La comunidad migrante como constructora de la ciudadanía activa en tierra de nadie

Elmer Romero 
Neighborhood Centers Inc.
Estados Unidos

 

 

 

 

Resumen – Esta es una historia sobre las dificultades que afronta la comunidad migrante en Estados Unidos, y el potencial de participación ciudadana activa que poseen las y los migrantes. Asimismo, en esta nota se expone el papel de las entidades y personas que trabajan en el área educativa con respecto a la transformación del tradicional sistema de educación hacia un aprendizaje activo que propicie el pensamiento crítico. Por último, se da a conocer un abordaje metodológico que tiene como fin último formar a ciudadanos transformadores de la realidad. 



Analicemos detenidamente la situación de Gulfton, una comunidad situada al suroeste de la ciudad de Houston, Texas. Aproximadamente un 70% de los estudiantes adultos en esa zona son latinos, 10% afroamericanos, 8% asiáticos y de las islas pacíficas, y 2% nativos americanos.

Un total de 56.256 personas han sido beneficiadas gracias al trabajo realizado en los centros comunitarios de Baker Ripley. Cerca de 5.000 personas han formado parte de los programas de educación de adultos, enriquecimiento y desarrollo comunitario.

Para entender lo que implica la consolidación de las personas migrantes como ciudadanos activos, es importante conocer la realidad en que vive la comunidad migrante.

La comunidad migrante ejerce diversas actividades económicas. Las mujeres se dedican principalmente a la preparación de comida en restaurantes, limpieza y mantenimiento, cuidado de niños y niñas y servicio turístico. Los hombres trabajan principalmente en construcción, jardinería, mantenimiento de residencias, cocina, pintura, actividades en la industria petrolera, y como subcontratistas de pequeñas compañías.

La gran mayoría de los migrantes mantiene un vínculo económico con su país de origen a través del envío de remesas, las cuales están destinadas al consumo y sostenimiento de sus familias. Un menor porcentaje mantiene inversiones relacionadas con la compra de propiedades y el desarrollo de negocios propios, como antesala a su retiro laboral o como alternativa de vida a su retorno de los Estados Unidos.

Jornaleros en una esquina se informan con materiales de educación popular sobre cómo protegerse contra las redadas de inmigración. Silver Spring, Maryland, © Elmer Romero

Esta comunidad migrante se ha constituido a partir de los flujos migratorios que se han desarrollado en las últimas décadas. Es un área con mucha diversidad cultural; 70 nacionalidades coexisten e intentan construir ciudadanía. La mayoría de los migrantes proviene de México y Centroamérica. México tiene una larga historia sobre personas migrantes que se han establecido en Houston por ser una ciudad con mejores oportunidades laborales y un costo de vida menor con respecto a otras ciudades del país. Los migrantes centroamericanos llegaron a partir de las guerras desarrolladas en Centroamérica durante las décadas de 1970 y 1980. Los flujos migratorios más recientes de este grupo se han incrementado debido a la violencia ejercida por las pandillas y el narcotráfico, la falta de oportunidades laborales y la exclusión social. Estas causas les obligan a buscar una mejor calidad de vida y un futuro más promisorio para sus familias.

Los niveles de organización en la comunidad migrante son muy incipientes. La mayoría de personas migrantes no pertenece a estructuras organizativas sólidas. Sin embargo, existe cierto número de migrantes que forma parte de diversas organizaciones. Otros migrantes están vinculados a organizaciones con cobertura nacional; estas asociaciones representan a la comunidad migrante y le brindan una identidad. Entre estas organizaciones podemos mencionar a Mexicanos sin Fronteras y Salvadoreños del Mundo.

Una huida constante

El mayor reto para la comunidad migrante es la carencia de un estatus migratorio que les permita tener tranquilidad, reunificar a sus familias y obtener mejores oportunidades laborales, al igual que estabilidad económica. La población migrante vive en el limbo de la incertidumbre. Sus miembros son víctimas del abuso y de las leyes antimigratorias que los criminalizan y persiguen constantemente. Otras necesidades que enfrenta la comunidad migrante son la falta de seguros médicos y acceso a salud de calidad. Cuentan con escasas oportunidades para aprender el idioma inglés y así facilitar su comunicación, el desarrollo de habilidades técnicas y de competencia cultural que les permitan acceder a mejores oportunidades laborales. Las y los migrantes viven en condiciones bastante deplorables, en zonas donde hay violencia, agrupaciones ilícitas y drogadicción.

“De cada cinco adultos que viven en la ciudad de Texas, uno es analfabeto.”

