Nos movemos al ritmo del mundo: debemos ser más globales de lo quepensábamos

Rajesh Tandon Sociedad para la Investigación Participativa en Asia (Society for Participatory Research in Asia – PRIA), India

 

 

 


Resumen
– En la actualidad, la ciudadanía activa es un fenómeno identificable en todo el mundo. Algunas expresiones de esta ciudadanía están cuestionando la supuesta relación entre los ciudadanos y el Estado. También están aumentando las expresiones de solidaridad entre personas separadas por grandes distancias y que no se conocen entre sí. Como fenómeno mundial, la ciudadanía activa y participativa está redefiniendo las prácticas democráticas. Los procesos y las prácticas de aprendizaje a lo largo de toda la vida y educación de adultos son fundamentales para transformarse en ciudadano activo.




Introducción

     

  • Con ocasión del reciente seísmo que azotó el distante territorio chino, varios miles de europeos realizaron contribuciones benéficas para financiar iniciativas de socorro emprendidas por algunas ONG.
  • En Nueva York y en Melbourne se organizaron actos de protesta para condenar un reciente caso de violación en grupo ocurrido en Delhi.
  • Las manifestaciones de jóvenes en El Cairo fueron respaldadas por similares actos ciudadanos que tuvieron lugar en decenas de ciudades de todo el mundo.
  • En diversos países, personas de todos los credos rezan por la salud de Nelson Mandela.
  • Los inmigrantes chinos en Ghana, y los inmigrantes filipinos en Japón, han sido acogidos por residentes locales de dichos países.
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Los casos que acaban de mencionarse son una demostración de solidaridad humana; así podrían citarse muchos otros testimonios similares provenientes de todas las culturas y sociedades del mundo. Personas desconocidas que habitan en zonas remotas están recibiendo apoyo a través de iniciativas solidarias emprendidas por ciudadanos de todas las creencias y comunidades. Cuando demostramos solidaridad hacia nuestros familiares, vecinos y amigos, se trata de un gesto comprensible, pues nos sentimos conectados y relacionados con ellos por haberlos conocido durante bastante tiempo. Sin embargo, ¿cómo se explican los actos solidarios para apoyar a otras personas desconocidas que viven en regiones distantes? No solo no las conocemos, sino que además no comprendemos su entorno. ¿Qué impulsa a los seres humanos a demostrar solidaridad con desconocidos que habitan en lugares remotos?

Significados de ciudadanía

La respuesta a las preguntas anteriores se encuentra en nuestra concepción de ciudadanía. En un sentido restringido y legalista, la ciudadanía es una condición que estados y gobiernos confieren a sus habitantes. La calidad de ciudadano comporta algunos derechos y deberes determinados por el Estado; todas las personas que han adquirido la condición de ciudadanos pueden reivindicar derechos similares, y deben cumplir iguales deberes. Es esta concepción de ciudadanía la que nos otorga nuestro documento nacional de identidad, nuestros pasaportes y nuestro número del seguro social. La autoridad conferida al Estado para gobernar a un territorio y sus habitantes constituye la base para definir y conceder la condición de ciudadano. “La visión vertical tiene que ver con las relaciones percibidas de los ciudadanos con el Estado, y potencialmente con otras autoridades. Históricamente, esta es la postura más predominante a nivel nacional. El Estado confiere derechos a los individuos a través de constituciones, legislaciones y políticas, y a su vez los ciudadanos pueden exigir esos derechos, al igual que la rendición de cuentas de parte de los organismos públicos correspondientes, los cuales están obligados a responder como es debido” (Gaventa y Tandon, 2010: 11).

Esta concepción de ciudadanía se basa en una relación vertical entre las personas y el Estado que las gobierna. En estados democráticos, los ciudadanos disponen del derecho a voto para escoger a sus representantes; aun así, siguen manteniendo una relación vertical con las autoridades públicas que le confieren legitimidad a su condición de ciudadanos.

Con todo, existe en la práctica otra concepción de ciudadanía que tiene que ver con la conciencia de los derechos y responsabilidades para con nuestras comunida des, nuestros conciudadanos y la humanidad en general. En su calidad de individuos sociales y culturales, los seres humanos mantienen una constante relación con otros miembros de sus familias, clanes, comunidades y sociedades. Interactuamos en estas relaciones sociales, y durante ese proceso surgen las obligaciones sociales. Resulta interesante observar que en estas relaciones también reivindicamos derechos. Así pues, los aspectos horizontales de la ciudadanía surgen en el contexto de nuestra vida y nuestras interacciones cotidianas. “La segunda dimensión, la visión horizontal, tiene que ver con la manera en que los ciudadanos se perciben a sí mismos como miembros de una comunidad mundial más amplia” (Gaventa y Tandon, 2010: 12).

