Rajesh Tandon

En vista de que los impulsos del crecimiento económico provienen de manera creciente de la región del Asia, y de que este desarrollo va de la mano de un acelerado movimiento en favor de la democracia y la participación popular en dicha región, así como de una cada vez mayor influencia política de los países en proceso de transformación en el plano internacional, Alemania y Europa no sólo se deben esforzar por fortalecer las relaciones económicas sino también por establecer sólidos vínculos con la sociedad civil, también en el campo de la educación, ya que estos serán los pilares de actuar como ciudadanos del mundo en el futuro.

Los ojos y oídos de Alemania deberían abarcar más allá de Europa

 

Hoy en día vivimos en un mundo distinto al que presenciamos a comienzos de este siglo. Mientras Europa y Estados Unidos aún se están recuperando de las recesiones económicas de 2008, el eje de la economía mundial parece estarse trasladando a Asia. Al impresionante poderío empresarial de China le siguen también el de Japón, Corea, India, Indonesia, Malasia y Filipinas (por no mencionar el de Australia). Las economías asiáticas están creciendo a un ritmo anual de 7 % a 8 %, lo que se ha traducido en enormes superávit.

Aun cuando la cooperación entre ministros de finanzas, intercambio y comercio de gobiernos asiáticos ha aumentado de manera considerable, los ministros del área social (educación, salud) no se reúnen para poner a punto sus políticas en la región. Por consiguiente, en esa zona del mundo se observa una notoria brecha entre los resultados económicos y los indicadores sociales. La mayoría de los analfabetos se concentra en Asia Meridional; en muchos países la tasa de malnutrición infantil ronda el 40 %; por otra parte, la condición de la mujer es enormemente desigual. Basta con que solo India no logre cumplir algunos de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (por ejemplo, el saneamiento rural) para que sea prácticamente imposible llegar a alcanzarlos a nivel mundial.

Rajesh Tandon

 

 

 

Rajesh Tandon
Fuente: Heidi Scherm

 

 

 

Así pues, la Educación para Todos en Asia continúa siendo un sueño lejano; ello se debe más que nada a que entre las minorías étnicas y los habitantes pobres de zonas rurales de toda la región prevalece el analfabetismo. Los niveles de instrucción de las poblaciones aborígenes son deplorables. Cerca del 60 % de todas las niñas y mujeres de Asia Meridional son analfabetas. En vista de la numerosa población joven de esos países, el tercer objetivo de EPT —educación para jóvenes y adolescentes— adquiere especial relevancia. Una enorme proporción de esos jóvenes carece de acceso adecuado a la educación básica; asimismo, están emigrando desde las comunidades rurales hacia asentamientos urbanos en busca de medios de subsistencia y supervivencia. Estos muchachos necesitan recibir apoyo a través de programas de educación de adultos.

Gracias al acelerado ritmo del desarrollo económico en la región asiática está aumentando la proporción de oportunidades laborales en el sector informal de las economías; incluso en Europa, tras el período de recesión, pueden encontrarse nuevas alternativas para ganarse el sustento en pequeñas tiendas, centros de autoempleo basados en productos de fabricación casera, etc. En Asia, la mano de obra en el sector informal corresponde a cerca de dos tercios de toda la fuerza laboral. Estas personas trabajan en granjas, en tiendas o en el hogar, ya sea como dependientes, comadronas, empleadas domésticas, encargados de tirar de un rickshaw (coche de dos ruedas). No trabajan ni en oficinas, ni en fábricas, ni en minas ni en establecimientos, sino en ambientes y lugares informales. Con todo, nuestros programas y políticas de educación de adultos parecen dar prioridad a la fuerza laboral del sector formal, y tal vez no están en condiciones de atender a las necesidades educativas de los empleados del sector informal.

¿De qué manera puede concentrarse la educación de adultos en esa mano de obra del sector informal? ¿Cómo pueden respaldar las políticas públicas esos esfuerzos?

