Irina Bokova 
“La educación no solo debería consistir en transmitir información y conocimientos”

Entrevista realizada por Sturla Bjerkaker  

© UNESCO

Irina Bokova ha sido Directora General de la UNESCO desde noviembre de 2009. Ha sido la primera mujer al frente de la institución. En el Gobierno de Bulgaria, la señora Bokova ha ocupado, entre otros cargos, el de Secretaria de Estado para la Integración Europea, Ministra de Asuntos Exteriores, embajadora en Francia y Mónaco, al igual que delegada permanente en la UNESCO. Ha participado activamente en las iniciativas internacionales destinadas a promover una educación de calidad para todos, la igualdad entre los géneros, los derechos humanos, el diálogo cultural y la cooperación científica. También es Secretaria General del Comité Directivo de la Iniciativa Mundial “La educación ante todo” del Secretario General de la ONU (Global Education First Initiative - GEFI). 



La educación para la ciudadanía mundial ocupa un lugar central entre las prioridades de la UNESCO. Por eso Educación de Adultos y Desarrollo deseaba presentar una semblanza de la Directora General de dicha organización, Irina Bokova. La educación no solo debe ser consistir en transmitir información y conocimientos, señala en esta entrevista realizada por Sturla Bjerkaker.

Irina Bokova, usted tenía 28 años cuando viajó a Copenhague para asistir a una conferencia de la ONU sobre igualdad para la mujer. ¿De qué manera infl uyó esta experiencia en su desarrollo posterior?

De hecho, concurrí a las conferencias mundiales sobre la mujer celebradas en Copenhague, Nairobi y Beijing. Estábamos asistiendo a un fenómeno sin precedentes en la escena mundial, que era el resultado de batallas libradas durante décadas, las cuales tenían que ver con la defensa de causas como el derecho a voto, el acceso a la educación, una mayor participación en la vida política, igualdad de salario por el mismo trabajo, entre muchas otras. Esas tres conferencias le otorgaron una dimensión universal a la causa de los derechos de la mujer. En ellas se afirmó que la justicia social, la paz y el desarrollo solo podrán alcanzarse cuando las mujeres disfruten de los mismos derechos que los hombres.

¿De qué manera infl uyó esa experiencia en su propio desarrollo?

Fortaleció mi sentido de responsabilidad para promover los derechos humanos y la igualdad entre los géneros en cualquiera de los cargos que ocupé, y mi capacidad para comprender que, independientemente del contexto cultural, histórico y político, debemos encontrar las vías y los argumentos adecuados para propiciar el cambio sin necesidad de imponerlo. La transformación social es un proceso gradual que se funda en los derechos humanos universales y en el derecho de cada persona al desarrollo. Aún hay un largo camino por recorrer antes de que el objetivo del “planeta 50-50” se transforme en una realidad.

¿Qué otros eventos han determinado especialmente sus decisiones en la vida?

Provengo de Bulgaria, un país con una herencia que da testimonio del florecimiento de antiguas civilizaciones, marcadas por una enorme creatividad artística y un variado intercambio cultural y económico. Uno de los ejemplos más ilustrativos al respecto es el de la civilización tracia, un poderoso reino que logró forjar una identidad única manteniendo intercambios con griegos, persas, macedonios y escitas. Fue un puente entre las culturas europeas y las de otras regiones. Avanzando en la historia, se considera que nuestro legado medieval es el predecesor del Renacimiento europeo. Nuestra identidad está conformada por todas estas capas, un mosaico de pueblos y culturas, de modo que hoy en día hay tantos puentes que tender entre las culturas y los países como en la época de los tracios. Por eso considero que la destrucción que hemos estado presenciando últimamente del patrimonio cultural de Siria y de Irak supone una trágica pérdida para toda la humanidad.

¿Usted creció en un ambiente en el que han convivido musulmanes y cristianos?

 

Sí, durante siglos. Nuestra vida cotidiana y nuestras costumbres respectivas estaban interrelacionadas. Tempranamente, en parte gracias a algunos profesores extraordinarios, adquirí lo que llegó a transformarse en una pasión por la historia y la arqueología que me ha acompañado durante toda la vida, y que me llevó a dedicar muchos veranos al trabajo voluntario en excavaciones arqueológicas. Desenterrar capas históricas, reconstituir el pasado, formular preguntas, esta blecer conexiones, son actividades fundamentales para comprender con mayor claridad el presente.

Irina Bokova junto al enviado especial de la UNESCO para la paz y la reconciliación, Forest Whitaker, en la ciudad de Yei, en Sudán del Sur, © UNESCO

¿Cuándo y cómo comenzó a relacionarse con un entorno más amplio?

