Bashy Quraishy

La inmigración es un tema que juega un papel importante en todos los países europeos. Si antes llegaban sobre todo inmigrantes europeos, ahora se incrementa el número de inmigrantes no europeos. En ambos lados hay muchas barreras que superar. Se puede observar un creciente antisemitismo; hay grupos poblacionales, como por ejemplo los rumanos, que viven una situación difícil en toda Europa. Dos cosas son importantes: la primera es una legislación que proteja a cualquier ciudadano/a de a discriminación, y la segunda, que corre paralela a la primera y es igualmente importante, es la gran tarea que les incumbe a la educación y a los educadores/as. Bashy Quraishy, uno de los oradores principales de la Conferencia es consultor de minorías y Presi dente de la Red Europea contra el Racismo (ENAR), analiza la situación e informa de las experiencias que ha vivido en el trabajo contra el racismo esta red que está activa en Europa y a la que pertenecen 600 ONGs

Migración, integración y el papel de la educación

Quisiera hacer llegar mi gratitud a los organizadores y contrapartes por haber organizado esta importante conferencia y por haberme invitado a representar a las minorías étnicas.

El tema elegido para esta conferencia es oportuno y necesario, ya que estamos atravesando por un período difícil en la historia de Europa. Tanto entre los políticos como entre los medios de comunicación está candente la discusión en torno a problemas tales como el impacto de la globalización, la conservación de la identidad nacional, la migración entre países de la Unión Europea y países que no pertenecen a la misma, la inclusión social, la igualdad para todos, y finalmente, pero no por eso menos importante, la integración de las minorías étnicas y religiosas en las principales sociedades europeas.

En torno a cada tema las opiniones son muchas y muy diversas.

Si echamos una mirada al paisaje europeo, veremos que las conquistas logradas a lo largo de un largo período de tiempo en la educación de los niños europeos en el aprecio de los valores de la diversidad y la interculturalidad están siendo sometidas a graves tensiones. Una considerable proporción de los medios de comunicación, así como muchos políticos están abogando abiertamente por una identidad monocultural de Europa, basada en los valores cristianos, una concepción común de la historia y la superioridad de la cultura occidental. Y como si esto fuera poco, hay claros signos de resurgimiento de sentimientos antisemitas, así como una calculada propaganda de odio hacia todo lo que tenga que ver con el Islam. Su religión, sus creyentes e incluso su Profeta y sus Sagradas Escrituras están siendo constantemente ridiculizadas y ofendidas.

Países como el Reino Unido, Dinamarca y Holanda, que eran modelos de tolerancia y apertura, están dando un giro hacia dentro de sí mismas y están introduciendo una legislación que busca anular la igualdad de derechos para los residentes no-europeos. Y todo ello ocurre a pesar de que la Comisión de la Unión Europea ha enviado directivas acerca de la igualdad racial y del trato igual para todos.

Al ser la ENAR la mayor red de ONG, con coordinaciones en todos los estados miembros de la Unión Europea, ha obtenido buenos volúmenes de información y experiencia en el campo del diálogo intercultural. Sólo el hecho de que nuestras más de 600 ONG afiliadas provengan de los más diferentes tipos de vida, con diversas religiones, culturas y nacionalidades e incluso diferentes bases étnicas, nos ha colocado en una posición única.

¿Qué es entonces lo que hemos aprendido en los últimos diez años de nuestro trabajo de base y qué podemos presentar aquí?

La primera cosa que hemos notado es que han ido ganando en importancia las discusiones que tienen que ver con multiculturalismo e integración, en línea con el desarrollo político de la Unión Europea, como también con los cambios demográficos que se están produciendo en cada país europeo. Estos temas constituyen elementos fundamentales —ya sea de manera conjunta o por separado— tanto para una sociedad moderna que quiera funcionar bien como para el bienestar de los diferentes grupos étnicos. El punto central viene a ser el concepto de multiculturalismo y el papel que éste debería o podría jugar para una verdadera integración mutua en las diversas sociedades europeas.

Todos los países europeos están batallando con problemas parecidos y están aplicando remedios domésticos para encontrar soluciones. Pocos de esos remedios han resultado exitosos, mientras que la mayor parte han tenido efectos desastrosos para los derechos humanos fundamentales, la ciudadanía y precisamente la mutua integración.

