Mejores habilidades, mejores empleos, mejores vidas

 

Andreas Schleicher
OECD Paris
Francia



 

 

 

Resumen En todas partes, las habilidades transforman vidas, generan prosperidad y promueven la inclusión social. Y si hay una lección que nos ha enseñado la crisis financiera mundial, ella es que no podemos limitarnos a solicitar un rescate para salir de un trance económico, no basta con que nos animemos unos a otros a superar esa situación, y no es suficiente que "emitamos dinero" para resolver el problema. Una apuesta mucho más sólida para lograr que los países crezcan y se desarrollen en el largo plazo consiste en inculcarles a más personas mejores habilidades para colaborar, competir y conectarse de maneras que potencien su vida y su sociedad.


La Evaluación de la OCDE de las Competencias de Adultos demuestra que lo que la gente sabe, y hace con lo que sabe, repercute enormemente en los cambios que se producen en su vida (véase la Figura 1). Por ejemplo, en todos los países el sueldo medio por hora de las personas que han alcanzado el nivel 4 ó 5 en el área de lectura y escritura —es decir, que pueden realizar inferencias complejas y evaluar pretensiones de verdad o argumentos muy sutiles en textos escritos— es más de un 60% superior al de trabajadores situados en el nivel 1 o por debajo —personas que, como mucho, son capaces de leer textos relativamente cortos para encontrar una sola información que sea idéntica a la proporcionada en la pregunta o en la instrucción, o bien de comprender un vocabulario básico. Las personas con un bajo nivel de alfabetismo tienen además el doble de posibilidades de estar desempleadas. El estudio demuestra también que este impacto va más allá de los ingresos y del empleo. En los países analizados, en comparación con los individuos que poseen un nivel superior de habilidades de lectura y escritura, las personas con un nivel inferior de habilidades fundamentales son mucho más propensas a tener problemas de salud, a considerar que ejercen una mínima influencia en los procesos políticos, y a abstenerse de participar en actividades asociativas o de voluntariado.Así pues, de alguna manera, las habilidades se han transformado en la divisa mundial de las economías del siglo XXI. Pero esta “divisa” puede depreciarse a medida que evolucionan las exigencias de los mercados laborales y las personas pierden las habilidades que no utilizan. Para que las habilidades conserven su valor, deben desarrollarse continuamente durante toda la vida.Por añadidura, la coexistencia tóxica de desempleados con título y empleadores que se quejan de no poder encontrar las personas con las cualificaciones que requieren, deja en claro que un mayor nivel de educación no se traduce automáticamente en mejores resultados económicos y sociales. Para lograr el objetivo de convertir la educación en mejores empleos y mayor calidad de vida, necesitamos comprender con claridad qué es lo que permite que esas habilidades produzcan resultados, asegurarnos de que se está adquiriendo la combinación adecuada de competencias durante el ciclo vital, y ayudar a las economías a utilizar provechosamente esas capacidades.

“Por añadidura, la coexistencia tóxica de desempleados con título y empleadores que se quejan de no poder encontrar las personas con las cualificaciones que requieren, evidencia que un mayor nivel de educación no se traduce automáticamente en mejores resultados económicos y sociales.”

La evolución de las habilidades

El punto de partida fundamental consiste en anticiparse y reaccionar con mayor eficacia frente a la evolución de la demanda de habilidades. El Gobierno y las empresas necesitan trabajar en conjunto para reunir evidencias sobre la demanda actual y futura de habilidades, información que luego puede emplearse para desarrollar sistemas de instrucción actualizados, además de servir de referencia para los sistemas de educación y capacitación. Durante las décadas anteriores, los fundamentos económicos de los países industrializados y, en épocas más recientes, de muchos países emergentes y en desarrollo han experimentado importantes cambios. Como han demostrado Levy y Murnane1, el descenso más notorio en la demanda de habilidades ya no ocurre en el área de las habilidades manuales sino en la de capacidades cognitivas rutinarias. Cuando tenemos acceso a los conocimientos del mundo en internet, cuando las habilidades rutinarias están siendo informatizadas o externalizadas, y cuando los empleos están cambiando rápidamente, la acumulación de conocimientos se torna menos importante y el éxito tiene que ver cada vez más con las maneras de pensar —creatividad, pensamiento crítico, resolución de problemas y discernimiento—, con las maneras de trabajar —colaboración y trabajo en equipo— y con las herramientas socioculturales que nos permiten interactuar con el mundo.

