Producir un impacto más allá de las evaluaciones: una educación de adultos que marca la diferencia

Chanell Butler-Morello
Catawba Valley Community College
Estados Unidos

 

 

 

 


Resumen
El Programa de Educación Básica de Adultos (Adult Basic Education, ABE) que se imparte en el Catawba Valley Community College, en Hickory, Carolina del Norte, Estados Unidos, es un programa de dos años de duración en el que se educa y prepara a adultos con discapacidad para que vivan de manera más independiente, mejoren sus habilidades académicas y consigan un empleo. Estos grupos de alumnos constituyen un caso excepcional, ya que si bien solo evidencian progresos moderados en los exámenes estandarizados, consiguen mejorar considerablemente su calidad de vida. En este artículo se analizan los logros obtenidos por estos alumnos, que los exámenes simplemente no pueden medir.


Los exámenes estandarizados son los típicos instrumentos que se emplean para medir el rendimiento de los alumnos en muchas partes del mundo. Sin embargo, los adultos con discapacidad son solo un ejemplo de una población para la cual el uso de exámenes estandarizados no es la alternativa más adecuada. En el programa de Educación Básica de Adultos (ABE por su sigla en inglés) que se ofrece en Hickory, Carolina del Norte, estos alumnos adultos con necesidades especiales han evidenciado enormes progresos y ofrecen una amplia variedad de testimonios de éxito pese a la dificultad para demostrar esos logros mediante exámenes escritos.

La Academia ABE es un programa de dos años de duración que se imparte cuatro días a la semana. La mayoría de los alumnos padecen discapacidades físicas, discapacidades intelectuales, autismo, síndrome de Down, lesiones cerebrales traumáticas, parálisis, etc. Una característica que todos ellos comparten es el deseo de aprender, de crecer, de hacer nuevos amigos, de encontrar un propósito en la vida. Estos alumnos asisten a clases con la esperanza de mejorar sus habilidades académicas, adquirir mayor independencia y conseguir un empleo, o perfeccionar su formación. Los maestros dividen las abarrotadas clases de aproximadamente cuarenta alumnos en cuatro grupos, de acuerdo con su nivel académico. Muchos estudiantes acuden con un asistente personal.

Alumnos de la Academia ABE en el Catawba Valley Community College participan en la “Operación de limpieza a fondo”, una iniciativa de voluntariado destinada a retirar los desperdicios de las calzadas del condado de Alexander, en Carolina del Norte. Al realizar esta labor, los alumnos prestan un servicio a la comunidad y al mismo tiempo se preparan para desarrollar una posible carrera en el Servicio de Tratamiento de Residuos o en el Servicio de Sanidad y Medio Ambiente, © Linda Graham

Aprender haciendo

El currículo se basa en situaciones de la vida real: la interacción diaria en el mundo exterior, cómo solicitar un empleo, cómo ser un buen ciudadano local, etc. El método de enseñanza es muy motivante y está adaptado a las necesidades y los objetivos de aprendizaje de cada alumno. En esta clase no se emplea una gran cantidad de textos de estudio. Las actividades son más bien prácticas, interactivas y entretenidas. Por ejemplo, los estudiantes aprenden a cultivar su propio huerto con frutas y verduras frescas, a leer recetas y a preparar alimentos saludables, actividad que realizan juntos en la cocina situada cerca de la sala de clases.

El currículo también incluye temas semanales que guardan directa relación con determinados campos profesionales para los que existe demanda a nivel local. De este modo los alumnos pueden informarse de los tipos de empleo que podrían interesarles, algunos de los cuales probablemente desconocían o ni siquiera habían considerado en el pasado. También acuden conferenciantes invitados de todos los sectores de la comunidad, quienes conversan con los alumnos y comparten información sobre distintas profesiones. Las empresas y los clubs locales donan materiales y suministros para la clase porque tienen fe en la tarea que está realizando la escuela. Lo que hemos encontrado es una fórmula para el éxito.

Normas exigentes

La escuela les deja bien claro a los alumnos que deben cumplir con las reglas de asistencia, ser puntuales, participar activamente, y respetar estrictas normas de conducta. Si bien los alumnos deben rendir exámenes estandarizados, los cuales están asociados a criterios de financiación basada en el desempeño, estamos profundamente convencidos de que estas evaluaciones no reflejan la multitud de logros conseguidos por los estudiantes.