Es importante mencionar que las sociedades europeas —tanto las autoridades y los políticos como los medios de comunicación y la opinión pública— no consideraban a los trabajadores que importaban durante la década de los setenta como seres humanos con necesidades, sino simplemente como mano de obra barata que servía para satisfacer una necesidad económica. Esta manera nada visionaria de tratar con los inmigrantes de aquel tiempo —tanto en el plano social como en el cultural y el político—, como también con los refugiados que llegaron más tarde de países no europeos, tuvo como resultado la creación de dos estratos sociales paralelos y que no interactúan entre sí.

A pesar de las privaciones y de un entorno que funcionaba de manera separada, la mayor parte de las minorías étnicas han intentado activamente llegar a ser parte de la sociedad local, ya fuera individualmente o como grupo. La experiencia muestra que la participación plena de diversos grupos minoritarios en la mayor parte de las sociedades europeas no tuvo el mejor de los resultados. Es algo que ha sido puesto de relieve tanto por eruditos e investigadores como por las organizaciones de las minorías étnicas. Y aunque las razones de ello sean diferentes —dependiendo de cuál sea la fuente de información y de las expectativas de cada uno— está comúnmente aceptado el hecho de que tanto el sistema como los medios de comunicación les echan la culpa a las minorías.

En el ámbito de los movimientos anti-racistas de Europa solemos hablar de integrar a las minorías étnicas en las sociedades que las acogen. Por supuesto ésta es una necesidad en la búsqueda de una sociedad armónica. Pero desafortunadamente este noble pensamiento no llega a hacerse realidad debido a la existencia de muchos obstáculos en su camino.

Estas barreras hacen difícil, cuando no imposible, la creación de una atmósfera de comprensión y buena voluntad entre las mayorías y las minorías.

Hay muchos y diferentes tipos de barreras, por ejemplo:

  • Las barreras psicológicas se fueron creando durante años de colonialismo occidental y de explotación de los países en vías de desarrollo de los que proceden la mayor parte de las actuales minorías étnicas. En Occidente mucha gente cree que tiene derecho de viajar, encontrar trabajo y asentarse allí donde le plazca. Pero cuando ocurre que otras personas llegan a Occidente por las mismas razones lo ven como una carga. Esta actitud psicológica ha hecho muy difícil que esa gente acepte a personas que no son ni blancas ni cristianas.
  • Las barreras físicas se presentan a través de las zonas donde viven las minorías étnicas. En la mayor parte de los casos éstas viven en aquellas zonas deprimidas donde viven los sectores socialmente desfavorecidos de la sociedad local. Esta separación hace difícil la interacción entre los diferentes grupos. Lo normal es que en el mercado laboral las minorías étnicas tengan los trabajos sucios y mal pagados que la población local no quiere realizar. Esto significa que en la vida cotidiana la mayoría y las minorías no tienen oportunidad de encontrarse.

 

  • Las barreras sociales y económicas se han ido creando a causa de la elevada tasa de desempleo y el bajo nivel de vida que padecen los grupos étnicos. La falta de recursos obliga a las minorías a situarse en el estrato inferior de la sociedad, lo cual hace difícil que se encuentren con los ciudadanos promedio, intercambien experiencias con ellos y lleguen a conocer a la comunidad receptora.
  • A ello se añaden las barreras culturales que han venido a reforzar la discriminación racial y étnica. Es muy común escuchar y leer que los europeos describen su cultura como superior a otras, especialmente a las culturas islámicas. Esta actitud crea una atmósfera de arrogancia dentro de la sociedad receptora, lo que a su vez deja muy poco espacio para la comunicación intercultural.
  • Las barreras religiosas hace mucho tiempo que vienen excitado los ánimos entre los países occidentales y el resto del mundo, pero recientemente la cosa se ha vuelto muy visible. Y en el centro de la atención, más que cualquier otra religión, está el Islam como una fe primitiva y opresiva. Dado que el 70 por ciento de las minorías étnicas provienen de países islámicos, esta percepción negativa del Islam ha creado divisiones profundas. Y si bien la generación anterior de inmigrantes no se quejaba del injusto trato que recibían de la sociedad, la joven generación que ha nacido y crecido en Europa no está dispuesta a aceptar la misma forma de trato. Y se está rebelando.
  • Las barreras políticas son muy altas. La mayoría de los países europeos están girando hacia posiciones de derecha. Son muchos los políticos que no dudan a la hora de hacer afirmaciones racistas y discriminatorias en debates públicos. Este giro hacia la derecha ha obligado también a los partidos de centro a desplazarse hacia la derecha. Y lógicamente estas señales están siendo aprovechadas por los movimientos racistas para legitimar su propia propaganda anti-inmigrantes y anti-refugiados. Tales afirmaciones políticas inducen a su vez al ciudadano común a hacer suyas las opiniones de los políticos.

