Michael Samlowski

La contribución que sigue es una presentación hecha en Montevideo el 26 de junio de 2006 en el curso de un seminario sobre "Educación y Ciudadanía de Jóvenes y Adultos". El seminario fue organizado conjuntamente por el Consejo Internacional de Educación de Adultos (CIEA) y el Ministerio de Educación y Cultura del Uruguay. Esas palabras de apertura expresaban ideas generadas con ocasión de un evento de mayor envergadura que en aquel momento capturaba la atención del mundo. Éste puede ser sustituido por cualquier otro evento actual de importancia vagamente similar, y la analogía se mantendrá vigente. El Dr. Michael Samlowski es Director Suplente de dvv international. El texto se publicó por primera vez en Convergence Vol. XXXIX, Nrs. 2-3, 2006.

Cooperación y cabildeo a favor de la Educación de Adultos

Saludos desde Alemania. Saludos desde un país que ustedes no podrían reconocer. Un país que está viviendo una oleada de euforia y de orgullo germánico. Los colores negro, rojo y amarillo flamean por todas partes, en los vehículos, en el frontis de las casas, en balcones, rostros, barbas, pelucas, colgaduras, causando un debate nacional acerca de si esta demostración omnipresente de amor por los colores alemanes todavía se puede o no considerar como una expresión inocente de patriotismo local, o si constituye ya una exaltación nacionalista similar a aquella que precipitó a Alemania y a sus víctimas en el desastre más grande que jamás haya visto el mundo. El fútbol es el tópico número uno en todos los medios, en las calles, en las conversaciones. El Parlamento alemán enfrenta una legislatura complicada y controvertida, ya que sus parlamentarios están más interesados en los próximos partidos de fútbol que en los duelos verbales con sus adversarios políticos sobre problemas que en verdad no les llegan al corazón. Las conferencias de prensa ministeriales se cancelan, o al menos se recortan, dado que la prensa no tiene realmente ganas de asistir a ellas, ni de invertir su tiempo en temas que saben no van a atraer el interés de sus lectores. A la señora Canciller de Alemania, Ángela Merkel, se la ve más en los estadios, abrazando al indiscutido emperador del fútbol alemán Franz Beckenbauer, que en sesiones del gobierno. Difícil olvidar cómo la expresión de su rostro perdió todo vestigio de control después de que Alemania anotara frente a Polonia en el minuto 91, arrebatando una feliz victoria, mientras su par polaco, que estaba sentado a su derecha, no parecía acabar de comprender la situación. Pero por supuesto no fue Lech Kaczinski el único jefe de estado que llegó a Alemania desde el exterior para aclamar al equipo de su país. Ahí estaban el Presidente de Italia, el Primer Ministro británico, el Presidente de Francia, tenía que llegar el ex Presidente Clinton, y también el Secretario General de Naciones Unidas. El Presidente de Alemania estuvo atendiendo a todos en todo momento, y parece que el Papa fue el único que se hizo echar de menos, pese a sus orígenes alemanes.

¿Es ésta una espontánea erupción de alegría, emotividad e interés público? ¡Por supuesto que no! Nadie puede suponer que millones de personas comunes espontáneamente se pinten los rostros o enarbolen banderas en el frontis de sus casas. Es evidente que aquí está en acción una enorme máquina de cabildeo que busca crear un omnipresente fervor futbolístico. Hay un poderosos jugador global, la FIFA, que monopoliza la venta de entradas, los derechos de prensa y televisión, los logos y atavíos, que concede o rechaza licencias a empresas comerciales para que vendan sus mercaderías en el contexto del Campeonato Mundial, hasta el extremo de que en los estadios oficiales de fútbol se prohibió la venta de las marcas tradicionales de cerveza alemana porque la FIFA había cerrado un contrato de monopolio con la compañía norteamericana Budweiser. Un grupo de fanáticos del fútbol holandés, que por una u otra razón ostentaban en sus buzos deportivos el logo de una determinada cervecería y pretendían entrar al estadio para asistir a un partido, fueron obligados a quitarse esas prendas ya que no eran compatibles con las políticas comerciales de la FIFA. Pero no se trata solamente de la FIFA. Se trata de un poderoso conjunto de asociaciones nacionales. En Alemania la asociación nacional de fútbol tiene más miembros que cualquier otra, con la única excepción de la ADAC, la asociación de conductores de vehículos.

