Si no reflexionamos sobre cómo financiar la educación de adultos, podemos olvidarnos de la agenda para después de 2015

David Archer
ActionAid, Gran Bretaña

 

 

 


Resumen
– Los objetivos en torno a la educación de adultos son, por lo general, los primeros a los que se renuncia ante el establecimiento de prioridades políticas o la austeridad económica. Así pues, ¿qué podemos hacer para asegurarles un espacio dentro del marco de desarrollo sostenible posterior a 2015? El año 2000, la alfabetización de adultos logró figurar como uno de los seis objetivos de Educación para Todos acordados en Dakar, solo para ser desechada al cabo de seis meses por cuanto solo dos de dichos objetivos cumplieron los requisitos para ser considerados Objetivos de Desarrollo del Milenio. A fin de evitar que ello vuelva a ocurrir en 2015, sería preferible que los educadores de adultos concentren su energía en esfuerzos tendientes a discurrir una fórmula confiable para la financiación de la agenda de desarrollo, que considere una reforma macroeconómica y la justicia tributaria. Solo si ganamos estas batallas veremos llegar nuevas y cuantiosas inversiones en educación de adultos.
 



Existen muchas maneras de abogar en favor de la educación de adultos como parte integral de la agenda de desarrollo sostenible para después de 2015. Podemos argüir que la educación de adultos es una herramienta fundamental para lograr los cinco cambios transformadores identificados por el Grupo de Alto Nivel en su informe de mayo de 2013: que la educación de adultos es fundamental para lograr que nadie se quede rezagado; es un instrumento esencial para alcanzar el desarrollo sostenible, para transformar las economías, para forjar un clima de paz y lograr que las instituciones públicas rindan cuenta de sus actos. Asimismo, podemos propugnar la educación de adultos como un enlace con otros objetivos, ya sea acabar con la pobreza, empoderar a la mujer, garantizar una vida saludable, incrementar la seguridad alimentaria, promover medios de subsistencia sostenibles, etc. Podemos (y deberíamos) presentar argumentos sólidos y evidencia convincente para respaldar todo lo anterior. Y podemos celebrar el hecho de que el Panel de Alto Nivel nos ofrezca la esperanzadora oportunidad de reivindicar el objetivo pedagógico de “proporcionar educación de calidad y aprendizaje de por vida”.

Muchos de los grupos que han elaborado ponencias acerca de la agenda para después de 2015 han incorporado la educación de adultos como exigencia. En el documento de debate de la Campaña Mundial por la Educación (2013) se sostiene que el “acceso” a la educación debe ser de por vida, y que la “calidad” debe ir más allá de los exámenes y la memorización. La Internacional de la Educación (2013) propone dos objetivos para el período posterior a 2015, el segundo de los cuales es que “Para 2030 todos los jóvenes y adultos tengan un acceso igualitario a una educación postsecundaria de calidad y al aprendizaje a lo largo de la vida, que les permitan adquirir conocimientos, aptitudes y competencias para desarrollar todo su potencial y participar provechosamente en la sociedad y en el mundo laboral”. Los ministros de educación del Commonwealth recomiendan la adopción de un objetivo subsidiario: “erradicar el analfabetismo y la incompetencia numérica entre personas menores de 50 años, y brindar oportunidades de educación a jóvenes y adultos” (Grupo de Trabajo Ministerial del Commonwealth 2012). Incluso la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (2013) sugiere proponer que “Otro centro de atención debe ser la promoción de la alfabetización de adultos, lo cual se ha demostrado que empodera a las personas”.

