Glenda Wildschut

Con la puesta en libertad de Nelson Mandela el año 1990 comienza un nuevo capítulo de la historia de Sudáfrica que cambió toda la historia y que, con la elección de Nelson Mandela como Presidente cuatro años más tarde, condujo al fin oficial del sistema de apartheid. La reestructuración de la sociedad es un proceso difícil que sigue durando hasta el día de hoy. También aquí se planteó la pregunta de cómo se puede elaborar y procesar la historia (y aprovecharla para una nueva sociedad), y cuáles son las consecuencias que se derivan de todo ello precisamente para el sistema educativo y para la educación de adultos. Un primer paso en esa dirección fue la creación de la Comisión Sudafricana de la Verdad y la Reconciliación (South African Truth and Reconciliation Commission) en la que la autora estuvo colaborando y sirvió de comisionada entre 1995 y 1998. Ella es de profesión puericultora y ha trabajado como educadora y capacitadora de adultos durante la mayor parte de su vida profesional. Actualmente está dedicada de manera extensiva al desarrollo de liderazgos, la capacitación, y el apoyo y entrenamiento de mentores. 

Reflexiones sobre algunas lecciones que la Comisión Sudafricana de Verdad y Reconciliación puede entregar al sector educacional

En su libro «Watching the Wind» («Contemplando el viento»), una interesante crónica acerca de las iniciativas destinadas a resolver conflictos en Sudáfrica, Susan Marks detalla los hechos que desembocaron en la liberación de Nelson Mandela y en la autorización de los movimientos de liberación. La autora describe vívidamente la confluencia de unas 80 000 personas (que fue conocida como la «Gran Procesión») en la plaza mayor de Ciudad del Cabo; la euforia, los bailes de la multitud que cantaba y agitaba los brazos dando la bienvenida a un hombre al que no había visto por 27 años y que ahora era recibido como héroe, salvador y padre de una Sudáfrica que pronto conseguiría su libertad. Apenas nueve días antes de que Nelson Mandela fuera liberado, me encontraba congregada junto a miles de personas en otra plaza, Greenmarket Square, esperando la oportunidad de avanzar como manifestantes contra otra sesión inaugural de un parlamento formado exclusivamente por personas de raza blanca. En los contornos de la plaza, en Newspaper House, reinaba en ese momento un clima de inusual tranquilidad, circunstancia a la que no presté mayor atención, pues me encontraba más preocupada por la manera en que la policía reaccionaría esta vez. Si anteriormente habíamos sido arrestados, rociados con un tinte púrpura, azotados con shamboks (fustas de goma para reprimir disturbios) y torturados, ¿qué ocurriría en esa ocasión? Apenas hubo cruzado este pensamiento por mi mente cuando la multitud prorrumpió en un espontáneo aplauso. Los asistentes comenzaron a abrazarse entre sí, pues ya había trascendido la noticia: De Klerk estaba a punto de anunciar la liberación de los prisioneros políticos y el levantamiento de la proscripción de las organizaciones políticas.

«Ha llegado la hora de que interrumpamos el ciclo de la violencia y abramos el camino hacia la paz y la reconciliación. Los objetivos generales a que estamos aspirando incluyen una nueva constitución democrática, el sufragio universal (…) y la igualdad ante un poder judicial independiente ».

En todo el país la gente se miraba con incredulidad. ¿Qué significaba este discurso fuera de lo común? Volví a experimentar esa misma sensación de escepticismo y asombro cuando en el salón consistorial del ayuntamiento vi a Mandela caminar a zancadas con su inconfundible aire majestuoso y dirigirse al reducido público formado por dignatarios locales e internacionales, antes de hablar ante la multitud en la Gran Procesión. A partir de ese día la vida en Sudáfrica iba a cambiar para siempre.

Las negociaciones políticas posteriores tuvieron lugar en circunstancias muy difíciles. El país se encontraba asediado por la violencia política y criminal, y era difícil distinguir entre ambas. Uno de los últimos asuntos en ser tratados fue la creación de una Comisión de Verdad y Reconciliación (CVR). Tras un intenso debate, los negociadores finalmente concordaron en la necesidad de abordar el tema relativo a la exigencia de que todas las partes involucradas en el conflicto asumieran su responsabilidad en la perpetración de violaciones de los derechos humanos. Se garantizaría la amnistía condicional para los autores de los delitos, mientras que las víctimas serían invitadas a denunciar los abusos sufridos y luego obtendrían una reparación.