El cuarto objetivo de EPT —desarrollo de aptitudes, enseñanza profesional— también resulta especialmente pertinente en el panorama actual de Asia; las economías en rápido crecimiento están generando una demanda de nuevas aptitudes, por lo que los programas tradicionales de enseñanza profesional no dan abasto con la gran cantidad de alumnos ni son capaces de satisfacer la enorme variedad de aptitudes requeridas. Un ámbito particular para las políticas públicas es la creación de sistemas para el reconocimiento y la acreditación de estudios previos, que adquieren especial relevancia en la calificación de una amplia gama de aptitudes.

En gran parte de la planificación de la educación profesional, las aptitudes técnicas o «de hardware» parecen ser las más focalizadas: fontanería, albañilería, electricidad, etc. Recientemente se han agregado la informática, la contabilidad, la escritura, etc. Sin embargo, en muchos países asiáticos (por ejemplo en India), la mayor parte de ese rápido crecimiento se está experimentando en el sector de servicios de la economía, el cual requiere una amplia variedad de aptitudes «de software»: comunicación interpersonal, relaciones sociales, cuidado de la apariencia personal, liderazgo, planificación y supervisión, etc. Es menester desarrollar esos programas de formación profesional y hacerlos accesibles en gran escala para así satisfacer las necesidades educativas de los cada vez más amplios sectores de servicios.

A todos aquellos que se han formado la impresión de que la actual realidad asiática está ligada exclusivamente al crecimiento económico, permítanme recordarles que la casi totalidad de los países de la región están ejerciendo una ciudadanía cada vez más consciente y activa. Ciudadanos de Asia por doquier —desde Nepal hasta Myanmar, China, India, Corea e Indonesia— están comenzando a exigir un mayor grado de rendición de cuentas en la gestión pública y a manifestar el deseo de participar más efectivamente en ese proceso. Esas tendencias democráticas y participativas también requieren contar con un apoyo sostenido de la educación de adultos en la región.

Pleno

 

 

 

Pleno
Fuente: Heidi Scherm

 

 

 

Por último, los gobiernos asiáticos están empezando a demostrar su peso político en las relaciones internacionales, lo que ha quedado de manifiesto en recientes reuniones de BRICS en China. Por su parte, la ASEAN se ha trasformado en la plataforma más poderosa para el diseño conjunto de políticas por parte de los gobiernos asiáticos. Asimismo, 6 países de esta región (India, China, Indonesia, Corea, Japón y Australia) forman parte del G20. Esta voz política está consolidándose y haciéndose oír en diversas instituciones de gobernanza (más recientemente, en el FMI). Es así como en este estado de cosas Europa en general, y Alemania en particular, necesitan encontrar maneras de interactuar con los ciudadanos y las instituciones de Asia. Puesto que el BMZ y otros organismos europeos de ayuda han retirado su apoyo financiero a proyectos de desarrollo en esa región, existe el riesgo de que pronto llegue a romperse un vínculo sumamente decisivo con la sociedad civil de los países asiáticos. La cuestión no es financiar a los gobiernos de la región, ya que cuentan con suficientes fondos para sufragar sus propios programas; se trata de encontrar maneras de mantener y fomentar décadas de relaciones con actores involucrados al interior de esas sociedades. El solo hecho de conservar esos lazos permitirá fortalecer la cooperación Sur-Sur (especialmente entre Asia y el Oriente Medio, Asia Central, el Cáucaso y África).

Es este sentido, el alcance de los ojos y oídos de Alemania debería extenderse más allá de la frontera europea; si bien Alemania necesita a Europa y a su Unión como parte de ella, también es preciso que sitúe esa relación en el contexto mundial. Las meras relaciones económicas y comerciales con los países asiáticos no serán suficientes, por lo que las iniciativas conjuntas en materia de educación de adultos pueden convertirse en una poderosa hebra con la cual urdir el entramado de un nuevo período de compromisos con las sociedades asiáticas. La ciudadanía en el mundo supone la capacidad de aprender a comprometerse con el mundo en su conjunto, y a actuar responsablemente en ese escenario. Las iniciativas conjuntas entre profesionales y asociaciones dedicados a la educación de adultos en Europa y Asia pueden transformarse en una valiosa materia prima que permita crear a esos ciudadanos del mundo responsables para el mañana.

 

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