Luego están los grandes clubes, el Manchester, el Barcelona, el Milán, el Madrid, el Chelsea, algunos de los cuales constituyen el hobby de algún billonario, otros son propietarios o socios de empresas cuyos activos fijos, los jugadores, están ahí para ganar o perder valores de mercado como resultado de su desempeño durante el campeonato. Se acumulan enormes sumas de dinero mediante la televisión y los derechos de transmisión de las gigantescas corporaciones mediáticas; Adidas, Nike y Puma están compitiendo por sus respectivas tajadas en el mercado global de la ropa deportiva, e incluso las empresas textiles están obteniendo beneficios imprevistos por la confección de banderas y fantásticas vestimentas en los diferentes colores nacionales con cuya exhibición los fanáticos parecen disfrutar antes, durante y después de los partidos. Y por supuesto los políticos también se afanan por sacar partido exponiéndose al público y mostrando cómo comparten las emociones de su electorado y son entendidos en los detalles del deporte más popular del planeta. A nadie parece darle pena que hagan el ridículo a los ojos de aquellos que creen que el fútbol no es más que un deporte desacreditado, por sus jugadores groseramente sobrepagados y por la exagerada y excesiva importancia que se le atribuye. Definitivamente éstos constituyen la minoría.

Dejemos ahora este atractivo campo de diversión, volvamos a nuestras responsabilidades profesionales y parémonos a pensar, sólo por un momento, qué podría suceder con el Campeonato Mundial de Educación de Adultos. ¿Cobertura mediática a lo largo y ancho del mundo? ¿MacDonald's y Burgerking compitiendo por los derechos de comedor? ¿Grandes negocios haciendo cola para no perder la oportunidad de un patrocinio? ¿Candentes emisiones de radio desde los más prometedores eventos de aprendizaje, con montones de información previa incluyendo detalles de las hazañas realizadas por quienes acompañan y apoyan a los/as estudiantes? ¿Jefes de estado que acuden volando con sus grandes planes de gobierno, con la idea de presenciar círculos de estudio y futuros talleres, y hacer la entrega de premios a las mejores y más innovadoras experiencias de aprendizaje? Basta ya, no hay necesidad de más detalles: ¡Nada de eso podría ocurrir! Es una pura utopía, un sueño de sueños, totalmente alejado de la realidad. Y sin embargo, para nuestro desarrollo y el de nuestras comunidades, países y regiones ¿no es el aprendizaje por lo menos tan relevante como el fútbol?

