Cómo formar personas resilientes en sociedades más sólidas

Carolyn Johnstone
Federation University
Australia

 

 

 

 


Resumen
En este artículo se exploran algunas maneras en que la educación de adultos puede formar personas resilientes y fortalecer el espíritu comunitario entre distintos grupos. Sobre la base de estudios de casos de Camboya, Bosnia y Herzegovina e Irak, países que se han recuperado de conflictos anteriores, el artículo propone algunas herramientas clave para diseñar una educación de adultos eficaz —entre ellas una lista de verificación de la calidad y un espectro de impacto—, las que podrían ser aprovechadas por los diseñadores de políticas para medir los efectos que produce la educación de adultos.


Cuando una sociedad es frágil, probablemente por estar recuperándose de un conflicto o de una experiencia traumática, la principal prioridad en las iniciativas de asistencia no suele ser la educación de adultos. Sin embargo, quisiera dar a conocer algunos ejemplos de organizaciones internacionales y locales que han prestado servicios en Bosnia y Herzegovina, Camboya e Irak durante los períodos posteriores a los conflictos sufridos por cada uno de estos países (véase el cuadro de la página 30).

En Bosnia y Herzegovina se diseñaron diversos programas de educación de adultos cuyo fin era que los alumnos adquirieran habilidades para resolver conflictos. El Proyecto de Facilitadores del Vecindario capacitó en la República Srpska a veinte habitantes locales pertenecientes a los tres principales grupos étnicos, y a cinco facilitadores especializados provenientes de otros países. Los heterogéneos equipos integrados por funcionarios internacionales, a los que se sumaron instructores pertenecientes a por lo menos dos de los grupos étnicos con los que numerosos habitantes se sentían identificados, se dedicaron a impartir educación sobre la convivencia entre vecinos, una iniciativa centrada en ayudar a las comunidades a resolver problemas locales. La variedad en la composición del equipo de instructores también fue una de las características de una iniciativa emprendida por el Comité de Asistencia en Sarajevo de la Iglesia Metodista Unida; su principal preocupación era la resolución de conflictos y empleaba la educación de adultos como herramienta para provocar cambios. Así y todo, la combinación de personal internacional con funcionarios locales no siempre resulta beneficiosa, ya que pueden surgir problemas cuando la intervención externa no está informada de las virtudes y de los resultados positivos de la enseñanza a nivel local. Durante la intervención internacional en Bosnia y Herzegovina se llevaron a cabo programas para la consolidación de la democracia. Ya en 1996, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa apoyó la realización de elecciones locales en ese país, y en dicho proceso se incluyó la educación de adultos.

Reseña: Los conflictos en Bosnia y Herzegovina, Camboya e Irak

Bosnia y Herzegovina: Los tres principales grupos étnicos y las seis repúblicas de la desaparecida Yugoslavia lucharon por conseguir territorios, influencia y reconocimiento entre 1990 y 1995. El conflicto consistió en luchas independentistas y en una guerra civil, incluido el sitio de Sarajevo, que se extendió desde 1992 hasta 1995. Las luchas fueron encarnizadas y se caracterizaron por la limpieza étnica, en tanto que las poblaciones minoritarias fueron expulsadas a la fuerza de sus territorios o aniquiladas. La masacre de cerca de 8.000 hombres y niños en Srebrenica fue uno de los episodios más infames de la guerra civil bosnia. En septiembre de 1995, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) realizó ataques aéreos contra blancos serbio-bosnios para obligarlos a entablar negociaciones de paz. El conflicto finalizó con la firma en París del Acuerdo Marco General de Paz en Bosnia y Herzegovina (Acuerdos de Dayton), el 14 de diciembre de 1995. Posteriormente se desplegaron en Bosnia fuerzas militares internacionales encabezadas por la OTAN.

Camboya: Los camboyanos sufrieron décadas de conflictos, entre ellos el levantamiento comunista de los Jemeres Rojos que llevó a Pol Pot al poder en 1975, limpiezas étnicas sistemáticas, una invasión emprendida por Vietnam en 1979, operaciones de guerrillas y una guerra civil que duró desde 1979 hasta 1988. En octubre de 1991 se firmaron en París los Acuerdos de Paz auspiciados por las Naciones Unidas, lo cual condujo a la creación de la Autoridad Provisional de las Naciones Unidas en Camboya (APRONUC). La APRONUC inició su labor en 1992, y en mayo de 1993 se celebraron elecciones.