? Las barreras creadas por la manipulación de los medios de comunicación son las más significativas. Lamentablemente los medios no sólo cubren las noticias de una determinada manera, sino que lo hacen también desde un ángulo étnico y cultural. Los medios de comunicación occidentales se concentran en relatos negativos de tasas de criminalidad, violencia y conflictos entre las minorías y la mayoría, generalizando de esa manera lo que sólo son hechos aislados como si fueran acontecimientos regulares. Y dado que las personas comunes no están en condiciones de verificar la autenticidad de las noticias, acaban aceptándolas como verdades. No pocas encuestas realizadas en la Unión Europea han destacado el hecho de que cerca del 60 ó 70 por ciento de la cobertura noticiosa de los medios es negativa cuando se refiere a minorías étnicas.

Frente a tantas barreras no es de extrañar que las minorías étnicas encuentren difícil saltar por encima de semejantes obstáculos y murallas y crear un sentido de pertenencia y lealtad respecto de la sociedad receptora.

El racismo en Europa

Todos sabemos que Europa se siente orgullosa de calificarse a sí misma como humanista, tolerante y democrática. En cierta medida eso es verdad. Pero una mirada global nos ayudaría a situar las cosas en la perspectiva correcta.

Para poder hacer eso debo ser honesto y franco y les presente a ustedes los problemas y dificultades que están viviendo hoy en día los diferentes grupos étnicos y religiosos. Puede que ustedes no estén de acuerdo con mis afirmaciones pero, por favor, permitan que sirvan de base para nuestro diálogo.

En lo que se refiere al racismo en Europa, definitivamente estamos avanzando en la dirección equivocada. Y la cosa es incluso más alarmante si se presta atención al tema de las minorías no-europeas, de manera especial las que tienen antecedentes islámicos.

Además, estamos asistiendo a una revitalización del anti-semitismo y a una creciente exclusión de la población latina. Al mismo tiempo los debates sobre temas étnicos y raciales se han visto sustituidos por una concentración de la atención en culturas, civilizaciones y religiones no-europeas, de manera especial las comunidades musulmanas y el Islam en su conjunto.

En muchos países esta satanización es ahora un hecho oficialmente aprobado, fomentado por los medios de comunicación y aceptado por la opinión pública. En pocas palabras, en los ámbitos político, social, legal y público está emergiendo una tendencia realmente aterradora. Mi propio país, Dinamarca, es un buen ejemplo de ese tipo de evolución.

Como culminación de todo lo dicho, los medios de comunicación están jugando un papel especial, no sólo con la difusión de prejuicios sino también extendiendo las llamas del racismo con su irresponsable cobertura concentrada en temas como etnicidad grupal, culturas, religiones y tradiciones de las minorías. A cualquier individuo que no sea de origen europeo se lo considera representativo de su grupo.

Los sondeos de opinión pública confirman las fatales consecuencias de semejante histeria de masas, así como un cambio significativo en las tendencias políticas. Son muy pocas las voces sensatas que se levantan para contrarrestar esta evolución.

Otra consecuencia nefasta de esta incesante concentración de la atención en las minorías no-europeas fue revelada y ponderada por un sondeo de opinión que llevó a cabo el Centro Americano de Investigación (American Research Centre – PEW) el 4 de julio de 2003.

