Olga Agapova

Precisamente en el trabajo educativo con personas mayores, el método biográfico es un buen instrumento para poner en marcha procesos de aprendizaje, cambiar formas de comportamiento, ver la propia historia y la historia en general desde otro ángulo, y sacar de todo ello consecuencias para el presente. Olga Agapova, Directora de la Oficina de Proyectos de dvv international en San Petersburgo, Rusia, describe los contenidos de dicho método y el papel que puede jugar en la educación de adultos.

El aprendizaje biográfico en la educación de adultos

«A menudo las biografías de las personas eran más interesantes que ellas mismas», opinaba el Premio Nobel de Literatura Josip Brodski en una de sus últimas entrevistas acerca de las personas con que compartió la prisión. Parece que la observación incidental del gran maestro de la literatura refleja uno de los momentos clave del trabajo biográfico como método del quehacer educativo con personas adultas. Existe una determinada discrepancia entre la forma como el ser humano quiere presentarse y su realidad interior. Esta idea no es nueva, está a la vista en el arte, en la filosofía, en la psicología. El único campo donde no se le ha prestado suficiente atención es probablemente la educación de adultos. El análisis de la propia vida, de la historia de la propia familia en el proceso de aprendizaje proporciona un impulso para el autodesarrollo y permite configurar armónicamente la relación de una persona (mayor) con su entorno, definir sus propios recursos interiores y de esa manera esbozar perspectivas y puntos de orientación para un ulterior desarrollo razonable.

Cada persona es única, única es también la historia de su vida y único su destino, de la misma manera que puede ser único el quehacer biográfico. Antiguamente se creía que el aprendizaje biográfico sólo era apropiado para el trabajo educativo con personas de edad avanzada, pero cada vez resultaba más y más claro que las personas jóvenes y de edad media participan con mucho gusto en eventos basados en la aplicación de este método.

En la educación de adultos el método biográfico configura la totalidad de las metodologías activas que hacen posible investigar y captar el curso vital (la biografía) de un ser humano concreto.

Se puede caracterizar una biografía como la historia del desarrollo de una persona, la que se define por la correlación existente entre determinados factores como nacionalidad, entorno, idioma/dialecto, etc. El curso vital de una persona también puede estar influido por parámetros tales como el sentimiento de apego a la propia tierra, el origen, los planes de vida individuales, tal o cual acontecimiento casual. El trabajo con estos «componentes» del destino humano concreto, en el marco de programas educativos, ayuda a entender como un todo la historia de la vida humana.

Estos factores (¡incluida la nacionalidad!), en su acción combinada, en diferentes relaciones, en coincidencia y en conflicto unos con otros, son los que por así decirlo «soportan» a la persona a lo largo de la vida y al mismo tiempo influyen en sus decisiones, acciones y actitudes.

Sin lugar a dudas en el curso de su vida cada ser humano va configurando principios vitales (en situaciones vitales complicadas se puede hacer uso de ellos, a veces se los declara abiertamente, a veces permanecen en la esfera de la intimidad, donde no hay acceso a otras personas). Los principios vitales ayudan a «estructurar» la vida y a comprenderla. La discusión de los principios vitales en diferentes formas del trabajo de grupos ayuda también a entender la propia vida.

En cada vida hay determinados hitos que se perciben como momentos críticos. Éstos pueden guardar relación con determinados acontecimientos de la historia del país o de la vida privada y profesional. Mientras las circunstancias privadas asumen formas diferentes en cada persona, los procesos históricos generales, los acontecimientos cruciales de la historia nacional que se producen durante la vida de una persona individual se materializan como experiencias vitales similares, lo que hace posible reunir en una sola generación a esas personas (con los más diferentes destinos, caracteres y cosmovisiones). Como ejemplo se puede aducir en nuestro país la conocida «Generación de los Sesenta», o en Europa la llamada «generación perdida». La historia de un estado (o de un lapso de tiempo determinado) aparece en este caso como un peculiar «dictador» de un destino concreto. Por otra parte no se puede adscribir completamente a una persona a una determinada generación solamente sobre la base de su edad, ya que ello podría conducir a diferentes dificultades relacionadas con la autopercepción de la personalidad, o por el contrario a una simplificación y empobrecimiento en el proceso de análisis de la propia vida. Las discusiones sobre las diferentes generaciones son también una cara del método biográfico.

