El pensamiento crítico como una competencia esencial para el futuro

Nancy Njiraini
Universidad de Glasgow
Escocia, Gran Bretaña



 

 

Resumen La idea de aprendizaje como transferencia de puros y simples conocimientos ha sido cada vez más cuestionada. Ante un futuro complejo necesitamos contar con herramientas y capacidades que nos permitan responder eficazmente, sin necesidad de recurrir a los demás. En este artículo se analiza el papel que cumplen la creatividad, el pensamiento crítico e independiente, al igual que las habilidades y competencias esenciales, todos los cuales contribuyen a que un individuo logre ser autosuficiente. Los educadores tienen que interactuar con los alumnos aplicando métodos que permitan a los educandos tomar conciencia para poner en tela de juicio los supuestos acerca de rutinas y sistemas establecidos, y que los motiven para aplicar el pensamiento crítico en la vida y en el aprendizaje.


Vivimos en una época de cambios . La tecnología y la globalización son dos poderosas fuerzas impulsoras, capaces de modificar la manera en que interactuamos, aprendemos y trabajamos. Los avances en la tecnología exigen que competencias tales como la comunicación incluyan conjuntos de habilidades nuevos y más complejos en comparación con los que poseíamos hace algunos años. Estamos asistiendo con creciente frecuencia a reuniones virtuales, y las actividades de aprendizaje suelen realizarse en línea. Cada vez más servicios, como rellenar nuestra declaración de impuestos, solicitar un empleo, etc., están disponibles en internet. El correo postal es hoy en día un servicio prácticamente obsoleto. Gracias a las tendencias y al progreso en la tecnología, la información se encuentra fácilmente disponible y proviene de diversas fuentes. Lo anterior entraña la necesidad de ser selectivos en la manera en que consumimos la información. También necesitamos aplicar el pensamiento crítico cuando se trata de procesarla. Los nuevos modos de vida y realidades a los que estamos expuestos crean diferentes y complejas interacciones que nos exigen poseer habilidades para actuar con rapidez, de manera independiente y reflexiva, al igual que para aplicar el pensamiento crítico a fin de cuestionar y analizar la información y adoptar decisiones eficaces.

Alumnos comunitatrios en Kenia aplican el pensamiento crítico. © Nancy Njiraini

La necesidad del pensamiento crítico

En el acelerado mundo en que vivimos necesitamos poseer habilidades y competencias que nos permitan mantenernos al día con los rápidos cambios, adaptarnos a la sociedad y participar activamente en todas las esferas de la vida social y económica. Por tanto, para sobrevivir en el futuro habrá que adquirir habilidades y competencias orientadas a fomentar la capacidad de pensar de manera crítica en las experiencias de nuestra vida, desde una perspectiva personal, cívica, social e incluso económica. Inspirándose en los escritos de Dewey y Piaget, Kolb (1984) desarrolló métodos para perfeccionar el pensamiento crítico mediante el modelo de aprendizaje experimental, sobre la base de:

  • La experiencia.
  • Reflexionar en torno a la experiencia.
  • Formar conceptos abstractos derivados de esa reflexión.
  • Poner a prueba los conceptos.

Esas prácticas de reflexión pueden fomentar el aprendizaje autónomo, y propender al desarrollo de habilidades de comprensión y pensamiento crítico. En este artículo me ocuparé de las competencias, analizando en primer lugar las capacidades y concentrándome en el papel de la autosuficiencia como un componente del pensamiento crítico. Posteriormente me referiré al papel de un ser crítico, y por último argumentaré por qué el pensamiento crítico es una competencia práctica para el futuro.

Los seres humanos progresan en la vida mediante la interacción con su entorno, su familia, su hogar, su comunidad y la sociedad en general. A medida que planificamos nuestro progreso y nuestro desarrollo, creamos situaciones que configuran y optimizan nuestras capacidades prácticas para gestionar nuestro entorno. Ello requiere contar con capacidades flexibles y prácticas que permitan moldear los instrumentos físicos, sociales, tecnológicos y culturales que fomentarán el progreso positivo. Entre esas capacidades se incluyen el empoderamiento y la autosuficiencia, la creatividad al adoptar opciones de vida que forjarán nuestro futuro tal como lo hemos previsto. Para respaldar el desarrollo de dichas capacidades será preciso empoderar a las personas y las comunidades para que sean capaces de “hacer” y de “ser”. Según Nussbaum (2011), esta capacidad de hacer y de ser tiene que ver con la disponibilidad de verdaderas oportunidades, en las que se tienen en cuenta preguntas como “qué es capaz de hacer la gente”, poniendo ahora mayor énfasis en las habilidades que crean oportunidades. Este enfoque analiza las capacidades para evolucionar y utilizar el cocimiento eficazmente y así fortalecer las habilidades y competencias para la vida y el trabajo mediante el pensamiento crítico. Se trata de una facultad que teníamos en el pasado, pero que ya hemos perdido. Las capacidades para desenvolvernos y actuar de esta manera se han mermado con el paso del tiempo, en especial durante el período de la colonización, cuando las capacidades y la confianza para actuar con autonomía fueron suprimidas, particularmente en África.