Mi familia asignaba una enorme importancia a la educación como fundamento para volar con alas propias y tener libertad para tomar decisiones. Vi cómo mi madre continuó sus estudios ya siendo adulta y llegó a transformarse en radióloga. Esperaban que yo me esforzara y que me fuera bien. Esta visión iba vinculada a un hondo sentido de justicia y responsabilidad social, especialmente hacia las personas más vulnerables. Incluía la convicción de que podemos propiciar los cambios, un mensaje que siempre he transmitido a los jóvenes. Como parlamentaria, ministra y diplomática participé en la redacción de la Constitución de mi país tras la caída del Muro de Berlín, y respaldé la incorporación a la Unión Europea. En estos esfuerzos, la promoción de la inclusión, el diálogo, los derechos humanos y la protección de las minorías siempre han sido mis principios orientadores. Ya desde joven estuve en contacto con la música y el arte, los idiomas extranjeros y la literatura. Todos esos estímulos alimentaron mi curiosidad, mi mundo interior y mi convicción de que las expresiones culturales constituyen una vía extraordinaria para fomentar el entendimiento mutuo, la tolerancia y la cohesión social.

¿Cómo llegó a trabajar en la UNESCO?

Desde mi temprana juventud he estado involucrada en los asuntos internacionales, trabajando para mi país durante un fascinante período de transición histórica, mediante la activa promoción de la integración europea. En la Constitución de la UNESCO encontré un documento extraordinariamente visionario, que mantiene hoy más que nunca su vigencia. Fui nombrada embajadora ante la UNESCO en 2005, y elegida Directora General en 2009, cargo en el que promoví una plataforma que proclamaba un nuevo humanismo en el mundo globalizado e interdependiente de hoy en día.

La UNESCO se está concentrando en la educación para la ciudadanía mundial (ECM), lo cual es una excelente noticia. ¿Cómo definiría y describiría este tipo de formación?

Nuestra preocupación por la ciudadanía mundial se basa en dos criterios. En primer lugar, forma parte de una nueva visión de la educación, que la UNESCO está contribuyendo a forjar con miras a la agenda de desarrollo posterior a 2015. En segundo lugar, constituye un pilar de la Iniciativa Mundial “La educación ante todo”, puesta en marcha por el Secretario General de las Naciones Unidas en 2012. La ciudadanía mundial debe ser un elemento central de la educación que necesitamos para el siglo 21, a fin de forjar un futuro más pacífico y sostenible para todos, basado en valores comunes. Para alcanzar este objetivo, la educación no solo debe consistir en transmitir información y conocimientos. Ese es el espíritu de la educación para la ciudadanía mundial: fomentar nuevos valores, conocimientos y aptitudes en relación con la paz, el desarrollo sostenible, los derechos humanos y la democracia, para así transformarlos en actitudes cotidianas que tiendan a la tolerancia y el respeto.

En este sentido, la UNESCO parece estarse preocupando especialmente de la educación de niños y jóvenes. ¿Cuáles serán las estrategias destinadas a incorporar la ECM en los currículos escolares?

No hay duda de que la escuela —independientemente de la edad de los alumnos—es el mejor lugar donde proporcionar las competencias para aprender de manera conjunta, y las aptitudes para comprometerse con la promoción de cambios positivos a nivel local y mundial. Ello significa que un sistema educativo debe inculcar en los alumnos la capacidad para enriquecer su potencial y para llevar una vida que tenga sentido. Las maneras en que un determinado gobierno integra la ECM en el currículo pueden ser sumamente diversas. En algunos países la ECM ha adoptado la forma de un enfoque que abarca todas las áreas de aprendizaje y se han consolidado los currículos asociados. En otros se ha optado por implementarla como parte de una disciplina existente, por ejemplo la educación cívica y estudios sociales y medioambientales. A este respecto, el papel de la UNESCO consiste en proporcionar orientación en la tarea de afrontar algunos desafíos estructurales y pedagógicos. Con este fin estamos elaborando un Marco de Orientación sobre Educación para la Ciudadanía Mundial.

¿De qué manera pretende conseguir la UNESCO que la ECM sea fomentada en sus estados miembros y a la vez infl uida por estos?

 

Estamos cumpliendo nuestro papel de laboratorio de ideas a fin de subrayar la importancia de la ciudadanía mundial. Estamos realizando consultas internacionales sobre ECM para compartir las mejores prácticas y ayudarles a los países a impulsar la introducción de este enfoque en los sistemas educativos, a través de políticas y prácticas pedagógicas. La UNESCO está desarrollando un centro de intercambio de información sobre ECM en asociación con el Centro de Educación para el Entendimiento Internacional en la Región de Asia y el Pacífico, con el objetivo de compartir conocimientos y percepciones sobre la ECM. Esta iniciativa sucede a la celebración del Foro sobre Educación para la Ciudadanía Mundial (en 2013 en Bangkok), y del Foro de la UNESCO sobre Educación para la Ciudadanía Mundial (en enero de 2015, en París).