La encuesta llamó la atención sobre algunas tendencias sumamente preocupantes:

  • El 67 por ciento de italianos, 60 por ciento de alemanes y 50 por ciento de franceses no querían inmigración procedente de África, Medio Oriente o Europa Oriental.
  • Sólo el 47 por ciento de los británicos eran de la misma opinión.
  • La mayor parte de los europeos desean un control más estricto del ingreso de personas extranjeras.

De acuerdo con otro sondeo de opinión llevado a cabo por el Euro-Barómetro de la Comisión Europea (New Europe Magazine 14.03.04), el 80 por ciento de los ciudadanos/as de la Unión Europea abogaban por un incremento de las restricciones al ingreso de extranjeros procedentes de países que no pertenecen a la Unión Europea. Al mismo tiempo, un 56 por ciento de europeos/as reconocían la necesidad económica de recibir inmigrantes, y un 34 por ciento no eran partidarios de que se les reconociera igualdad de derechos a los/as inmigrantes legales.

Esas son las opiniones respecto de las minorías étnicas en Europa.

La actual situación socio-económica

La ENAR elabora cada año un Informe Negro, con ayuda de sus instancias de coordinación en los estados miembros de la Unión Europea, acerca de lo que está ocurriendo en los estados miembros respecto de la discriminación, así como de cuáles son los problemas que ella genera. Las conclusiones de los informes de 2004, 2005 y 2006 son muy claras, y de ellas emerge el siguiente cuadro referido a las minorías étnicas:

  • Desempleo muy elevado (del 20 al 50 por ciento)
  • Concentración forzada en áreas socialmente desfavorecidas
  • Falta de una educación con objetivos claros para las personas recién llegadas
  • Inexistencia de participación social
  • Falta de respeto a las culturas y religiones no-europeas
  • Discriminación institucional (policía, servicios públicos)
  • Sentimiento y vivencia de pertenecer a un grupo de segunda categoría
  • Crecimiento de los partidos de extrema derecha y de movimientos racistas
  • Islamofobia y ambiente anti-semita, generados por la negativa cobertura diaria de los medios de comunicación y por las declaraciones políticas
  • Leyes restrictivas respecto de visas, asilo y reencuentro familiar

Muchos países de la Unión Europea están vinculando el derecho de ciudadanía con el buen comportamiento, promesas de lealtad, y adopción de las costumbres y la cultura occidental.

El futuro es desolador

Así pues, ahora sabemos que detrás de la hermosa cara democrática de Europa se esconde otra realidad que es fea, racista e inhumana. Es en esta Europa donde viven cerca de 23 millones de no-europeos/as, gente del Tercer Mundo (en su mayoría musulmanes y personas de color), en mezquinas condiciones de vivienda, realizan trabajos sucios y mal pagados, y sienten cada día los flechazos del racismo.

Destacados políticos, expertos, juristas, sacerdotes y autoridades se ocupan de acusar a inmigrantes y refugiados de que están poniendo en riesgo la cultura europea y el bienestar social europeo. Europa se encuentra atareada en la construcción de nuevas barricadas a su alrededor, convirtiéndose en un «Fortín Europa».

Para ponerle remedio al racismo necesitamos una estrategias de dos puntas:

En primer lugar necesitamos leyes fuertes y aplicables que protejan a todo ciudadano/a de la discriminación y el tratamiento desigual.

Esto puede lograrse si cada uno tiene los mismos derechos. No hace falta decir que junto con los derechos vienen los deberes respecto de la sociedad. Nadie debería estar por encima de la ley, y nadie debería estar libre de control. Pero al mismo tiempo debo poner de relieve que los derechos y deberes deberían estar conectados con la igualdad de oportunidades. La sociedad debe garantizar que a nadie se le niegue su cuota de oportunidades.

El segundo esfuerzo paralelo es la educación. Es aquí donde ustedes juegan un papel destacado. Como todos ustedes saben, la educación juega un papel decisivo en la formación de la sociedad, ya desde el jardín de infancia, y terminando en la educación de adultos. Es el alfa y omega a la hora de cambiar la mentalidad de un individuo, de un grupo e incluso de un país.

Empecemos por el tema del racismo y veamos qué está haciendo la Unión Europea para frenarlo.