La biografía no es lo mismo que el curso vital: la primera es una construcción, una cierta estructura que existe en la conciencia de una persona. Cada parte individual de la historia es un acontecimiento y se caracteriza por un principio y un fin. Además de elementos esenciales (acontecimientos), la biografía contiene también variadas transiciones, puentes, peligros, discrepancias invisibles, obstáculos y «acelerantes». Gracias a estos «elementos auxiliares» la biografía no se descompone en fragmentos individuales sino que por el contrario determina la dirección global de la vida, y al mismo tiempo incluye en la biografía de una persona las historias de otras personas así como otros fenómenos y acontecimientos.

La orientación del trabajo educativo con adultos hacia el método biográfico representa también el establecimiento de construcciones mentales que en su estructura y en el contexto de la situación real vivida en el pasado se manifiestan en el presente.

El método biográfico se basa en recuerdos, es decir en la reproducción mental de un acontecimiento, de un episodio que ha quedado prendido a la memoria. En sentido cultural general los recuerdos cumplen diferentes funciones.

Los recuerdos como ritual: antiguamente una forma dominante de la experiencia comunitaria, algo importante para la identidad comunitaria y la educación tradicional. El contenido de los recuerdos rituales refleja una suerte de norma no escrita, una forma de proceder cuyo objetivo es el mantenimiento de los valores tradicionales. Su principal peculiaridad es la tendencia a la inmutabilidad, a la conservación de esos recuerdos en su forma original.

Los recuerdos como diálogo con el tiempo y con un receptor: la categoría clave para esta función es el tiempo que produce cambios en el ser humano. En la medida en que la persona maneja un mismo acontecimiento, cuenta el mismo hecho o la misma historia de manera diferente. Esto significa que en la conciencia del ser humano el pasado se transforma. Con el paso del tiempo el ser humano va cambiando, y lo que ha vivido es visto cada vez en una nueva perspectiva. Los sucesos vividos son objeto de un «re-ordenamiento», aparecen nuevos acentos y detalles. La relación con el pasado depende también de la situación en que actualmente se encuentra la persona. La posición respecto del pasado (¡y por consiguiente respecto de uno mismo en el pasado y en el presente!) va cambiando según a quién van dirigidos esos recuerdos. En cierto sentido los recuerdos son el producto determinado de un diálogo entre el narrador y quien o quienes lo escuchan. En eso consiste la INTERACTIVIDAD del método biográfico, cuando el proceso de rememoración es construido como un diálogo en el que juegan un papel igualmente activo el narrador y los oyentes, el pasado y el presente, el acontecimiento y un rela-cionamiento dinámico con él. Un abordaje así constituye un trabajo interno esencial de la persona consigo misma, trabajo que demanda honestidad, apertura y disponibilidad para el diálogo.

Los recuerdos como trauma. Es sabido que ni la víctima ni los victimadores quieren recordar aquello que les causaba dolor y que cambió su vida; no quieren que «eso vuelva a salir a flote». Las angustias vividas causan dolor y no dejan a la persona en paz. A veces puede ocurrir que una pregunta sobre la biografía personal planteada de manera directa le ocasionen a la persona interrogada estados dolorosos o emociones negativas. En algunas formas de la psicoterapia esto está permitido, pero en el quehacer educativo con personas mayores se debería hacer lo posible por evitarlo. A pesar de que el pasado pueda contener recuerdos pesados, así como dolores y pérdidas, el participante de edad avanzada tiene que sentirse cómodo y seguro. Durante los primeros encuentros se habla de temas neutrales (de tipo social, cuestiones cotidianas, temas de segundo orden y descriptivos); ellos permiten averiguar los roles que la persona ha jugado antes. En caso de que la conversación se deslice por «terreno riesgoso» se recomienda trabajar con preguntas como «¿Qué es lo que le ayudó a superar la situación»?

