Hissa Al Thani

Este artículo ofrece una visión de conjunto de la situación de las personas con discapacidades en la región árabe. Pretende subrayar la diversidad existente entre los países de la región a pesar de la cultura, el idioma y la religión que tienen en común, y explora también actitudes y percepciones en la medida en que afectan a personas con discapacidades, particularmente mujeres. Hissa Al Thani es Relatora Especial de las Naciones Unidas en materia de discapacidades. El artículo es una reimpresión de "Behinderung und Dritte Welt. Journal for Disability and International Development" (Discapacidad y Tercer Mundo. Revista sobre discapacidad y desarrollo internacional), 3/2006, pp.4-9.

La discapacidad en la región árabe: situación actual y perspectivas futuras

Introducción

Con mucho agrado recibí la solicitud de contribuir con un artículo para la preciada revista Behinderung und Dritte Welt, pues el movimiento por los discapacitados se encuentra en una etapa muy interesante, y me siento muy contenta de estar participando en ella. Doble fue mi satisfacción al enterarme de que este número de la revista estará dedicado a la Región Árabe, zona a la que no se suele prestar suficiente atención fuera del contexto de la geopolítica mundial.

Así pues, quisiera aprovechar esta oportunidad para arrojar algo de luz sobre la diversidad cultural y social de la región, y sobre el efecto de esa diversidad en el movimiento por los discapacitados. Asimismo, quisiera referirme brevemente al positivo efecto que la redacción de la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidades ha producido en la labor que en esta materia se ha llevado a cabo en la región.

Antecedentes

Los 22 países1 que constituyen el Mundo Árabe tienen muchos elementos comunes en cuanto a religión, cultura e idioma. Pero incluso en aquellos aspectos se observa una amplia gama de diversidades y sutiles contrastes. Existen, asimismo, entre los países de la región, diferencias económicas, sociales, políticas y geográficas, todas las cuales influyen poderosamente en los movimientos sociales y políticos, incluidos los que se ocupan de problemas relativos a los derechos humanos y la discapacidad. Esa diversidad entraña a la vez un desafío y una realidad polifacética, y las normas sociales y culturales constituyen una ventaja y una desventaja para las personas con discapacidades.

En este artículo analizaré a grandes rasgos la situación de las personas discapacitadas en la región. Me referiré a la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidades, y a la manera en que el movimiento por los discapacitados reaccionó ante a su redacción. Quisiera, también, aludir a algunas de las conclusiones de la Encuesta Mundial Relativa a la Aplicación Gubernamental de las Normas Uniformes Sobre la Igualdad de Oportunidades para las Personas con Discapacidades,2 que fue efectuada por mi oficina, y cuyos resultados fueron publicados en enero de 2007.

Los países de la región difieren entre sí, en mayor o menor medida, en cuanto a sus características sociales, políticas y económicas, las cuales determinan la manera en que los gobiernos y la sociedad reaccionan ante la discapacidad y la situación de las personas discapacitadas en esos países.

Por añadidura, las guerras y los conflictos armados en que por muchos años se ha visto envuelta la región, han afectado directamente a unos países más que a otros, entre ellos al Líbano, Irak, Palestina y Sudán. Paradójicamente, estas guerras han propiciado un notorio incremento de las cifras de discapacidad en esos países, y al mismo tiempo han impedido que los gobiernos presten los servicios adecuados.

Por otra parte, los países del Golfo Pérsico, que abundan en petróleo, han disfrutado por muchos años las comodidades que depara la prosperidad económica, por lo que hasta en una época muy reciente el cambio social ha constituido una prioridad secundaria. Al adoptar sus perspectivas y puntos de vista, la sociedad civil y las organizaciones no gubernamentales de esos países no han llegado aún a independizarse plenamente del Estado.

La pobreza, el subdesarrollo y la falta de recursos en algunos países también han influido en la prevalencia de la discapacidad y en la insuficiente reacción de parte de los gobiernos.

Es más, hay países para los cuales el deseo de cambio y desarrollo social, y los esfuerzos tendientes a ese fin, no llevan aparejada la disponibilidad de recursos, pese a haber alcanzado niveles superiores en materia de alfabetización, atención médica y otros servicios sociales, y a haber impulsado además un vigoroso e independiente movimiento de la sociedad civil, el cual incluye organizaciones representativas de personas discapacitadas. Y por último existen también aspectos propios de la cultura que han afectado de manera especial a las mujeres discapacitadas de muchos países de la región.

