Christian Wulff

Las jornadas alemanas de educación de adultos —la conferencia alemana sobre educación de adultos de mayor envergadura, organizada por la Asociación Alemana de Universidades Populares cada cinco años— suelen contar con la visita del presidente federal en ejercicio. Con su presencia, el presidente realza la importancia del evento, del trabajo de las universidades populares y de la educación de adultos en general. Pero esa expresión de reconocimiento no siempre fue tan explícita y manifiesta como en esta ocasión. Publicamos a continuación el discurso pronunciado por el Presidente Federal Sr. Christian Wulff el 12 de mayo del 2011 en Berlín, ante los participantes en las XIII Jornadas Alemanas de Educación de Adultos.

Las Volkshochschulen son escuelas para toda la vida


Existen proverbios inmortales en nuestra lengua germana, que no por ser antiquísimos dejan de ser algo desacertados. Entre estos se encuentra uno archiconocido que dice: «Lo que Juanito no aprende, Juan jamás lo aprenderá».

Se suele recurrir a él para recalcarles a los niños la importancia de la escuela, del estudio y del aprendizaje a una edad temprana, y para subrayar la oportunidad única e irrepetible que se tiene en la infancia y la juventud para aprender de por vida.

Como advertencia y exhortación, este proverbio resulta también hoy —en ciertas circunstancias— aceptable. Todo lo que sirva para motivar tanto a niños y niñas como a jóvenes a estudiar y a esforzarse a fin de mejorar sus oportunidades en la vida, es digno de aprobación. Pero si el proverbio «Lo que Juanito no aprende, Juan jamás lo aprenderá» es utilizado para disuadir a personas adultas de instruirse y perfeccionarse, entonces debemos dejarlo muy rápidamente de lado.

Es indudablemente cierto que el cerebro joven tiene una gran capacidad de aprehensión y que probablemente nunca más en la vida podrá asimilar y estudiar con la misma facilidad y rapidez que en la infancia y juventud. Las experiencias vividas en estos primeros años marcan a las personas para el resto de sus días. Es también en esta etapa de la vida cuando adquirimos la mayor parte de los conocimientos que nos acompañan y definen hasta la muerte.

Pero la investigación cerebral y el estudio del desarrollo cognitivo han demostrado que un aprendizaje activo y productivo es también posible a una edad más avanzada. Incluso han demostrado que si como adultos podemos distinguir más acertadamente entre lo que nos es importante o secundario y productivo o superfluo, finalmente podremos aprender de manera más concisa y especialmente con una mayor motivación que en la niñez o la juventud.

Que lo antedicho es acertado no solo lo demuestran los resultados de las investigaciones científicas más recientes sino también el gran éxito que desde hace ya mucho tiempo tienen las universidades populares en nuestro país.

Las universidades populares demuestran día a día en sus centenares de centros de estudio y a través de sus miles de estudiantes y profesores que la educación es un elemento que nos acompaña durante toda de vida, que nunca debe dejar de acompañarnos.

Las universidades populares demuestran día a día que todas las personas, independientemente de su formación escolar, su origen, sus convicciones y su edad, sienten el anhelo de estudiar; el anhelo de profundizar y perfeccionar sus conocimientos, de acrecentar sus competencias linguísticas, creativas y sociales, de desarrollar su personalidad.

Las universidades populares demuestran día a día que a las personas les gusta estudiar, que de manera voluntaria realizan esfuerzos y asumen sacrificios para progresar y desarrollarse: sea como profesionales, sea en lo referente a sus conocimientos científicos, a sus experiencias culturales o a sus capacidades para el diario vivir. A nadie se le obliga a ir a la universidad popular. Libres de coerción y coacción, las personas voluntariamente hacen algo en favor de sí mismas.

El presidente de la República Federal de Alemania

 

 

 

El presidente de la República Federal de Alemania
Fuente: Heidi Scherm

 


Finalmente, las universidades populares demuestran día a día que la mejor educación es la que se orienta por las necesidades de las personas. Las universidades populares como sistemas también aprenden constantemente y se desarrollan y perfeccionan continuamente. Debido a que observan con gran sensibilidad la manera en que cambian las aspiraciones y necesidades en materia de educación, la forma en que cambian las personas en cuanto a sus proyecciones y planes de vida, son un ejemplo de cómo la oferta y la demanda se condicionan mutuamente.

En pocas palabras: las universidades populares están a la altura de las circunstancias actuales debido a que observan muy detenidamente los deseos de las personas en materia de educación.

