Jorge Osorio Vargas

La futura habitabilidad de nuestro planeta depende de la gestión responsable de sus recursos naturales. Un elemento central de la educación consiste en estimular este sentido de responsabilidad por la vida y la supervivencia o, en otras palabras, la ética del cuidado. El crecimiento económico y la competencia con otros por alcanzar el éxito individual han dejado de ser los criterios para medir el grado de desarrollo social, y están dando paso al surgimiento de un nuevo paradigma, el del bienestar de todos los individuos en comunidad con los demás. Así pues, las tareas educativas se realizan más eficazmente en comunidad y mediante un trabajo mutuo en red. Jorge Osorio, chileno, posee una larga experiencia de vínculos con el Consejo de Educación Popular de América Latina y el Caribe (CEAAL), del cual fue Secretario General durante la década de 1990. En la actualidad trabaja como profesor de educación de adultos en la Universidad de Playa Ancha en Valparaíso, Chile.

La educación para la sustentabilidad: aprendizajes y redes para acción1

Mapa global para desarrollar una educación para la sustentabilidad

En occidente se han producido cambios en la manera de entender la relación de los seres humanos con el medio ambiente natural como expresión de una profundización de la conciencia ética. Se reconoce que la responsabilidad humana hacia el mundo natural forma parte de la cuestión de la habitabilidad del planeta y de sus condiciones existenciales sociales y culturales. este planteamiento ha puesto en cuestión la definición instrumental y utilitarista de la relación humana con la naturaleza y se ha reconocido su valor en sí.

La magnitud e impacto de los problemas ambientales y la necesidad de actuar para resolverlos, junto al desarrollo de importantes movimientos eco-políticos que disputan los conceptos liberales y socialdemócratas de democracia y de organización de los espacios públicos ha devenido en la emergencia de un debate sobre las bases filosóficas del cambio eco-políticoŸ, replantear el rol de la tecnología en la actualidad y las formas de valorar éticamente el cuidado del medio ambiente y su gobernanza por medios democráticos.

En medio de los debates señalados se ubica la temática de los roles que tienen los estados y la deliberación público-democrática y la dinámica del mercado en la confrontación de los problemas ambientales globales y locales. cuestiones vitales emergen de este debate, que no encuentran aún marcos epistémicos que permitan transformar en sentido común nociones como justicia intergeneracional y sustentabilidad como soportes morales del buen vivir y de las condiciones existenciales complejas del ser viviente.

Esta discusión ha generado una crítica sustancial a la modernidad occidental superando su antropocentrismo y ampliando el concepto de medio ambiente al de vida, y haciéndolo un ámbito de la reflexión ética y política sobre nuevas bases epistémicas y filosóficas. La construcción de un mundo industrializado a la medida de la técnica, tal como fue la utopía de la modernidad, y su correlato en la ideología colonial y de dominio depredador del medio natural, está siendo desplazada por una nueva sensibilidad cultural, horizonte del trabajo educativo. Por ello es posible decir que la crisis ecológicaŸ trae consigo un desplazamiento del pensamiento ético y pedagógico. el tema de la habitabilidad implica también una teoría de la acción humana y de ella se nutren los movimientos eco-sociales.

Educación y ética del cuidado

Sabemos que no puede existir una teoría moral que sea capaz de cubrir todas las situaciones, sin embargo, la llamada ética del cuidado parece de gran pertinencia para constituir una nueva sensibilidad ética de los requerimientos del medio ambiente y su relación con la vida social y política de los seres humanos.

El cuidado se refiere a reciprocidad y mutualidad, al reconocimiento de que el conocimiento del otro o de lo otro, se basa en una especie de confianza que sólo emerge de una atención sensible, que revela una relación única, un sentido de comunidad y de valoración de la justicia como el vínculo de derechos y deberes vivido en los espacios públicos.

El aprendizaje de la ética del cuidado desarrolla disposiciones, genera respuestas apropiadas a cada situación; apela a las responsabilidades individuales y sociales. es una ética de la cooperación y de la mediación, que concreta los principios universales de justicia a los procesos sociales y culturales históricamente situados.

Debemos reconocer que esta propuesta obedece a un nuevo paradigma del movimiento pedagógico que, en lo social y en lo ambiental, centra su interés en la trama de la vida, que incluye el territorio, las identidades culturales, la salud, la vecindad, la calidad de la participación ciudadana, el gobierno municipal y el medio ambiente local y global. este movimiento pedagógico del que hablamos se nutre de la ética del cuidado en cuanto ética de proximidadŸ, como una forma práctica de un nuevo comunitarismo con la naturaleza, que ya no es atendida como objeto artificioso, sino como alteridad, reciprocidad y mutualidad.

Cultura de sustentabilidad y el aprendizaje desde las redes para la acción

Un argumento principal para desarrollar una educación para la sustentabilidad es la crítica al paradigma de la modernidad en el cual la razón y la técnica ordenan y dominan la naturaleza. bajo este enfoque el mundo de la vida natural queda convertido en vida artificiosa, lo que constituye la matriz interpretativa de la actual crisis ecológica global y el punto-base que ha servido para abrir el debate sobre las posibilidades de una nueva ética de la relación de los seres humanos y la naturaleza.

