La capacidad para emanciparse

Katarina Popović es secretaria general del Consejo Internacional de Educación de Adultos (International Council for Adult Education, ICAE).

Contacto
sec.general@icae.global

 



 


Me parece que a alguien se le ocurrió la brillante idea de pulsar el botón de reinicio en el ámbito de la educación de adultos, borrando así toda su historia y gran parte de sus funciones. Cuando hubo que restaurar la información tuvo lugar el siguiente diálogo:

¿Cuál es el fundamento de la existencia humana?
Las necesidades básicas. Por tanto, la educación de adultos debe proporcionarles a las personas los medios que les permitan satisfacerlas.

¿Cuál es la principal preocupación de los habitantes de todo el mundo?
Conseguir y conservar un empleo. La educación de adultos debe ayudar a aumentar las oportunidades de empleo. Puesto que las personas enfermas no pueden trabajar, la salud es el siguiente aspecto que hay que abordar.

¿Cuál es la principal preocupación a nivel mundial?
La crisis mundial, derivada de la falta de cualificaciones de los trabajadores pobres. La educación de adultos debería inculcar las aptitudes y competencias pertinentes.

Analicen la década anterior y díganme si eso no es exactamente lo que ha ocurrido.

A lo largo de los siglos, la educación de adultos ha tenido muchos significados: ayuda práctica, placer intelectual, sendas espirituales. Siempre ha representado algún tipo de empoderamiento de las personas y de las comunidades. Platón les recomendaba a los adultos que aprendieran, contemplaran y debatieran por el solo hecho de que ello engrandece su alma. Algunos buscaban el conocimiento para encontrar a Dios, o el conocimiento más allá de Dios. Otros iban en pos de la sabiduría y la verdad. Pero eso es historia. Incluso en la época moderna, la educación ha sido percibida con frecuencia como una práctica emancipadora porque gira en torno al empleo y la producción. John Dewey señaló que el objetivo de la educación de adultos consiste en “dotar de sentido a todos los aspectos de la vida”. Hoy esa frase nos parecería más bien el título de un seminario organizado por una secta religiosa exótica. Si bien seguimos citando a Freire, el objetivo de nuestra labor no es la “concientización”. Aun cuando no hemos dejado de aludir a los cuatro pilares de la educación mencionados en el Informe Delors de 1996, lo que en la mayoría de los casos queremos decir es “aprender a hacer”. “An Educated Nation” (“Una nación educada”), la clásica obra de Basil Yeaxlee, se titularía hoy “A Skilled Nation” (“Una nación capacitada”).

¿Cómo llegó a ocurrir todo esto? La respuesta es que estamos cometiendo un error conceptual. La educación humanista no tiene que ver con resultados, no conduce a resultados “modernos”. En la época actual solo se valoran los resultados cuantificables, medibles y traducibles a términos financieros. El empoderamiento, la emancipación, la realización personal, la justicia o la igualdad cumplen un papel secundario como un marco decorativo en las principales agendas. La educación de adultos ha sido reducida a la categoría de un centro de contratación y un espacio para el mejoramiento de capacidades. El perfeccionamiento, las competencias y el rendimiento gozan de mayor prestigio, mientras que la verdad, la dignidad, la justicia e incluso la paz son los parientes pobres que deben permanecer callados en un rincón.

Al enfrascarnos en nuestras ocupaciones nos olvidamos de millones de otras personas que laboran en oficios precarios o se encuentran desempleadas, muchas veces no por carecer de aptitudes. Al preocuparnos de nuestro propio bienestar, no prestamos atención a los seres humanos que padecen hambre y a la comunidad mundial. Obsesionados con la idea de producir consumidores diestros y ávidos, nos comportamos como si el mundo fuera un entorno casi perfecto. ¿Acaso no deberíamos aprender a compartir y a convivir? Si solo valoramos lo que es cuantificable, tenderemos a sepultar los valores fundamentales de la humanidad.
La historia nos dice que si tomamos la senda estrecha, ella generalmente nos conducirá a un callejón sin salida. ¿Acaso no habrá llegado el momento de revertir el efecto producido al pulsar el botón de reinicio en el ámbito de la educación?