Julius Kambarage Nyerere

Julius Kambarage Nyerere, Presidente de Tanzania en 1976, año en que se celebró en Dar es Salaam la primera Asamblea Mundial del ¡CAE, pronunció en aquella ocasión el discurso de declaración de principios que reproducimos a continuación. La mayor parte de las afirmaciones del autor no han perdido actualidad. El texto ha sido ya publicado en los números 19 y 30 de nuestra revista Educación de Adultos y Desarrollo.

Educación de adultos y desarrollo

En nombre del Gobierno y del pueblo de la República Unida de Tanzania, me complace sobromanera dar a ustedes la bienvenida a esta Conferencia Internacional. Abrigamos la esperanza de que todos los delegados asistentes tengan una agradable estadía.

Aunque no tenemos cualidades especiales para patrocinar una Conferencia de Educación de Adultos, estamos encantados de poder hacerlo. Muchos países han tenido más experiencia que nosotros en este campo; muchos pueden contribuir a un major éxito de esta Conferencia. Nosotros sólo podemos decir que estamos conscientes de la fundamental importancia que tiene la educación como instrumento de desarrollo de un país y como parte integrante del mismo.

La educación y el desarrollo

El desarrollo tiene una finalidad, que es la liberación del hombre. Es verdad que en el Tercer Mundo hablamos mucho de la economía del desarrollo, de la manera de aumentar los servicios y los productos y de la capacidad de producirlos. Pero los productos son necesarios para servir a los hombres, y los servicios se necesitan para que sus vidas sean más llevaderas y más fructíferas. Se necesita de organización política, social y económica para expandir la libertad y dignidad de los hombres. Siempre volvemos al hombre - al hombre liberado - como fin de la actividad y del desarrollo.

Ahora bien, sólo el hombre mismo puede liberarse o desarrollarse. No puede ser liberado o desarrollado por otro. Porque el hombre se forma a sí mismo. Es propio de él actuar deliberadamente, con un fin que él se ha propuesto y que lo distingue de los animales. La ampliación de su propia consciencia y, por ende, de su poder sobre sí mismo, sobre su ambiente y su sociedad, debe ser finalmente lo que entendemos por desarrollo.

De manera que el desarrollo es para el hombre, por el hombre y del hombre. Lo mismo se puede decir de la educación. Su finalidad es la liberación del hombre de las trabas y limitaciones de la ignorancia y la dependencia. La educación debe acrecentar la libertad mental y física de los hombres: aumentar el control sobre sí mismos, sobre sus propias vidas y el ambiente en que viven. Las ideas que la educación imparte, o las que son difundidas en la mente mediante la educación deben, en consecuencia, ser ideas liberadoras; las destrezas adquiridas mediante la educación deben ser también destrezas liberadoras. Ninguna otra cosa puede llamarse propiamente educación. La enseñanza que produce una mentalidad esclava o un sentido de impotencia, no es educación en absoluto sina una afrenta al espíritu del hombre.

Esto quiere decir que la educación de adultos tiene que ayudar a los hombres a desarrollarse. Debe contribuir a ampliar las destrezas del hombre en todo sentido. En particular, debe ayudar a los hombres a decidir por sí mismos, lo que es el desarrollo. Debe ayudar a los hombres a pensar claramente. Debe capacitarlos para examinar las posibles opciones, de acuerdo con sus propios objetivos, y dotarlos de la capacidad necesaria para convertir sus decisiones en realidad.

No se pueden separar los aspectos personales y físicos del desarrollo. Es el proceso de decidir por sí mismo lo que es el desarrollo, y de decidir la orientación que debe seguir la sociedad y ejecutar esas decisiones, donde el hombre se desarrolla por sí mismo. Porque el hombre no se desarrolla en un vacío, aislándose de su sociedad y de su medio; y, ciertamente, no puede ser desarrollado por otros. La conciencia del hombre se desarrolla en el proceso del pensamiento, en las decisiones y en los actos.