En resumen, la ciudadanía es una condición conferida verticalmente por el Estado y alcanzada socialmente en la comunidad. Es este aspecto horizontal de la ciudadanía el que nos otorga la capacidad de demostrar solidaridad con otras personas desconocidas que habitan en lugares remotos. Sentimos que tenemos una obligación con los afectados por un terremoto o por inundaciones en regiones distantes; nos parece que la violencia infligida a las niñas en un determinado país repercute en nuestro sentimiento de repulsa frente a la violencia; nos sentimos en el deber de ayudar a aquellas personas que viven una situación angustiosa, incluso si el Estado considera que “carecen de derechos legítimos”; consideramos que los iconos de otras sociedades también son en cierta medida “de nuestra propiedad”.

“Aprender a desarrollar un sentimiento de pertenencia al mundo, aprender a ser un ciudadano del mundo, aprender a actuar de manera solidaria con personas desconocidas que viven en zonas distantes, son actitudes que constituyen la base del aprendizaje a lo largo de toda la vida para transformarse en ciudadano mundial.”

Por tanto, en el mundo en que vivimos la sociedad tiene que ver lo mismo con la pertenencia, la responsabilidad y la solidaridad que con los derechos y las reivindicaciones. La ciudadanía mundial es un fenómeno que está adquiriendo cada vez mayor ascendiente en el actual panorama internacional. Un aspecto que resulta aun más ilustrativo es que está comenzando a incorporar a los ciudadanos comunes en el escenario mundial, privilegio que hasta ahora estaba reservado a diplomáticos y estadistas.

“La ciudadanía participativa requiere que la ciudadanía sea conceptualizada tomándose en cuenta las experiencias de aquellos cuya inclusión sigue siendo cuestionada” (Mohanty y Tandon, 2006: 10).

Aprendizaje de la ciudadanía mundial

El fundamento de la ciudadanía horizontal radica en el hecho de ser un fenómeno que se extiende a lo ancho y a lo largo de la vida, es decir va siendo aprendida durante la vida y en todas las esferas de la misma. Aprender a desarrollar un sentimiento de pertenencia al mundo, aprender a ser un ciudadano del mundo, aprender a actuar de manera solidaria con personas desconocidas que viven en zonas distantes, son actitudes que constituyen la base del aprendizaje a lo largo de toda la vida para transformarse en ciudadano mundial.

En todo el mundo se están poniendo en marcha numerosos programas de educación formal cuyo fin es que niños y niñas, al igual que los adultos, adquieran conciencia de sus derechos y deberes como ciudadanos. Los estados se preocupan de garantizar la disciplina entre los ciudadanos, para así mantener el orden social. En los sistemas educativos modernos, la educación cívica es una asignatura obligatoria en las aulas.

Así y todo, no se están realizando esfuerzos suficientes para aprender a adquirir la ciudadanía horizontal y fomentar su desarrollo. Desde esta perspectiva, la ciudadanía es aprendida durante la vida y al interior de la misma. Los debates en torno a nuestros derechos y a nuestras obligaciones para con los conciudadanos no son muy frecuentes; son numerosos los programas educativos no formales que se concentran mucho más en los aspectos verticales de la ciudadanía conferida por el Estado que en los significados horizontales de la misma.

A este respecto, la sociedad civil ha cumplido un papel decisivo. Los movimientos sociales han sido interesantes escenarios de aprendizaje, no solo por la gente que participa en ellos, sino además porque otras personas se enteran de su existencia. La mayoría de los valores humanos han sido difundidos y adquiridos gracias a iniciativas de los movimientos sociales y de la sociedad civil. Resulta en verdad sorprendente que los valores universales de los derechos humanos estén siendo aceptados en todo el mundo; ya no se está cuestionando la condición de valor de la igualdad entre los géneros; en todo el mundo se está fomentando la vida en armonía con la naturaleza. Los movimientos sociales de nuestra época contribuyen a un aprendizaje crítico a lo largo de toda la vida para todos los ciudadanos. Hall y otros (2012: 10) hacen hincapié en el valor de ese aprendizaje basado en los movimientos sociales: “Esperamos que, al igual que nosotros, los lectores se percaten de que una poderosa contribución al aprendizaje basado en movimientos sociales es que haya quedado de manifiesto el extraordinario alcance, la diversidad, la variada gama de actores, la amplitud de medios y métodos y la infatigable energía de quienes están inmersos en la labor educativa, la docencia y el aprendizaje, el proceso formal e informal de intercambio y creación de conocimientos que constituyen el mundo de la educación y el aprendizaje basados en movimientos sociales”.