Una medida que muchas naciones podrían imitar de países como Dinamarca, Alemania, Noruega o Suiza es el hecho de trasladar directamente un porcentaje mayor de la prima educativa desde la enseñanza centrada en las cualificaciones hacia el aprendizaje a lo largo de la vida orientado a las habilidades. El análisis Preparándose para trabajar de la OCDE revela que la eficacia en el desarrollo de habilidades aumenta notoriamente si el mundo del aprendizaje y el mundo laboral se encuentran vinculados. En comparación con currículos diseñados únicamente por el Gobierno e impartidos solo en las escuelas, el aprendizaje en el lugar de trabajo permite que la gente desarrolle habilidades técnicas o “duras” en modernas instalaciones, y habilidades interpersonales o "blandas" —como el trabajo en equipo, la comunicación y la negociación— mediante la experiencia en el mundo real. La experiencia de estos países también sugiere que la formación práctica en el lugar de trabajo es una herramienta eficaz que permite motivar a los jóvenes desvinculados de los estudios para que vuelvan a relacionarse con la educación y puedan así transitar de manera más fluida hacia el mundo laboral. Dichas naciones logran prevenir la deserción escolar al impartir una educación que tiene mayor utilidad práctica, al ofrecer más alternativas para recibir una enseñanza de segunda oportunidad, y al proporcionar experiencia laboral a los jóvenes ­antes de que terminen su educación. Los empleadores cumplen un papel importante en la capacitación de su propio personal, aun cuando algunas empresas, en especial las pequeñas y medianas, reciben ayuda pública para entregar esa formación. En estos países, los sindicatos también contribuyen a diseñar los programas de educación y capacitación, protegen los intereses de los trabajadores actualmente en funciones, garantizan que quienes están trabajando aprovechen adecuadamente sus habilidades, y verifican que las inversiones en capacitación se traduzcan en empleos de mayor calidad y en sueldos más ­altos.

Cuatro medidas para aumentar la participación

Preparar a los jóvenes para su ingreso al mercado laboral mediante la educación y la capacitación anticipadas es solo una faceta del desarrollo de habilidades; los adultos en edad laboral también necesitan desarrollar sus habilidades para poder progresar en su carrera, satisfacer las cambiantes exigencias del mercado laboral y no perder las capacidades que ya han adquirido. También se requiere poner al alcance de la gente un amplio espectro de actividades de educación de adultos a tiempo completo o parcial: capacitación de empleados relacionada con el trabajo; educación formal para adultos; cursos de educación de segunda oportunidad para obtener una cualificación mínima o habilidades básicas de lectura, escritura o cálculo; clases de idiomas para inmigrantes y programas de capacitación para el mercado laboral destinados a solicitantes de empleo; programas de aprendizaje como medio de superación personal o como actividad de esparcimiento. Aún queda mucho por hacer para eliminar los obstáculos que dificultan la participación en la educación y la capacitación permanentes.

En primer lugar: El hecho de dar a conocer más claramente los beneficios que reportan la educación y la capacitación de adultos puede ayudar a aumentar el grado de motivación de los usuarios para invertir en esta área. Los gobiernos pueden facilitar información más detallada sobre los beneficios económicos (entre ellos los salarios netos y las cifras de empleo y productividad) y los no económicos (incluidos la autoestima y un mayor grado de interacción social) del aprendizaje de adultos.

En segundo lugar: Las personas con menor educación tienden a ser menos conscientes de las oportunidades de aprendizaje y capacitación, o pueden considerar confusa la información disponible. Para ayudar a la gente a definir sus propias necesidades de capacitación y a identificar los programas adecuados, se requiere emplear una combinación de información actualizada de fácil consulta en internet con servicios personalizados de orientación y asesoramiento, como asimismo entregar información sobre posibles fuentes de financiación.

En tercer lugar: La clara certificación de los resultados de aprendizaje y el reconocimiento de estudios no formales sirven también para incentivar la capacitación. Sería preciso diseñar normas transparentes insertas en un marco de cualificaciones nacionales, al igual que procedimientos de evaluación confiables. El reconocimiento de estudios previos también podría ayudar a reducir el tiempo necesario para obtener determinadas cualificaciones y, por ende, a rebajar el costo de los ingresos no percibidos.