En este contexto surge la pregunta acerca del objetivo que tiene en el trabajo educativo el procesamiento mental de la propia biografía. Con la edad, la propia biografía gana en importancia para todas las personas. Surgen preguntas: ¿Por qué se reflexiona cada vez con más frecuencia sobre el pasado? ¿Por qué se compara cada experiencia con lo que ya se ha vivido? ¿Se «incorpora» lo nuevo a lo ya vivido, o no? La disponibilidad para aceptar lo nuevo depende de experiencias anteriores, fijadas en la biografía, e influye en la decisión que toma la persona, en sus intereses, prioridades y valores. Si las impresiones actuales guardan sintonía con el pasado y están vinculadas con emociones o recuerdos positivos del pasado, entonces lo nuevo, el Hoy, es aceptado. Si las experiencias presentes no encuentran resonancia alguna en el pasado, el adulto en el mejor de los casos se queda indiferente, o incluso asume una actitud activamente hostil respecto de las nuevas experiencias. Las experiencias pasadas influyen por tanto en las impresiones y relaciones presentes, y en parte «dictan» el comportamiento. Esto significa que toda experiencia anterior es enemiga de lo nuevo. ¿Cómo se pueden «reconciliar» el ayer y el hoy? ¿Cómo se puede superar esta contradicción? La solución puede consistir en mirar con otros ojos las experiencias pasadas. Las experiencias elaboradas de esa manera y que no se acomodan a las concepciones presentes crean nuevas concepciones, acuñan modos de ver de la persona desde la perspectiva que para ella misma tiene sentido.

También es importante el hecho de que en el marco de las construcciones biográficas se desarrollan los límites internos de lo explicable, mientras que se rechaza todo lo que no se adapta a la propia concepción. A la inversa, aparece habilitado todo lo que, desde el punto de vista de una persona concreta, era importante para la sociedad, lo que formaba parte de las experiencias anteriores o coincide con ellas, lo que puede ser profundizado o ampliado y por lo tanto «se adecua» a la concepción de la vida.

Por tanto el método biográfico es una oportunidad de profundizar y ampliar las experiencias vitales en el camino hacia uno mismo, ya que hace posible la modificación del «ángulo visual»: Uno puede considerarse a sí mismo desde la perspectiva de hace 30 años, con lo que cambia la relación con la situación actual. Uno puede contemplar la situación del pasado desde su posición actual, con lo que aquella aparece a una luz totalmente diferente.

En un proceso así la persona se comporta al mismo tiempo de manera complicada y simple. Absorbe como una esponja no sólo lo hermoso sino también (lo que resulta mucho más simple, accesible y consiguientemente más fácil para la percepción) los clichés variados, las verdades de perogrullo y las opiniones estereotipadas de los que propiamente está «tejida» la cultura de masas. Los estereotipos pueden influir en las ideas que tiene la gente sobre su vida y su destino. Si se reflexiona sobre las dificultades que se presentan en la práctica en el trabajo educativo biográfico, se puede mencionar los siguientes «casos»:

  • Por una parte está la tendencia a provocar el asombro del oyente o lector. Para ello el narrador utiliza todo tipo de «elementos auxiliares», procedimientos pseudos-literarios (grandilocuencias, hipérboles, descripciones superfluas), lo que inevitablemente conduce a la autoadmiración y disminuye el valor de toda la actividad.
  • El problema siguiente, que guarda estrecha relación con la dificultad arriba mencionada, es la utilización de lugares comunes, clichés y estereotipos verbales prestados del periodismo. El uso de «productos» literarios ajenos de ninguna manera es un préstamo intencional; con el paso del tiempo las propias vivencias se cubren con impresiones similares tomadas de otras fuentes. Poco a poco éstas son objeto de apropiación y conducen a la formación de clichés, hasta erizarse de fórmulas previamente adquiridas («nuestra gran patria», «defensa heroica», «valiente trabajo»). De esa manera la narración se convierte en una especie de ritual que se basa en la emisión de generalizaciones y repeticiones que sustituyen la comprensión del pasado y el diálogo vivo con el presente.
  • Un problema importante viene dado por la necesidad de determinar la posición del participante. Más arriba se mencionaba que el método biográfico presupone un diálogo confidencial. Con frecuencia el participante debe desprenderse de sus acostumbrados roles y máscaras, con lo que se coloca en una posición desfavorable e incluso vulnerable. Para los varones rusos de edad avanzada la narración sobre el pasado constituye muchas veces una posibilidad de compensar el disgusto que se siente por la vida presente. La situación que se crea cuando él como narrador ocupa el punto central del interés puede convertirse en una especie de tentación y provocar el deseo de ofrecer una apariencia mejor (¡todavía mejor!), de fundamentar su posición (¡la de entonces y la de ahora!) para al menos parecer diferente. Para los objetivos del trabajo biográfico es importante ocupar la actitud de «ser» en comparación con la de «parecer».  