Puede que se trate de un tópico demasiado corriente como para atraer cualquier tipo de atención. En realidad la educación de adultos, en lugar de concitar el interés y la preocupación generales, tiende a ser olvidada tanto en el discurso público como en los presupuestos y suministros. Para nosotros, los educadores/as de adultos, la preocupación permanente es hacer que las oportunidades de aprendizaje para la población adulta de nuestros países se mantenga en la agenda de los compromisos públicos en vez de desaparecer completamente de los mismos. Intentamos frenar la tendencia a recortar cada vez más los presupuestos públicos para la provisión de educación de adultos, tendencia que va vaciando cada vez más la sustancia de este derecho humano que es respetado en locuaces declaraciones pero pasado por alto en la ejecución de la administración pública. Intentamos conseguir que quienes toman decisiones nos oigan proclamar que las oportunidades de educación de adultos no deben quedar libradas a las fuerzas del libre mercado sino que requieren el patrocinio y la asistencia de la comunidad pública, a fin de salvaguardar la inclusión social y prestar atención a aquellos miembros de nuestra sociedad que se están quedando rezagados, que se afanan por el curso de sus vidas contra todo tipo de obstáculos de los que casi nunca son culpables, y cuya posición en la sociedad está al margen de la corriente principal. Nos esforzamos por hacer que la gente vea que el valor del aprendizaje está demasiado estrechamente definido por propósitos particulares, como ser un puesto de trabajo o la adquisición de determinadas destrezas que se requieren para ciertas operaciones que son de utilidad para el desarrollo económico. En lugar de eso quisiéramos que compartan nuestra convicción de que el aprendizaje es una parte integrante de la naturaleza humana, un valor en sí mismo, esencial para la felicidad y la realización de las personas, vital para el desarrollo y conservación de la plena capacidad sensorial e intelectual de las personas —más allá de la envergadura y antigüedad de la actividad económica de las mismas—, necesario para mantener despierto el interés por lo que está ocurriendo con ellas y su entorno, para su preocupación y compromiso con su propio bienestar y el de sus vecinos, para su participación en la gestión de sus barrios, de sus comunidades, de sus países y del mundo entero, en resumen para el ejercicio de una ciudadanía y democracia activas. En esa misma línea queremos enfatizar la obligación que tienen los estados y sus administraciones de salvaguardar los intereses de todos sus ciudadanos/as y no limitarse a garantizar la prosperidad de los accionistas y promover los intereses empresariales, regulando su competitividad bajo las condiciones del mercado global.

Lamentablemente descubrimos una y otra vez que nuestras convicciones no están de moda, que estamos nadando contra la corriente, que los comisarios de los presupuestos públicos locales, nacionales y globales mantienen sus bolsas amarradas con fuertes nudos cuando se trata de financiar la educación de adultos. La amplia investigación que permite comprobar los beneficios que tienen las permanentes actividades de aprendizaje, tanto para los/as estudiantes individuales como para la sociedad en su conjunto, no parece ejercer influencia alguna en el debate público. La educación en general está retrocediendo en el ranking de las prioridades políticas, y la educación de adultos casi nunca es tema de discusión. En el debate global sobre educación, tal como se refleja en la iniciativa de «Educación Para Todos» de la UNESCO y del Banco Mundial, todo gira en torno a la educación básica tal como es suministrada por la escuela formal. Y esto a su vez regula las prioridades nacionales de los países cuyos presupuestos educativos dependen de los créditos internacionales. La provisión de educación de adultos casi nunca destaca entre sus prioridades, y consiguientemente casi nunca recibe ningún tipo de financiación de parte de donantes bilaterales, del Banco Mundial o de los bancos de desarrollo regional.

En los niveles regional o nacional la cosa no es diferente. Echemos una mirada a mi país, Alemania, como un caso puntual. En lo que se refiere a políticas de cooperación internacional, a causa de la llamada transparencia, y de la eficiencia sinérgica, todo sigue un patrón de segmentación que a primera vista parece basarse en un examen técnico imparcial, pero que un análisis más cercano permite calificar de altamente arbitrario: Para cada continente tenemos una lista de países prioritarios que son elegibles para la cooperación —dejando al mismo tiempo a los demás como no elegibles— y para cada país hay otra lista de prioridades temáticas. Ciertamente no resulta tarea fácil entender por qué el desarrollo de una economía de mercado debería ser digna de prioridad en Paraguay y no en Bolivia, o viceversa. A pesar de todo se aplica esa segmentación, e incluso las instituciones de cooperación no gubernamentales, como es el caso de dvv international que yo represento, no están exentas de tales prescripciones políticas.