Hacer las cosas significa cooperar con otros, porque en el aislamiento el hombre está virtualmente incapacitado en lo físico y entorpecido en lo mental. En consecuencia, la educación para la liberación es, también, educación para la cooperación entre los hombres, porque en la cooperación con los otros es donde el hombre se libera de las limitaciones de la naturaleza y de las que le imponen sus semejantes.

La educación es, en ese sentido, muy personal porque tiene que ser una experiencia personal. Nadie puede hacer que se desarrollen la consciencia por medio de otra persona. Es también una actividad de mucha significación social porque el hombre liberado por la educación es un hombre que se incorpora a la sociedad y su sociedad se verá afectada por el cambio que la educación realice en él.

Hay otro aspecto que considerar, en este sentido. Un hombre aprende porque desea hacer algo. Una vez que se inicia en este camino del desarrollo de su capacidad también aprende, porque quiere «ser»; ser una persona más consciente y comprensiva.

El aprendizaje no libera al hombre si todo lo que aprende va a parar en el deseo de tener un certificado colgado en la pared y la reputación de ser «persona erudita», dueña de conocimientos. Tal deseo es sencillamente otro aspecto de la fiebre de la sociedad adquisitiva: la acumulación de productos por el mero prurito de acumularlos. La acumulación de conocimientos o, peor aún, la acumulación de pedazos de papel, que representan una especie de compromiso de pago por tales conocimientos, nada tiene que ver con el desarrollo.

De manera que si la Educación de Adultos ha de contribuir al desarrollo, debe formar parte de la vida; estar integrada en ella y serle inseparable. No es algo que se pueda guardar en un baúl para sacar en ciertos momentos del día o de la semana, o en ciertas épocas de la vida. Ni tampoco puede imponerse que todo el que aprende es, al fin y al cabo, un voluntario, porque, por mucho que se le enseñe, es sólo él quien puede aprender.

Además, la Educación de Adultos no es algo que pueda limitarse a tratar sólo de agricultura, salud, alfabetismo, habilidades mecánicas, etc. Todas estas ramas separadas de la educación están relacionadas con la vida total del hombre, con el hombre que es y con el que será. De poco vale a un hombre aprender la mejor manera de cultivar la soya si lo aprendido no está relacionado con conocimientos sobre nutrición y la existencia de un mercado de la soya.

En consecuencia, esto significa que la Educación de Adultos ha de fomentar el cambio en los hombres y en la sociedad. Significa que la educación de adultos fomenta el cambio, al mismo tiempo que ayuda a los hombres a controlar ese cambio que producen ellos mismos y el que se les impone por decisiones de otros hombres o por cataclismos de la naturaleza. Aun más, significa que la Educación de Adultos abarca la vida entera y que debe edificar sobre lo que ya existe.

La Educación de Adultos y el cambio

La primera función de la Educación de Adultos es inspirar tanto el deseo del cambio, como una comprensión de que existe la posibilidad del mismo. El que piensa que la pobreza o el sufrimiento son «la voluntad de Dios» y que el hombre no puede hacer otra cosa sino sobrellevarlos, es un enemigo de la libertad.

Con todo, el descontento sobre lo que uno es, debe ir acompañado de la convicción de que se puede cambiar; de no ser así, el descontento sería destructivo. Hombres que viven en la miseria o la enfermedad, o bajo un régimen de tiranía o de explotación, deben ser capaces de reconocer que la vida que llevan es miserable, pero que pueden cambiarla, actuando ellos, ya sea solos, ya en cooperación con otros.

A esta clase de trabajo no se lo suele llamar «Educación de Adultos» ni se lo considera como una función de las asociaciones o departamentos de Educación de Adultos. Tampoco se considera ordinariamente como «Educación» el enseñar a un niño a caminar o a hablar.

Sólo cuando un niño no aprende estas funciones fundamentales y va dejando de ser niño, es cuando la educación organizada se hace cargo de enseñarle en una «escuela especial» para sordos o para otros incapacitados. Así mismo, si las instituciones de Educación de Adultos deban encargarse o no de la tarea fundamental de despertar la conciencia sobre la necesidad y la posibilidad del cambio, dependerá de las circunstancias en que actúen.

