Todos incluidos

Fotografías de Mário Macilau

Muchos habitantes de Mozambique, en especial las mujeres, no tienen acceso a la educación. Según fuentes oficiales, casi la mitad (el 48,1 %) de la población es analfabeta. Si una persona es discapacitada, su acceso a la educación es incluso más limitado. Ello se debe a la discriminación y a un sistema educativo que no está adaptado a las necesidades de la gente.

El Proyecto de Educación Inclusiva de Adultos (Inclusive Adult Education – IAE) fue puesto en marcha en 2012 con el objeto de hacer frente a estos problemas. El proyecto inculcó aptitudes de lectura y escritura a personas analfabetas y semianalfabetas de dos provincias de Mozambique, con especial preocupación por las personas con discapacidad. Asimismo, el proyecto creó conciencia acerca de las necesidades educativas de las personas con discapacidad, y apoyó la creación de un ambiente más inclusivo para la alfabetización y la educación de adultos. Los fondos fueron aportados por la Unión Europea y el proyecto fue puesto en práctica por DVV International en conjunto con organizaciones locales, los departamentos de educación de los gobiernos locales y la Asociación de Personas Ciegas y Ambliopes de Mozambique (Associaçao dos Cegos e Ambliopes de Moçambique – ACAMO).

Cuando el proyecto finalizó en 2016, habían participado en él 2.355 personas, de las cuales el 88 % eran mujeres. Cerca del 12 % de los participantes padecían una discapacidad física (incluidas la pérdida de la audición y la visión). Muchos de los participantes señalaron que en el proyecto no sólo les inculcó aptitudes de lectura, escritura y algunas nociones de aritmética, sino que además les permitió adquirir mayor autonomía y mejorar su autoestima; también los incentivó a participar activamente en la vida de sus respectivas comunidades. El proyecto también les hizo presente a las comunidades que las personas con discapacidad tienen derecho a la educación; los padres se dieron cuenta de la necesidad de enviar a sus hijos con discapacidad a la escuela, y comprendieron que los adultos con discapacidad también pueden asistir a cursos en los centros de alfabetización. Sin embargo, el final del proyecto no significó el término de las actividades, pues muchos participantes deseaban seguir aprendiendo. En el distrito rural de Manhiça, en la provincia de Maputo, tres profesionales que habían supervisado el área de alfabetización del proyecto trabajaron junto con las comunidades para poner en marcha una organización de desarrollo local denominada Asociación de Desarrollo Comunitario (Associaçao de Desenvolvimento Comunitário – ADC). Gracias a su esfuerzo mancomunado lograron conseguir el apoyo del departamento de educación local, el cual accedió a proporcionar los materiales y a remunerar a los voluntarios para los centros de alfabetización, mientras que el apoyo técnico corrió por cuenta de los miembros de la ACD. Esta entidad también logró mantener en funcionamiento los programas de capacitación en salud y las actividades de agricultura en pequeña escala, ayudando a las familias a construir retretes y a cultivar sus propias verduras.

Un año después de haber concluido el proyecto, Educación de Adultos y Desarrollo le pidió al fotógrafo Mário Macilau que visitara una de las comunidades en el distrito de Manhiça. En la actualidad allí se imparten clases hasta dos veces por semana, siempre que lo permita la agenda de la comunidad y los participantes estén libres de otras obligaciones.