En lo que alcanzo a recordar, y es ya mucho tiempo, DVV International ha recibido recursos del Ministerio de Relaciones Exteriores alemán para facilitar el intercambio profesional entre representantes de los centros alemanes de educación de adultos, las universidades populares, y colegas de otros países de Europa y de todo el mundo, sobre una base de reciprocidad. El monto del apoyo económico nunca fue muy considerable, pero fue vital para abrir la visión de la educación de adultos alemana a los procesos de desarrollo de otros países, y también para hacer que intercambiemos nuestras experiencias y logros con nuestros colegas de otros países. Nos ha permitido mantener lazos con colegas de países socialistas precisamente en el tiempo de la división ideológica de Europa y del mundo, a partir de los cuales fuimos capaces de construir fuertes relaciones de asociación después de que se levantara el Telón de Acero y se abriera un nuevo capítulo de relaciones de vecindad. La cooperación y el intercambio profesional eran bienvenidos y estaban incluidos en prácticamente todos los convenios culturales bilaterales que se establecieron entre Alemania y la mayor parte de los países del mundo como una base para la cooperación y el intercambio en las áreas de educación, ciencia, investigación y cultura. La educación de adultos, junto al intercambio universitario, los cursos de idiomas y los eventos culturales, quedó bien establecida como un elemento de la política exterior alemana en el campo de la cultura.

En los últimos tiempos, sin embargo, en nuestras discusiones periódicas con el Ministerio de Relaciones Exteriores, se nos dijo que la educación de adultos, tras una evaluación externa de su perfil, encargadaporel Ministro, no figura como una prioridad dentro de la política cultural exterior, y que en consecuencia, en tiempos de restricciones financieras no va a recibir financiación durante mucho tiempo. Si se considera que la financiación del intercambio de educación de adultos significaba en el pasado alrededor del 0,05 % del presupuesto del Ministerio de Relaciones Exteriores, la validez de dicho razonamiento resulta muy poco convincente. Lo que simplemente ocurre, como lo planteó un funcionario de Relaciones Exteriores, es que la educación de adultos «no es sexy». En lo sucesivo la política exterior de Alemania en el campo de la cultura tendrá en cuenta

  • intercambios universitarios
  • investigación
  • cursos en lengua alemana, pero sólo en niveles elementales
  • actividades teatrales y musicales, y exposiciones artísticas, pero con reducciones anuales

La educación de adultos desaparecerá de la agenda. Esto significa también que el énfasis descansará en áreas que son predominantemente accesibles a las élites de los países asociados. Hay en estas prioridades un fuerte elemento de exclusión social.

La misma tendencia está vigente para las políticas educativas internas. El Ministerio Federal de Educación y Ciencia acaba de constituir un equipo de expertos para que diseñen las líneas maestras de las futuras inversiones en educación. La recomendación clave para este grupo de expertos en educación de adultos es que el gasto público en educación de adultos debe restringirse a aquellas áreas que sirven al interés público nacional. Lo que nos queda a nosotros es especular sobre cuáles son los tipos de áreas de aprendizaje que podrían estar al servicio del interés público nacional y por qué, y cuáles son las razones para que otras áreas queden excluidas. Pero estamos en condiciones de decir, sin peligro de equivocarnos, que sólo recibirán patrocinio público la capacitación y recapacitación profesional, y quizás también los cursos de idiomas para migrantes, todo ello en atención a la problemática del empleo y de la competitividad, dejando a la iniciativa individual todas las demás actividades de aprendizaje que estarían disponibles a precios de costo y con la introducción de algunos instrumentos de fomento, como la reducción de tasas para las cuentas de ahorro individual que vayan a cubrir gastos de educación de adultos, en tanto futuros instrumentos que estimularían dicha educación.

El carácter de estas recomendaciones, que hacen énfasis en la iniciativa privada y la responsabilidad individual de cara a la prosperidad futura, están en sintonía con los dictados básicos de la economía de mercado neoliberal. Van de la mano con la reducción de políticas públicas de seguridad social, la mayor participación de la población en los costos de atención de salud, la degradación de las regulaciones de las pensiones públicas de manera que cubran solamente un mínimo indispensable, dejando el resto a los planes individuales de ahorro. En lo esencial son recomendaciones socialmente excluyentes, pero al adoptarlas se liberaría al estado de la carga que significan los gastos sociales, se permitiría un beneficio impositivo para los intereses corporativos, se mercantilizaría lo que antes eran servicios públicos y se restringiría el compromiso del estado de cubrir la mayor parte de las descaradas consecuencias sociales que resultan del libre imperio que ejercen los poderes del mercado global.