Barbara Bush Houston Literacy Foundation 2014

Las mujeres migrantes son víctimas de violencia doméstica y de género. Existe un alto porcentaje de madres solteras que fueron víctimas del machismo, del abandono y de embarazos no deseados. La mayoría de estas mujeres no terminó la educación básica en sus países de origen. Esto implica la necesidad de alfabetización y de una oportunidad para culminar la educación primaria y secundaria. De cada cinco adultos que viven en la ciudad de Texas, uno es analfabeto (Barbara Bush Houston Literacy Foundation 2014).

Alumnos de ISL (Inglés como Segunda Lengua) participan en una jornada de cabildeo y promoción destinada a exigir más fondos para la educación de adultos y reducir las listas de espera. Annapolis, Maryland, © Elmer Romero

En sus países de origen las personas migrantes eran principalmente campesinos y campesinas, trabajadores y trabajadoras manuales, obreros y obreras de maquilas, población indígena y clase media en general. Un porcentaje de la comunidad migrante participó en procesos de desarrollo local en sus comunidades rurales, y de empoderamiento ciudadano en pueblos y alcaldías. Estos otrora activos agentes sociales reconocen que se vieron obligados a migrar porque en sus países el «modelo de desarrollo» los excluyó y dejó sin oportunidades de vida. Cierto porcentaje de la población migrante proviene de las comunidades eclesiales de base, de la participación sindical y de la militancia de partidos políticos de izquierda. Los miembros de este grupo tienen un análisis más complejo sobre el modelo de desarrollo vigente, y son las personas que critican con dureza el sistema capitalista y la globalización neoliberal.

El método apreciativo

Actualmente las personas migrantes constituyen una comunidad en constante crecimiento. Esto implica un gran potencial de activa participación ciudadana. La comunidad migrante es el pilar de la dinámica económica de los Estados

“Si la comunidad migrante se organiza, puede ser la catalizadora de las próximas transformaciones en materia de derechos civiles, defensa y lucha por los derechos humanos y empoderamiento activo a nivel local y global.”

Unidos. Fortalece la diversidad cultural y ha cambiado, o está transformando, el monolingüismo en los Estados Unidos. El español es la segunda lengua más hablada en ese país. Asimismo, existe un gran potencial de organización. Hay un dicho según el cual los inmigrantes indocumentados son “un gigante dormido”. Si la comunidad migrante se organiza, puede ser la catalizadora de las próximas transformaciones en materia de derechos civiles, defensa y lucha por los derechos humanos y empoderamiento activo a nivel local y global. Nuestro trabajo se enfoca en el descubrimiento de esa capacidad humana en el desarrollo comunitario. El método apreciativo reconoce que toda persona tiene destrezas, talentos y aptitudes. Las comunidades serán más sólidas en los lugares donde las aptitudes y valores se usen para la búsqueda del bienestar común. Cuando se emplea la articulación entre los individuos, la comunidad y la institución, se están dando los primeros pasos para la transformación de una comunidad y su involucramiento a nivel de ciudadanía.

La indagación apreciativa es un método basado en el diálogo profundo y es enfocado hacia el cambio organizacional; ayuda a que los grupos evalúen la situación actual de la comunidad y visualicen lo que podría ser en un futuro, y forjen un porvenir innovador (Watkins y Mohr 1991). Adherir al método apreciativo es adoptar una perspectiva para la construcción de una ciudadanía activa. Permitiría comprender que “la ciudadanía se aprende a través de la educación, de la socialización, de estar expuestas y expuestos a la política, a la vida pública, y a las experiencias de todos los días. Promover la ciudadanía activa entre personas que se han visto marginadas de la política no es una tarea simple. La ciudadanía no se da simplemente de forma natural en respuesta a un incremento en el espacio público o a las oportunidades políticas. La ciudadanía es más que votar o cumplir con las obligaciones públicas. No es solamente elegir funcionarios y funcionarias y hacer uso del sistema; la ciudadanía conlleva construir y dar forma a las estructuras del sistema y a sus reglas” (Veneklasen y Miller 2002).

Una vez conseguido el pasaporte, ¿cuál es el próximo paso?

Lo que tenemos actualmente es una masa de “ciudadanos” con pasaporte americano y con credenciales para votar, pero sin conciencia de lo que implica ejercer una ciudadanía transformadora. Las entidades gubernamentales y algunas agencias comunitarias afines se han dedicado a realizar un trabajo de alcance y reclutamiento masivo, alentando a las personas que cumplen los requisitos para participar en dichos procesos a que llenen las solicitudes, y asimismo las están preparando con mediaciones pedagógicas y metodologías para que aprendan la historia y el civismo de la nueva nación. Estas entidades han dejado a un lado la labor de generar conciencia activa y lo que implica adquirir un nuevo liderazgo ciudadano. Es decir, una apuesta ciudadana comprometida con aquellos sectores marginales excluidos por el sistema.