En los países del Tercer Mundo, ese trabajo generalmente tiene que hacerlo alguna persona o alguna organización. Será sencillamente asunto de organización y eficiencia si lo ejecutan los llamados trabajadores para el desarrollo de la comunidad o funcionarios de educación pública, o maestros para adultos. Lo importante es que el trabajo se haga y que todos lo reconozcan como fundamento necesario para toda otra actividad educativa y de desarrollo.

Lo mismo ocurre con lo que yo llamaría la segunda etapa de la Educación de Adultos. Es decir, ayudar a las personas a decidir la clase de cambio que desean y el modo de realizarlo. Por ejemplo, no basta que los habitantes de una aldea lleguen a la conclusión de que algo debe hacerse contra la malaria endémica; que no es un mal que deben aceptar. Deben saber que la malaria puede tratarse con medicinas o prevenirse controlando los mosquitos, o que puede combatirse con una combinación de acción curativa y preventiva. Todo esto debe ir seguido de acción.

Tenemos así toda una gama de actividades educativas que implican un proceso de aprendizaje y una ampliación de la consciencia. Se requiere la combinación de todas esas actividades si se desea dar vida al desarrollo de los hombres y del ambiente. Todos ellos pueden tener la ayuda que les preste un educador.

El alcance de la Educación de Adultos

La educación de adultos incorpora así todo lo que amplía la comprensión de los hombres, los mueve a actuar, las ayuda a tomar decisiones y a ejecutarlas por sí mismos. Incluye preparación, pero es mucho más que eso: incluye lo que se llama generalmente «actividad» pero es mucho más que eso. Incluye organización y movilidad, pero va más allá pues a todo esto le da sentido y finalidad.

Mirando, pues, la Educación de Adultos desde el punto de vista de los educadores, se puede decir que hay dos tipos, que se necesitan mutuamente: los primeros son los que podrían llamarse «generalístas». Son los educadores y activistas políticos, ya sean o no miembros de un partido político y estén o no organizados por éste, ya sean trabajadores ocupados del desarrollo de la comunidad, o maestros religiosos. Esas personas no son políticamente neutrales; por la naturaleza misma de su trabajo no pueden serlo. Lo que hacen afectará la visión que los hombres tienen de la sociedad a que pertenecen y el modo como piensan usarla o cambiarla.

Por ejemplo, hacerles ver a los habitantes de una aldea que la malaria de que padecen se puede evitar, los llevará a exigir atención de la comunidad dentro de la cual viven. Pedirán, por lo menos, medicinas, insecticidas o maestros. Ya no serán los seres pasivos que aceptan, sin más, la vida que conocen. Si la población que ha despertado no puede conseguir el cambio que quiere o un substitutivo aceptable, se tornará descontenta, cuando no hostil, contra cualquier autoridad que considere responsable del fracaso. La Educación de Adultos es, pues, una actividad política en alto grado. Esto lo saben los políticos mejor que los educadores; por eso no siempre aceptan con agrado una verdadera Educación de Adultos.

El trabajo de estos «generalístas» es fundamental para la Educación de Adultos. Después de que han hecho su trabajo, es decir, después de que se ha originado una exigencia o se ha identificado un problema, es cuando puede llegar a ser efectiva la labor de los que podríamos llamar «especialistas».

Si se llega a una aldea y se enseña a sus pobladores a desinfectar agua estancada rociándola, y se muestra el insecticida que se emplea para hacerlo, quizás se logre que escuchen cortésmente; pero una vez que la persona que hizo la demostración se ha marchado, el esfuerzo habrá sido en vano, si antes no se les hizo comprender los efectos y la importancia de la acción de rociar.