En el nivel de la Unión Europea encontramos una corroboración de las mismas tendencias. Los documentos sobre políticas educativas son ciertamente dignos de leerse, y la educación de adultos parece estar a salvo como un elemento integral del Aprendizaje de por Vida, e incluso se le reconoce un apoyo a través de una de las líneas de financiación educativa por parte de la Comisión Europea. Pero cuidado, no hay motivo para alegrarse más de la cuenta. Si echamos una mirada a los montos disponibles, encontraremos que la Unión Europea desembolsa cada año alrededor de 40 a 50 millones de euros en patrocinar actividades transnacionales de educación de adultos, lo que no significa ni siquiera 20 centavos per cápita para la población europea que puede considerarse destinataria. Y mientras las poderosas asociaciones de defensa de la empresa, la ciencia y la investigación invierten millones en propagandizar sus intereses, las asociaciones europeas de educación de adultos reciben una subvención de alrededor de 50 mil euros, lo que no llega a cubrir los salarios de un equipo único de profesionales, y obliga a vender servicios para recaudar el mínimo que se requiere para mantener una pequeña oficina en Bruselas. Al ICAE esta situación presupuestaria sólo puede resultarle demasiado familiar.

Como educadores/as de adultos no representamos un campo atractivo; de una u otra manera estamos comprometidos con los intereses de los sectores marginados y socialmente excluidos de la población. El ponerse al lado de las personas desfavorecidas no convoca amplios intereses ni garantiza apoyo político. La educación de adultos no va a conseguir un gran número de votos para los partidos políticos, de modo que éstos no van a reflexionar sobre sus méritos más allá de unos pocos segundos. Tenemos que presionar a quienes toman decisiones y convencerlos de que nuestros argumentos son justos y razonables, y sabemos por experiencia cuán dura es esa tarea. Pese a ser personas inteligentes, con fuertes compromisos y convicciones, no siempre estamos de acuerdo en objetivos, estrategias y procedimientos. No debemos pasar por alto el hecho de que, en cualquier caso, además de compartir el interés por la educación de personas adultas somos competidores, rivalizando entre nosotros mismos por las escasas oportunidades de patrocinio de nuestros proyectos. A pesar de todo me parece evidente que si cooperamos en todos los niveles seremos capaces de lograr algo en beneficio de la educación de adultos. Si vamos solos, persiguiendo cada uno de nosotros sus propias agendas, podemos estar seguros de que quedaremos reducidos a insignificantes ceros.

Y estamos en las mejores condiciones de lograrlo, de conformar alianzas, de asociarnos en todos los diferentes niveles pertinentes, en los ámbitos local, nacional, regional y global. Cierto que hacerlo no es una tarea fácil. Es más difícil que nunca contar con los recursos necesarios para un trabajo asociativo. Casi siempre tenemos que hacer contribuciones que en gran parte proceden de los escasos recursos de nuestra propia organización, y con frecuencia dedicamos también tiempo y energía adicionales a costa de nuestra propia vida. Pero aprendemos a cooperar. Dado que difícilmente se puede imaginar que organizaciones individuales se junten y se afanen por identificar los intereses comunes que deben ser reconocidos en políticas públicas, sin compartir los fines y objetivos de su actual trabajo fáctico, también estamos aprendiendo a reunirnos y a cooperar en nuestros programas y actividades. En Europa hemos recorrido un buen trecho en este camino. Debido en parte a las estipulaciones de la financiación europea para proyectos pertenecientes al campo de la educación de adultos, la mayor parte de las demás organizaciones educativas relevantes de los países miembros de la Unión Europea han acumulado cierta experiencia en avanzar junto con organizaciones amigas de otros países europeos en la ejecución de proyectos innovadores. Los resultados no siempre pueden ser lo suficientemente significativos como para estremecer el mundo, pero los y las participantes, de manera casi invariable, descubren valores adicionales gracias a los estrechos contactos de trabajo con colegas de otros países con los que se han encontrado en el proceso de llevar a cabo las actividades de sus proyectos. Se han visto enriquecidos por la diversidad de los diferentes enfoques y puntos de vista respecto de objetivos compartidos, y se han sentido fortalecidos en su convicción de que hay un montón de cosas que pueden hacer mejor si caminan juntos.