Así pues, la Comisión debió encarar desde el comienzo una enorme tarea. A diferencia de las comisiones latinoamericanas, las cuales estaban reconstruyendo comunidades morales y políticas que, al menos en teoría, habían existido antes de los períodos de opresión, la Comisión sudafricana estaba creando un estado completamente nuevo y hasta entonces inconcebible, el cual nunca había existido. En nuestra calidad de miembros de la Comisión tuvimos que acometer con habilidad la ardua empresa de «tender un puente entre el pasado y el presente, establecer un vínculo que permitiera reconocer plenamente los perjuicios ocasionados durante el imperio del apartheid y el surgimiento de una nueva sociedad que abrazaba la igualdad. Como se describió en la constitución provisional:

«entre el pasado de una sociedad profundamente dividida, caracterizada por las rivalidades, los conflictos, los sufrimientos inenarrables y la injusticia, y un futuro basado en el reconocimiento de los derechos humanos, la democracia y la coexistencia pacífica, como también en la creación de oportunidades para todos los sudafricanos, sea cual fuere su color, raza, clase social, creencia o sexo».

Audiencias institucionales

A poco de ser creada, la Comisión tuvo que lidiar con el problema de determinar cuáles fueron las circunstancias que rodearon las violaciones de los derechos humanos. Sin una percepción de «los antecedentes, las circunstancias, los factores y el contexto» de los flagrantes abusos que se cometieron, resultaba casi imposible comprender cómo, a lo largo de los años, individuos que se consideraban a sí mismos personas comunes, decentes y devotas, hayan hecho la vista gorda ante un sistema que empobrecía, oprimía y pisoteaba la existencia de tantos conciudadanos.

Fue en el intento por descubrir un atisbo de respuesta a dichas interrogantes cuando la Comisión decidió convocar una serie de audiencias institucionales, en las que fueron juzgados influyentes sectores de la sociedad del apartheid. Varios de ellos fueron identificados: los medios de difusión, los empresarios, el sistema carcelario, la comunidad religiosa, los tribunales y el área de la salud. Todos esos ámbitos estaban siendo objeto de ataques por lo que algunos consideraban su complicidad con el sistema de apartheid. Lo que pretendía averiguar la Comisión era qué imagen tenían estas instituciones de sí mismas y cómo, al confrontarlas con sus opositores, se podría desenmarañar en parte el enigma del mal que aquejaba a Sudáfrica.

Cabe destacar que el sistema educacional no fue incluido en las audiencias institucionales, lo que, a mi juicio, constituye una deficiencia de la Comisión, por cuanto el sector educacional fue escenario de la mayor parte del daño infligido a esta sociedad. Sin embargo, posteriormente se han realizado grandes esfuerzos por analizar a fondo la labor de la Comisión y por incorporar sus recomendaciones en la transformación del sistema educacional.

Lecciones de la CVR para el sector educacional

Educación cívica y valores

La CVR emitió un detallado informe en el que se aboga por una identidad política común, comprometida con la democracia constitucional y los derechos humamos. Ese documento ofrece, por ende, un importante punto de partida para enseñar educación cívica. Aun cuando el informe de la CVR no puede servir de base para crear un discurso unificador con el cual puedan identificarse todos los ciudadanos, pues revela que nuestra historia ha sido un proceso divisivo, sí proporciona un foco de irradiación de lo que Booth (1999) denomina «patriotismo constitucional», refiriéndose a «una alternativa al nacionalismo y ala significación moral que el nacionalismo le atribuye al pasado».  

Justo cuando la CVR finalizaba su labor, el Departamento de Educación (Department of Education - DOE) estaba definiendo el mandato social del sistema educacional. Se citan las siguientes palabras de Naledi Pandor:

«En mi opinión, una de las lecciones de la CVR para el nuevo milenio es que un nuevo cuerpo de valores y normas puede y debe producir resultados distintos por medio de la educación. Debemos preocuparnos activamente de los valores y normas que transmitimos en nuestras escuelas, para así afianzar un marco educacional positivo en Sudáfrica».

Muchos se han preguntado cuáles son esos valores y normas; yo afirmaría que son los derechos humanos y el respeto por la humanidad o ubuntu. La especial preocupación por las nociones de verdad y reconciliación, que llevan implícito el valor del respeto por la humanidad, conforma un poderoso fundamento para forjar una nación, que a mi juicio es un importante aspecto de la pedagogía: educar para formar ciudadanos de valía o, dicho con mayor precisión, para la ciudadanía democrática. El Arzobispo Desmond Tutu señaló lo siguiente con respecto al ubuntu:

«(El ubuntu) se refiere a la esencia misma de ser humano (….) decimos que «una persona es una persona por medio de otra gente». No es «pienso, luego existo». Antes bien, lo que se dice es: «Soy humano porque pertenezco». Participo, comparto. Una persona con ubuntu es abierta y accesible a los demás, les comunica seguridad, no se siente amenazada porque otros sean competentes y aptos, pues ella posee un adecuado nivel de seguridad en sí misma que deriva del hecho de saber que pertenece a un todo mayor. (1999, p. 34)

Usado de esta manera, el término ubuntu expresa solidaridad individual al interior de una comunidad, y por tanto le proporciona a la CVR una base moral para la reconciliación y el respeto por la dignidad humana».