Resulta natural que todos estos factores, junto con el papel central de la religión en la vida de los habitantes de la región, determinen la manera en que se abordan los problemas de las personas con discapacidades y, de hecho, la actitud social y oficial hacia ellas.

Causa y prevención

La prevención de la discapacidad —a nivel social, de salud y de políticas— ha sido identificada como una prioridad en cada reunión y encuentro que he sostenido con funcionarios de la región. Los gobiernos y las organizaciones de personas discapacitadas del Mundo Árabe se han estado ocupando de algunas de las causas más directas de la discapacidad, y han estado discurriendo políticas y programas para hacerles frente. Una de las principales herramientas de prevención que se están empleando son las campañas en medios de difusión para crear conciencia pública.

Como se señaló anteriormente, las guerras, los conflictos civiles y sus consecuencias, como las minas terrestres y las municiones sin estallar, contribuyen en gran medida a la prevalencia de la discapacidad. Aun cuando no se dispone de estadísticas precisas con respecto a la discapacidad causada por la guerra, estimaciones informales y la observación de personas experimentadas han permitido determinar de de forma aproximada que por cada persona que muere tres quedan con una discapacidad permanente.

Naturalmente que la manera ideal de prevenir la discapacidad como secuela de la guerra y los conflictos armados consiste en declarar la paz universal. Con todo, por muy deseable que ella sea, no aparece como una alternativa viable para el futuro cercano. Por tanto, la prevención a este respecto ha adoptado principalmente la forma de educación sobre el riesgo de las minas terrestres, campañas para crear conciencia pública acerca del peligro que suponen las bombas de racimo sin estallar, e iniciativas similares. Hace muy poco (el 4 de noviembre de 2006) los ciudadanos libaneses organizaron el Día Nacional contra las Bombas de Racimo, el cual incluyó actividades destinadas a instruir y crear conciencia sobre la peligrosidad de estos proyectiles.

Los jóvenes que, al volante de coches veloces, se desplazan raudamente por carreteras despejadas suelen acabar sufriendo lesiones en el cerebro o en la médula espinal. Las discapacidades derivadas de accidentes de tránsito han ido en aumento a medida que se elevan los niveles de vida. Lo anterior se ha transformado en un grave problema en muchos países de la región, y ni la educación pública ni las campañas para crear conciencia acerca de la seguridad vial y los peligros de la velocidad temeraria no son ni con mucho suficientes para contrarrestar el problema.

Las prácticas sociales también han sido identificadas como factor que contribuye a la prevalencia de la discapacidad. En las sociedades árabes los lazos familiares son preponderantes, y la tradición sigue rigiendo la vida social. Entre las prácticas sociales y familiares tradicionales cabe destacar la de los matrimonios interfamiliares o consanguíneos. Estos tipos de enlaces, más populares en algunos países que en otros, pero practicados en todos, son una de las principales causas de que las discapacidades se perpetúen a lo largo de varias generaciones.

Fuera de los matrimonios interfamiliares, en las comunidades pobres, rurales y/o agrícolas la indigencia, la insuficiente atención de salud prenatal, postnatal y neonatal, lo mismo que la juventud y altas tasas de analfabetismo de las madres, son todas circunstancias que propician el aumento de la discapacidad y exacerban sus condiciones entre las mujeres jóvenes y los recién nacidos. Se están adoptando medidas destinadas a elevar la edad legal mínima para casarse, y a impartir a las madres jóvenes capacitación en salud y nutrición, particularmente en las comunidades rurales y más pobres.

Así y todo, sin duda no es una exageración señalar que aún queda muchísimo por hacer en el área de la prevención.

Situación en la región

Históricamente, el grado de discriminación y marginación que han sufrido las personas con discapacidades que viven en la región árabe no es ni mayor ni menor que el experimentado por los discapacitados en todo el mundo. En general, los servicios y la asistencia para personas con discapacidades estaban inspirados por la piedad y la caridad, y eran prestados mayoritariamente por instituciones y organizaciones de tipo religioso. El enfoque basado en los derechos para atender las necesidades de los discapacitados comenzó a aplicarse en el Programa de Acción Mundial para los Impedidos,3 que fue aprobado por la Asamblea General en 1982.