Irina Bokova junto a alumnos de una escuela en Daca, Bangladesh, © UNESCO

¿De qué manera se puede lograr incluir el aprendizaje y la educación de adultos (AEA) en este contexto, y cuál es, a su juicio, el papel de esta modalidad pedagógica?

Percibimos el aprendizaje y la educación de adultos como un elemento fundamental del aprendizaje a lo largo de toda la vida. Se trata de una disciplina que va más allá de la educación y capacitación técnica y profesional, pues traspasa los muros de las aulas para incluir situaciones de aprendizaje no formal e informal. Esta perspectiva resulta fundamental para todas las modalidades de ECM. En estos tiempos de gran agitación, las personas, sobre todo los adultos jóvenes, necesitan contar con aptitudes que les permitan adaptarse a los rápidos cambios. Las nuevas tecnologías están ampliando las oportunidades, pero también imponiendo escollos difíciles de superar y abriendo nuevas brechas. Por eso el aprendizaje a lo largo de toda la vida debería consistir en inculcar a cada individuo las aptitudes para desenvolverse en un mundo sometido a presiones. La ECM no debería estar orientada únicamente a las generaciones futuras, sino que también es necesaria para empoderar a los ciudadanos de hoy, entregándoles las capacidades que les permitan interactuar con nuestro mundo actual, que es tan complejo.

Usted ha trabajado activamente y con dedicación en la sociedad civil. ¿Cuál es su visión del papel que les cabe a las ONG y a las organizaciones de la sociedad civil en los futuros esfuerzos por fortalecer la ECM?

La UNESCO está comprometida en una ambiciosa iniciativa destinada a reforzar los lazos con las ONG. Desde sus orígenes, la UNESCO estuvo vinculada a una vasta red de intelectuales, académicos, artistas y actores de la sociedad civil que cumplieron un papel decisivo en la promoción de nuestro mandato. Las relaciones con las ONG constituyen un motor esencial para nuestros esfuerzos en el área de la ECM. En primer lugar, la UNESCO está asociada con las ONG para desarrollar e implementar programas vinculados a la ECM. En ámbitos como la alfabetización, los derechos humanos y la educación para el desarrollo sostenible, muchas ONG han desarrollado enfoques innovadores que merecen ser reconocidos e incorporados en la implementación de la ECM. Asimismo, las ONG hacen llegar la opinión y los mensajes de la UNESCO al público con el que ésta no puede establecer un contacto directo. En segundo lugar, la UNESCO incentiva a los gobiernos y al sector privado para que trabajen con las ONG a fin de perfeccionar las políticas educativas, movilizar a las comunidades y a la opinión pública en la defensa del derecho a la educación, promover el diálogo intercultural y el entendimiento mutuo. La educación es una responsabilidad pública, pero también de la sociedad.

La dimensión social y emocional de la ECM —señala la UNESCO— consiste en poseer un sentido de pertenencia a una humanidad común, compartiendo un sentimiento de solidaridad y respeto por las diferencias y la diversidad. ¿Se trata, acaso, de un enfoque demasiado idealista en estos días? Y si no, ¿de qué manera puede contribuir la ECM a este anhelo?

El diálogo intercultural y el entendimiento mutuo son factores esenciales de la ECM, y lo que es aun más importante, constituyen la respuesta más eficaz frente al extremismo que distorsiona la religión o busca la división. Hoy más que nunca, es preciso que todos nosotros renovemos nuestro compromiso con el diálogo, la tolerancia, la reconciliación y la comprensión. La ECM puede aportar los recursos que permitan enseñarles a los seres humanos a vivir y crecer juntos, compartiendo experiencias y valores. De hecho, no es posible promover la ECM si no se fomentan nuevas formas de “alfabetización cultural”: comprender y aprender sobre la riqueza que encierran nuestra propia cultura y la de otros pueblos.

Una última inquietud, aunque no la menos importante: ¿Cómo podría contribuir la comunidad mundial de aprendizaje y educación de adultos?

 

Este año nos encontramos en un momento decisivo. Si queremos avanzar, es preciso que integremos la educación para la ciudadanía mundial en la agenda posterior a 2015, y apoyemos a los estados para que la incorporen en todos sus sistemas de enseñanza. Esa fue la conclusión a la que se llegó en el Foro sobre Educación para la Ciudadanía Mundial, que se celebró en enero pasado, contó con una asistencia sin precedentes y dio lugar a intensos debates sobre enseñanza, aprendizaje, participación de los jóvenes y compromiso de la comunidad. Este es el espíritu que debe inspirarnos para fomentar la educación y el aprendizaje de adultos con base en la comunidad, a fin de llamar la atención de las personas ajenas al sistema de educación formal —en especial recurriendo a la tecnología de la información y las comunicaciones y a las redes sociales— sobre la importancia de incorporar la ECM como elemento fundamental de esta nueva agenda para la educación.