A pesar de lo anterior, existen, después de todo, algunas razones para ser optimistas. Sin embargo, a medida que sobrevengan las restricciones presupuestarias se recurrirá cada vez más a la fijación de prioridades, y si nos basamos en pasadas experiencias podemos sentirnos razonablemente confiados en que la educación de adultos luchará por cruzar la meta. Puede que el Grupo de Alto Nivel dé su beneplácito al aprendizaje a lo largo de toda la vida, pero la única mención a los adultos en sus metas se refiere a las aptitudes técnicas y profesionales para el mundo laboral. Existe una serie de poderosos grupos de cabildeo que presionan para imponer una agenda de educación más restringida, que se concentre únicamente en los niños y niñas o en los resultados de aprendizaje.1 Y cuando el presupuesto se estreche, en la práctica los fondos se canalizarán hacia la educación formal tradicional y no hacia la educación de adultos (ni siquiera hacia la educación de la primera infancia), que seguirán siendo percibidas como un lujo. Podemos sostener de manera apasionada y convincente que en un mundo en proceso de cambio es preciso respaldar a las personas para que se conviertan en ciudadanos activos que contribuyan al desarrollo sostenible, y que la educación permite afianzar ese proceso. Lamentablemente, lo que cuenta es el dinero y la educación de adultos se quedará sin recursos.

Por este motivo, me parece que la comunidad de educación de adultos debería concentrar sus esfuerzos en reforzar los argumentos en torno a la financiación de la agenda de desarrollo sostenible. Solo si logramos provocar un cambio radical en el sistema de financiación, la educación de adultos atraerá los recursos que a todas luces necesita. Aun cuando en 2000 y durante muchos años después (por ejemplo, en la cumbre del G8 en 2005), el tema de interés central era la ayuda económica como una herramienta fundamental para financiar el desarrollo, actualmente la situación es distinta. Los presupuestos de ayuda están disminuyendo e incluso si logramos encontrar el medio de revertir este descenso, los montos seguirían siendo reducidos. Si bien las principales interrogantes en materia de presupuesto se refieren a la financiación interna, para realizar un avance significativo se requiere adoptar medidas coordinadas a nivel internacional. Me limitaré a abordar dos aspectos: la política macroeconómica y la justicia tributaria.

Las políticas económicas neoliberales han sido impuestas durante décadas en países de bajos ingresos por influencia del Fondo Monetario Internacional, y hoy en día el impacto de la austeridad se está sintiendo incluso en los países más ricos. La más reciente crisis financiera, que se inició en 2007, ha ofrecido una excelente oportunidad para cuestionar las políticas económicas hegemónicas, pero hasta la fecha no hemos logrado percibir los cambios radicales que se requiere introducir. Cuando los gobiernos son presionados para que mantengan bajo control el gasto público, la educación de adultos suele ser el primer sector en sufrir recortes. Por cierto que existen alternativas, y cabe esgrimir un argumento particularmente convincente en el sentido de que la inversión en educación puede ser vista como parte de la solución a la crisis financiera. Para impulsar estas alternativas se requiere un amplio movimiento de educación de adultos que desmitifique la macroeconomía. Es preciso impedir que la economía siga siendo monopolizada por una élite hegemónica, y hacer ver a los ciudadanos que la macroeconomía neoliberal está inspirada por una agenda intensamente ideológica que traiciona sus intereses. Hasta que no consigamos que las personas venzan su temor a la economía y adquieran mayor confianza en su capacidad como paraeconomistas, seguiremos teniendo gobiernos e instituciones internacionales que se escudan en el mito más poderoso de nuestra época: que “no hay alternativas”.

Durante los dos últimos años hemos sido testigos del notable surgimiento de un movimiento en favor de la justicia tributaria que tiene un enorme potencial. Ahora se sabe que algunas de las más importantes transnacionales —ya sea Google, Apple, Vodaphone o Amazon— están evadiendo impuestos en proporciones escandalosas. Puede que alguna de esas operaciones se ajuste a la normativa vigente, pero por lo general las leyes se elaboran recurriendo en gran medida a la asesoría de importantes firmas de contabilidad que tienen un conflicto de intereses, pues luego aconsejan a sus financiadores sobre la manera de eludir las normas. Resulta en extremo absurdo que 21 trillones de libras esterlinas se encuentren ocultos en paraísos fiscales, y que los países en desarrollo pierdan en evasión de impuestos una cantidad impresionantemente mayor que la que jamás recibirán como ayuda. Retóricamente, este problema estaba considerado en la agenda de la cumbre del G8, celebrada en Irlanda del Norte en junio de 2013, pero no se adoptó ninguna medida efectiva para remediar tal injusticia. Una vez más, para provocar un verdadero cambio será necesario contar con un amplio movimiento ciudadano, cuya creación llevará tiempo. En marzo de 2013, en Lima, Perú, se formó una nueva Alianza Mundial para la Justicia Tributaria2 que vincula a sindicatos, ONG internacionales, movimientos sociales y otras entidades. La primera —y tal vez la más importante— tarea de dicha alianza debe referirse a la educación de adultos: ponerla al alcance de todos y comprender la magnitud de las injusticias; y al papel fundamental que —como votantes y consumidores— pueden cumplir los ciudadanos comunes al momento de exigir que los gobiernos y las empresas rindan cuentas. Mientras permitamos que, en la práctica, las multinacionales pisoteen a los gobiernos democráticos, seguiremos contando con un sector público extremadamente constreñido e incapaz de invertir de manera convincente en la educación de adultos.