El ubuntu y la dignidad humana constituyeron, al parecer, los aspectos principales durante el período en que Kader Asmal ocupó el cargo de Ministro de Educación. Él procuró compatibilizar los objetivos de la CVR con la transformación educacional. Durante su ejercicio puso en marcha dos comisiones dedicadas a estudiar el papel de la educación en la ciudadanía. El profesor Njabulo Ndebele presidió un panel cuya misión era abordar la crisis en el contexto del estudio del pasado, y los tipos de conocimientos con que la historia y la arqueología pueden mejorar la vida y la experiencia de aprendizaje de los alumnos. El doctor Wilmot James presidió el Comité sobre Valores en la Educación. En ambos existía el firme propósito de dejar atrás el pasado de apartheid y moldear un nuevo ciudadano capaz de desenvolverse en un ambiente democrático.

Como persona relativamente ajena a su quehacer, tengo la impresión de que, por lo menos a nivel de formulación de políticas, el Departamento de Educación aplica un enfoque basado en los derechos humanos e incorpora sólidos elementos del ubuntu. Una revisión superficial del Marco Nacional de Calificaciones (National Qualifications Framework - NQF) permite advertir la prescripción de que los alumnos «demuestren responsabilidad hacia el ambiente y la salud de los demás», y también demuestren ser conscientes de la importancia de, entre otras cosas, «la ciudadanía responsable» y «la sensibilidad cultural» (Boletín de la Autoridad Sudafricana de Calificaciones, mayo de 1997).

Asimismo, se espera que los educadores cumplan «una función de asistencia pastoral y preocupación por la comunidad y la ciudadanía», practiquen y fomenten «una actitud crítica, comprometida y ética tendiente a desarrollar un sentido del respeto y la responsabilidad hacia los demás…» (DOE, 2000a, p. 13).

Reconciliación

En el Manifiesto sobre Valores, Educación y Democracia que surgió como producto de la labor del Dr. Wilmot James, se enumeran seis valores: equidad, tolerancia, plurilingüismo, apertura, responsabilidad de los actos propios y honor social. Más adelante esta lista de valores fue ampliada para incluir la justicia social, el acatamiento del imperio de la ley, el respeto y la reconciliación.

El valor de la reconciliación, tal como se expresa en el Manifiesto, es una copia notablemente fiel de la definición de reconciliación propuesta por la CVR:

«La reconciliación es imposible si no se reconoce y comprende la compleja, turbulenta, pero variada historia de Sudáfrica. Las condiciones de paz, de bienestar y de unidad —que adhieren a una identidad común, a una noción común de sudafricanidad— fluyen naturalmente del valor de la reconciliación. No obstante, como se aclara en el apéndice de la constitución provisional, también derivan de la activa participación en la 'reconstrucción de la sociedad', pues, como a menudo lo ha señalado el Presidente Mbeki, no puede haber reconciliación sin transformación».

Verdad y reconciliación en el currículo de historia

Una de las medidas que la CVR recomendó encarecidamente fue incluir en el currículo de historia la labor y las conclusiones de la Comisión. Por cierto que verdad y reconciliación son nociones complejas, son cuestiones batallonas en la enseñanza de la historia. Aun así, los educadores coinciden en que esta última actividad cumple un importante papel en la construcción de una nación, especialmente en lo que concierne a la responsabilidad cívica. En el panel sobre historia y arqueología se advirtió, empero, que la historia no tiene que ser exclusivista y multiétnica, sino que antes bien los alumnos deberían adquirir un conocimiento más amplio de todos los pueblos que forman Sudáfrica, como una base para forjar un pasado humano común, y que la asignatura no debería impartirse únicamente como historia de las razas, «sino de una compleja alquimia de colores, clases y géneros» (DOE, 2000, p. 13). Me parece que la propia CVR no puede ser un tema aislado en el currículo de 9º año, sino que debe ir acompañado de las negociaciones que condujeron a las elecciones de 1994, la Constitución sudafricana, la Comisión de Reclamación Territorial, el Tribunal de Reclamaciones y la restitución de tierras.