Contribuir a formar ciudadanos activos no es tarea fácil. Para los adultos migrantes en general hemos identificado áreas de capacitación y acompañamiento ciudadano en los temas de: migración, derechos humanos y laborales, educación financiera y alfabetización económica, alfabetización, inglés como segundo idioma (ESL), educación básica y media, transición hacia carreras técnicas y estudios universitarios, liderazgo, participación comunitaria, incidencia política y ciudadanía, activismo, medio ambiente, salud comunitaria, desarrollo de hábitos alimenticios saludables y programas de ejercicios físicos, género y derechos de la mujer, tecnología y aprendizaje sobre el uso de herramientas mediáticas en el ámbito laboral, programas de enriquecimiento cognitivo en general, economía solidaria y desarrollo de pequeños negocios, prácticas artesanales y de emprendimiento, entre otros. Por cierto que resulta más sencillo y más barato enseñar historia y educación cívica, lo cual puede o no ser uno de los motivos que explican la limitada comprensión que las entidades gubernamentales tienen de la ciudadanía.

En las clases de educación de adultos para inmigrantes y refugiados se implementan metodologías participativas destinadas a promover un aprendizaje interactivo y una intervención más decidida de la sociedad civil. Houston, Texas© Elmer Romero

No se puede forjar una ciudadanía activa si no se desarrolla el pensamiento crítico

Primeramente es importante señalar que las prácticas educativas con poblaciones migrantes en los Estados Unidos están, por lo general, impregnadas de corrientes pedagógicas y experiencias en el campo de la educación de adultos desde la óptica tradicional. La educación que ofrecen centros comunitarios de apoyo e instancias que albergan a los y las inmigrantes en iglesias, consulados, bibliotecas, oficinas de los condados y del gobierno estatal y local, o en redes de apoyo, es eminentemente asistencialista y verticalista.

Los procesos educativos son autoritarios y antidemocráticos (los maestros mandan y los migrantes obedecen). No se ofrecen espacios para la participación y el diálogo, lo cual no favorece el surgimiento del liderazgo. Hay un divorcio metodológico entre la teoría y la práctica entre el trabajo manual (para migrantes pobres e indocumentados) y el intelectual (para migrantes con más recursos, residencia permanente, nuevos ciudadanos americanos y personas que pertenecen a la segunda generación de migrantes) y, en definitiva, entre educación y ciudadanía activa. El sistema educativo actual es verbalista y extremadamente libresco, está desvinculado del trabajo, de la vida de las comunidades, de la producción y el desarrollo comunitario. Existe una carencia de prácticas educativas en las áreas de salud, ecología, género, organización y producción, tecnología, justicia y democracia.

Una cultura de dominación y control

Hay ausencia de materiales pedagógicos liberadores; existe una infinidad de materiales de enseñanza, muchos de los cuales no se han contextualizado y actualizado. Por otro lado, poco se conoce la realidad cultural y rural de las poblaciones migrantes, sus recursos y potencial, sus aspectos socioeconómicos y los factores que la determinan. Hay un acceso limitado a materiales pedagógicos agradables y potenciadores de la creatividad y del pensamiento crítico. Los contenidos de los currículos son ajenos a la cultura y el ser de los pueblos, y tampoco ayudan a la reflexión para transformar o cuestionar lo que es injusto. Las metodologías son inadecuadas, obsoletas y provocan el aburrimiento. No toman en cuenta la vida de la comunidad migrante ni las técnicas participativas de comunicación y liderazgo. Una de las causas de este tradicionalismo en el proceso educativo radica en el hecho de que los maestros o instructores han sido formados como transmisores de conocimiento, como preservadores del orden y la disciplina académica, y como “reproductores” del sistema social.

Dirigentes femeninas de agrupaciones de jornaleras y trabajadoras domésticas ejercen su derecho civil a exigir un mejoramiento de las condiciones laborales y mayor acceso a otros servicios básicos para la comunidad de inmigrantes indocumentados. Silver Spring, Maryland, © Elmer Romero

Nuestras prácticas educativas del programa de educación de adultos en la organización intentan revertir esas malas prácticas y propiciar una nueva manera de abordar el trabajo con nuestros educandos. Queremos hacer vida lo planteado por el pedagogo Jean Piaget: “El objetivo principal de la educación es formar personas capaces de hacer cosas nuevas, que no repitan simplemente lo que otras generaciones han hecho: personas que sean creativas, que tengan inventiva y que sean descubridores. El segundo objetivo de la educación es formar mentes capaces de ejercer la crítica, que puedan comprobar por sí mismas lo que se les presenta y no aceptarlo simplemente sin más” (Priestley 2004).