Y precisamente en el marco de estas Jornadas sobre Educación de Adultos siempre se puede volver a comprobar que las universidades populares se encuentran en un constante proceso de reorientación. Aquí se intercambian experiencias; aquí se analizan las nuevas tendencias sociales; aquí se debate sobre conceptos; aquí se discuten y aprueban metas comunes.

En consecuencia, estas Jornadas son un laboratorio social de características muy especiales. Aquí no se planifica de manera teórica o se discurre en una esfera abstracta. Por el contrario. Aquí se recopilan, analizan y comparan las experiencias cotidianas y prácticas de los centros de estudio a lo largo y ancho del país. Aquí se debate de manera concreta y precisa sobre la mejor manera de satisfacer las aspiraciones de las personas y las necesidades de la sociedad actual en materia de educación.

Y por ello podemos afirmar con plena convicción que las universidades populares y estas Jornadas realizan una considerable aportación al bien común, lo cual agradezco muy sinceramente.

A continuación precisaré en algunos puntos la afirmación anterior, pues también un agradecimiento ha de ser, en lo posible, concreto. Las universidades populares son establecimientos en los que se imparte educación en democracia. Ello lo demuestra también su desarrollo. Fue en tiempos de la primera democracia alemana, a saber en la República de Weimar, cuando las universidades populares vieron la luz y vivieron su primer auge. La democracia y la educación popular están hermanadas, especialmente por dos razones:

En primer lugar, porque en la democracia no tienen importancia el origen social o la pertenencia a un determinado estrato social. En la democracia todas las personas deben tener la posibilidad de tomar parte en la vida social —correctamente se habla de participación— de acuerdo con sus capacidades y necesidades. Esto significa que todas las personas han de tener la posibilidad de acceder a la edu-cación. Y todas las personas, independientemente de su formación escolar o profesional, han de tener la posibilidad de continuar educándose y perfeccionándose.

En segundo lugar, porque la democracia precisa ciudadanos maduros y educados. Esto significa que para la democracia es importante que sus ciudadanos sean cultos, informados e instruidos, capaces de formarse su propia opinión; ciudadanos que, como Kant ya lo formuló con gran precisión, puedan hacer uso de su propio juicio. Y son las universidades populares las encargadas de ofrecer la educación permanente y el perfeccionamiento que contribuyan a lograr esta magnífica meta. No imparten sólo conocimientos y contenidos, sino que promueven también un sentido de responsabilidad social y política.

Es a través de las universidades populares y su oferta como la sociedad, es decir, la democracia, pone a disposición establecimientos que ayudan al individuo a desarrollarse y a encontrar su lugar en la sociedad. En consecuencia, para que el interés común pueda perdurar y desarrollarse en favor de la totalidad de la población, la contribución práctica e intelectual, la preocupación y el compromiso del individuo resultan indispensables. También aquí intentaré resumirlo en pocas palabras: las universidades populares dinámicas son testimonio de una democracia dinámica y omnipresente.

Un argumento más en favor de las universidades populares es que son establecimientos educativos geográficamente cercanos. Se encuentran en las propias comunas y son centros donde se reúnen y comparten los vecinos y aldeanos. Por ello son también establecimientos que dan impulso precisamente a la vida de estas comunas, distritos y suburbios. En caso de que fuese necesario recortar los subsidios en general, sería insensato comenzar cercenando aquellos que reciben las universidades populares. No hay motivos para cuestionar el hecho de que las universidades populares se mantengan en parte gracias a sus ingresos, como tampoco de que las personas paguen por hacer uso de ofertas diseñadas de acuerdo con sus necesidades y sus deseos.

Pero los costos que deben asumir los participantes no deben ser excesivos, a fin de asegurar que potenciales estudiantes puedan siempre matricularse en cursos de su interés. Por ello, una financiación adicional para proyectos es sumamente bienvenida. Una financiación de determinados proyectos limitada en el tiempo puede poner muchas iniciativas en marcha. Pero fuera de ello, las universidades populares precisan también de subsidios seguros y estables a fin de permitir una planificación de largo plazo y asegurar la existencia misma de la universidad popular.

Pleno

 

 

Pleno
Fuente: Heidi Scherm

 



En su calidad de establecimientos educacionales y lugares de encuentro próximos, es decir, en su calidad de centros comunales, las universidades populares deben trabajar y obrar en contra de la segregación. Los cursos que ofrecen se prestan de manera especial para el encuentro y el diálogo entre personas provenientes de entornos dispares y estratos diferentes. Esta es una de sus características más destacadas, digna de ser preservada.