Irak: Entre la década de 1980 e inicios de la de 2000, la política exterior de Irak se situó en un contexto de relaciones postcoloniales, supremacía estadounidense como superpotencia y complejas relaciones con sus países vecinos. Hubo una disputa territorial con Irán entre 1980 y 1988, e Irak invadió Kuwait en 1990. Entre 1991 y 2002, fuerzas internacionales realizaron ataques aéreos periódicos contra instalaciones militares y potenciales sitios de almacenamiento de armas de destrucción masiva en Irak, a lo que se sumaron iniciativas para garantizar el respeto de las zonas de exclusión aérea establecidas por la ONU con el fin de proteger de un genocidio a los kurdos y a los árabes de las marismas. En 2003, en una medida que desató una enorme polémica, Estados Unidos invadió Irak, depuso a Sadam Hussein y ocupó el país hasta que la soberanía fue restituida a un gobierno iraquí en 2004.

 

A mediados de la década de 1990, en Camboya se creó una escuela de formación profesional tras percibirse la necesidad de proporcionarles medios para ganarse su propio sustento a los residentes mayores de un orfanato. Asimismo, una organización benéfica, que también se ha encargado de proporcionar agua a las comunidades rurales, impartió clases de alfabetización de adultos. Un grupo de voluntarios anglohablantes dieron clases de idiomas como parte de una serie de programas de formación profesional para docentes de la Universidad de Nom Pen, para funcionarios de la industria aeronáutica y para futuros médicos o maestros. El objetivo era facilitar el acceso de los alumnos a la bibliografía y capacitarlos para participar en debates profesionales. Para los camboyanos que se habían transformado en desplazados, las oportunidades de educación eran por lo general escasas, aunque probablemente mayores que las disponibles para quienes habían permanecido en Camboya. En Tailandia, por ejemplo, los esfuerzos se centraron en la educación primaria y preprofesional para refugiados, ya que hasta 1986 el Gobierno les había prohibido recibir cualquier tipo de instrucción más allá de la educación básica. El apoyo permanente a exrefugiados que han retornado a su país de origen puede fomentar su independencia económica, en tanto que otros cursos pueden servir para facilitar su reintegración en la comunidad. La participación en las elecciones nacionales de 1993 les ofreció a los camboyanos repatriados la posibilidad de incorporarse de manera más amplia a la comunidad. Antes de realizarse los comicios, en los cursos de educación de adultos se incluyeron vídeos de divulgación, obras de teatro itinerante e información específica sobre el proceso electoral, con el fin de explicar el papel de los partidos políticos y el derecho de cada ciudadano a un voto libre y confidencial.

Durante la ocupación de Irak por fuerzas de Estados Unidos y Gran Bretaña entre 2003 y 2004, se llevó a efecto un programa de integración para exsoldados y exmilicianos iraquíes, en los que se incluían pruebas para detectar aptitudes, al igual que beneficios educativos, capacitación laboral y colocación en puestos de trabajo. En ocasiones las autoridades les pagaban a los alumnos por asistir a clases, y les ayudaban a reintegrarse en la sociedad civil y en el sistema económico de Irak. No obstante, muchos de quienes deseaban conseguir un empleo estable en el sector de los servicios de seguridad carecían de los conocimientos básicos de lectura y escritura que les permitieran, por ejemplo, rellenarlos formularios de solicitud y completar los exámenes para ingresar al Servicio de Protección de las Instalaciones, lo cual reveló la evidente necesidad de impartir clases de alfabetización de adultos. Puesto que las tasas de desempleo eran muy altas, las organizaciones internacionales asesoraron al Ministerio del Trabajo y Asuntos Sociales de Irak para proporcionarles a los solicitantes de empleo información, capacitación y oportunidades de colocación en el mercado laboral. El programa se inició con la creación de cinco centros de formación técnico-profesional y diez centros de servicios para el empleo, los cuales concentraron sus esfuerzos en la alfabetización. A los alumnos también se les pagaba por asistir a dichos cursos, los que duraban hasta dos meses. Entre ellos se incluían cursos de carpintería, fontanería, reparación de ascensores y cosmetología. El 30 % de los asistentes eran adultos jóvenes, de los cuales el 10 % correspondía a mujeres. En 2005 se habían inscrito más de 1.000 alumnos, mientras que 1.500 personas habían sido colocadas en un empleo.

En los tres ejemplos anteriores, los alumnos adultos han desarrollado destrezas individuales de lecto-escritura, conocimientos idiomáticos, competencias profesionales y capacidades de negociación y comunicación. A continuación pasaremos a analizar detalladamente el impacto de dichos cursos.