El Instituto para el que yo trabajo está convencido de los beneficios de la cooperación internacional. De hecho debe su misma existencia a este principio. Su antecedente son las «universidades populares», los centros comunitarios alemanes de educación de adultos. Con el fin de ver representados sus intereses en el campo del reconocimiento político de la importancia vital que tiene la educación de adultos en cuanto responsabilidad del estado, se han asociado en el nivel de los estados alemanes federados llamados «Länder». Estas asociaciones de los diferentes Länder se unieron para conformar una asociación nacional con el fin de trabajar los temas que requerían atención nacional. Esto ocurrió hace más de 50 años, todavía en el tren de una Alemania resurgente que se levantaba de las ruinas de la Segunda Guerra Mundial, y sólo en la parte occidental de esta nación que todavía estuvo dividida por muchos años como amarga consecuencia de aquélla. Muy pronto descubrieron nuestros antecesores que una asociación así requería articulación internacional si de verdad quería cumplir su función de apoyar a las instituciones alemanas de educación permanente en la vía de conquistar el respeto, la aceptación y en último término la reintegración a la familia de las instituciones europeas de educación de adultos. Tal fue el comienzo de la creación de una pequeña sección de la asociación, y más tarde de un instituto que actuaría como su criatura para establecer y cultivar las conexiones del intercambio internacional dentro de Europa, y muy pronto también más allá de Europa y a lo largo y ancho del mundo. Encontramos que no siempre es suficiente el intercambio profesional, sino que éste necesita desarrollarse hacia los niveles de apoyo y asistencia, e hicimos gestiones para convencer a nuestro gobierno de que patrocinar la cooperación internacional en el campo de la educación de adultos es una obligación que surge de la solidaridad internacional. Es de todo punto posible que hoy día una iniciativa similar no tuviera tanto éxito. Como término medio Alemania es una sociedad más rica de lo que solía ser. Sin embargo la división entre ricos y pobres se ha ensanchado drásticamente, los costos sociales se han multiplicado y consumen un porcentaje considerable y creciente del gasto público, produciendo la impresión de que el estado está al borde de la bancarrota, y haciendo muy difícil abogar por recursos públicos para nuevos programas de solidaridad.

Dondequiera que estuvimos comprometidos en actividades de cooperación, ya fuera juntamente con instituciones estatales, ya en asociación con iniciativas no gubernamentales, invariablemente fue necesario defender la posición de la educación de adultos y justificar cierto nivel de gasto público para ayudarla. Este trabajo de defensa o cabildeo intrínsecamente forma parte del ejercicio de las demás instituciones y organizaciones educativas, y de sus asociaciones nacionales y regionales, más allá de que estén trabajando en África, en Asia, en América o en Europa. En dvv international hemos visto que el apoyo al progreso de las asociaciones nacionales y regionales de educación de adultos es parte de nuestra tarea de cooperación internacional. El propio DVV International ha sido miembro fundador de la Agencia Europea de Educación de Adultos (European Bureau for Adult Education), que más tarde pasó a ser la Asociación Europea de Educación de Adultos (AEEA), como también del Consejo Internacional de Educación de Adultos (CIEA). En varios programas de cooperación hemos apoyado el nacimiento y las actividades de asociaciones de educación de adultos en diferentes lugares de Europa Central y Oriental. La naturaleza de los recursos que maneja DVV International no permite un compromiso directo de DVV International con el CIEA, pero durante 20 años ha estado apoyando al CEAAL en América Latina, y durante 25 años a la ASPBAE en Asia y el Pacífico. Estamos patrocinando algunas de las actividades de la REPEM, y recientemente hemos invitado a socios de los países mediterráneos de África, Europa y Oriente Medio para planificar el inicio de una Asociación Mediterránea de Educación de Adultos. En casa somos un miembro muy activo de la AEEA.

