de sensibilización, y modalidades alternativas de procesos de transmisión de conocimientos que buscan garantizar el desarrollo humano con la mirada puesta en la lucha contra la pobreza. En esta perspectiva, se ha de considerar la educación de adultos como un tema transversal que debe integrarse en cualquier proyecto y programa de cualquier sector relevante, y no se la debe considerar como «perteneciente» exclusivamente al sector educativo. En otras palabras, la próxima estrategia quiere asegurar que la educación de adultos sea parte de todas las actividades de desarrollo que apoya el Banco y que contribuyen a la formación de capital humano. La estrategia pretende encarar también el problema de la capacidad institucional interna del Banco, para lo que prevé la conformación de un núcleo de personas expertas, especializadas en educación de adultos. Finalmente, pero con la misma importancia, la estrategia hace énfasis en la necesidad de destinar los recursos financieros necesarios para las inversiones en educación de adultos. Se tiene que mejorar también cualitativamente la financiación de la educación de adultos proveyendo más donaciones que empréstitos, y ablandando las normas y procedimientos del Banco Africano de Desarrollo que tienen relación con su ayuda financiera al desarrollo, a la luz de los principios de armonización y alineación universalmente convenidos.

Conclusiones

Se ha sostenido en este documento que la educación de adultos, entendida en su sentido amplio como un proceso de transmisión de conocimientos generales, técnicos o profesionales, como también de destrezas, valores y actitudes, pensadas para una población madura, constituye un instrumento poderoso para el desarrollo, incluyendo la reducción de la pobreza y el logro de las metas de desarrollo del milenio. Pero esta modalidad de educación todavía no ha recibido la atención que merece en los esfuerzos por el desarrollo de África. Con frecuencia se ha reconocido en teoría a la educación de adultos como un factor necesario para avanzar en el desarrollo, de manera especial en la era de la globalización, no sólo porque produce capital humano sino también porque posibilita que la población se convierta en ciudadanos bien informados/as, capaces de pensar críticamente y de apropiarse de sus destinos mediante una participación activa. Desafortunadamente este reconocimiento no se ha trasladado al terreno en forma de programas sustanciales y relevantes. Los escasos montos de recursos presupuestarios destinados a la educación de adultos por los países africanos reflejan la baja prioridad que le otorga a este subsistema educativo la comunidad de donantes, pese a su inclusión en las iniciativas globales de desarrollo que se han adoptado a partir de la década de los noventa. Si esta tendencia continúa, África se verá privada una vez más de una parte significativa de sus recursos humanos, tan necesarios para poder responder a los desafíos de su desarrollo. No se debería permitir que se presente un escenario de este tipo, de lo contrario las consecuencias resultantes, tanto económicas como sociales y políticas, podrían ser catastróficas para un continente que ya ahora es la región más empobrecida del planeta. Ha llegado la hora de otorgarle a la educación de adultos la máxima prioridad en los esfuerzos nacionales y globales por reducir la pobreza y encarar las metas de desarrollo del milenio. Y esto no se puede hacer por la simple vía de declarar «Décadas» o de convocar a foros internacionales sobre el tema.

El aprovechamiento efectivo de la educación de adultos para el desarrollo y para la reducción de la pobreza en África requiere el cumplimiento de tres condiciones. Primero, cada país habrá de definir una estrategia global y coherente para el subsector. Si se utiliza un enfoque holista, esta estrategia proveerá sólidas orientaciones y planes de acción para preparar a las personas adultas como ciudadanos/as nacionales responsables y activos/as, capaces de luchar por una globalización ilustrada y de enfrentarse a ella, una globalización que responda a las necesidades de los pobres, a los problemas ambientales y a la difusión de la democracia. Además de poner el énfasis en la formación de capital humano, esta nueva estrategia deberá promover la equidad de género así como la paz y la democracia, por medio del fortalecimiento de la sociedad civil y el realce de los derechos humanos. Segundo, los países de África tienen que mostrarse genuinamente comprometidos con el reconocimiento y la actual puesta en práctica de las políticas de educación de adultos. No pueden limitarse a proclamar la educación de adultos de labios para afuera sin mostrar ningún entusiasmo a la hora de su aplicación en el terreno. Esto requerirá de reformas apropiadas, esfuerzos de construcción de capacidades y adecuada asignación de recursos. Tercero, será indispensable que la comunidad internacional amplíe su ayuda, tanto cuantitativa como cualitativamente, incrementándola y aplicando los principios de armonización y alineación.

Con la apasionada defensa que ha hecho el Secretario General de Naciones Unidas, Kofi Annan, en la reciente Cumbre de Nueva York, a favor de «Una mayor libertad: hacia el desarrollo, la seguridad y los derechos humanos para todos», y con los procesos positivos que se viene nobservando desde la Conferencia de Monterrey de 2002 sobre Financiación del Desarrollo ­que ha culminado en la Cumbre del G8 en Gleneagles en Julio de este año-, los cuales muestran la voluntad de la comunidad de donantes de hacer honor a su compromiso de ampliar la cooperación internacional, son más luminosas que nunca las perspectivas de hacer de la educación de adultos un verdadero instrumento estratégico de desarrollo para la transformación de África y para terminar con la pobreza en este continente antes de que termine nuestro tiempo de vida. Queda sin embargo una cuestión: ¿Sabremos aprovechar esta oportunidad histórica?

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