Naturalmente que el «educador sanitario» puede explicar el hecho, pues está preparado y capacitado para hacerlo; pero este conocimiento especializado puede resultar más eficaz -y puede propagarse a mayor número de aldeas - si los habitantes han discutido de antemano y asimilado la razón de esa acción de rociar insecticida para exterminar los mosquitos, y si se ha despertado en ellos el deseo de aprender a hacerlo por sí mismos.

Es en el nivel de este «especialista» en Educación de Adultos, donde adquieren sentido las divisiones en agricultura, sanidad, cuidado del niño, administración, alfabetización, y demás tipos de educación. Ninguna de ellas es completa en si misma. Su trabajo debe ser coordinado y entrelazado.

El «especialista» en agricultura debe trabajar en cooperación con el experto en nutrición y con los que enseñan a los aldeanos a hacer mejores compras y ventas. El puede ver la necesidad de llamar a quien pueda alfabetizar a los campesinos o de hacer que éstos se dirijan al alfabetizador. En efecto, la Educación de Adultos debe ser como una telaraña, cuyos distintos hilos, entrelazados, se refuerzan unos a otros para formar un todo armónico.

Con esto no quiero decir que la Educación de Adultos tenga un principio y un fin, ni que cierta comunidad o individuo tenga que recorrer todas las distintas ramas del saber a un nivel bastante elemental. Lo que quiero decir es que la Educación de Adultos para las masas - que es lo que preocupa en la vida a la mayoría de nosotros - no debe considerarse como organizada en compartimientos estancos, ni debe organizarse de ese modo.

Si el sentir de las personas es que el sistema sanitario debe mejorar el especialista del ramo debe guiarlas y ayudarles a tomar conciencia de la necesidad de mejorar las técnicas agrícolas, al mismo tiempo que les enseña los elementos de la medicina preventiva o les ayuda a sentar las bases de un servicio terapéutico. El especialista en servicios de salud debe también tener relaciones a nivel organizacional con el maestro de agricultura, a fin de que se pueda enfrentar un problema que surja en este nuevo campo.

Algunas personas o comunidades desearán cultivar sólo un interés en particular. La educación de masas debe ser tal que pueda demostrar que esto es posible y ofrecer los instrumentos para poder hacerlo. Por ejemplo, debe orientarse hacia la alfabetización (si es que no comienza con ella) y facilitar el acceso a los libros, en diferentes niveles, aunque no pueda ofrecer los medios para una enseñanza formal más amplia. La educación de masas debe también indicar a las personas la manera de aprender a utilizar los recursos disponibles localmente, como por ejemplo un dispensario vecinal, un buen agricultor, maestros de escuela de la localidad, etc.

Y es que la Educación de Adultos para las masas debe ser considerada como un comienzo, un curso fundamental sobre el cual el individuo puede construir sus propias estructuras, de acuerdo con sus intereses y aspiraciones. El Educador de Adultos debe demostrar esta función con sus propias actividades, es decir, ampliando sus conocimientos personales por medio de la lectura, escuchando la radio, por medio de discusiones informales, participando en las actividades de desarrollo físico y asistendo a los cursos educativos organizados que haya disponibles.

Metodología de la Educación de Adultos

Todos estos son métodos utilizados para la Ecuación de Adultos y deben ser considerados como tales. Dependará de muchos factores cuál de estos métodos o cuál combinación de ellos son los apropiados para un caso particular. Un hecho fundamental debe presidir la elección que se haga. Una madre no «da» el hablar o el andar a su hijo; andar y hablar no son cosas que una madre «tiene» y que puede ofrecer a su hijo. Más bien ella le ayuda a desarrollar su facultad de andar y de hablar. Y el Educador de Adultos está en el mismo caso. No ofrece a otro algo que él posee. Le ayuda a aprender a desarrollar lo que tiene en potencia, sus propias capacidades.