Los fenómenos mencionados, observados en diferentes grupos, en diferentes regiones y entre diferentes oyentes, peyorizan el sentido del trabajo, convierten el quehacer en un fin en sí mismo (recordar por el mero recordar) y al final pasan a ser barreras en el camino de comprender la propia vida.

Una de las posibilidades de transformar el trabajo biográfico en un instrumento educativo verdaderamente efectivo consiste en el método narrativo.

Se entiende la narrativa1 como el instrumento organizativo y la forma de análisis de las experiencias vitales de una persona, cuyo procesamiento y ordenamiento mental parece responder precisamente a la orientación del trabajo educativo y permite superar las mencionadas dificultades del aprendizaje biográfico.

Es sabido que muchos/as participantes mayores de programas, cursos y talleres educativos comprueban a menudo que para ellos la posibilidad «de hablar con espíritus afines», de «comunicarse con personas que te entienden», de «compartir recuerdos con alguien», viene a ser el valor casi esencial y conductor de esta clase. En dicho proceso se ha podido observar que todo ser humano tiene sus propias historias preferidas acerca de sí mismo, historias que puede contar varias veces y con visible placer sin que por eso pierdan para el propio narrador el encanto, la novedad, la actualidad o el sentido. Pero ocurre también que el mismo suceso nunca es contado de la misma manera: intuitivamente escoge el autor el estilo, la forma de locución y el ritmo; dependiendo de las circunstancias concretas (¡actuales!), se selecciona los detalles y pormenores necesarios, e incluso el tipo de lenguaje.

Esto significa que mientras la persona está contando algo, no sólo presta atención a la secuencia de los sucesos vividos sino que también los interpreta. De esa manera la propia historia es percibida por los demás como algo unitario, algo que existe para los demás en la forma de una historia cerrada (una narración).

En el proceso de transmisión de una historia por parte del narrador, su contenido entra inevitablemente en contacto con todo el complejo de percepción del mundo que tiene el oyente. Sus valores vitales, su experiencia, sus sentimientos del momento, todo eso se incorpora al proceso activo de la elaboración mental de una historia. De esa manera, para una historia aparentemente inmóvil y petrificada, que ha terminado en el pasado, se crea de pronto el espacio necesario para la interpretación, y en consecuencia también para la transformación, en este caso para su enriquecimiento a través de nuevos significados, actitudes y puntos de vista. Poco a poco, por vías indirectas, los participantes llegan a la convicción de que no hay ni puede haber una verdad anquilosada e inamovible; de que el proceso del desarrollo, del dinámico movimiento hacia delante, significa inevitablemente la renuncia a una parte de los antiguos ideales; de que las propias actitudes y convicciones, aun cuando sean firmes y provengan de la propia experiencia, no son las únicas posibles. Así es como el enriquecimiento mutuo y la diversidad en su sentido más amplio crean una riqueza y totalidad de la imagen del mundo que se vuelve más extensa y en consecuencia más armónica.

Para el trabajo educativo con adultos la narración autobiográfica se presenta como un sistema particularmente importante de recuerdos autobiográficos, una construcción de historias y experiencias vitales de una persona que aparece revestida de una peculiar forma de propia presentación.

Cuando alguien empieza a contar su historia, se propone que su narración sea comprensible y aceptada. Por regla general el narrador cuenta con una competencia intuitiva acerca de las reglas estructurales de una narración. Sin tener mucha claridad al respecto, el narrador supone que su historia tiene que ser unitaria y completa (es decir, tiene que tener un principio y un fin, tiene que mantenerse dentro de un mismo estilo, etc.); el narrador entiende también que no puede «abusar» de la atención de sus oyentes (la narración discurre dentro de un tiempo limitado); tiene que seleccionar también los episodios cruciales, los más importantes, sin los cuales la historia es imposible. Y finalmente, dado que está hablando del pasado, aporta detalles y precisiones que aclaran las circunstancias concretas (tiempo, entorno, círculo de participantes, etc.), ya que sin ellas el sentido de la historia resulta incomprensible.