Estos valores de justicia, igualdad, sostenibilidad y solidaridad están siendo practicados actualmente en todas las sociedades y comunidades. Por cierto que los rápidos progresos en la tecnología de las comunicaciones han permitido el acceso instantáneo a la información; tanto los medios de difusión como la tecnología de la información, las redes sociales y los teléfonos móviles nos han permitido adquirir más rápidamente la conciencia de ser ciudadanos del mundo. El rápido desarrollo de la telefonía móvil en todo el mundo ha posibilitado la trasmisión de fotos y noticias relativas a protestas de monjes en Tíbet, a jóvenes que exigen seguridad para las muchachas en India, y a ciudadanos que alzan su voz contra la contaminación en China. Los medios de comunicación formales ya no son la única fuente de información acerca de la realidad internacional y de lo que ocurre en el planeta hoy en día. El uso de las redes sociales por parte de los jóvenes es ya una práctica habitual para expresar solidaridad en todas partes. Los jóvenes senegaleses protestaron contra parlamentarios que le concedieron al Presidente en funciones otro período en el poder que sobrepasaba el plazo límite constitucional de dos mandatos. Por su parte, los jóvenes chilenos organizaron un movimiento nacional para exigir mejoras en la calidad de la educación y mayor acceso a la misma en el país. Las redes sociales cumplieron un papel decisivo en la propagación de los “movimientos ocupa” por todo el mundo entre 2011 y 2012. El movimiento “Idle no more” (“Basta de pasividad”) de mujeres aborígenes se está expandiendo por el territorio canadiense (y por todo el mundo) a medida que los nuevos medios de difusión comparten los testimonios de denegación de justicia a pueblos indígenas. Las protestas de usuarios frecuentes del transporte en Indonesia lograron una masiva respuesta gracias a iniciativas de solidaridad a través de los medios sociales. Los movimientos contra los impuestos en Uganda y Kenia han tenido eco en todo el mundo de bido a la propagación de sus testimonios a través de los nuevos medios de comunicación. “Sin embargo, una indagación más detallada revela, efectivamente, la existencia de complementariedades distantes ante el aislamiento inmediato; los procesos históricos de concienciación y movilización por parte de organizaciones formales de la sociedad civil y ONG contribuyeron a ‘fortalecer’ las capacidades y las asociaciones de ciudadanos a lo largo del tiempo” (Tandon, 2012: 9).

“Tanto la censura como el silenciamiento, la denegación y la seguridad están siendo usados por gobiernos de todo el mundo como herramientas o pretextos para obstruir el aumento de la solidaridad mundial y de las expresiones de ciudadanía.”

Esta expansión de la ciudadanía mundial se sitúa muy por delante de cualquier mecanismo que puedan crear los estados y gobiernos. De hecho, en muchas sociedades los gobiernos están adoptando medidas que pueden entorpecer el aprendizaje de la ciudadanía mundial. Tanto la censura como el silenciamiento, la denegación y la seguridad están siendo usados por gobiernos de todo el mundo como herramientas o pretextos para obstruir el aumento de la solidaridad mundial y de las expresiones de ciudadanía. Resulta preocupante que algunos gobiernos, incluso de democracias occidentales, estén empleando las escuchas telefónicas y herramientas cibernéticas para “espiar” a los ciudadanos, e impidan el acceso de todas las personas a canales de comunicación abiertos y transparentes. Se ha revelado que los gobiernos de EE.UU. y Gran Bretaña están escudándose en la lógica de la seguridad nacional para actuar de esta manera. Frente a las protestas de sus ciudadanos, otros gobiernos (como India, Rusia y China) están adoptando estrategias similares. Al aplicarse estas medidas se está restringiendo el acceso a los canales que permiten crear un ambiente de mutuo entendimiento y vínculos comunes.