La educación de adultos ayuda a formar personas ­resilientes

Cuando un adulto adquiere una nueva habilidad, los beneficios directos para esa persona son por lo general bastante evidentes: consigue un empleo mejor remunerado o puede comunicarse con un círculo más amplio de personas. Así y todo, los mayores beneficios que se obtienen al participar en la educación suelen permanecer ocultos. Los alumnos que logran acceder a un empleo disponen de mayores recursos, disfrutan de seguridad económica y física y, lo más importante, poseen una identidad y un sentimiento de autoestima que aumenta su confianza en sí mismos. Es probable que esos alumnos adultos lleguen a relacionarse mejor con la sociedad, lo cual refuerza su resiliencia.

“ La formación de adultos resilientes redunda en beneficio de las personas, pero las comunidades también se ven beneficiadas por el hecho de contar con alumnos adultos entre sus miembros.”

Por lo general, una educación de calidad alienta a los alumnos para que aborden el contenido del curso con un espíritu crítico e inquisitivo y se planteen inquietudes a sí mismos y a los demás. Los alumnos adultos pueden extender esta práctica a sus interacciones más amplias, lo cual los animará a interrogarse sobre las relaciones y a reflexionar sobre experiencias de la vida cotidiana. Esos hábitos se traducen en un aprendizaje permanente y en un desarrollo continuo de aptitudes que permiten encontrar maneras de reaccionar frente a los cambios que se producen en los ámbitos político y laboral.

La educación de adultos les ofrece también a las personas un nuevo grupo social compuesto de condiscípulos con objetivos comunes y que se extiende más allá de las redes familiares o laborales de cada individuo. En los anteriores ejemplos de educación de adultos, los alumnos que cuentan con estas redes más amplias han aumentado su capital social, y de esta manera se encuentran en mejores condiciones para reaccionar frente a una amplia variedad de sucesos adversos. Muchas personas que comienzan a participar en la educación de adultos se sienten impulsadas a cumplir un papel más activo dentro de su comunidad. Uno de los frutos de este proceso es el aumento de la cohesión social.

La formación de adultos resilientes redunda en beneficio de las personas, pero las comunidades también se ven beneficiadas por el hecho de contar con alumnos adultos entre sus miembros. Estos efectos operan en dos niveles, creando una serie de beneficios compartidos y, al mismo tiempo, aumentando de manera más directa la productividad general del grupo. A continuación pasaremos a analizar las maneras en que la educación de adultos puede fortalecer las comunidades.

Forjar comunidades más sólidas mediante la educación de adultos

Muchas personas consideran que las maneras en que la educación de adultos se encuentra incorporada en las comunidades constituye una característica que define este tipo de aprendizaje. La educación de adultos permite forjar comunidades más sólidas al ayudar a crear un capital social, al fomentar el activismo comunitario, y al fortalecer los procesos democráticos para así hacer oír la voz de las comunidades. Existe un vínculo entre el capital social, la participación en las actividades educativas y el gobierno representativo. Tanto la pedagogía crítica como el discurso sobre el aprendizaje hacen hincapié en el nexo que existe entre el aprendizaje de adultos y las experiencias vividas por los alumnos. De esta manera se vincula el aprendizaje con la actividad política, de modo que los programas de educación de adultos tengan el potencial para producir un impacto en la comunidad. Este aspecto adquiere especial relevancia en nuestro globalizado mundo moderno.

”Debido a la coexistencia de fuerzas opuestas —las del mercado y las de la ideología de los derechos humanos—, el debate sobre democracia y ciudadanía se está tornando aun más complejo e intrincado. No es de extrañarse que la educación también se vea envuelta en este clima tormentoso” (Torres 2009: 127).

La participación de la comunidad dentro del marco de estrategias para un desarrollo centrado en las personas ha caracterizado a algunos de los programas de educación de adultos ofrecidos en Bosnia y Herzegovina, Camboya e Irak. Los grupos de aprendizaje basado en la comunidad recibieron ayuda de organizaciones internacionales en Bosnia y Herzegovina, a menudo con la expectativa de que cada grupo continuara representando a la comunidad y actuando en su nombre incluso una vez finalizada la actividad de aprendizaje. Según la visión del Banco Mundial, si se pretende que cualquier intervención sea sostenible en el tiempo, la comunidad debería constituir el elemento central cuando se planifica la reconstrucción tras las emergencias. Al entregar donaciones a las escuelas, dicho organismo involucra a toda la comunidad, y considera que la reconstrucción de las escuelas puede emplearse como un medio temprano para comprometer la participación comunitaria en las iniciativas posteriores a los conflictos (Banco Mundial 2005).