Recuperar las enseñanzas de Freire

Existen múltiples opciones pedagógicas, entre ellas el legado de Paulo Freire expuesto en la pedagogía del oprimido. Estas alternativas constituyen el marco referencial para el trabajo en pro de la aplicación y enseñanza del pensamiento crítico. Los aportes de Paulo Freire son un referente para nuestro trabajo con las poblaciones migrantes que luchan por satisfacer sus necesidades y derechos en una sociedad que las excluye. A pesar de que Freire fue un educador muy leído y conocido en los Estados Unidos, poco se aplica su legado en las prácticas concretas y cotidianas del quehacer educacional. La gran mayoría de docentes del sistema educativo formal ignoran los aportes de Freire a nivel pedagógico. Y lo que es peor, sus prácticas de escolaridad están impregnadas de una educación academicista que no promueve el pensamiento crítico en sus educandos. Por eso tenemos como resultado un sistema educativo que se torna cada día más peligroso. Los niños, niñas y jóvenes en las escuelas son educados para el individualismo y la competencia. Las escuelas compiten entre ellas para elevar los estándares académicos y someten a sus estudiantes a disciplinas rigurosas y asfixiantes con el único objetivo de pasar exámenes para que las escuelas re-ciban estímulos monetarios de parte del Gobierno. Los hijos e hijas de inmigrantes están en desventaja competitiva en este modelo, ya que no cuentan con un soporte emocional y académico, lo cual puede atribuirse al escaso involucramiento de sus familias y a la falta de recursos para apoyar su aprendizaje.

Un aporte que impulsa nuestra labor es la posibilidad de articular una pedagogía para el movimiento de los “day laborers” o jornaleros en los Estados Unidos, con las características pedagógicas del Movimiento Sin Tierra de Brasil. Los jornaleros constituyen un movimiento y fenómeno con características particulares: son una fuerza laboral diversa constituida por inmigrantes jornaleros de muchos países de América Latina, el Caribe, África y otros lugares del planeta. Las esquinas de las grandes urbes representan el espacio donde se establecen los vínculos laborales, la interacción social, el emprendimiento, la educación y la organización. Los jornaleros contribuyen significativamente a la economía estadounidense y a las economías de sus países de origen. Actualmente, algunos de ellos se han incorporado a la Red Nacional de Jornaleros con sede en Los Ángeles, California. Son liderados por Pablo Alvarado, un dirigente campesino salvadoreño a quien la revista TIME catalogó como el “nuevo César Chávez”.

Los verdaderos colores de la ciudadanía activa

Este movimiento es el blanco principal de los ataques de las organizaciones y grupos xenófobos y de iniciativas anti-inmigrantes. En muchas ciudades se asocia a la red con el auge de la criminalidad, la drogadicción y el aprovechamiento de recursos del condado a través de fondos que reciben las organizaciones sin ánimo de lucro que les apoyan. A nivel educativo y pedagógico han articulado un plan de formación que contempla varias áreas: ESOL (English for Speakers of Other Language) para jornaleros, alfabetización, liderazgo comunitario, derechos laborales, organización comunitaria, la defensa incansable contra la deportación de personas y la aprobación de una reforma migratoria integral y comprensiva.

Por iniciativa propia, este movimiento ha desarrollado una política de género entre sus miembros y está impulsando una metodología de trabajo desde la educación popular. Ha integrado en su trabajo el arte y la cultura para fomentar el trabajo creativo y lúdico dentro de sus participantes para que sean más autónomos, críticos y productivos.

Nuestras prácticas nos llevan a concluir que queremos impulsar una ciudadanía como la que soñó el educador panameño Raúl Leis: plena, profunda, emancipada, sustantiva, activa, integral, transformadora y bajo el enfoque de género. Aunque cada día se ven avances, todavía hay muchas brechas que salvar.


Referencias

Neighborhood Centers Inc. (2010): Descubriendo las fortalezas de nuestras comunidades. Pasos para la construcción Comunitaria. Houston: Neighborhood Centers Inc.

Priestley, M. (2004): Técnicas y Estrategias del Pensamiento Crítico. México: Editorial Trillas.

Veneklasen, L. & Miller, V. (2002): Un Nuevo Tejido del Poder, los Pueblos y la Política. Guía de Acción para la Incidencia y la Participación Ciudadana. Oklahoma, USA: World Neighbors.

 

Watkins, J & Mohr, B. (1991): Appreciative Inquiry: Change at the Speed of Imagination. San Francisco: Jossey-Bass/Pfieffer.


Sobre el autor

Elmer Romero es un educador y comunicador popular. Realizó estudios superiores en periodismo, educación de adultos y educación popular. Trabajó en la Asociación Equipo Maíz de El Salvador (www.equipomaiz.org.sv). Desde 2001 trabaja en los Estados Unidos en el ámbito de educación popular con migrantes y refugiados en diversos estados del país. Actualmente labora para la organización Neighborhood Centers Inc.

Contacto
4215 University Blvd
Houston, Texas 77005
USA
elmerosalva@hotmail.com

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