Cuando se trata de luchar contra el racismo, debemos considerar dos diferentes niveles y enfoques. Primero la respuesta oficial y después las actividades de las ONG.

Si consideramos el anti-racismo dentro de un contexto histórico más amplio, podemos ver que desde el Tratado de Roma de 1957 hasta la firma del Tratado de Amsterdam de 1997, no ha habido sólo palabras aisladas —en tal o cual convenio, tratado o directiva— acerca de la discriminación racial en el mercado laboral, en los servicios sociales y de salud, en las políticas de vivienda, en la educación, o acerca de la violencia contra inmigrantes y refugiados.

Por el contrario, en el pasado ha habido fechas clave que marcaron el genuino compromiso político de la Unión Europea para combatir el racismo y la xenofobia y pusieron de relieve el desarrollo dinámico de una política coherente de la UE respecto de estos problemas fundamentales.

Conferencia de prensa Fuente: Hans Pollinger

  • En 1995 la Comisión publicó un comunicado sobre racismo, xenofobia y anti-semitismo.
  • En 1996 las instituciones adoptaron una acción conjunta para combatir el racismo y la xenofobia.
  • En 1997 se estableció el Centro de la UE para el Seguimiento de la Xenofobia y el Racismo (EU Monitoring Centre on Xenophobia and Racism – EUMC), como consecuencia del Año Europeo contra el Racismo. El año 2007 aquél se convirtió en la Agencia para los Derechos Fundamentales.
  • En 1998 se adoptó el plan de acción contra el racismo, y también se constituyó la ENAR.
  • En 1999, en la Cumbre de Tampere, el Consejo de Europa convocó a «reforzar la lucha contra el racismo y la xenofobia».
  • El 2000 se adoptó dos Directivas sobre Igualdad para luchar contra la discriminación, tanto en general como en el mercado laboral.
  • El 2001 se propuso una resolución marco para combatir el racismo y la xenofobia, abordando el problema del racismo como un crimen. El mismo año los estados miembros declararon en la Cumbre de Laeken que «el racismo va en aumento». Finalmente la resolución marco fue aprobada en abril del 2007 bajo la presidencia de Alemania.

¿Están siendo operativas las iniciativas de la Unión Europea?

En el nivel superficial, todos estos esfuerzos deberían haber hecho mella en la muralla del racismo. Las instituciones de la Unión Europea, y de manera especial la Comisión, han tratado de persuadir a los gobiernos nacionales, no sólo de que se atengan a sus directivas, sino también de que aprovechen los niveles más altos para ponerlas en práctica. Muchos gobiernos pretenden felicitarse a sí mismos por el buen trabajo realizado. Pero la realidad es diferente.

A pesar del vigoroso compromiso de los gobiernos para establecer el 2002 los estándares mínimos de protección para cualquier persona residente en territorio europeo contra las formas de discriminación enumeradas en el Artículo 13, el bajo nivel de aplicación de estos instrumentos siete años después nos muestra que todavía es mucho lo que queda por hacer.

La situación es tan crítica que la Comisión Europea ha entablado acciones legales contra muchos estados miembros, las que siguen su curso en la Corte de Justicia.

Aquí me gustaría recordarle tres cosas a la Comisión Europea:

  1. En el caso de las políticas sobre minorías, debería haber una mayor cohesión y cooperación entre diferentes DGs. Como quiera que la no-discriminación y la educación de las minorías abarca muchos campos de acción, la respuesta debería ser multidimensional, al mismo tiempo que transversal. Este tipo de enfoque y de práctica ahorraría dinero y tiempo, y evitaría la duplicación de esfuerzos.
  2. La puesta en práctica de políticas europeas coherentes contra la discriminación es ciertamente un proyecto de largo plazo que requerirá permanentes mecanismos de corrección para encarar en profundidad las últimas causas de prejuicios y exclusiones, y crear finalmente una Europa donde todas las personas disfruten de los mismos derechos.
  3. Lo que hasta ahora llamábamos anti-discriminación está siendo ahora reemplazado por nuevos términos como integración, diversidad y cohesión e inclusión social. Soy un partidario de estas iniciativas, pero ahora el momento de fantásticas campañas debe ir de la mano de acciones concretas. Las minorías están cansadas de palabras. Quieren resultados.