Las Normas Uniformes sobre la Igualdad de Oportunidades para las Personas con Discapacidades fueron propuestas una década después y aprobadas unánimemente por la Asamblea General, que declaró el compromiso moral y político del mundo con los problemas de los discapacitados. Desgraciadamente, como reveló la Encuesta Mundial, doce años después de aprobadas las Normas Uniformes, ningún país ha logrado todavía aplicarlas plenamente.

Asimismo, según las conclusiones de la Encuesta, que fue respondida por 18 de los 22 países árabes, los gobiernos de la región aún tienen que afrontar algunos desafíos básicos con respecto a la implementa-ción de las Normas Uniformes. Entre ellos se incluyen crear conciencia pública sobre las causas y la prevención de la discapacidad, como también sobre el potencial y los derechos de las personas discapacitadas; aprobar una legislación sobre la materia; recopilar y emplear información y estadísticas sobre la discapacidad; respaldar a las organizaciones de discapacitados, y garantizar su representación; crear un entorno físico accesible.

Uno de los principales desafíos que se plantean cuando se procura que se reconozcan los derechos de los discapacitados, es que se reconozca la d iscapacidad propiamente tal. Si no se dispone de datos precisos y confiables con respecto a la magnitud, el alcance, los tipos, la prevalencia y las causas de la discapacidad, no puede haber servicios ni programas adecuados, y tampoco se puede responder apropiadamente a las necesidades.

El hecho de que exista una correlación directa y evidente entre el nivel de desarrollo de un país y los porcentajes de discapacidad notificados resulta acaso revelador. Mientras que para los países europeos el porcentaje de personas discapacitadas alcanza los dos dígitos, en los países árabes esa cifra se sitúa invariablemente por debajo del 5%.

Considerando todos los factores —ya mencionados— que causan discapacidad en la región, esos porcentajes sin duda no son realistas y no reflejan la verdadera situación. Por tanto, sólo puedo concluir que lo anterior es una señal de la renuencia de los funcionarios gubernamentales a admitir la discapacidad como un problema que requiere atención social y estatal. En cierto modo, equivale a «vivir en la negación». Resulta más fácil negar la existencia de un problema que tener que afrontarlo.

Las sociedades árabes están orientadas hacia la familia y la comunidad, a diferencia de la naturaleza individualista de la mayoría de las sociedades occidentales. Existe en aquéllas, por consiguiente, la firme convicción de que «la gente debe ocuparse de sus asuntos» en lugar de delegar esa responsabilidad en el Gobierno. Este credo, la estructura familiar ampliada y unida por estrechos lazos, junto con la falta de apoyo gubernamental y de una base organizativa e institucional para prestar servicios, conduce a una suerte de integración forzosa de las personas discapacitadas, la cual no es respaldada por un entorno físico accesible o por servicios específicos.

Dicho lo anterior, debo subrayar que este tipo de integración no se basa en los derechos y tampoco responde a las iniciativas que promueven la igualdad. Es la única alternativa al aislamiento y la marginación. No es consecuencia del reconocimiento de las necesidades, del potencial y de las aptitudes de las personas discapacitadas para contribuir en igualdad de condiciones a la sociedad. Las más de las veces se trata de esfuerzos independientes realizados por una familia que cuenta con recursos financieros, y por la propia persona discapacitada, para derribar las barreras y superar los obstáculos, sean ellos sociales, físicos, ambientales o psicológicos.

La condición general de las personas discapacitadas en las sociedades árabes es la invisibilidad. En particular, las personas con discapacidades intelectuales, psicológicas o de desarrollo son consideradas un motivo de vergüenza y una carga para su familia, situación que afecta más que a nadie a las mujeres discapacitadas. Si en otras partes del mundo las mujeres discapacitadas sufren una doble discriminación, basada por un lado en su género y por otro en su discapacidad, entonces no resulta aventurado afirmar, si tal cosa es posible, que en la región árabe las mujeres discapacitadas padecen una triple discriminación.

Pese a que, por lo general, en el Mundo Árabe la condición de la mujer varía de un país a otro, el mayor o menor grado de marginación es un tema común a todos ellos. En países más pobres o en comunidades más conservadoras esta marginación es más profunda y más difícil de combatir.

Como mujeres son segregadas de la sociedad masculina, pero como mujeres discapacitadas son también aisladas de la vida de las demás mujeres. Para todos los fines y propósitos, son invisibles; sus problemas reciben escasa o nula atención; y existen muy pocos programas orientados específicamente a ellas. En una estructura social dominada por los hombres, en el mejor de los casos, las mujeres discapacitadas no tienen posibilidades de rehabilitación, educación y accesibilidad, y tampoco pueden disfrutar de muchos servicios disponibles para los hombres discapacitados.