En breve: las universidades populares son escuelas cercanas, que pretenden reflejar a la sociedad en su totalidad. Su compromiso con el interés común debe ser omnipresente e inspirar todas sus actividades.

El tercer argumento dice relación con el anterior. Las universidades populares son establecimientos en los que se vive la integración. Ejemplo de ello es que los cursos de idiomas son un elemento prioritario. Y al hablar de cursos de idiomas no me refiero sólo a clases de lenguas extranjeras, sino sobre todo a los cursos de alemán para extranjeros e inmigrantes. Estos últimos revisten gran importancia.

Pero la labor integradora va mucho más allá de los cursos de idiomas. En las clases de música y arte, en las ofertas educativas que abordan las ciencias naturales, en los proyectos que versan sobre temas históricos, sociales y políticos, día a día se practica la integración, día a día se va creando una sociedad compuesta de personas con muy variados orígenes y trasfondos.

Las universidades populares son los foros donde tiene lugar el debate sobre religiones, credos, convicciones y metas políticas. La integración no se puede lograr sólo en veladas amenas comunes, como tampoco es un proceso automático. La integración precisa el conocimiento de la contraparte, el diálogo y la discusión entre las partes. Un diálogo y una discusión que no se limite a círculos académicos y encuentros técnicos en hoteles de lujo y salas provistas de aire acondicionado. Deben tener lugar en la vida diaria y precisamente entre aquellas personas que también mañana y pasado mañana se encontrarán en las calles y en los parques, y que conviven en la misma ciudad. Las universidades populares son los lugares idóneos para este tipo de encuentros.

Y nuevamente en pocas palabras: las universidades populares son centros integradores. Son lugares de encuentro, de roce y de desarrollo común: este último se basa en el aprendizaje mutuo y conjunto, en la discusión y en el diálogo.

Mencionaré un último argumento que me parece muy importante: las universidades populares son establecimientos educacionales para toda la vida y para todos los aspectos de la vida. Esto tiene un doble sentido. Por una parte son establecimientos con una definición amplia y global del concepto de educación. Para ellas, la educación no es sólo la entrega de conocimientos y habilidades. Sus prioridades son también las experiencias y concepciones vitales, la reflexión sobre sí mismo, las responsabilidades social y familiar, la creatividad, la experimentación y la expresión cultural, la conciencia histórica y la ilustración política. En las universidades populares la educación se orienta hacia la persona en su universalidad.

El otro sentido se refiere a que nunca se es demasiado viejo para participar en la universidad popular. Todos envejecemos, pero el mundo no se detiene. La sociedad se desarrolla día a día de manera veloz. Los conocimientos y las habilidades que nos permiten manejarnos hoy, no nos servirán mañana. Y en la medida en que nuestra sociedad cuente con cada vez más personas de edad avanzada, mientras más personas ancianas determinen nuestro interés común, más importante será que tengan la posibilidad de educarse y perfeccionarse.

Después de todo, hay muchas cosas y muchas capacidades que Juanito no pudo aprender porque en aquel entonces, e incluso hasta hace poco, sencillamente no existían. Hoy en día, Juan debe aprender muchas cosas que Juanito ni siquiera hubiera podido imaginar. Estudiar a una edad avanzada, perfeccionarse, reorientarse en la vida, ir con los tiempos: estas son todas posibilidades que ofrece la universidad popular, y que hoy debe ofrecer incluso mucho más que antes.

Estoy muy agradecido de que las universidades populares sean precisamente eso: un lugar de encuentro para las generaciones. Por lo demás, hay muchas cosas que la juventud puede aprender a su vez de los mayores. Existen ciertos conocimientos, una orientación, cierta sabiduría que nunca caducan.

Y nuevamente en pocas palabras: las universidades populares son establecimientos educativos para toda la vida. Aquí se fomentan las aptitudes de las personas y aquí nadie es demasiado viejo.

Debido a que aún tienen una larga jornada por delante, pondré término a mi discurso. Pero antes deseo recalcar cuánto aprecio su trabajo, cuánto valoro lo que hacen por nuestro país, por sus ciudades y por cada persona que va a la universidad popular. Junto con expresarles mi agradecimiento, les deseo que luego de estas jornadas retornen a sus lugares de trabajo con nuevos bríos y motivación, a fin de retomar su importante, exigente, pero seguramente también reconfortante, tarea.

 

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