Editorial

De izquierda a derecha:

Johanni Larjanko
Redactor jefe

Ruth Sarrazin
Directora editorial

El mejor educador del mundo

El desarrollo tecnológico no tiene que ver con las máquinas. La enseñanza no depende de los libros. El desarrollo humano no gira en torno al PIB. Todos estos factores están determinados por las personas. Todos estamos conectados, y todos dependemos unos de otros. Consideremos, por ejemplo, el aprendizaje. Se trata de una actividad profundamente personal, individual (y solitaria), en la cual tratamos de encontrarle un sentido a todas las cosas. Nadie puede aprender por nosotros. Por lo general, nadie puede siquiera ofrecernos las respuestas que ansiamos encontrar. Si alguien asegura que puede revelarnos las verdades sobre la vida, sobre el universo y sobre nosotros mismos, tenemos que desconfiar. Debemos abordar las preguntas difíciles sin ayuda de nadie y tratar de aceptar las respuestas. Ello no quiere decir que estemos solos. Como especie, todos tenemos que lidiar con las mismas preguntas. Tenemos que pensar de manera independiente, y cada uno de nosotros debe encontrar algo en qué creer. Y, sin embargo, necesitamos a los demás. Necesitamos orientación y apoyo. Necesitamos a alguien que nos plantee desafíos, que nos incentive. El aprendizaje florece en las reuniones, en el intercambio, en el debate. Necesitamos buenos educadores. Y si bien aún no lo sabíamos entonces, nos parece que no podríamos haber escogido un mejor tema para lo que resultó ser el último número de una revista llamada “Educación de Adultos y Desarrollo”. En esta edición centramos nuestra atención en la persona clave: el educador de adultos.

Si nos pidieran nuestra opinión, consideramos que la labor de un profesor es la más hermosa del mundo. No es un trabajo fácil, pues de todos los lados provienen exigencias y expectativas. Asimismo, el sentido de responsabilidad personal tiene un enorme peso. Cuando emprendimos la tarea de elaborar esta edición, ingenuamente pensábamos que había que buscar patrones comunes. Creíamos que seríamos capaces de describir con claridad las características que se requieren para ser un buen educador de adultos. Pero nos equivocábamos. Tras muchas horas dedicadas a debatir y a estrujarnos el cerebro, comenzamos a vislumbrar algunos esbozos de las características que a nuestro juicio eran indispensables. Desgraciadamente, no es fácil codificarlas en un currículo para la formación de docentes. Porque, ¿cómo enseñar el humor, la pasión, la curiosidad? A nuestro juicio, se trata más bien de rasgos de personalidad que de aptitudes enseñables. Alguien puede aprender las teorías pedagógicas más intrincadas del mundo, pero seguirá siendo un mal profesor si carece de esos atributos. Porque la enseñanza tiene que ver con las personas. Y un buen profesor está aprendiendo constantemente. Porque no podemos dejar de aprender mientras enseñamos. Como seres humanos, todos deseamos aprender y necesitamos a esos profesores entusiastas que estén dispuestos a aprender con nosotros. 

Sí, efectivamente encontramos un modelo holístico que describe muchas competencias fundamentales, y podrán encontrarlo en esta revista. También hallamos una gran cantidad de ejemplos positivos de profesores, programas de formación, iniciativas de cooperación y debate. Con todo, no logramos dar con las respuestas definitivas. En lugar de ello, lo que ofrecemos en este número de la revista es una suerte de cuadro caleidoscópico, ya que no puede haber una verdad universal o una sola vía para la enseñanza. La enseñanza no puede ser estandarizada. Para nosotros ha sido un periplo de aprendizaje, el cual ha concluido con muchas más preguntas que respuestas. Lo cual era de esperar. Para nosotros, el aprendizaje consiste más que nada en formular las preguntas apropiadas, y luego en reflexionar, solos o con otras personas. En consecuencia, nunca dejamos de aprender y nunca podemos dar nuestra tarea por concluida. Si tuviéramos que acuñar una frase, podríamos decir: “aprendo, luego existo”.

La mejor revista del mundo

Este es el último número de EAD, ya que la aportación de fondos está llegando a su fin. Nuestra labor como responsables editoriales de EAD se inició en 2013, y los últimos siete años han sido para nosotros una travesía apasionante. El trabajo en esta revista, concebida como una herramienta de intercambio y profesionalización, ha representado también para nosotros una constante experiencia de aprendizaje. Hemos hecho un cálculo rápido: siete ediciones repletas de colaboraciones de 251 colegas de 81 países, con un total de 2454 páginas en tres idiomas. 

Con la publicación de cada número, el mundo llegaba a nuestro escritorio, y nos parecía que se volvía más grande y más pequeño al mismo tiempo. Más grande, porque es tan heterogéneo, exótico y sorprendente. Más pequeño, porque, sí, el contexto es importante, pero no nos determina. A fin de cuentas, todos somos iguales: compartimos el mismo planeta y estamos hechos de la misma ­fibra.

EAD nos ayudó a comprender mejor el mundo.

Ha sido fantástico trabajar en esta revista con tantas personas entregadas a su labor. Quisiéramos agradecer a nuestro consejo editorial y a nuestro consejo asesor, que nos ayudaron a analizar los temas desde perspectivas distintas, a plantearnos las preguntas apropiadas y a pensar creativamente. Cumplieron cabalmente el papel de “amigos críticos”, y sus exhaustivos comentarios nos ayudaron a mejorar los contenidos en cada nuevo número. 

Agradecemos a todos nuestros autores, narradores, entrevistados y columnistas por compartir sus experiencias y conocimientos especializados, y por transformar esta revista en lo que fue hasta ahora: un ambiente de apertura, crítica, diversidad y felicidad. 

Agradecemos, asimismo, a los diseñadores gráficos por la diagramación, a los artistas que transformaron cada número en algo único, y a los traductores que garantizaron la calidad de los textos en tres idiomas con un alto grado de refinamiento lingüístico.

Y les agradecemos a ustedes, queridos lectores, por su fidelidad. Extrañaremos sus cartas y postales manuscritas provenientes de todas las regiones del mundo, y también echaremos de menos sus reflexiones y sus constantes comentarios y sugerencias que nos demostraron que todos nuestros esfuerzos realmente valieron la pena.

Se dice que hay que retirarse cuando la fiesta aún se encuentra en su momento culminante. Eso es lo que estamos haciendo ahora. Esperamos que disfruten este número.