David Archer

«¿Educación u operación bancaria?»: Paulo Freire fue uno de los críticos más vehementes de esa educación bancaria. Que este tema no ha perdido actualidad queda claro con las reflexiones de David Archer en conmemoración de Paulo Freire.

¿Educación u operación bancaria?

Reflexiones en memoria de Paulo Freire

Hace una década el mundo perdió a uno de los más grandes educadores del siglo 20: el barbado filósofo y activista brasileño Paulo Freire. En lugar de haber quedado obsoletas, sus ideas resultan hoy en día más vigentes que nunca antes.

En mayo de 2007, el Ministro de Hacienda británico, Gordon Brown, el Presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, y el Comisario Europeo, Louis Michel, convocaron una reunión de alto nivel sobre «Cumplimiento de nuestras promesas sobre educación». El resultado fue decepcionante. Como se observó en la Campaña Mundial por la Educación: «los países ricos trajeron consigo sus notebooks, pero no sus cheque-books (talonarios de cheques)». Como consecuencia de lo anterior, más de 77 millones de niños —y especialmente niñas— de todo el mundo probablemente seguirán marginados del sistema escolar.

Sin embargo, la crisis mundial que afecta a la educación tiene un alcance mucho más profundo que el de esta indignante estadística relativa a la exclusión. Deberíamos sentirnos igualmente escandalizados por lo que les ocurre a decenas de millones de niños que consiguen entrar a la escuela: a menudo apretujándose en salas de clases abarrotadas a cargo de maestros con escasa formación y bajos sueldos, es muy poco lo que logran aprender. Deben padecer interminables horas de aburrimiento, salmodiando estúpidamente

o repitiendo como loros frases sin sentido. Aún están en boga las peores formas de enseñanza basadas en la memorización. A decir verdad, esas prácticas están siendo restablecidas a medida que los gobiernos, obedeciendo a presiones del FMI y del Banco Mundial, reclutan a maestros no profesionales y les ofrecen escasas o nulas oportunidades de capacitación.

Cuando se ven al frente de clases de cien o más niños y niñas, estos «maestros» se esfuerzan por mantener el control sin recurrir a la intimidación o a la violencia. La prioridad es contener en primer lugar a los alumnos, mantenerlos en actitud pasiva, y sólo entonces procurar inculcarles algunos datos y cifras. Si la situación está en manos de los banqueros, no resulta sorprendente que la educación llegue a transformarse en algo así como una suerte de actividad bancaria.

Esta imagen de la educación como una forma de operación bancaria resulta igualmente aplicable a muchas de las escuelas con rendimiento más satisfactorio de toda África, Asia y Latinoamérica, donde el aprendizaje basado en la memorización se mantiene como una práctica generalizada. Y teniendo en cuenta las tablas de clasificación de escuelas y las presiones de los exámenes, muchos establecimientos de enseñanza occidentales siguen recurriendo a estos métodos arcaicos, en un afán por atiborrar a los alumnos con datos y cifras para que, llegado el momento, los regurgiten a manera de fórmulas.

«Que alguien se vuelva machista, racista, clasista, lo que sea, pero que se asuma como transgresor de la naturaleza humana. Que no me venga con justificaciones genéticas, sociológicas o históricas o fi losófi cas para explicar la superioridad de la blanquitud sobre la negritud, de los hombres sobre las mujeres, de los patrones sobre los empleados. cualquier discriminación es inmoral y luchar contra ella es un deber.» Freire

Paulo Freire fue el crítico más lúcido de esta forma de «educación bancaria». Él la percibía como una «domesticación» y sostenía que se trataba de una opción política. Ninguna educación es neutral. La labor de los sistemas educacionales y de los educadores puede tender a «domesticar» a los niños y niñas, o bien a «liberarlos». Freire propugnaba una educación liberadora basada en el diálogo entre maestros y alumnos: un proceso de aprendizaje en el que se respetara a las personas como sujetos activos y creativos, en lugar de tratarlas como objetos pasivos o receptáculos. En vez de considerar la alfabetización como una transferencia técnica de aptitudes, Freire argumentaba que «los alumnos deben percibir la necesidad de escribir su vida y de leer su realidad». La educación puede, claro está, actuar como mecanismo para abrir o para cerrar la mente de las personas. Desgraciadamente, la segunda alternativa resulta por lo general más sencilla y más barata.

