Shirley Walters

¿Cuáles son para nosotros, como educadores de jóvenes y adultos, los problemas más acuciantes que debemos afrontar en esta época en que atravesamos una multiplicidad de crisis interconectadas? Shirley Walters, de la «University of Western Cape», Sudáfrica, diserta sobre este tema.

El puente que consideramos nuestro hogar:1privilegiemos a la gente


En su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura de 2005, el dramaturgo británico Harold Pinter concluyó señalando:

«Creo que, a pesar de las enormes dificultades que existen, una firme e inquebrantable determinación intelectual sin vuelta atrás, como ciudadanos, para definir la auténtica verdad de nuestras vidas y nuestras sociedades es una necesidad crucial que nos afecta a todos. Es, de hecho, una obligación. Si una determinación como ésta no forma parte de nuestra visión política, no tenemos esperanza de restituir lo que casi hemos perdido: la dignidad como personas». (Estas palabras las pronunció en plena invasión estadounidense a Irak)

En África Meridional, al igual que en muchas regiones del mundo, hay millones de refugiados políticos y económicos en busca de una vida mejor. Sin embargo, a menudo no logran encontrar una patria a la cual pertenecer, lo cual contribuye a aumentar cada vez más su desesperación. Algunos se suicidan en sitios públicos, por ejemplo colgándose de un árbol en lugares donde los transeúntes tomen conciencia de su trágica realidad. El poeta sudafricano Malika Ndlovu describe una de esas conmovedoras y angustiosas situaciones, acaecida el viernes 15 de agosto de 2008, alrededor de las 7 de la mañana, cuando Adrian Nguni, ciudadano zimbabuense de poco más de 30 años, fue encontrado ahorcado de un árbol a orillas del Black River en Ciudad del Cabo, a la vista de toda la gente durante la hora de máximo tránsito en la concurrida calle que corre paralela al río. Días antes se había hallado un cuerpo no identificado flotando en esas mismas aguas. El poema se titula precisamente «Black River».

 

Mujeres de todo el mundo estan presentes
Fuente: Claudia Ferreira

 

 

 

 

 

No se trata de incidentes aislados, ya que los extremos entre riqueza y pobreza se están acentuando cada vez más, en un escenario en que el capitalismo predomina a escala mundial, respaldado por gobiernos que favorecen sus principios; en un mundo donde los países rivalizan por transformarse en sedes de megaeventos como la Copa Mundial de Fútbol o las Olimpiadas, con la esperanza de que, gracias al «efecto de filtración», un porcentaje de los miles de millones de dólares aportados por los contribuyentes y que se gastarán en la construcción de estadios, en lugar de destinarse a financiar la salud, la asistencia social y la educación, de alguna manera llegará a sus manos y a las nuestras. ¿Por qué el bombardeo publicitario que incita al consumismo nos encandila una y otra vez? La poderosa ideología individualizadora que fomenta la cultura de «yo por sobre todos los demás», en vez de otras concepciones como la del «ubuntu», en la que se reconoce que «soy una persona gracias a los demás», sigue cautivando a muchas personas. ¿Acaso no ha llegado el momento de que, como educadores de jóvenes y adultos, nos concentremos en una contraargumentación que «privilegie a la gente» y haga hincapié en nuestra interconectividad, en nuestra necesidad de pertenencia, de mutua solidaridad, si pretendemos garantizar nuestra sobrevivencia y la del planeta?

Puesto que reconozco cada vez con mayor convicción que todas las personas, generación tras generación (incluidos nosotros como educadores y alumnos), sufren penurias que van desde la pobreza y diversos tipos de abusos hasta enfermedades o pérdidas, los enfoques que apliquemos en nuestra práctica docente deben tener como finalidad primordial ayudar a la gente «a pertenecer». Las personas no pueden aprender si son presa del miedo, del dolor o de la alienación, es decir, si no se sienten «en su ambiente». Asimismo, en épocas en que sobrevienen múltiples crisis, ninguno de nosotros posee «la» respuesta. Es de esperar que cada vez resulte más importante contar con entornos donde se aliente a alumnos y educadores a sentirse en libertad para idear visiones alternativas echando a volar la imaginación. A fin de alcanzar este objetivo es menester que todos, sin distinción de clases sociales, culturas o trayectorias, abandonemos nuestro cómodo recinto para dirigirnos hacia las zonas donde se producen los entrecruzamientos, los contactos y las posibilidades.

Chien Siew Sim describe esas zonas de entrecruzamientos, contactos y posibilidades mediante el concepto de «nepantla», definido por Anzaldua y Keating en su libro «The Bridge We Call Home» («El puente que consideramos nuestro hogar»). Los autores emplean la noción azteca de «nepantla», la tierra intermedia, para promover debates sobre la transformación. Por consiguiente, el «nepantla», en cuanto a sitio de transformación, es:

«El lugar donde diversas perspectivas entran en conflicto, y donde ponemos en tela de juicio los principios básicos y las identidades heredados de la familia, al igual que nuestra educación y nuestras distintas culturas. El ‹nepantla› es la zona intermedia donde luchamos por encontrar un equilibrio entre la expresión externa del cambio y nuestra relación interna con éste.»

(Chien Sien Sim, p. 549)

El «nepantla» es la zona donde se fomentan modalidades creativas y alternativas de pertenencia y aprendizaje. Es una (re)construcción cultural de la identidad y la pertenencia que exige salir de nuestro recinto y cruzar los límites; que impone una responsabilidad social vinculada al aprendizaje transformativo; y que nos insta a tenderles una mano a personas como al zimbabuense Adrian Nguni.

Los educadores de jóvenes y adultos están llamados a ayudar a levantar puentes y traspasar las fronteras para aportar una dosis de esperanza y espíritu visionario en la lucha por el cambio, especialmente ahora que el discurso público sugiere que vivimos en una época de múltiples crisis que amenazan nuestra propia existencia.

El primer paso consiste en que todos reconozcamos nuestras interconexiones; un vínculo que une nuestros corazones y un respeto por el carácter sagrado de todas las formas de vida. Esa actitud nos ayudará a atender al llamamiento de Harold Pinter; y también a escuchar lo que nos dice la activista Bell Hooks (2009), quien ofrece una notable visión de un mundo donde todas las personas —cualquiera sea su concepto de hogar— puedan vivir con plenitud y en paz, donde todos puedan pertenecer.

Sin embargo, para lograr este propósito también es muy importante que tengamos en cuenta las sabias palabras de Lily Walter, dirigente aborigen australiana:

«Si vienen aquí a ayudarme, entonces están perdiendo su tiempo. Pero si vienen aquí porque su libertad está estrechamente ligada a la mía, entonces pongamos manos a la obra».

 

El más joven participante
Fuente: Claudia Ferreira

 

 


Notes

1 Este es el título de un libro escrito por Anzaldua y Keasting (2002), citado por Chin sien Sim en «I am a Human Being, and I Belong to the World: Narrating the Intersection of Spirituality and Social Identity» [«Soy un ser humano y ciudadano del mundo: descripción de la intersección de la espiritualidad con la identidad social»], en Journal of Transformative Education, enero de 2006, volumen 4, nº 1, p. 549.

 

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