En las comunidades donde la condición de la mujer depende de si consigue «un matrimonio conveniente», y de si es «una buena esposa» y «una buena madre», las mujeres discapacitadas llevan las de perder, pues son consideradas incasables, y sus hermanos y hermanas no discapacitados también suelen ser no considerados para un posible matrimonio, por razones de asociación.

Por lo general, las mujeres con discapacidades están mucho más expuestas a la violencia y los abusos sexuales. En el Párrafo 152 del reciente informe del Secretario General de las Naciones Unidas sobre violencia contra la mujer,4 publicado en octubre de 2006, se señala que:

«Las mujeres con discapacidades pueden sufrir actos de violencia (…) en sus hogares o en instituciones por miembros de la familia, por personas encargadas de su cuidado o por extraños».

Se expresa, asimismo que según encuestas e investigaciones

«más de la mitad de las mujeres con discapacidades han sufrido abusos físicos, en comparación con la tercera parte de las mujeres no discapacitadas».

Lo anterior también ocurre en algunos países de la región. Existen otras formas de abuso de mujeres y niñas con discapacidades. Las niñas que viven en comunidades afectadas por la pobreza, particularmente en áreas rurales, y que sufren una leve discapacidad intelectual o de desarrollo, suelen ser enviadas a desempeñar labores domésticas, y en su trabajo son sometidas, en los casos menos severos, a abuso verbal con relación a su discapacidad.

Las mujeres con discapacidades que viven en la región carecen de organizaciones que las respalden y atiendan sus necesidades específicas como mujeres y como personas discapacitadas. Al mismo tiempo, se encuentran fuera del movimiento por los derechos de la mujer, que está creciendo de manera exponencial en la región. A nivel social están situadas en una zona gris. Durante los dos últimos años se han emprendido iniciativas fomentadas y promovidas por la Oficina del Relator Especial, que han comenzado por facilitar un foro para que las mujeres de la región den a conocer sus experiencias, identifiquen sus necesidades, tomen conciencia de sus derechos, y se movilicen y organicen por su cuenta.

Otro desafío que afronta la región tiene que ver con la educación de niños, niñas y adultos con discapacidades. Las investigaciones llevadas a cabo por la Oficina del Relator Especial han revelado que los niños y niñas con discapacidades no son integrados al sistema educacional predominante en la región. No se les ha facilitado el acceso a las escuelas, y tampoco existe material didáctico en formatos apropiados para ellos. Asimismo, la formación de maestros de educación especial es relativamente escasa. Aun cuando las tasas de analfabetismo varían considerablemente de un país a otro, la UNESCO ha determinado que, para la región en su conjunto, esa cifra asciende al 46% en el caso de las mujeres, y al 25% en el de los hombres.5 No sería exagerado señalar que la falta de oportunidades de educación para las personas con discapacidades contribuye a los altos porcentajes de analfabetismo observados en la región.

No hace mucho se me hizo presente que disponer de servicios de interpretación del lenguaje mímico constituía un importante desafío para las personas sordas en la Región Árabe. Los niños, niñas y adultos sordos están siendo privados de su derecho a la educación debido a la falta de servicios de interpretación en las escuelas y en las instituciones de educación superior. En una iniciativa conjunta con el gobierno finlandés y la Federación Mundial de Personas Sordas, he puesto en marcha un proyecto piloto destinado a evaluar las necesidades y explorar los medios para satisfacerlas mediante la capacitación de maestros, intérpretes y trabajadores comunitarios, y la difusión masiva de materiales de formación basados en el lenguaje mímico.

También se están realizando esfuerzos para consolidary respaldar las organizaciones de la sociedad civil en el Mundo Árabe, como también para fomentar sus capacidades. Sobre la base de los resultados de la Encuesta Mundial, he llegado a la conclusión de que ello ha ocurrido especialmente en el caso de las organizaciones de personas discapacitadas (OPD). Al comparar las respuestas de los gobiernos y de las OPD a preguntas relativas a la existencia de servicios, nos sorprendió descubrir que, al contrario de las respuestas provenientes de otras regiones, las OPD árabes notificaron excesivamente la existencia servicios, mientras que por el lado de los gobiernos la notificación fue incompleta. Ello puede ser un reflejo de los sistemas políticos en que operan esas OPD. Sin embargo, también puede revelar una inmadurez de parte de la sociedad civil: en muchos países las organizaciones civiles y no gubernamentales han sido creadas en una época relativamente reciente. También podría indicar que la ausencia de datos confiables y estadísticas precisas en la región ha sesgado las percepciones de las organizaciones de personas discapacitadas.