En una época reciente, tras el aumento de la cantidad de personas desplazadas en todo el mundo, ellas se han ido perfilando como comunidades aisladas en los países donde se han asentado. Numerosas comunidades que han acogido a grupos de refugiados en Australia han procurado impartir educación de adultos a los recién llegados para ayudarles a integrarse. Pero al mismo tiempo también se han ofrecido programas de educación de adultos dirigidos a la comunidad de acogida para así fortalecer la cohesión entre las comunidades, por ejemplo mediante talleres que ayudan a comprender la experiencia de ser un refugiado, o clases sobre iniciativas prácticas para apoyar a los refugiados y solicitantes de asilo.

Existe un vínculo sumamente estrecho entre la educación de adultos que se ofrece, el desarrollo de comunidades sólidas y estables, y la gestión del proceso educativo al interior de una comunidad. Cuando los alumnos completan los programas de educación de adultos, la identidad colectiva podría fortalecerse. Con todo, el término “comunidad” se refiere a un grupo claramente definido, lo cual implica que contiene en sí un elemento diferenciador. Ello podría generar divisiones al interior de la sociedad y provocar conflictos si los diversos grupos compiten entre sí. La educación de adultos tiene el potencial para actuar como un factor estabilizador y desestabilizador en la sociedad, por lo que existen riesgos inherentes cuando se imparte una educación de mala calidad. En la siguiente sección se sugieren métodos para diseñar una educación de adultos que permita apoyar de manera positiva la formación de personas resilientes en comunidades más sólidas.

Diseñar una educación de adultos que fomente la ­resiliencia

Si bien es importante contar con una educación de adultos de calidad garantizada, cuando las comunidades son frágiles o se encuentran fragmentadas resulta fácil justificar la disminución de la calidad aduciendo como pretexto la naturaleza irregular de la educación de adultos. Desgraciadamente, la educación de mala calidad resulta ser, por lo general, ineficaz, e incluso puede llegar a ser contraproducente, cuando lo que se procura es fortalecer las comunidades. La mejor manera de evitar esta situación podría consistir en emplear la lista de verificación de la columna izquierda (véase la Figura 1). En ella se resumen los principios y las normas que se aplican de manera prioritaria en la educación de adultos impartida con posterioridad a los conflictos.

Nótese que los puntos 1, 3 y 4 están directamente subordinados a una interdependencia entre la comunidad y la educación de adultos que imparte.

En el contexto de una o varias comunidades frágiles resulta de particular importancia que los programas de educación sean sostenibles y adaptables. Al verificar la sostenibilidad es esencial evaluar el impacto del programa o de la política. Lo ideal es desplazarse hacia la derecha del espectro representado en la Figura 2, aspirando a alcanzar como nivel mínimo una educación autosostenible.

Si se espera que la educación de adultos mejore las relaciones a nivel comunitario, es preciso tener en cuenta su capacidad potencial para estabilizar y desestabilizar simultáneamente. La educación que tiene más posibilidades de fortalecer las comunidades consiste, por lo general, en un proceso más gradual —que tiene que ver con aspectos complejos en los que se sustentan la identidad y los valores— y no en el aprovechamiento de los vínculos positivos entre los alumnos adultos para producir efectos a corto plazo al interior de un grupo de pertenencia claramente definido. Como una actividad que se desarrolla dentro de un grupo y que fortalece la comunidad, el aprendizaje ayuda a adquirir capital social, mientras que el contenido del programa de educación de adultos puede contribuir a acumular un capital económico o cultural.

El enfoque general para abordar la educación de adultos en sociedades que se están recuperando de un conflicto ha perseguido fines específicos, contando con una financiación y unos mecanismos organizativos fragmentados. En la actual situación, en la que grupos de personas desplazadas y dispersas procuran construir una nueva vida en ambientes desconocidos, el potencial de la educación de adultos para formar personas resilientes en comunidades más sólidas no debe ser ignorado. Los financiadores, los diseñadores de políticas y los profesionales del sector tienen que considerar los proyectos desde una nueva óptica que permita trenzar un hilo de oro de educación de adultos, empleando medios complejos y multidimensionales para impartirla.


Referencias

Banco Mundial (2005): Reshaping the Future: Education and Postconflict Reconstruction. https://bit.ly/2kQ7AMg

Torres, C. A. (2009): Globalizations and Education – Collected Essays on Class, Race, Gender, and the State. Nueva York y Londres: Teachers College Press.


Sobre la autora

Antes de trasladarse a Australia para enseñar en Federation University, Carolyn Johnstone fue funcionaria del ejército británico. Carolyn se interesa en la labor mancomunada de los organismos internacionales, los gobiernos y las ONG, que aprovecha la educación de adultos como una herramienta de aplicación de políticas que permite afrontar problemas mundiales como los conflictos, el desarrollo sostenible y la seguridad de los seres humanos.

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