“Por tanto, para sobrevivir en el futuro habrá que adquirir habilidades y competencias orientadas a fomentar la capacidad de pensar de manera crítica en las experiencias de nuestra vida, desde una perspectiva personal, cívica, social e incluso económica.”

Los efectos de la colonización en la autosuficiencia

La colonización en África se fundó en percepciones sobre los niveles en que estaba dividida la especie humana y el lugar que les correspondía a los habitantes de África, los cuales, según se consideraba, necesitaban ser modernizados. Los sistemas políticos, sanitarios, educativos y culturales se crearon sobre la base de la cultura de los colonizadores, mientras que los sistemas autóctonos fueron ignorados por considerárselos inadecuados o inexistentes. Estos sistemas generaron un sentido limitado de identidad en las comunidades, lo que se tradujo en experiencias de desprecio de sí mismas, baja autoestima y falta de respeto por la propia cultura, al tiempo que se comenzó a experimentar un peculiar tipo de dependencia psicológica de los demás (Woolman, 2001). Cuando la mayoría de los países africanos consiguió su independencia en la década de 1960, los pueblos originarios abrazaron ideologías como el materialismo y el consumismo, y siguió imperando el liderazgo de estilo colonial, el cual adoptó sistemas y estructuras represivos y antidemocráticos que los nuevos dirigentes habían observado y asimilado. Los ciudadanos se consideraron libres e independientes, pero seguían estando colonizados mentalmente, sujetos aún a las directrices impuestas por los anteriores colonizadores (Mungazi, 1996). Como consecuencia de sus prácticas opresivas, la colonización había incapacitado a los pueblos autóctonos para practicar la creatividad y les había arrebatado la capacidad para moldear su propia vida.

El papel del pensamiento crítico en la autosuficiencia

Progresar y mantener la competitividad en un futuro complejo constituye un proceso complicado en el que se toman decisiones y se goza de libertad para adoptarlas. Para ello se requiere contar con una educación y un aprendizaje que se preocupen de otros aspectos aparte de la creación de habilidades para la subsistencia y la generación de ingresos, las cuales son restrictivas en el sentido de que se concentran en un conjunto de habilidades para desempeñar tareas específicas. El potencial percibido para las habilidades que generan beneficios a corto plazo solo permitirá que las personas lleguen hasta un determinado punto. Los dilemas y obstáculos que surgen al interior de un ambiente complejo requieren habilidades que nos permitan analizar los problemas y reflexionar sobre ellos, al igual que comprender los actuales fenómenos mundiales, con un enfoque que propicie la toma práctica de decisiones. El pensamiento crítico es una aptitud que nos permite “autoevolucionar” mediante la reflexión, la evaluación y la toma de decisiones, lo cual puede redundar en un aumento de la autoestima y la confianza en sí mismo. En el contexto del aprendizaje de adultos, esta competencia adquiere una importancia esencial cuando se trata de permitir que los alumnos identifiquen los obstáculos que les impiden alcanzar sus objetivos. Gracias al pensamiento crítico estarán en condiciones de desenvolverse de manera autónoma y eficiente en un futuro potencialmente complejo, y llegarán a transformarse en individuos aptos y críticos.

El hecho de reflexionar y actuar de manera crítica no involucra solamente un conjunto de habilidades. Es una manera de ver la vida centrada en el concepto de un “ser crítico”, el cual abarca la reflexión crítica, la autoevaluación crítica y la acción crítica, en las cuales una persona crítica se transforma en algo más que en un pensador crítico, capaz de interactuar de manera crítica con el mundo mediante la autocrítica y el cuestionamiento de lo que parece ser evidente. Barnett (1997) sugirió un método para analizar la actitud crítica empleando los siguientes niveles: razón crítica (conocimiento), reflexión crítica (el yo) y acción crítica (el mundo), en el que subrayaba la necesidad de rebatir y cuestionar los temas para así liberarse de creencias y sistemas de conocimientos que limitan el potencial.

Algunos procesos de aprendizaje suelen concentrarse en resultados asociados a competencias definidas y predeterminadas, que pueden limitar el pensamiento crítico debido a la existencia de un resultado definido. Cuando el aprendizaje propicia una conversación abierta, en la que el resultado se adapta a las circunstancias del alumno sobre la base de los temas que está abordando, tienen lugar el pensamiento crítico y las reflexiones abiertas sobre los conceptos. De esta manera, los individuos logran percibir lo que hay más allá, sin depender ya de una manera específica de pensar o de trabajar, transformándose en seres autosuficientes al desarrollar un conjunto flexible de habilidades que se adaptan a un mundo que se mueve a gran velocidad y cambia continuamente de fisonomía.