Precisamente en este el sentido, la sociedad civil debe adoptar una actitud más proactiva al fomentar el aprendizaje para transformarnos en ciudadanos mundiales; en este contexto, los programas de acción de la sociedad civil deben concentrarse crear y fomentar ese clima de solidaridad entre los ciudadanos del mundo.

Los esfuerzos de la Sociedad para la Investigación Participativa en Asia (Society for Participatory Research in Asia – PRIA) para generar un liderazgo ciudadano entre las mujeres, los jóvenes y las comunidades indígenas han ofrecido ejemplos particularmente interesantes sobre el uso de enfoques basados en el aprendizaje a lo largo de la vida para llegar a transformarnos en ciudadanos mundiales. En un taller celebrado en Asia Meridional, las dirigentes cívicas de todos los países de la región comparten testimonios y ejemplos sobre cómo ejercer la ciudadanía en sus comunidades locales. Durante el proceso, ellas se familiarizan con otros contextos y con el modo en que se ejerce la ciudadanía dentro de ellos. Esta comprensión de otras realidades favorece el surgimiento de un sentido de pertenencia, y luego de un clima de solidaridad, entre estas dirigentes ciudadanas de Asia Meridional.

De igual manera, las coaliciones de la sociedad civil que trabajan en el área de la educación para todos (como aquellas surgidas gracias al apoyo de la ASPBAE y DVV International) en la región de Asia y a nivel internacional han aunado los esfuerzos de actores a nivel de las bases con miras a organizar campañas para dar mayor visibilidad a los enfoques de aprendizaje a lo largo de la vida aplicados a la EPT, evitando concentrarse únicamente en la enseñanza primaria y la alfabetización de adultos. Los cursos de educación a distancia ofrecidos por PRIA contribuyen a un aprendizaje común acerca de las metodologías y prácticas participativas de educación de adultos entre profesionales del sector en todo el mundo.

El desarrollo de una perspectiva de ciudadanos mundiales genera la capacidad para actuar como tales frente a problemas de alcance mundial como la desigualdad, la injusticia, la violencia contra la mujer, la corrupción, el cambio climático, etc. Los enfoques de aprendizaje que faciliten la formación de ciudadanos mundiales contribuyen eficazmente a esas campañas internacionales.

 


Referencias

Gaventa, J. & Tandon, R. (2010): Globalizing Citizens: New Dynamics of Inclusion and Exclusion. Londres/Nueva York: Zed Books.

Hall, B. L.; Clover, D. E.; Crowther, J.; Scandrett, E. (Eds.) (2012): Learning and Education for a Better World: The Role of Social Movements. Rotterdam/Boston/Taipei: Sense Publishers.

Mohanty, R. & Tandon, R. (2006): Participatory Citizenship Identity, Exclusion, Inclusion. Nueva Delhi: Sage Publications.

Tandon, R. (2012): Civil Society @ Crossroads: Shifts, Challenges, Options? PRIA Publication. Disponible en bit.ly/WY0dAE

 


Sobre el autor

El Dr. Rajesh Tandon es presidente fundador de la Sociedad para la Investigación Participativa en Asia (Society for Participatory Research in Asia – PRIA), con sede en Nueva Delhi, India. Durante los últimos 35 años, el Dr. Tandon ha contribuido a promover la investigación participativa como metodología de aprendizaje, conocimiento y transformación social. Es internacionalmente reconocido como un líder de la sociedad civil que trabaja en favor de la participación ciudadana, en especial de los ciudadanos socialmente excluidos y económicamente marginados de todo el mundo. Ha formado parte de las juntas directivas de numerosos centros de estudios académicos y ONG; ha sido miembro de diversos comités asesores del Banco Mundial, del PNUD y del Gobierno de la India.

El Dr. Tandon ha escrito numerosas obras sobre investigación participativa, participación ciudadana, sociedad civil, gobernanza democrática y responsabilidad social de la educación superior. Sus contribuciones pioneras han sido reconocidas por el Gobierno de la India, la Universidad de Victoria, la UNESCO y muchas otras entidades. En la actualidad es codirector de la Cátedra Unesco en investigación basada en la comunidad y responsabilidad social de la educación superior.

Contacto

UNESCO Chair in community based research and social responsibility in higher education
42 Tughlakabad Institutional Area
Nueva Delhi 110062
presidentpa@pria.org

Blog:

pria.org/about-pria/president-desk/rajesh-tandon-blogs/

Sitio web:

www.pria.org; www.unescochair-cbrsr.org
www.priacash.org

Portal:

www.practiceinparticipation.org

 

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