No se puede hacer el trabajo de cabildeo, a nivel profesional, sin un mínimo de apoyo presupuestario para pagar los gastos de una oficina con personal calificado. Lo sabemos todos, a partir de nuestra propia experiencia cotidiana: Se tiene que recoger, procesar y distribuir información; se tiene que instalar y mantener medios de comunicación; se necesita sostener reuniones con quienes toman decisiones en todos los niveles; se tiene que asistir a conferencias nacionales e internacionales, y se tiene que preparar y evaluar la participación en las mismas; se necesita llevara cabo investigaciones; se necesita elaborar y difundir documentos políticos; se tiene que explorar y negociar entre los miembros los lineamientos y los límites de posibles consensos; constantemente se tiene que establecer contacto con los miembros, así como prestarles servicios donde y cuando sean necesarios; se tiene que preparar meticulosamente asambleas generales, escribir y presentar informes, administrar presupuestos y rendir cuentas de los mismos, y así sucesivamente.

En resumen, se tiene que atender un montón interminable de obligaciones, y sencillamente no se puede esperar resultados de un mero trabajo voluntario realizado por activistas preocupados y comprometidos. En Europa, p.ej., la AEEA nunca pudo ir más allá de respetables y honorables acciones individuales, a veces incluso notables, que incorporaban a sólo unos cuantos miembros clave. Y sólo obtuvo un impacto sostenible, una atención digna de mención, un acceso regular a instancias políticas relevantes, trabajando conexiones con otras asociaciones, y así creció tanto en el número de miembros adscritos como en el sentimiento que éstos adquirieron de pertenencia a la asociación, después de las decisiones vitales que se tomó para recabar, por una u otra vía, recursos suficientes para instalar una pequeña oficina en Bruselas y contratar un profesional como secretario general.

En tiempos en que escasea el dinero no es tarea fácil convencer a los ministros de la Unión Europea de que el trabajo de cabildeo de una asociación profesional nacional o regional no es sólo legítima sino también esencial para la participación y el compromiso de la sociedad civil en el desarrollo de comunidades, países o regiones. A ellos no les gustan los procesos de patrocinio permanentes, que necesitan ser flexibles y adaptables, dado que están abiertos a la participación de sus miembros y de los grupos meta, pero que suponen gastos para costear el personal y el mantenimiento de las oficinas. Detestan los costos institucionales, pero aman las evaluaciones. Prefieren financiar eventos y medidas de categoría estrictamente definida, de corta duración, precisos en la cantidad y envergadura de sus acciones, y acompañados de presupuestos exactos.

Aquellas propuestas que no hayan sido presentadas con un orden esmerado de cuadros y hojas de cálculo, que no contengan un marco lógico de los objetivos, impactos, indicadores y supuestos en que se basan, así como un detallado plan de acción y los montos exactos de recursos y de días de trabajo que se requerirá para cada una de las acciones propuestas, y todo ello clasificado según categorías de personal, tienen escasas probabilidades de ser aprobadas. Pero ¿cómo el trabajo de una asociación de cabildeo puede ajustarse a semejante combinación de cuadros y estructuras?

En DVV International estamos trabajando para lo contrario. Esperamos engranarnos en un proceso constante de comunicación y consulta con nuestros interlocutores en la cooperación, pero seguimos creyendo que se les tiene que permitir que tomen sus propias decisiones respecto de sus planes de acción, y que se les debe ayudar en esos procesos con el espacio y los medios necesarios. Reconocemos a partir de nuestra propia experiencia que el trabajo de cabildeo, como parte integral de la educación de adultos, no puede hacerse sin asistencia y apoyo. Y nos gusta cooperar en esos procesos y comprometernos globalmente, sostenidos por la convicción de que a fin de cuentas nosotros mismos sólo seguiremos siendo útiles si la educación de adultos encuentra las garantías que necesita, el espacio que requiere y el reconocimiento mundial que merece.