Ninguna historia empieza por sí misma, espontáneamente, de la misma manera que en una conversación amistosa e informal se requiere de un impulso, una «introducción» que despierte el deseo de compartir una historia. En el quehacer educativo con personas mayores se puede proponer para ello los siguientes métodos de trabajo:

  • Formulación de un pensamiento o idea de tipo general (a veces bastante sencilla, casi banal). Caso que ésta resulte comprensible e interesante, y caso de que los interlocutores estén de acuerdo, se despliega entonces, como una ilustración sobre el tema, la narración del participante. A modo de introducción el moderador dice lo siguiente:

    «Es sabido que la piedra fundamental del carácter de las personas se pone en la infancia. ¿Será que ustedes pueden recordar alguna historia de su infancia que haya tenido en ustedes un influjo tan grande que todavía hoy la recuerden? ¿Hubo algún acontecimiento que en opinión de ustedes los ha hecho tal como ahora son»
  • Otra posibilidad es partir del extremo contrario, empleando en el preámbulo un inesperado choque paradójico:

    «Se escucha a menudo que la victoria de 1945, que había sido tan esperada, trajo a los hombres y a las mujeres de la Unión Soviética una felicidad inalterable. ¿Tal vez pueden ustedes recordar algún incidente que hayan vivido como decepción, algún caso que haya quedado en su memoria como algo que contradecía el ambiente de dicha generalizada»?2
     

Por regla general una narración, independientemente del contenido y duración de la misma, contiene los siguientes componentes:3 introducción - orientación (descripción del lugar y el tiempo de la acción, y del círculo temático); situación - circunstancias de la complicación (surgimiento de un obstáculo, giro inesperado de la acción, ruptura de la secuencia); valoración de la situación (suspensión de la acción con el fin de mostrar la tensión/complicación/carácter equívoco de la situación descrita); arreglo (superación del obstáculo) y finalmente conclusión (terminación de la narración, retorno al presente, nexo con el choque introductorio que había sido propuesto al comienzo por el moderador).

El concepto clave para el método narrativo, en el quehacer educativo biográfico, es el «caso», que debe entenderse como un episodio cerrado (una historia concluida) que ha quedado en la memoria y que ocurrió en un determinado período de tiempo y en un determinado espacio de la vida de una persona. El estatus de un acontecimiento4 le es conferido a éste por el mismo narrador; es para él un episodio vivido y cerrado en el pasado pero que internamente está lleno de sentido y de alguna manera «ilumina» su vida posterior (¡de lo contrario no habría quedado marcado en la persona!). Esto quiere decir que dicho acontecimiento hace tiempo que no coincide con aquellas realidades que configuran el curso formal y oficial del curso vital de una persona, lo que la persona presenta como etapas importantes de la vida, como escalones de la socialización. En el trabajo práctico se pone de manifiesto que el bachillerato, el ingreso a la universidad, la boda, la carrera profesional, etc., en absoluto son percibidos por la persona como acontecimientos significativos y determinantes de un destino, mientras que episodios evidentemente privados y de segundo orden (un encuentro casual, una historia «trivial», una conversación a primera vista insignificante, la superación exitosa de un problema cotidiano) influyen en serias decisiones vitales, conducen a esos giros bruscos en la vida de la familia que predestinan el ulterior desarrollo de una persona. Las mismas experiencias vitales que avanzan de manera permanente e ininterrumpida aparecen en este contexto como un decorado peculiar, de cuando en cuando entran en un diálogo parigual con el narrador, a veces le dictan duramente sus condiciones, otras veces se hacen a un lado. Como rasgos característicos de un acontecimiento aparecen pues en el método narrativo los siguientes: Conservación verbal (un episodio que no ha quedado fijado en forma oral o escrita, que sólo existe en la conciencia de una persona, como quien dice para «consumo interno», no puede tener el estatus de un acontecimiento). Tiene que ser único en su género (la repetición, la rutina trasladan un acontecimiento a otra categoría). Pero como ya se ha dicho anteriormente, lo más importante es que desde el punto de vista del narrador se haya mantenido siempre en la memoria y se reproduzca una y otra vez, porque es percibido por él como algo único, algo que lo cambiado fundamentalmente a él y ha cambiado sus relaciones con el mundo.