Esta opción menos costosa recibió un poderoso respaldo de los asistentes a la reunión de alto nivel celebrada la semana pasada en Bruselas. Fue la primera ocasión en 7 años en que se convocaba a líderes con suficiente influencia política para que se hicieran cargo de las promesas que habían formulado el año 2000, en cuanto a lograr la educación para todos el año 2015. Según estimaciones se requieren US$ 16.000 millones anuales para cumplir efectivamente las promesas y así marcar un hito histórico en el desarrollo humano. A primera vista parece una cantidad enorme de dinero, pero equivale a unos pocos días del gasto mundial en armamento. Con todo, no se formuló ninguna oferta formal de financiación. Los EE.UU. y el FMI ni siquiera se molestaron en asistir a la cita.

Cuadro: dos hombres

La verdad es que durante años el FMI no ha estado presente en ninguna cumbre internacional sobre educación. Ni tampoco dialoga con los ministros de educación cuando sus funcionarios vuelan a países en desarrollo cumpliendo «misiones» de corta duración. No obstante, la influencia de esta entidad en la financiación de la educación en todo el mundo es mayor que la de cualquier otro organismo. Cumple una función instrumental en la fijación de los límites máximos para los costos salariales del sector público, siendo el magisterio el más numeroso de los grupos afectados. Las bajas cifras tope son impuestas incluso allí donde las tasas de matrícula han aumentado. En Kenia más de un millón de niños asistieron a la escuela por primera vez el año 2003, cuando el Gobierno abolió los derechos de matrícula. Aun así, no se permitió que el Gobierno contratara a un solo maestro más, en cumplimiento de la cifra tope para la cantidad de docentes fijada en 1997. Este sacrificio es visto por el FMI como algo necesario, ya que contribuye a alcanzar sus sacrosantas metas de inflación baja. El resultado que se obtiene es una educación bancaria barata impartida en clases numerosas, lo cual vulnera los derechos de los niños y niñas.

Paolo Freire (Calendario)

Tal vez no debería sorprendernos el que la educación termine convirtiéndose en una suerte de operación bancaria. Después de todo, una vez que el FMI ha restringido los presupuestos nacionales de educación en toda África, Asia y Latinoamérica es el Banco Mundial el que entra en escena para ofrecer créditos que permitan compensar los déficit. El Banco Mundial es hoy por hoy la institución que más dinero dona para la educación —más de 14.000 millones desde 1990— y sus documentos de política son con mucho los más influyentes. Los demás donantes se inclinan a seguir la ruta trazada por el Banco Mundial en el ámbito de la educación. Pese a su objetivo retórico de respaldar los planes nacionales de educación de gobiernos soberanos, en la práctica el Banco Mundial tiende a poner en ejecución sus propios proyectos por separado, en los que puede dejar su impronta y hacer sentir su influencia. En una reciente evaluación interna de las inversiones del Banco Mundial en educación a largo de 15 años se concluyó que, en su afán por cumplir con cifras y metas, la institución no había hecho casi nada por mejorar los resultados de aprendizaje. Bajo el liderazgo del Banco Mundial en materia de políticas, la calidad de la enseñanza primaria en todo el mundo se ha ido deteriorando en perjuicio de los niños y niñas. Pero no son sólo ellos los afectados. Tal vez la violación más flagrante del derecho a la educación se observa en los mil millones o más de jóvenes o adultos que jamás han tenido la oportunidad de asistir a la escuela. Aun cuando el año 2000 también se formularon promesas que favorecerían a este grupo de personas, la semana pasada ellas ni siquiera estaban en la mira de los políticos que se reunieron en Bruselas. Durante las últimas dos décadas los fondos destinados a los programas de alfabetización para jóvenes y adultos han sido casi nulos. El Banco Mundial ha dictaminado que la alfabetización de adultos no es una inversión económica acertada, pese a que existen evidencias contundentes en contrario, las cuales demuestran que la alfabetización de adultos puede cumplir un papel decisivo como catalizadora del desarrollo, la igualdad entre los géneros y la ciudadanía activa.

En la mayoría de los países, los jóvenes y adultos que no tuvieron la oportunidad de asistir a la escuela afrontan una situación que prácticamente no ha variado desde que en 1970 Freire escribió su obra precursora, «pedagogía del oprimido». En ella lanzó un llamado a la acción, el cual se origina en la labor que desarrolló en Recife, en el Nordeste de Brasil, y expuso su visión de la educación para la liberación. Se trata de un texto que ha perdurado y que continúa inspirando a los activistas y educadores de todo el mundo.

Paulo Freire tuvo la clara visión de que es posible impartir otra forma de enseñanza, lo cual requiere contar con sistemas de educación pública adecuadamente financiados y verdaderamente comprometidos con la educación para todos, y sistemas cuya agenda no sea determinada por los banqueros.

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