En cuarto lugar: Es importante asegurarse de que los programas tengan utilidad práctica para los usuarios y sean lo suficientemente flexibles en cuanto al contenido y a la manera que se imparten, para que así se adapten a las necesidades de los adultos. Diversos países han introducido recientemente sistemas de “ventanilla única”, en los que diferentes servicios se ofrecen en una sola institución. Este método resulta particularmente rentable, pues consolida la infraestructura y el personal docente y facilita la educación y la capacitación permanentes. El aprendizaje a distancia y el sistema de recursos educativos abiertos han permitido mejorar considerablemente la capacidad de los usuarios para adaptar su aprendizaje a su modo de vida.

Las políticas de habilidades transfronterizas también son importantes. Es probable que en los países no exista una oferta adecuada de habilidades, porque, si bien en ellos existen sectores emergentes y en expansión, no se capacita a la cantidad suficiente de personas en esas especialidades. Ello se debe a que la población está envejeciendo y hay muy pocos jóvenes que puedan reemplazar a los trabajadores que jubilan, o a que las autoridades desean reorientar las principales áreas de la economía hacia la producción con mayor valor añadido, para lo cual se requiere una fuerza laboral adecuadamente capacitada.

Traspasar las fronteras

Asimismo, mientras las políticas sobre habilidades son diseñadas con una mentalidad nacional, un creciente número de empleadores operan a nivel internacional y deben surtirse de personal cualificado en el mercado local o en la cantera internacional de talentos. Así pues, algunos países han comenzado a considerar la adopción de políticas sobre habilidades que traspasen sus fronteras nacionales, y han empezado a invertir en el desarrollo de las capacidades del personal que trabaja en el extranjero. Lo anterior entraña una doble ventaja, pues genera una oferta de trabajadores con una excelente formación para sucursales de firmas en el exterior, y al mismo tiempo reduce los incentivos para emigrar, especialmente entre los funcionarios más cualificados. Otra manera de fomentar el desarrollo de habilidades a nivel mundial consiste en diseñar políticas que promuevan la educación postsecundaria transfronteriza. Gracias a esta medida, un país podría ampliar su reserva de habilidades con mayor rapidez que si dependiera únicamente de los recursos nacionales.

Ahora bien, la creación de habilidades sigue siendo la tarea más sencilla; mucho más difícil es brindar oportunidades para que los jóvenes aprovechen sus competencias. Puede que los empleadores tengan que ofrecer mayor flexibilidad en el lugar de trabajo. Y los sindicatos, por su parte, quizás se vean obligados a reconsiderar su postura con respecto a reequilibrar la protección del empleo de los trabajadores permanentes y temporales. Las empresas requieren contar con períodos de prueba razonablemente largos para permitir que los empleadores les ofrezcan a los jóvenes sin experiencia laboral una oportunidad para demostrar sus habilidades, facilitándoles así la transición hacia el empleo estable. La conclusión es que el capital humano no aprovechado representa un desperdicio de habilidades y de inversiones iniciales en esas capacidades. A medida que la demanda de habilidades va variando, las capacidades no aprovechadas pueden volverse obsoletas, y las habilidades que no se ejercitan durante períodos de inactividad seguramente se atrofiarán con el tiempo. Por el contrario, mientras más aprovechen las personas sus capacidades y se ocupen en tareas complejas y exigentes —tanto en el ámbito laboral como en otras áreas—, más probabilidades tienen de evitar la disminución de sus habilidades debida al envejecimiento.

Afrontar el desajuste entre las habilidades

Así y todo, incluso si se desarrollan las habilidades y se ponen a disposición del mercado laboral, no se producirá el impacto deseado en la economía y en la sociedad si esas capacidades no se aprovechan eficientemente. La Evaluación de Competencias de la OCDE demuestra que, en algunos países, el desajuste entre las habilidades constituye un grave problema que se refleja en las perspectivas de ingreso y en la productividad de las personas. Resulta fundamental saber cuáles habilidades se necesitan en el mercado laboral y qué itinerarios educativos conducirán a los jóvenes a la meta que se han trazado. El desajuste entre las habilidades en el empleo puede corresponder a un fenómeno temporal; por ejemplo, a veces la demanda de habilidades requiere tiempo para adaptarse al hecho de que existe una reserva más amplia de trabajadores altamente cualificados disponibles para contratación. Por consiguiente, no todos los tipos de desajustes entre habilidades son perjudiciales para la economía. Los superávit de habilidades, que tal vez obedecen a un aprovechamiento insuficiente de las capacidades en determinadas ocupaciones, quizás servirían para formar un bagaje de cualificaciones que podrían aplicarse en otros empleos más avanzados, y emplearse para crear economías del conocimiento en el largo plazo. Sin embargo, este desajuste entre las habilidades de los trabajadores y las tareas que desempeñan en su labor cotidiana puede repercutir negativamente en los resultados económicos y sociales. La infrautilización de las habilidades en determinados empleos puede representar un problema en el corto y en el largo plazo, porque puede traducirse en una pérdida de capacidades. Los trabajadores que no aprovechan plenamente sus habilidades en su actual empleo ganan menos que los trabajadores cuyas capacidades se ajustan perfectamente a su labor, y además tienden a sentirse menos satisfechos con su ocupación. Por lo general, esta situación da lugar a un mayor grado de rotación de trabajadores, lo que a su vez puede afectar la productividad de una empresa. Es probable que falta de cualificaciones suficientes también influya en la productividad y, tal como ocurre con el déficit de habilidades, disminuya la velocidad con que se adoptan tecnologías y métodos más eficientes para trabajar.