Una advertencia

El aprecio de la diversidad cultural no significa comer donar kebab, aprender la danza del vientre o escuchar música rap. Para mí la afirmación de la diversidad, ya sea cultural, étnica o religiosa, consiste en celebrar y disfrutar las diferencias al igual que las similitudes. Debemos practicarlas porque vivimos en un mundo globalizado. El Internet, el correo electrónico y la rapidez de los viajes han abierto las fronteras, que ya no pueden permanecer cerradas.

Celebrar la diversidad no significa que obliguemos a los demás a aceptar la manera como hacemos las cosas. Sólo puede lograrse mediante buenos ejemplos, cooperación y respeto.

El racismo, la discriminación y el maltrato de un ser humano por parte de otros seres humanos es algo que supera mi capacidad de comprensión.

Al mismo tiempo se debe mencionar también que la gente va adquiriendo mayor conciencia respecto de esas realidades y quiere cambiar las cosas.

Está creciendo la percepción de que los problemas que hoy enfrentamos —malentendidos religiosos y culturales, y barreras artificiales— sirven para dividir a los seres humanos entre sí. La humanidad necesita urgentemente resolver estos problemas.

Ustedes, delegados y delegadas de esta Conferencia, y muchas otras personas con las que me encuentro a lo largo y ancho de Europa, son la prueba de que hombre y mujeres decentes están hartos. Ahora quieren actuar. Mi padre era pedagogo. Él solía decirme que los educadores construyen sociedades y los soldados las destruyen.

Ahora pues volvamos a la parte vital de mi presentación y echemos una mirada al papel de la educación en la coexistencia intercultural, de la misma manera que en el discurso anti-discri minación.

Yo plantearía que el objetivo fundamental de la educación debería ser intercultural y no mono-cultural. Se debería aprovechar la educación para influir en el cambio social. El camino hacia dicho objetivo incluye tres vías de transformación:

  • la transformación de uno mismo
  • la transformación del currículo educativo
  • la transformación de la sociedad

Es verdad que la educación por medio de escuelas, colegios, universidades, cursos nocturnos e institutos profesionales, ha sido durante mucho tiempo un componente integral de las sociedades europeas. Sobre la base de este proceso de aprendizaje de por vida los países europeos han tenido éxito en la construcción de sociedades que funcionan bien y de un nivel de bienestar muy elevado. Pero lo impresionante de todo ello no ha sido sólo el desarrollo material o una gran reserva de trabajadores altamente calificados para el mercado laboral. También era necesaria la educación de las masas para la creación de ciudadanos tolerantes que respeten los derechos humanos y una interacción humana pacífica, y que les volvían la espalda a la guerra, a los prejuicios y a la discriminación de otras personas.

Creo que la educación es en sí misma un valor sagrado que conduce al valor supremo del respeto y la aceptación entre seres humanos. La educación no sólo proporciona conocimientos, sabiduría y confianza en nosotros mismos, sino que también forma nuestras opiniones, actitudes y conductas respecto de la sociedad y de las personas que no conocemos o con las que no nos hemos encontrado anteriormente. En pocas palabras, la educación es un tónico que alimenta nuestro espíritu.

Lamentablemente, si contemplamos el actual paisaje europeo podemos ver que las conquistas logradas en los últimos 150 años en términos de educar a los europeos/as en el aprecio de los valores de la diversidad y el inter-culturalismo se encuentran gravemente amenazadas. Un considerable segmento de los medios de comunicación, al igual que muchos políticos, están defendiendo abiertamente la identidad mono-cultural de Europa basada en valores cristianos, en una concepción común de la historia y en la superioridad de la cultura occidental. En un ambiente como ése, las minorías étnicas y religiosas tienen la mirada puesta en ustedes, en busca de apoyo, de solidaridad y de una sociedad abierta.

En mi trabajo con minorías no-europeas visibles suelo plantear la siguiente pregunta: ¿Cómo se explica que en Europa tanta gente educada haya cambiado tan drásticamente del humanismo al racismo, y en tan poco tiempo?

Por eso tengo la mirada puesta en ustedes, en busca de respuestas. Entre tanto quisiera compartir con ustedes algunas de mis ideas acerca de su papel en la educación.