Cualquiera que sea el caso, y en definitiva tal vez se trate de una combinación de todos esos factores (la falta de recursos, la falta de reconocimiento y creación de conciencia, los sistemas políticos restrictivos y los niveles de desarrollo social y económico), las personas discapacitadas que viven en la región árabe afrontan numerosos desafíos.

Si me preguntaran cuál es, a mi juicio, el mayor desafío que encara la discapacidad en la región, tendría que decir que es la falta de conciencia de los derechos de las personas discapacitadas, a lo cual se suma la ausencia de legislaciones claras y aplicables que protejan esos derechos. Este es, en mi opinión, el factor que fomenta más directamente las actitudes sociales que se suele adoptar hacia las personas discapacitadas.

Las personas con discapacidades son motivo de vergüenza, una carga financiera, e incluso son consideradas una maldición que ha caído sobre su familia; las palabras usadas para describir o denotar la discapacidad son despectivas y peyorativas; las personas suelen ser identificadas por su discapacidad, o bien ésta pasa a reemplazar su nombre de pila. En el lenguaje coloquial, las palabras que designan diversos tipos de discapacidad han llegado a transformarse en insultos de uso común. Esas actitudes ya no son tan frecuentes como solían serlo hace alrededor de una década, pero se siguen adoptando y constituyen la base de una agenda destinada a crear conciencia en la región árabe.

Es importante observar que esas actitudes no se originan en las creencias religiosas islámicas. De hecho, en el Corán son muy escasas las referencias a la discapacidad propiamente tal. Las alusiones a discapacidades —como la ceguera o la sordera— en el Corán tienen un carácter figurativo (por ejemplo, la ceguera del corazón, o hacerse el sordo ante las enseñanzas divinas). De acuerdo con el especialista en islam jeque Isse A. Musse, del Consejo Islámico de Victoria,

«el islam ve la discapacidad como una condición moralmente neutral. No es considerada ni una bendición ni una maldición. A todas luces, la discapacidad es, por tanto, aceptada como parte inevitable de la condición humana. Se trata simplemente de una realidad de la vida que ha de ser afrontada apropiadamente por la sociedad de la época».6

Como Relatora Especial sobre Discapacidad, y como mujer de la región árabe que profesa la fe islámica, esas declaraciones emitidas por prominentes estudiosos del islam me han sido de enorme utilidad al abogar por los derechos de las personas con discapacidades. En sociedades tan profundamente religiosas como las de la región es importante utilizar las herramientas de sus creencias a fin de modificar las actitudes sociales y reemplazar la discriminación por la aceptación. Lo anterior viene especialmente al caso cuando nos referimos a las obligaciones de la sociedad con las personas discapacitadas y a las adaptaciones que es preciso realizar para lograr su plena participación en todos los aspectos de la vida.

Durante los últimos tres años le he encargado a un grupo de jóvenes cineastas que filmen spots televisivos para crear conciencia pública, en los que se destaquen el potencial y las aptitudes de las personas discapacitadas y se subrayen las prácticas que les impiden desarrollarlos plenamente. La última de esas producciones ha sido un rap en árabe titulado «Difference is Natural» («La diferencia es natural»)7 interpretado por jóvenes que sufren distintos tipos de discapacidad, y en el cual participa un conocido rapero árabe. El videoclip comenzó a ser transmitido por los canales de televisión árabe el 1 de noviembre de 2006, y también fue difundido por canales dedicados a la música pop y a la cultura popular juvenil.

Fuera de crear conciencia en los jóvenes y la sociedad en general acerca de los derechos de los discapacitados, otro factor clave para mejorar la situación consiste en redactar, fortalecer, promulgar y aplicar legislaciones que se basen en el principio de igualdad de oportunidades, y que aspiren a lograr la plena participación de las personas discapacitadas en la sociedad. Una vez más, se están realizando esfuerzos en ese sentido a través de simposios organizados por la Oficina del Relator Especial y la Unión Parlamentaria Árabe a fin de aumentar la conciencia entre los legisladores y mejorar su aptitud para legislar y proteger los derechos de personas con discapacidades. Los parlamentos árabes y los consejos legislativos han demostrado una gran receptividad hacia los simposios, los cuales reúnen a personas con discapacidades, a las organizaciones que las representan y a miembros del parlamento, para que se consagren durante dos días a jornadas de diálogos y análisis estructurados en torno a un derecho específico establecido por las normas uniformes.