El hecho de ingresar con buen pie en el mercado del trabajo al comienzo de la carrera profesional influye profundamente en la posterior vida laboral. Los “efectos traumáticos” de un mal comienzo pueden entorpecer los posteriores esfuerzos por recuperar terreno. Una sólida educación básica, acompañada de programas de educación y capacitación profesional que estén vinculados a las necesidades del mercado laboral, tiende a facilitar la transición de la escuela al trabajo. Similar efecto tienen las normas sobre contratación y despido que no penalizan a los jóvenes en comparación con otros grupos, y los incentivos financieros que permiten a los empleadores contratar a jóvenes que requieren ser capacitados en el empleo. Esas políticas pueden ayudar a prevenir más adelante el desempleo y el desajuste entre las habilidades.

El factor clave para alcanzar el éxito

Los servicios de calidad en materia de orientación laboral, complementados por información actualizada sobre las perspectivas del mercado del trabajo, pueden ayudarles a los jóvenes a adoptar decisiones acertadas respecto de su carrera. Asimismo, algunos países aplican iniciativas eficaces para impulsar activamente el mercado laboral, tales como orientación, asesoramiento en la búsqueda de empleos, y subsidios temporales para la contratación de jóvenes con pocas cualificaciones. Además, las medidas de apoyo a la renta para jóvenes imponen la condición de que éstos se esfuercen por encontrar empleo y participen en las iniciativas destinadas a aumentar su empleabilidad.

Ninguno de estos esfuerzos daría resultado si el desarrollo de las habilidades no se transformara en un asunto que incumbe a todos los sectores: a los gobiernos, que pueden diseñar incentivos financieros y políticas tributarias favorables; a los sistemas educativos, que pueden fomentar el espíritu emprendedor, y al mismo tiempo impartir formación profesional; a los empleadores, que pueden invertir en programas de aprendizaje; a los sindicatos, que pueden ayudar a velar por que las inversiones en capacitación se traduzcan en empleos de mayor calidad y en sueldos más altos; y a las personas, que pueden aprovechar mejor las oportunidades de aprendizaje. Los países también necesitan analizar de manera rigurosa quiénes, cuándo y cómo deberían financiar determinados proyectos. Los gobiernos tienen que discurrir incentivos financieros y políticas tributarias que motiven a los empleadores y a los particulares para invertir en la educación y la formación posteriores a la enseñanza obligatoria. Algunas personas podrían sufragar un mayor porcentaje de la carga financiera impuesta por la educación postsecundaria, y la financiación podría estar vinculada más estrechamente a las tasas de graduación, siempre que las personas tengan acceso a préstamos concedidos en función de los ingresos y a subvenciones dependientes del nivel de recursos.

Si bien muchos países aún deben seguir combatiendo la recesión, el costo de poseer un escaso nivel de habilidades es alto y equivale al de una recesión económica permanente.


Nota

1 / Autores: Levy, F. y Murnane, R. (2013): Economy-Wide Changes in Job Task Content 1960-2010. Ponencia presentada durante la Conferencia sobre Preparación para la Universidad y las Carreras Profesionales ­(College and Career Readiness – CCR), celebrada en febrero de 2013


Sobre el autor

Andreas Schleicher es director de educación y habilidades y consultor especial del secretariado general de la OCDE. Monitorea el programa PISA (Informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes), la encuesta de habilidades de adultos de la OCDE (PIACC), la estrategia de habilidades de la OCDE y la encuesta TALIS sobre la enseñanza y el aprendizaje; además, desarrolla y analiza especificaciones para la medición del rendimiento de sistemas educativos (INES).

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andreas.schleicher@oecd.org