Percepción de la actitud crítica en el futuro

Los educadores y los líderes tienen la obligación de apoyar a los alumnos adultos en sus esfuerzos por sobreponerse a los efectos de la dominación que socavaron la eficiencia personal y permitieron el surgimiento de una sensación de ineptitud. Por ejemplo, las iniciativas de desarrollo comunitario dependen constantemente de la ayuda y del apoyo de organismos gubernamentales e internacionales para resolver problemas locales. Esta falta de confianza en la capacidad de los individuos y de la comunidad se ve perpetuada por un sistema educativo que no permite que los alumnos entren en contacto con perspectivas creativas y críticas, y expone a los ciudadanos a un futuro de dependencia. Si las competencias no incluyen el pensamiento crítico, cuando sobreviene una crisis, el proceso reflexivo que nos puede permitir afrontar la situación se torna ineficaz.

En el pensamiento crítico, los alumnos construyen activamente nuevos conceptos o ideas, y se los alienta en su esfuerzo por adquirir conciencia del entorno que se encuentra más allá de sus contactos inmediatos (Merriam y Caffarella, 1999). Se dan cuenta de que cualquier ocasión puede transformarse en una oportunidad de aprendizaje, y de que esta no debe enmarcarse en un determinado contexto para ser considerada un proceso de aprendizaje. Esta conciencia de las oportunidades para aprender puede mejorar las experiencias y ofrecer una ocasión para reflexionar y para identificar métodos útiles que permitan hacer frente a los innumerables problemas, tanto los actuales como los que surgirán en el futuro. El hecho de ejercer el pensamiento de manera crítica como forma de vida tiene el potencial de traducirse en una transformación de la perspectiva de los alumnos respecto de la vida en general.

El pensamiento crítico en el aprendizaje comunitario:
el ejemplo de Kenia

Los enfoques del aprendizaje comunitario deben incluir un proceso que explore las habilidades y competencias para la autosuficiencia a través del pensamiento crítico, como una manera de sobrevivir en la actualidad y en el futuro. Quienes se dedican a la educación comunitaria y de adultos deben pensar creativamente y además incentivar a los alumnos para que piensen y actúen de manera creativa y crítica al afrontar la vida. Este proceso puede comenzar por la manera en que los educadores interactúan con los alumnos para explorar y exponer ese potencial, empleando métodos creativos que propicien oportunidades para el pensamiento, el debate y la expresión personal.

En mi trabajo de investigación sobre las comunidades kenianas, la evidencia demostró que los participantes no habían entrado en contacto con el aprendizaje y el trabajo con métodos que les permitieran reflexionar y pensar de manera crítica e involucrarse en los problemas abordados. Cuando se les ofrecieron oportunidades para trabajar de esta manera, los grupos demostraron poseer capacidades innatas para reflexionar y evaluar situaciones, y manifestaron el deseo de desarrollar habilidades que pudieran resultar útiles en su proceso de toma de decisiones. Los participantes fueron implicados de tal manera en este proceso de investigación que tuvieron que evaluar y responder a preguntas que se les planteaban y reflexionar sobre ellas, para luego debatir las ideas que surgieron de ese proceso de pensamiento. Al trabajar de este modo con participantes de la comunidad, demostramos nuestra confianza en sus capacidades para realizar su labor. Al respetar las ideas que iban surgiendo, los alumnos fueron capaces de reconocer sus capacidades para pensar y actuar de manera independiente, y comenzaron a esforzarse por generar un sentimiento de confianza y fe en sí mismos.

El Pensamiento critico  para una habilidad para el futuro

Si el pensamiento crítico nos ayuda a adoptar decisiones más informadas, entonces seremos capaces de evitar ciertos errores innecesarios. No existe ninguna garantía específica de que el pensamiento crítico traerá consigo el éxito y la felicidad, pero resulta útil cuando se trata de evitar la dependencia de los demás y las decisiones que podrían acarrearnos dificultades innecesarias. Según han señalado pensadores de épocas anteriores, como Emmanuel Kant, el pensamiento crítico nos libera, nos orienta en la travesía en busca del significado de nuestra existencia, y nos ayuda a comprender por qué creemos en lo que creemos. Al actuar como pensadores críticos o seres críticos, no aceptamos ingenuamente los conocimientos o las situaciones, sino que reformulamos nuestras circunstancias sobre la base de la evidencia que reunimos, gracias a lo cual podemos mejorar nuestra situación. No estamos sugiriendo aquí que el pensamiento crítico sea el camino perfecto para liberar al ser humano de lo que Kant (1784) denominaba “inmadurez”, sino que puede servir de punto de partida para evaluar nuestras necesidades.