Un área más difícil de abordar, pese a que en términos generales ha mejorado la actitud hacia las personas discapacitadas, es el estigma que rodea las discapacidades psicológicas. Esta situación, se sabe, no es privativa de la región árabe, pues los resultados de la Encuesta Mundial indican que en menos del 30% de los países se toman en consideración las necesidades, los requisitos y los servicios para personas con discapacidades psicosociales. Incluso al interior del propio movimiento por los discapacitados el reconocimiento de dichos impedimentos ha sido un proceso paulatino.

No obstante, como señalé al comienzo, el movimiento por los discapacitados atraviesa una etapa muy interesante en todo el mundo, y la región árabe no es la excepción. Los movimientos mundiales para la defensa de los derechos, cuyos esfuerzos están ejemplificados por la redacción y aprobación de la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidades, han influido poderosamente en la discusión de temas relativos a la discapacidad en el mundo árabe, y hay diversos motivos que me llevan a pensar que el panorama futuro para las personas con discapacidades en la región es alentador.

El proceso de redacción contribuyó enormemente a incorporar en las agendas los temas relativos a la discapacidad y a proporcionar un foro para un debate general en torno a esos asuntos. También fue de utilidad para definir el papel de las organizaciones de personas discapacitadas, y para fortalecer las iniciativas de activismo y promoción de intereses emprendidas por los propios discapacitados.

No abstante la región árabe fue la última en adoptar el Decenio de las Personas con Discapacidades (2004), logró utilizar gran parte de la experiencia y las lecciones aprendidas de los Decenios de África, Asia y Latinoamérica. También supo aprovechar adecuadamente el impulso creado por la redacción de la Convención.

La Encuesta Global, respondida por la mayoría de los países árabes, será igualmente una herramienta muy útil para identificar los problemas y las deficiencias, y para definir estrategias de respuesta. Asimismo, permitirá que las organizaciones de personas discapacitadas de la región lleguen a percibir más claramente, y a focalizar con mayor exactitud, sus iniciativas de promoción.

Por último, una de las principales razones en que se funda mi optimismo respecto de los problemas y los derechos de las personas con discapacidades en la región, es el creciente interés en estos asuntos manifestado por los medios de difusión y los funcionarios gubernamentales. Esa actitud ha sido influenciada, sin duda, por la labor internacional que se ha estado realizando en cuanto a la redacción de la Convención, y por la conciencia que ella ha creado en todo el mundo. Otro factor que ha contribuido ha sido el nombramiento de un Relator Especial sobre Discapacidad para la región, lo cual ha servido de estímulo para que la región lleve a la práctica sus buenas intenciones y cumpla efectivamente sus obligaciones políticas y morales para con las personas discapacitadas.

Notas

1

Arabia Saudita

Kuwait

Siria

Argelia

Líbano

Somalia     

Bahrein

Libia

Sudán

Comoros

Marruecos   

Túnez

Egipto

Mauritania

Yemén

Emiratos Árabes Unidos

Omán

Yibuti

Irak 

Palestina


Jordania

 Qatar

 


2  El cuestionario fue enviado a un organismo gubernamental y a dos organizaciones de personas discapacitadas en cada uno de los 192 estados miembros de las Naciones Unidas. Se recibieron respuestas de 114 países.

3  Programa de Acción Mundial para los Impedidos A/RES/37/52 www.un.org esa/socdev/enable/diswps00.htm

4  «Estudio a fondo sobre todas las formas de violencia contra la mujer», Informe del Secretario General, sexagésimo primer período de sesiones de la Asamblea General, 2006, Tema 60 a) sobre adelanto de la mujer, página 53, párrafo 152.

5  Illiteracy in the Arab World («Analfabetismo en el Mundo Árabe»), Hassan R. Ham-mound, Beirut, Líbano, 2005. Ver también Educación de Adultos y Desarrollo, 66, 2006, pp. 95.

6  Disability: An Islamic Insight (Discapacidad: Una percepción islámica»), jeque Isse A. Musse, imán, Consejo Islámico de Victoria, www.icv.org.au/disabilityarti-cle.shtml 

7  Este videoclip fue editado en CD con subtítulos en inglés en diciembre de 2006.