En la práctica, todo esto significa que el Educador de Adultos desde el comienzo debe comprometer a los discentes con su educación. Sólo las acitvidades que los comprometan a hacer algo por sí mismos darán un sentido dinámico de realización y harán ver que una parte del concomimiento se ha asimilado realmente, que se ha convertido en algo propio. No importa la forma que asuma este compromiso. Bien puede ser una contribución a un cambio de impresiones, un lectura en alta voz. Un escrito, o la apertura de una zanja de determinada anchura y profundidad. Lo importante es que el alumno adulto aprenda «haciendo» lo mismo como - volviendo a mi ejemplo anterior - el niño aprende a andar andando.

Hay un segundo factor muy importante en el método de la Educación de Adultos; y es que todo adulto sabe algo de la materia en que está interesado, aunque no esté consciente de ello. En efecto, bien puede saber algo que su propio maestro no sepa. Por ejemplo, los habitantes de una aldea tienen que saber en qué épocas del año recrudece la malaria y cuál es el grupo de individuos más afectados, por edad, por lugar de residencia o por lugar de trabajo. Con base en este conocimiento y teniéndolo en cuenta, es como se ha de llegar a una mayor comprensión.

Tomando lo que el alumno ya sabe y mostrando la relación que tiene con lo que ha de aprender, el maestro realiza tres cosas puedan confianza en sí mismo al que quiere aprender, haciéndole ver que es capaz de contribuir; demuestra la pertinencia de la experiencia y de la observación como método de aprendizaje combinado con el pensamiento y el análisis; y hace patente lo que yo llamaría la «reciprocidad» del aprendizaje, es decir, que compartiendo nuestros conocimientos, aumentamos nuestra comprensión y el control de nuestras vidas.

Esto es muy importante. El maestro de adultos es un líder, un guía en el sendero que todos recorrerán juntos. Los organizadores y los maestros de un programa de Educación de Adultos no pueden ser otra cosa. Para ser, pues, eficientes, tienen que identificarse conscientemente con aquellos que participan, en primer lugar, como alumnos.

Sólo sobre esta base de igualdad y de coparticipación en una tarea que es de mutuo beneficio. Es posible hacer uso pleno de los recursos humanos existentes en el desarrollo de una comunidad, de una aldea o de una nación.

En este contexto de coparticipación del conorent es donde se pueden utilizar las diferentes técnicas de la enseñanza.

Las técnicas más adecuadas para casos particulares dependerán de las circunstancias y de tos recursos de la comunidad que aprende y de la nación en que se encuentra. Pues de nada sirve emplear tiempo y gastar dinero en ayudas audiovisuales refinadas que requieren personal especializado o electricidad, si la población que quiere aprender carece de ambos medios. Tampoco sirve de nada depender de técnicas que requieran material importado si se está trabajando en un país que tiene un problema permanente con su balanza de pagos. En un país pobre, las técnicas utilizadas deben ser de muy bajo costo, elaboradas, de preferencia, con material local, en el lugar en que se va a impartir la enseñanza y por las personas que han de enseñar y las que han de aprender. La confianza en sí mismo es una técnica educacional muy buena, así como una base indispensable para un mayor desarrollo.

La organización de la Educación de Adultos

Esta necesidad de llegar a tener cada vez más confianza en sí mismo, en el campo de la Educación de Adultos y en otros aspectos del desarrollo, deberá reflejarse en la organización de las actividades de la Educación de Adultos. Es claro que no existe un modelo «ideal» de organización de la Educación de Adultos al cual todas las naciones puedan o deban aspirar. Esa organización debe reflejar las necesidades y los recursos de cada país, así como su cultura y sus compromisos políticos.

Lo que si es inevitable es que deben asignar los recursos necesarios para la educación, pues nada puede hacerse sin ellos. Hay una lamentable tendencia en tiempos de estrechez económica - cosa que ocurre constantemente en los países pobres - a que los gobiernos hagan economías en Educación de Adultos. Existe también la tendencia, cuando hay escasez de personal preparado, a decidir que la Educación de Adultos tenga que esperer, o bien a trasladar sus mejores elementos a puestos de más prestigio en la administración.