Si empleamos el pensamiento crítico de manera constructiva para tratar de entender nuestro conocimiento y llegar a comprender las cosas, entonces seremos capaces de poner los problemas en perspectiva, por lo cual el proceso puede resultar positivo. El pensamiento crítico nos permite cuestionar la realidad, lo que a su vez nos permite forjar nuevas ideas a partir de los conocimientos que poseemos, y basarnos en ellos en lugar de depender de la “ayuda” o del “consejo” de otras personas sin que primero nos esforcemos en nuestra reflexión. Para generar activamente nuevos conceptos e ideas se requiere internalizar los conocimientos y construir el aprendizaje sobre la base de la información adquirida. Ello significa que el aprendizaje se transforma en un proceso activo de cada individuo para descubrir principios, ideas y hechos. El pensamiento crítico permite que las personas pasen por este proceso, se concentren en su desarrollo y examinen su motivación, su propia eficiencia e incluso sus posturas con respecto al proceso de aprendizaje.
Así pues, el centro de atención se traslada a las competencias para la toma de decisiones sobre la base de una práctica de reflexión crítica que potencia el aprendizaje continuo y el perfeccionamiento significativo, al igual que el progreso. En lo referente al futuro, lo anterior implica que las habilidades y competencias prácticas tendrán que enfocarse en un pensamiento creativo y crítico que se traduzca en una autosuficiencia centrada en:

  • Una capacidad para cuestionar los supuestos y para diferenciar hechos de opiniones; para cuestionar la manera en que pensamos y actuamos, a fin de desvelar las discrepancias y las faltas de lógica, descubriendo lo que está oculto bajo ellas.
  • Reconocer lo que hay en el contexto, evaluando los argumentos mediante un análisis y un examen objetivos de la calidad de cualquier elemento justificativo. Luego explorar cómo podrían ampliarse las perspectivas en el tema o en el contexto, y estar atentos a posibles futuras tendencias.
  • Reflexionar sobre numerosas expectativas y evaluar la utilidad de la información que influye en la actualidad y afecta el futuro.
  • Saber cómo llevar a término el proceso mediante conclusiones lógicas, y ser suficientemente flexibles para cambiar de postura a la luz de nuevas evidencias.

Al adquirir y actualizar el pensamiento crítico práctico como elemento central de las habilidades y las competencias, las personas pueden adaptarse a la sociedad y participar activamente en todas las esferas de la vida social y económica, asumiendo así un mayor control sobre su futuro. Este proceso fomenta el aprendizaje continuo y pone el acento en el proceso de conocer, hacer y ser. Expone los niveles de conocimiento de un modo que nos recuerda que el aprendizaje representa un modo de vida que puede ser afectado por cómo decidimos reaccionar frente a lo que nos depara la vida. Nuestras posturas, nuestros hábitos mentales y la fe en nosotros mismos dan lugar a una actitud abierta que permite que el aprendizaje se lleve a cabo de tal manera que se generan habilidades y competencias eficaces que resultan útiles para desenvolverse en un mundo que avanza a ritmo acelerado.


References

Barnett, R. (1997): Higher Education: A Critical Business. Open University Press, Gran Bretaña

Kant, I. (1784): “What is Enlightenment” www.english.upenn.edu/~mgamer/Etexts/kant.html

Kolb, D. A. (1984): Experiential Learning experience as a source of learning and development, Nueva Jersey: Prentice Hall

Merriam, S. B. y Caffarella, R. S. (1999): Learning in Adulthood. A comprehensive guide, San Francisco: Jossey-Bass

Mungazi, D.A. (1996): The Mind of Black Africa. Londres: Praeger

Nussbaum, M. (2011): Creating Capabilities: The Human Development Approach. Cambridge: Harvard University Press

Woolman, D.C. (2001): “Educational reconstruction and post-colonial curriculum development: A comparative study of four African countries”. International Education Journal Vol. 2, No. 5, 2001


Sobre la autora

La Dra. Nancy Njiraini es directora de la empresa Social Networks for Learning. También está afiliada a la Universidad de Glasgow y es profesora adjunta en la Universidad Presbiterania de África Oriental Presbyterian University of East Africa (PUEA). Nancy posee un PhD en Educación de Adultos y ha adquirido una vasta experiencia en el aprendizaje basado en el trabajo, en el aprendizaje comunitario, en educación y capacitación técnica y profesional, y en investigación práctica en el área del aprendizaje de adultos.

Contacto
nancy@networks4learning.org