La CVR como modelo de educación para la paz

Algunos catedráticos de educación han sostenido que la CVR ofrece un modelo de educación para la paz, ya que el proceso cumple con los cuatro criterios esbozados por los teóricos de la materia, a saber:

  • Existe una disposición a aceptar los argumentos expuestos por la otra parte, lo mismo que sus implicaciones.
  • Se logra la empatía.
  • Existe una disposición a reconocer la culpabilidad del Estado.
  • Existe la resuelta voluntad de percibir el conflicto y los actos de sus diversos participantes en términos relativistas y no absolutos.

Enslin (2000) señala que, mientras estuvo en funcionamiento, la CVR tal vez produjo un impacto educacional mucho mayor que el que tendrá en el futuro. Para los alumnos de las escuelas los problemas pueden tener una dimensión moral demasiado compleja, y si se pretende que un programa de educación para la paz a nivel escolar sea eficaz también habría que hacer especial hincapié en la competencia cívica y en las habilidades para la vida en general. Tiendo a coincidir con Enslin en cuanto a sugerir que tal vez resulte más apropiado emprender la iniciativa en el ámbito de la educación de adultos y de docencia universitaria.

Crain Soudien, quien es conocido por adherir a la escuela de los escépticos en lo referente a la CVR, estima que este organismo es hasta cierto punto deficiente como modelo pedagógico en la educación para la paz. La manera en que la CVR definió los parámetros del apartheid en el discurso pedagógico, y en que expuso la lección del apartheid, fue muy restringida. Para Soudien el apartheid no fue sometido a juicio, sino sólo sus abyectos secuaces. En lo señalado por Soudien yo percibo también un elemento de verdad. Lo que es menester analizar es la labor intencional de la Comisión; la investigación de las causas, los efectos y el impacto de las violaciones de los derechos humanos, y las repercusiones del proceso de revelar estos atropellos. Lo que también hay que tener en cuenta es el hecho de que la CVR fue solo un instrumento entre varios otros destinados a fomentar la transformación de conflictos en este país.

Conclusión

Los vínculos entre la CVR y la reforma y transformación institucionales del sistema educacional son, en ocasiones, más obvios que otros. La creación de la CVR y de los programas de educación fue estipulada en la Constitución y en el acuerdo negociado (el cual se fundó en la reconciliación). En ambos existía la conciencia del mandato de fomentar la construcción de la nación y la ciudadanía sobre la base de valores de derechos humanos y dignidad. La CVR tenía una duración limitada (así es como debe ser), mientras que el mandato de la educación era más gradual, a más largo plazo, y más trascendental, pues debía velar por que la educación de todas las personas, incluidos los adultos, se apoyara en los valores enunciados en las nuevas políticas de educación. Muchas veces se ha intentado romper con el pasado, pero considero que aún queda mucho por hacer en todos los sectores de nuestra sociedad. Aun cuando las comparaciones no son en y por sí inadecuadas, no debemos extremarlas. El mandato de la CVR fue poner al descubierto brutales violaciones de los derechos humanos y establecer la verdad histórica detrás de esos abusos para así propiciar la reconciliación. La transformación de la educación tiene lugar sin una percepción de la complicidad individual o sistémica en el esquema general del apartheid. Algunos han sostenido que debería haberse creado una CVR para la educación.

Si bien hace tiempo ha amainado la euforia desatada a principios de la década de 1990 por la liberación de Mandela y la autorización de los movimientos de liberación, la lenta y ardua tarea de reconstrucción se ha iniciado con ahínco. Muchos han puesto su mayor empeño para garantizar que se logren las aspiraciones de igualdad, justicia y libertad para todos, especialmente en el sector educacional, y en el caso específico de personas que no tuvieron la oportunidad de recibir educación y ahora son adultas. Aún atesoro en mi memoria los momentos en que he reflexionado sobre cuán lejos hemos llegado durante los últimos doce años y lo mucho que aún nos queda por recorrer.

Referencias

Colin Marks, S (2001) Watching the Wind, conflict Resolution During South Africa's transition to democracy. United States Institute of Peace Press, Washington, DC.

Department of Education (2000a). Norms and Standards for Educators. Pretoria DOE Pretoria, February.

Department of Education (2000b). Education for All: the South African Assessment report. Pretoria, March.

Department of Education (2000c) Report of the history and archeology panel to the Minister of Education. Pretoria: DOE. December.

Enslin, P (2000). Citizenship, identity and myth: educational implication of the South Africa's Truth and Reconciliation commission as a model of Peace Education. Change: Transformations in Education. Vol. 3, No 1.

Informe de la Comisión de Verdad y Reconciliación, Volumen 4 (1998). Personal reflections on the Truth and Reconciliation Commission and the pre 1994 elections.

Tutu D (1998). No hay futuro sin perdón.