Además de la narración de un acontecimiento concreto, a menudo aparece también en el discurso de los participantes otro componente que es muy importante para el posterior trabajo con narraciones, y es el argumento narrativo. Se trata de un credo peculiar que se desarrolla como un comienzo movilizador y estimulante y que es asumido por la persona, en primera línea por su repetibilidad real o aparente. Como ejemplo de argumento narrativo se puede citar las siguientes expresiones:

«Teniendo en cuenta el hecho de que el desaliento es un gran pecado, … nunca cedo al mal humor». «Cada vez que estoy fuera de casa pasa algo con la tecnología. ¡Como si uno pudiera estar eternamente en la casa!». «A la hora de elegir mi carrera no he tenido que pensar mucho; el destino se ha encargado de tomar la decisión por mí, me hice ginecólogo».5

En el discurso de las personas mayores el argumento narrativo puede ser una declaración, un medio de autopresentación; pero a menudo puede ser el argumento el que define la opción, la decisión en la vida real. Quiere decir que en una determinada etapa puede ser un freno, y también una consigna que «encubre» nuevas posibilidades y perspectivas (un ejemplo de expresión de este tipo: «Uno actúa tal como lo ha hecho anteriormente; acaso no sea tan lindo como entre los jóvenes, pero en cambio uno está seguro del resultado».)

Con el argumento narrativo se relaciona también la llamada descripción trascendental, cuando a una determinada acción se le atribuye intencionalmente un sentido o significado especial; ahí el sentido es atribuido a algo que propiamente no es un portador de sentido ni puede aparecer como tal. De esta manera se les da un sentido especial a los episodios más neutrales, se les atribuye una especial importancia. Gracias a esta importancia superflua se les concede a vulgares incidentes el estatus de acontecimientos, cuando se destaca ese incidente (acción) de entre la serie de otros acontecimientos. De esta manera un acontecimiento al que se ha «cargado» de importancia adicional recibe un significado simbólico y determina un núcleo interno tanto para lo real como también para lo posible o imaginario.

Todavía cabe mencionar una modalidad de descripción trascendental que es característica y muy importante para el trabajo con personas mayores; se trata del fenómeno que en la literatura técnica se designa como «narración familiar», y es cuando en mitad de la narración el narrador apela al parentesco, a la similitud o disimilitud entre los miembros de su familia y él mismo, el protagonista de la historia. ¿Cuál es el motivo para que el participante traslade a su familia (¡que no siempre juega un papel central en la narración!) al trasfondo de la narración en calidad de contexto significativo?

Ahí cabe citar los siguientes tipos de textos:

  • Los que resaltan las peculiaridades, características y rasgos que desde el punto de vista del que está hablando son positivos («En la familia han crecido tres generaciones de comunistas convencidos. No necesitamos la ideología occidental, tenemos ideales propios». «En nuestra familia todos cocinan bien, también los varones».). Si bien el narrador está emitiendo valores familiares tradicionales de tipo ritual, al mismo tiempo está construyendo su propia imagen positiva.
  • Los que resaltan las características únicas del narrador y que desde su propio punto de vista se presentan con especial contraste sobre el trasfondo de la familia. La similitud/disimilitud es un componente importante de la vida y de sus propias características («En la familia a todos les gustaban las canciones y estando juntos a la mesa rara vez era posible librarse de canciones. A mí eso siempre me resultaba extravagante»).
  • La valoración de acciones y situaciones actuales mediante afirmaciones que adquieren la forma de enseñanza, de moralización, de clichés y sentencias morales («En nuestra familia no había divorcios». «Tanto hermanos como hermanas, todos íbamos bien en la escuela».). Pueden aparecer en forma de elogio o también de reproche, o de cierto consuelo («En el caso de todas las mujeres de nuestra familia la vida privada no les resultó bien. ¡Qué se puede hacer! ¡Destino familiar»!). La similitud de los destinos privados puede aparecer como una fuerte motivación interna que codetermina las acciones de las personas.