La agenda de desarrollo sostenible que surja con posterioridad a 2015 debe ser ambiciosa, y tenemos que luchar enérgicamente por la inclusión de la educación de adultos, apelando a todos los argumentos que estén en nuestra mano. Sin embargo, la comunidad de usuarios de la educación de adultos haría bien en canalizar además sus energías hacia la argumentación en favor de un mecanismo de financiación confiable para el desarrollo sostenible, concentrándose en la visión general con respecto a la macroeconomía y la justicia tributaria. Tal vez consigamos algunas victorias inmediatas (si bien la justicia tributaria tiene un lugar establecido en la agenda, necesitamos ejercer mayor influencia para impulsar medidas eficaces), pero los mayores triunfos dependerán de una labor sostenida a lo largo de muchos años, empleando la educación de adultos para crear conciencia en la gente y construir el movimiento que necesitaremos para introducir cambios más radicales. Esta es, por cierto, la verdadera esencia de un enfoque liberador de la educación de adultos, el cual promueve una reflexión coordinada y una acción colectiva que traspasan los muros de cualquier sala de clases.

 


Notas

1 / Por ejemplo, la Brookings Institution (www.brookings.edu).

2 / Para información más detallada véase www.gatj.org

Referencias

Campaña Mundial por la Educación (marzo de 2013): Hacer realidad el derecho a la Educación para Todos. Documento de debate sobre la educación post-2015. Disponible en bit.ly/19vDeTv

Grupo de Alto Nivel de Personas Eminentes sobre la Agenda de Desarrollo Post-2015 (mayo de 2013): Una nueva alianza mundial: erradicar la pobreza y transformar las economías a través del desarrollo sostenible. Informe del Grupo de Alto Nivel de Personas Eminentes sobre la Agenda de Desarrollo Post-2015. Disponible en bit.ly/12qUxQG

Grupo de Trabajo Ministerial del Commonwealth (diciembre de 2012): Recomendaciones del Commonwealth con relación al Marco de Desarrollo para la Educación posterior a 2015.

Internacional de la Educación (febrero de 2013): Education in the Post 2015 Global Development Framework. Education International’s proposed goal, targets and indicators. Available at bit.ly/16Rj9rJ

Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (junio de 2013): Una Agenda de Acción para el Desarrollo Sostenible, p. 13. Disponible en bit.ly/16DzzBI

 


Sobre el autor

David Archer es Director de Desarrollo de Programas en ActionAid. Anteriormente ocupó durante muchos años el cargo de Director de Educación. Durante la década de 1990, elaboró el enfoque Reflect aplicado al aprendizaje de adultos (véase www.reflect-action.org). Desde fines de esa misma década, David se ha dedicado a crear enfoques de la educación basados en la promoción de derechos, como también a formar en África, Asia y Latinoamérica coaliciones de la sociedad civil orientadas a la educación. Es cofundador y miembro de la Junta Directiva de la Campaña Mundial por la Educación, y representa a organizaciones de la sociedad civil del Hemisferio Norte en la Junta Directiva de la Alianza Mundial por la Educación (AME). David coordina el proyecto Derecho a la Educación (véase www.right-to-education.org) y ha escrito numerosos trabajos sobre el impacto de las políticas macroeconómicas del FMI en la educación.

Contacto
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david.archer@actionaid.org
www.actionaid.org

 

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