La tarea de los educadores/as

Si se considera el conjunto del sistema educativo europeo y el lugar que ocupan en él las minorías étnicas y religiosas, yo invitaría a los educadores europeos/as a que tuvieran en cuenta algunos aspectos:

  • Una educación intercultural en la que el punto de partida no es el énfasis en la cultura dominante sino las contribuciones de diferentes culturas al bienestar de Europa.
  • Un currículo más incluyente, donde un factor básico de la educación es el respeto, aceptación y conocimiento recíproco.
  • La educación como parte de una transformación de la sociedad de mayor alcance y no al servicio de la conservación de los fundamentos del statu quo tales como la supremacía blanca, el capitalismo, la globalización socio-económica y la explotación.
  • Igualdad de oportunidades para el pleno aprovechamiento del potencial individual.
  • Estar preparados/as para un aprendizaje efectivamente facilitador.
  • Participar activamente en la superación de todo tipo de discriminación, empezando por acabar con ella dentro de las propias filas, y siguiendo con la producción de ciudadanos y ciudadanas no sólo conscientes sino también social y críticamente activos/as.
  • Los educadores/as, activistas y similares deben asumir un rol más activo en la revisión de todas las prácticas educativas y de la manera como éstas afectan el aprendizaje.
  • La contribución de ustedes a la integración recíproca de la mayoría y las minorías es vital.

Con el fin de tener una relación exitosa entre un educador y las minorías, juegan un papel importante las propias opiniones del educador, su visión, su profesionalismo, sus conocimientos y su interés por los antecedentes de los/as estudiantes. No se trata de un oficio para ejercerlo en horario de trabajo, sino de una dedicación de por vida y de un trabajo por amor. Una actitud no-eurocéntrica del maestro ayuda a las minorías a abrirse y adoptar una actitud receptiva respecto de los cambios que ellos —en su calidad de forasteros/as— normalmente consideran innecesarios e incluso hostiles.

En pocas palabras, un educador puede llegar exitosamente a donde no tienen acceso los políticos, los medios de comunicación y la opinión pública, a saber en la mente y el alma de un individuo perteneciente a una minoría. Es ahí de donde arranca el primer paso para la mutua integración.

Educación de adultos y mutua integración

Hasta hace muy poco los gobiernos europeos eran reacios a involucrarse con instituciones educativas de adultos como institutos superiores o cursos sindicales profesionales, o incluso cursos nocturnos asistidos por tutores privados. El resultado ha sido que no sólo un elevado número de antiguos inmigrantes —varones y mujeres— se encontraron en una posición de aislamiento, sino que también aquellos que llegaron más tarde por la vía de la reunión de familias, o como refugiados.

En un país como Dinamarca, donde empezó el movimiento de institutos superiores para una educación masiva de personas adultas, el aprendizaje obligatorio de la lengua danesa comenzó en 1986, y la educación de la comprensión cultural o la orientación de la sociedad se hizo efectiva en 1996.

La mayor parte de los países europeos estaban incluso más retrasados. Pero una vez más nos encontramos con que no se hizo esfuerzo alguno por crear una sociedad incluyente, por celebrar la diversidad, y menos aún por apreciar las contribuciones que hacían los grupos minoritarios al funcionamiento de la sociedad.

Los deseos de las minorías

He realizado unas cuantas encuestas entre grupos étnicos más bien grandes. Hay unos cuantos indicadores importantes en las opiniones que pude reunir. Una de las señales claras es que las comunidades minoritarias quieren ser parte de la sociedad que los recibe y aprender su idioma. Si se tiene esto en mente, yo sugeriría lo siguiente:

? Las instituciones de educación de adultos se encuentran en una posición única para ser socias de una mutua integración. Aquí la mayoría y las minorías puede interactuar estrechamente. Por consiguiente es deseable que los países de la Unión Europea apoyen abiertamente ese tipo de iniciativas, proporcionándoles apoyo financiero y aceptando sus resultados.