El conocimiento previo de estas formas de aparición de la llamada «narrativa familiar», y el trabajo de grupos orientado de una manera específica pueden llegar a cambiar los puntos de vista y actitudes de los participantes. Así pues queda claro que en el quehacer educativo biográfico con representantes de las generaciones mayores el método narrativo descrito cuenta con algunas ventajas indudables entre las que hay que contar las siguientes:

  • La falta de educación básica y de capacidades en la actividad creativa propia (se trata sobre todo de actividades literarias) es sustituida por la simple copia de métodos y clichés literarios. Para lograr la superación de este problema general no hay que tomar la escritura o la narración como un fin en sí mismo; hay que dirigirlas a la búsqueda de sentido, a nuevos puntos de orientación y nuevas aspiraciones vitales.
  • Los marcos externos de la narración, que se conservan en una clara división en diferentes elementos, liberan el producto (el texto escrito u oral) de momentos negativos, de aplicaciones rígidas de clichés, de extranjerismos, declaraciones y buenos consejos. Éstos simplemente están demás, desaparecen como algo de segunda importancia, poco significativo e innecesario, son sustituidos por una recia actividad mental de los participantes: en todas las etapas del trabajo, en torno al acontecimiento los participantes están obligados a analizar, a confrontar, a buscar definiciones precisas, a responder preguntas, etc.
  • El método narrativo determina con exactitud las tareas y los marcos significativos del trabajo educativo, la búsqueda del sentido de la vida a través de la autoidentificación, de la autopercepción. De esa manera se evita determinados riesgos que están vinculados con la sensibilidad del participante, con la necesidad de la autojustificación, de la defensa de la estrategia de comportamiento y autorepresentación que se ha elegido de una vez por todas. Los posibles sentimientos de culpa, agravio, desamparo, confusión, que van unidos con los recuerdos, se transforman en el proceso grupal en nuevas posibilidades y nuevos puntos de orientación.

Se debe recalcar que los nuevos valores y contenidos que se ha percibido en el curso del proceso práctico del quehacer biográfico, en la medida en que se entrelazan unos con otros, pueden varias veces multiplicarse, modificarse, juntarse unos con otros, y de esa manera poner una y otra vez de manifiesto los nuevos accesos, recursos y posibilidades inesperadas de cada participante. Por tanto la imagen del mundo se transforma, se hace más amplia, colorida y dinámica en el mejor sentido de la palabra.

En la medida en que el ser humano valora acontecimientos, hechos y situaciones vitales, está aprendiendo a contemplar lo conocido y vivido desde otro ángulo (¡sin despreciar por eso los antiguos puntos de vista!); de esa manera se desarrolla una cualidad tan importante para el sistema de valores democráticos como es el pensamiento critico; en último término, la persona aprende a contemplar el pasado desde el punto de vista del presente. La realidad de las mencionadas transformaciones sólo acontece en el diálogo con otras personas, durante el intercambio intensivo, la comparación y el reflejo de las propias experiencias en el «espejo» de los demás. El método biográfico favorece indirectamente la apropiación de valores democráticos, ya que en el centro de la atención, del proceso educativo, se coloca a una persona viva, con sus debilidades y carencias, con sus alegrías y penas; más aún, se la coloca en el centro de la historia. Sus vivencias personales se convierten en objeto central de la elaboración mental, y su historia «oficial» en el trasfondo delante del cual tiene lugar la verdadera historia, la historia de una vida humana irrepetible.

Notas 

1  Narrativa (del inglés Narrative - 'contar') es uno de los conceptos clave de la filosofía del posmodernismo. La forma de la narración oral y escrita que estructura las propias experiencias constituye el fundamento de la aspiración del ser humano de responder, en armonía consigo mismo, a la naturaleza y a las condiciones de vida.

2  Naturalmente los ejemplos aducidos son sólo una ilustración. En la situación real de la enseñanza la cosa depende del tema concreto de discusión, del objetivo global del curso y de las tareas concretas que haya que resolver.

3  Cuando el trabajo biográfico es con personas mayores y el método narrativo tiene carácter permanente y no meramente episódico, es recomendable incorporar gradualmente, a modo de categoría conceptual, algunos conceptos clave.

4  El concepto de acontecimiento es objeto de análisis en investigaciones de P.Riekert, R.Ingarten, R.Barty otros.

5 Se trata de un acontecimiento que consistió en el apoyo a un parto ocurrido en un barco el 9 de mayo de 1945. Citado en el libro «Contemporáneos» (Novelas de una infancia en tiempos de guerra), Tscheljbinsk, 2005.