El medio ambiente es actualmente un campo de disputas éticas y en torno a estas controversias se está estableciendo una vía de ingreso a un nuevo discurso sobre la educación, la responsabilidad social y la complejidad de los problemas del presente y del futuro planetario. como hemos señalado, la ética de la sustentabilidad es primordialmente una ética de la responsabilidad con la vida en su complejidad (la hemos llamado en américa Latina ética del cuidado). tanto es así, que en el impulso de hacer converger la cultura y la naturaleza emerge el paradigma de la complejidad como una estrategia pensante que permite colocarnos en un sentido práctico cara a cara a los dilemas que plantea la sustentabilidad del desarrollo, uniendo ciencia y conciencia de la naturaleza. damos un paso más, señalando que la ética de la sustentabilidad es una ética afectiva que integra tres dimensiones: comunidad ecológica, responsabilidad y solidaridad con el futuro planetario y la democracia de ciudadanos y ciudadanas.

Este desafío exige la construcción de un nuevo sentido común acerca del desarrollo, releído ahora como buen vivirŸ. La noción de progreso, tal como se planteó en la tradición ilustrada, debe ser superada, y los asuntos del bienestar social deben ser situados en una lógica de cooperación y respeto de los humanos entre sí y de estos con la naturaleza.

No basta una ética imperativa abstracta, es necesario constituir sujetos capaces de entender la vida en su dinámica sistémica y a partir de ello establecer responsabilidades basadas en la autonomía moral de los mismos y en su posibilidad de establecer acuerdos para el cuidado y la gestión del ambiente.

En esta dirección, debemos valorar las acciones de los movimientos educativos, éticos y ciudadanos que construyen agendas globales, establecen alianzas y redes de apoyo mutuo y trabajan para poner a disposición de los ciudadanos informaciones relevantes acerca de las políticas económicas y los negocios que afectan el medio ambiente global y local.

La expresión práctica de movimientos es el trabajo en redes. Sin embargo, construir redes es algo más que una metodología de acción. es una estrategia de potenciación de las posibilidades de los seres humanos para hacerse más ecuménicos y dialogantes.

En los movimientos sociales y en las organizaciones ciudadanas trabajar en red es una opción ética: supone la creencia en la cooperación como un valor práctico. Sin embargo, trabajar en red es también una apertura a modos de entender la acción social de manera nueva.

Reticular (trabajar en redes) es pensar las posibilidades de la acción social como un complejo tramado de relaciones, donde confluyen dinámicas de asociación y de confrontación. Podemos definir el poder como una forma de practicar la influencia a través de redes hegemónicas en relación a otras menos fuertes. de ahí que las redes pueden llegar a ser concebidas como alianzas para conseguir fines políticos basados en la confianza de actores específicos que se autoconvocan para conseguir determinados fines en la sociedad.

Las redes constituyen una cierta modalidad de practicar el liderazgo, suponen coordinación, acuerdos y la identificación convenida de los resultados que se estima adecuados conseguir. implican a socios más que a afiliados o adherentes como en las antiguas organizaciones políticas. están basadas en el respeto mutuo y en la resolución mediada de conflictos. Su poder está en su capacidad de movilizar recursos de distintos tipos, de manera flexible, donde cada uno de los socios entiende el sentido de las acciones emprendidas y está dispuesto a poner sus mejores competencias al fin acordado.

Las redes implican asimismo la sistematización de los conocimientos producidos en la interacción de sus miembros; en este sentido, una red siempre es un sistema de gestión del conocimiento. una red poderosa lo es por su capacidad de entender este fenómeno fortaleciendo a cada uno de sus socios a través de la distribución de saberes pertinentes a los fines de la asociación. es común que en nuestras organizaciones se lancen muchas redes, la verdad es que las redes deben construirse, tejerse, con trasparencia, creando confianzas entre sus asociados y poniendo a disposición conocimientos que potencien a sus sujetos. es clave que una red resuelva en su proceso constituyente las formas que tendrán los procedimientos de toma de decisiones y la revocación de los mandatos de coordinación. igualmente importante es que los socios de una red identifiquen tanto las posibilidades como los límites de la misma, y de esta forma trabajar con un sano realismo, no pidiéndole frutos que no puede otorgar. no es lo mismo trabajar en una red de líderes para influir en una política pública que en una red de intercambio de buenas prácticas de desarrollo sustentable. La primera modalidad no podrá dejar de lado un explícito proceso de liderazgo público y de acumulación de recursos políticos para hacerse visible en la esfera de los que toman las decisiones en tales políticas; en el caso de la segunda modalidad no habrá tal presión, sin embargo, es evidente que en ésta es clave que existan buenas matrices para sistematizar prácticas que sean fuente de reflexiones críticas y de aprendizajes. a través de ambas modalidades se generaran dos tipos de actuación: la creación de condiciones para la influencia pública y la circulación de información estratégica, y la posibilidad de contar con buenos dispositivos de análisis que cualifiquen la información de base, necesaria para la acción.

Climate Asia Pacific Foro                    Fuente: Marah Sayaman

Notas

1 www.sustentabilidades.org/revista/publicacion-05-2011/etica-ambiental-sustentabilidad-y-valoresdemocraticos

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