A continuación se mencionan algunos ejemplos de logros conseguidos por los estudiantes, que no pueden ser medidos por un examen estandarizado:

  • Mejora su autoestima y aumenta la confianza en sí mismos.
  • Mejora su capacidad para comunicarse verbalmente y para expresar sus deseos y necesidades a los demás.
  • Son capaces de interactuar de manera socialmente aceptable y de hacer amigos (probablemente por primera vez).
  • Son capaces de redactar un currículum, de desenvolverse en una entrevista de trabajo y de conseguir un empleo.
  • Logran ser admitidos en otros programas de enseñanza, ya sea en nuestro college o en una universidad.
  • Son capaces de desarrollar las “habilidades blandas” que les permiten desenvolverse adecuadamente en el lugar de trabajo o en el campus del college.
  • Son capaces de cultivar y cocinar sus propios alimentos saludables.
  • Logran descubrir una profesión que les agrada.
  • Adquieren un mayor grado de autonomía y logran depender menos de los parientes para satisfacer sus necesidades diarias.
  • Aumenta su sensación de felicidad, de realización y de tener un propósito en la vida.

De la violencia al descubrimiento de sí mismos

Uno de los testimonios de éxito que realmente merece ser destacado es el de nuestra alumna Staci.* Staci estaba afectada por diversas formas de discapacidad física e intelectual. Debido a sus extremadamente limitadas habilidades de comunicación, exhibía un carácter muy explosivo y casi violento tanto en casa como en el campus (por ejemplo, volcaba mesas y sillas, gritaba, daba portazos). Como asistía a clases de manera muy esporádica, no fue capaz de realizar ningún progreso. Desde el principio quedó claro que ella realmente no tenía fe en sí misma y por tanto no se molestaría en hacer el menor esfuerzo por aprender; incluso antes de comenzar ya estaba segura de que iba a fracasar. Sin embargo, cuando se inauguró la academia ABE, que ofrecía un ambiente estructurado con una política de asistencia obligatoria, Staci decidió hacer un intento y se inscribió. Desde el primer día su personalidad fue floreciendo de una manera que, francamente, ninguno de nosotros habría podido imaginar. Rápidamente fue demostrando el orgullo que sentía al asistir regularmente a clases, al completar sus actividades en clase o al participar de manera continua en el programa. Empezó a comunicarse más eficazmente y en el campus fue capaz de hacer amigos por primera vez. Sus habilidades de interacción social mejoraron de manera sorprendente, y comenzó a sonreír cada vez que llegaba a la clase. Aun cuando en los exámenes estandarizados Staci exhibía solo leves progresos, el aumento de la confianza en sí misma y las nuevas habilidades que logró adquirir fueron impresionantes. Logró llamar la atención de los profesores, del personal, y de los orientadores de rehabilitación profesional. A Staci le ofrecieron un empleo en un restaurant de la zona, y al concluir el programa pudo trabajar por primera vez en su vida. Realmente quedamos encantados con su experiencia.

Cuando ingresó en nuestra academia, Jeffrey,* otro joven, no tenía el menor interés en conseguir un empleo. Aunque deseaba mejorar sus habilidades académicas, sentía un enorme rechazo ante la posibilidad de trabajar. Sin embargo, a medida que iban mejorando sus habilidades sociales y académicas, también se fue incubando en su mente la idea de que era posible considerar una profesión. Gracias a los estrechos lazos con la comunidad que fomenta el programa, finalmente se le ofreció a Jeffrey un puesto a jornada completa en una reconocida fábrica de muebles local, y en la actualidad desempeña eficientemente su labor 40 horas a la semana. Hoy goza de un mayor nivel de independencia y se enorgullece enormemente por ser capaz de ganarse el sustento.

En resumen, si tuviéramos que evaluar los resultados de la escuela basándonos únicamente en los datos recopilados por los exámenes estandarizados, tendríamos la impresión de que estos adultos no están aprendiendo mucho. Con todo, las observaciones diarias y diversas otras mediciones de los logros obtenidos han demostrado que la calidad de vida de estos alumnos adultos con discapacidad está mejorando a pasos agigantados, y están aprendiendo con métodos que les permiten desarrollar un propósito en la vida y contribuir positivamente a su comunidad local.

*Los nombres de los alumnos han sido cambiados por razones de ­confidencialidad.


Sobre la autora

Chanell Butler-Morello es directora ejecutiva del Centro de Innovación para el Aprendizaje y el Enriquecimiento como Personas (educación de adultos) en el Catawba Valley Community College, en Hickory, Carolina del Norte, Estados Unidos. Cuenta con muchos años de experiencia como docente e impulsora de iniciativas en el ámbito de la educación de adultos.

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cmorello@cvcc.edu

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