Ciertamente sería un error pretender que el sistema de Educación que tenemos para niños se duplique para adultos, ya sea en cuanto a personal o a edificaciones. Los maestros más apropiados para adultos son, a menudo, los que están también ejecutando otra tarea, los que están practicando lo que han de enseñar.

Pero hay necesidad también de personas que dediquen todo su tiempo a la enseñanza de adultos o a organizar los diferentes tipos de Educación de Adultos. A este personal se le debe pagar un suelo y darles las facilidades y equipo que necesiten para desempeñarse con eficiencia. Su número y su jerarquía, así como el ministerio o departamente especializado en que trabajen, dependerá de factores locales y posiblemente varié de vez en cuando. En Tanzania no hemos resuelto aún este problema organizativo a nuestro satisfacción.

Todo esto significa que a la Educación de Adultos debe dársele prioridad dentro del desarrollo total y de las asignaciones periódicas de fondos de los gobiernos o de otras instituciones. Qué prioridad se le ha de dar, es quizás una de las decisiones más políticas que un gobierno pueda tomar. Pues si la Educación de Adultos está bien conducida y en consecuencia es eficiente, se convierte en una de las fuerzas más poderosas para el adelanto de un pueblo libre que insiste en determinar su propio futuro.

La educación despierta la curiosidad y hace surgir la objeción. Una aldea educada en Ujamaa, por ejemplo, no tolerará la deshonestidad entre sus contadores ni el autoritarismo de sus líderes. Una población culta desafiará los actos de sus representantes elegidos, incluso los de su Presidente.

Esta es tal vez la razón por la cual la Educación de Adultos es la Cenicienta de los departamentos gubernamentales, o constituya un tema para la prensa y el cine, y para dueños y editores de teledifu-soras que tienen un interés personal. No quiero dar la impresión de que Tanzania sea una excepción en este particular. Nuestra política de compromiso con la Educación de Adultos es clara. Pero nuestros procedimientos y los que los ponen en práctica, para decir lo menos, no están libres de crítica.

Aunque se dé la prioridad más alta a la Educación de Adultos, existen prioridades dentro de esa prioridad que no han sido aún determinadas. Los recursos son siempre limitados; en países pobres y atrasados son ridiculamente escasos al lado de las necesidades. De manera que se deberá escoger entre educación generalizada, diferentes tipos de educación especializada en masa, radiodifusión de literatura subvencionada, educación a domicilio, preparación de maestros, aumento de docentes no adiestrados en técnicas educativas, etc.

Repito que entre todas estas actividades tan necesarias no hay selección o equilibrio que sea «el mejor». Lo apropiado dependerá del nivel existente de conocimientos y de comprensión en los diferentes campos y de los recursos en hombres, materiales y equipo existentes.

En Tanzania, por ejemplo, hemos pasado la etapa en que las condiciones de miseria se consideraban como «la voluntad de Dios». Nuestra tarea al presente consiste sobre todo en ayudar a la población a adquirir las herramientas necesarias para el desarrollo, la alfabetización, los conocimientos necesarios sobre salud, la necesidad de mejorar la producción, las viviendas, y la obtención de habilidades básicas para hacer frente a todas estas necesidades.

Encontramos ahora que, dados nuestros limitados recursos, la segunda etapa de la organización es la más difícil, pues hay que estar seguros de que, una vez que la población ha adquirido una destreza, los arados, las heramientas, el equipo de carpintería y los niveles para levantar planos, etc., se encuentren también a su disposición en los lugares en que se los necesite y a un precio que haga fácil su adquisición.

Dicen que lo que no cuestra no vale ¡Que no se diga jamás que la Educación de Adultos no vale! Ella es la llave para que los hombres piensen por sí mismos, tomen sus propias decisiones y las ejecuten por sí mismos.

Creo que esta conferencia internacional de Educadores de Adultos, reunida para discutir la aplicación de su trabajo al desarrollo, podrá ayudarnos a todos a ser más eficientes en la realización de una tarea que en todos los confines del mundo está pidiendo a gritos que se la atienda.