  • La educación de adultos debería tener una orientación individual. Sólo así puede despertar la conciencia de las personas desfavorecidas respecto de la sociedad en que viven, de su cultura y sus estilos de vida, de las normas y códigos ocultos de las personas comunes.
  • La educación de adultos puede proporcionar el soporte y las herramientas que se necesita para conocer los propios derechos, y también cómo y dónde utilizar esos derechos exitosamente.
  • La educación de adultos debe capacitar a las minorías para que tomen parte en la discusión general, para que influyan en los procesos políticos, para que dinamicen el trabajo de las ONG y el trabajo con las bases, y para que participen en términos de igualdad.
  • La educación de adultos también puede ofrecer cursos en lengua materna para personas mayores que no han aprendido o no pueden aprender el idioma local. Estos cursos pueden versar sobre historia, deportes, sistema político, o los derechos y responsabilidades de las minorías.

Por favor, no interpreten lo dicho como que yo los estuviera señalando con el dedo. Me limito a transmitirles un mensaje desde la perspectiva de las bases y de las minorías. Ustedes tienen todo el derecho de estar en desacuerdo con lo que acabo de decir, e incluso de rechazarlo.

Un frente común y unos esfuerzos comunes

Propongo que las personas progresistas como ustedes y las organizaciones de las minorías étnicas junten fuerzas y hablen directamente con la gente. Un enfoque así generará confianza y comprensión entre las minorías étnicas y las animará a que asuman la plena responsabilidad de sus actos. Hará también más fácil que las autoridades entiendan los problemas que confrontan las minorías étnicas, tales como la no disponibilidad de recursos, la ausencia de un trabajo en red y la falta de oportunidades.

Una sola advertencia. La plena participación no puede servirse en una bandeja de plata, tiene que ser conquistada mediante una lucha política basada en un análisis claro, conjuntamente con un pensamiento ilusionado y en estrecha cooperación con aquellas personas que todavía creen en los derechos humanos, en el desarrollo pluralista y por encima de todo en la conservación de sus sociedades como democráticas.

Las minorías y la mayoría deben hacer un esfuerzo extraordinario por ser incluyentes. Esta sociedad es tanto de ustedes como mía. Mis derechos son los de ustedes y necesitan protección, cuidado y voz. Todos tenemos que hablar alto antes de que sea demasiado tarde.

Entonces ¿cuál será el camino a seguir de aquí en adelante?

La clave es una actitud positiva

Las minorías étnicas creen sinceramente que en Europa hay personas, movimientos y fuerzas que están comprometidas con su hermoso país y continente, con sus grandes valores humanos, su reputación internacional, su espíritu amante de la paz y su humanismo. La tarea que tenemos por delante puede ser difícil, pero no es imposible.

Como dijo una vez la gran antropóloga Margaret Mead:

«Nadie pone en duda que un pequeño grupo de ciudadanos creativos y comprometidos puede cambiar el mundo. En efecto eso es lo único que éste tiene.»

Queremos una Europa con verdadera paz y prosperidad para todos sus habitantes. Las minorías ciertamente quieren ser respetadas como seres humanos y como prójimos. No quieren que su color, su religión, su acento, sus antecedentes culturales y étnicos se vean ni experimenten como un obstáculo, sino por el contrario como una contribución positiva y potenciadora a la sociedad en que viven.

Las minorías étnicas y las fuerzas progresistas tienen que ir de la mano, y esta cooperación tiene que darse por encima de los partidos políticos, de las ideologías políticas y de la piedad humana. Tienen que trabajar para construir una sociedad libre de prejuicios, rebosante de tolerancia y de apertura cordial.

Esto puede ocurrir si el espíritu racional occidental se mezcla con el alma filosófica oriental, preparando el terreno para una verdadera comprensión.

El gran filósofo y poeta libanés Khalil Gibran dijo una vez:

«Amar no es mirarse el uno al otro, sino mirar juntos en la misma dirección».

Y la última gran escritora norteamericana Susan Sontag dijo una vez:

«Hay quien proclama que Europa ha muerto. Quizás lo correcto sea decir que Europa todavía está por nacer. Se necesita con urgencia una Europa que se haga cargo de sus minorías indefensas. Es necesario que Europa sea multicultural, de lo contrario dejará de existir».

Sólo un loco puede estar en desacuerdo con estas afirmaciones.

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